19. Los sabios: extranjeros vienen a reconocer al Rey

Dr. Elio M Rivera

«¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.»
Mateo 2:2, RVR1960

 La noticia del nacimiento de Jesús comenzó a producir un movimiento inesperado.

 No comenzó en Jerusalén.

 Comenzó lejos.

 Mateo dice:

 «Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos» (Mateo 2:1).

 No sabemos exactamente de qué región procedían.

 Mateo tampoco dice que fueran tres. Esa tradición probablemente surgió porque se mencionan tres clases de presentes: oro, incienso y mirra.

 Lo que sí sabemos es que eran extranjeros.

 Y habían viajado hasta Judea buscando a un rey que no pertenecía a su nación.

Lo sabidos dijeron: «Venimos a adorarle»

 Su pregunta era sorprendente:

 «¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?»

 No preguntaron:

 «¿Ha nacido?»

 Preguntaron:

 «¿Dónde está?»

 Habían llegado convencidos de que el nacimiento había ocurrido.

 Y explicaron el propósito de su viaje:

 «Venimos a adorarle».

 Eso significaba que la señal que habían observado no había despertado solamente curiosidad.

 Los había puesto en camino.

 Habían recorrido una distancia considerable para llegar hasta un niño que todavía no conocían personalmente.

 Algo que vieron desde lejos los hizo acercarse.

Jerusalén recibió una pregunta que no esperaba

 Los magos hicieron lo que parecía lógico.

 Si buscaban al rey de los judíos, fueron a Jerusalén.

 Pero allí ocurrió algo extraño.

 Mateo dice:

 «Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él» (Mateo 2:3).

 Los extranjeros llegaron emocionados buscando.

 Jerusalén respondió turbándose.

 Y entonces Herodes reunió:

 «A todos los principales sacerdotes, y escribas del pueblo»,

 y les preguntó:

 «Dónde había de nacer el Cristo» (Mateo 2:4).

 Ellos sabían la respuesta.

 Belén.

 Incluso citaron la profecía de Miqueas.

 Esto produce uno de los contrastes más interesantes del relato.

 Unos tenían la Escritura que indicaba el lugar.
 
Otros habían recorrido la distancia para encontrar a la persona.

Saber dónde estaba no era lo mismo que ir a buscarlo

 Los principales sacerdotes y escribas pudieron responder correctamente.

 Su conocimiento era importante.

 Gracias a las Escrituras, los magos supieron hacia dónde continuar.

 Pero Mateo no nos dice que aquellos dirigentes religiosos salieran con ellos hacia Belén.

 Y Belén estaba relativamente cerca de Jerusalén.

 Aquí encontramos una diferencia importante entre información y búsqueda.

 Los escribas podían señalar el camino.

 Los magos decidieron recorrerlo.

 Unos conocían la profecía.

 Otros querían encontrar al Rey.

 La Escritura proporcionó la dirección.

 Pero cada persona tenía que decidir qué haría con ella.

La estrella volvió a aparecer

 Cuando los magos salieron de Jerusalén ocurrió algo que Mateo describe con evidente emoción:

 «He aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño» (Mateo 2:9).

 Y añade:

 «Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo» (Mateo 2:10).

 No simplemente gozo.

 «Muy grande gozo».

 Habían viajado.

 Habían preguntado.

 Habían llegado a Jerusalén.

 Habían recibido la información de las Escrituras.

 Y ahora estaban cerca.

 Su búsqueda estaba llegando al final.

Encontraron a un niño

 Mateo dice:

 «Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María» (Mateo 2:11).

 Este detalle también merece atención.

 Mateo habla aquí de una casa, no del escenario inicial del nacimiento descrito por Lucas.

 Por eso no es necesario imaginar a los magos llegando al pesebre aquella misma noche junto con los pastores. Mateo presenta una visita posterior, aunque no nos proporciona la fecha exacta.

 Y cuando entraron encontraron algo extraordinariamente sencillo:

 un niño con su madre.

 Eso era todo lo que sus ojos podían contemplar.

 Pero su reacción fue enorme.

«Postrándose, lo adoraron»

 Mateo continúa:

 «Y postrándose, lo adoraron».

 Hombres que habían viajado desde Oriente terminaron inclinados delante de un niño judío.

 Aquí culmina todo su recorrido.

 No viajaron solamente para comprobar que la señal era cierta.

 No llegaron, observaron y regresaron.

 Se postraron.

 Su búsqueda terminó en adoración.

 Y después:

 «Abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra».

 Mateo no explica un significado simbólico específico para cada regalo, por lo que debemos ser prudentes antes de asignar a cada uno una interpretación que el texto no proporciona.

 Lo indiscutible es que eran presentes valiosos.

 Habían venido preparados para honrar.

 No llegaron solamente buscando algo.

 Llegaron también dispuestos a dar.

Los que estaban lejos terminaron cerca

 La escena contiene una hermosa paradoja.

 Los magos comenzaron lejos.

 Los especialistas de Jerusalén estaban cerca.

 Pero la distancia decisiva no terminó siendo geográfica.

 Los extranjeros preguntaron.

 Caminaron.

 Buscaron.

 Se alegraron.

 Entraron.

 Se postraron.

 Y ofrecieron.

 Mateo nos permite contemplar así una de las primeras escenas internacionales alrededor de Jesús.

 El niño nacido en Israel estaba siendo honrado por hombres provenientes de otro pueblo.

 No conocemos sus nombres.

 No conocemos su número.

 No conocemos con certeza su país.

 Pero Dios decidió que su visita quedara registrada para siempre.

 Extranjeros habían venido desde lejos para reconocer al Rey.

Y junto a la adoración apareció una amenaza

 Pero había alguien más interesado en saber dónde estaba el niño.

 Herodes también había preguntado.

 También había investigado.

 También quería localizarlo.

 Y había dicho a los magos:

 «Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore» (Mateo 2:8).

 Parecía hablar el mismo lenguaje que ellos.

 «Adorarle».

 Pero no tenía el mismo corazón.

 Por eso Dios advirtió a los magos en sueños que no regresaran a Herodes.

 Y ellos:

 «Regresaron a su tierra por otro camino» (Mateo 2:12).

 La escena termina con un contraste sencillo pero enorme.

 Unos hombres buscaban al niño para adorarlo.
 
Otro hombre lo buscaba por una razón completamente diferente.

 Y mientras los magos regresaban a su tierra llevando consigo el recuerdo de aquel encuentro, Dios ya conocía el peligro que se aproximaba.

 Antes de que José supiera que tendría que huir, el Padre ya estaba actuando.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.