Descripción
Tres voces ya han hablado. Ahora queda el último testigo.
Mateo contó lo que vio.
Marcos preservó los recuerdos de Pedro.
Lucas investigó cada pieza de la historia.
Pero después de escuchar testimonios, comparar relatos y examinar las evidencias, todavía queda una voz.
Quizá la más importante de todas.
La del hombre que estuvo allí cuando comenzó todo.
La del discípulo que caminó junto a Jesús durante años.
La del joven que reclinó su cabeza sobre el pecho del Maestro durante la última cena.
La del único de los Doce que permaneció junto a la cruz cuando casi todos los demás habían huido.
La del hombre que llegó al sepulcro aquella mañana y comprendió que algo imposible había sucedido.
JUAN.
Entrevista con los Apóstoles – Parte IV: Juan: El discípulo amado, del Dr. Elio M. Rivera, lleva la saga hasta su momento más íntimo y emocional: el encuentro entre el siglo XXI y el anciano apóstol que sobrevivió a casi todos los demás testigos y conservó durante décadas los recuerdos de Jesucristo.
Las cámaras vuelven a encenderse.
El auditorio espera.
Y cuando un anciano de cabello completamente blanco aparece caminando lentamente hacia el escenario, todos comprenden que esta entrevista será diferente.
Frente a ellos está:
el último hombre que caminó junto a Jesús de Nazaret.
Pero Juan no quiere hablar de sí mismo
Millones de personas han leído sus palabras durante siglos.
Sin embargo, cuando le preguntan quién es, no comienza hablando de Éfeso, Galilea, su familia o su ministerio.
Dice algo mucho más sencillo:
soy un discípulo de Jesucristo.
Porque desde que conoció al Maestro, todo lo demás dejó de definir su vida.
Y entonces comienzan los recuerdos.
El Mar de Galilea.
Las redes.
Una noche sin pesca.
Una captura imposible.
La voz de Jesús.
Y la decisión que cambiaría para siempre la vida de Juan y de su hermano Jacobo:
dejarlo todo y seguirlo.
➜ En esta novela encontrarás:
➜ El esperado regreso del Proyecto CRONOS para presentar al cuarto y último gran testigo de la serie.
➜ La llegada al siglo XXI del anciano Juan, después de décadas viviendo en Éfeso y recordando al Maestro.
➜ Su juventud como pescador junto a Jacobo, Pedro y Andrés.
➜ El día en que dejó las redes para seguir a Jesucristo.
➜ Los recuerdos de un hombre que vio a Jesús caminar, enseñar, llorar, sanar, confrontar, amar y perdonar.
➜ Una de las preguntas más grandes de toda la serie:
¿Quién era realmente Jesús?
Juan no comienza con Belén.
Comienza mucho antes.
Antes de Abraham.
Antes de Moisés.
Antes de Adán.
Antes de la creación.
Y lleva al lector nuevamente hasta las palabras con las que decidió comenzar su Evangelio:
“En el principio era el Verbo…”
Las afirmaciones que podrían cambiarlo todo
Juan tendrá que responder por qué escribió declaraciones tan extraordinarias acerca de Jesús:
“Yo soy el pan de vida.”
“Yo soy la luz del mundo.”
“Yo soy el buen pastor.”
“Yo soy la resurrección y la vida.”
“Yo soy el camino, la verdad y la vida.”
Y quizá la más inquietante de todas:
“Antes que Abraham fuese, Yo Soy.”
¿Por qué un hombre podría hacer afirmaciones semejantes?
¿Quién podía hablar de esa manera?
¿Y qué vio Juan para llegar a creer que esas palabras eran verdad?
Pero los recuerdos de Juan no permanecen en las enseñanzas
La entrevista comienza a avanzar inexorablemente hacia Jerusalén.
Hacia los últimos meses.
Hacia la creciente oposición.
Hacia Lázaro.
Hacia la entrada triunfal.
Hacia el Templo.
Y hacia un Jesús que parece caminar deliberadamente hacia el lugar donde sabe que intentarán matarlo.
Juan confiesa que entonces no lo entendía.
Décadas después, sí.
Jesús no estaba perdiendo el control.
Estaba avanzando hacia la misión por la cual había venido.
Entonces llega la última noche
Jesús sabe que Judas lo traicionará.
Sabe que Pedro lo negará.
Sabe que los demás huirán.
Sabe que pocas horas después será arrestado.
Y aun así se sienta a cenar con ellos.
Les lava los pies.
Les habla del Espíritu Santo.
Del amor.
De permanecer en Él.
Y dedica Sus últimas horas a consolar a los discípulos cuando Él mismo está caminando hacia la cruz.
Juan lo recuerda con una frase que atraviesa toda la escena:
Nosotros veíamos una mesa.
Él veía una cruz.
Y finalmente llega el Gólgota
Juan estuvo allí.
No escuchó la historia años después.
No reconstruyó la escena a partir de otros.
La vio.
Vio cómo colocaron a Jesús sobre el madero.
Escuchó las burlas.
Escuchó al Maestro pedir perdón para quienes lo estaban matando.
Estuvo junto a María cuando Jesús los miró desde la cruz y le confió a Juan el cuidado de Su madre.
Vio morir al hombre a quien había seguido.
Y al día siguiente, él y los demás discípulos quedaron encerrados, llenos de miedo, confundidos y convencidos de que todo había terminado.
Aunque Jesús les había hablado de la resurrección…
ninguno parecía estar esperándola.
Las mujeres caminaron hacia el sepulcro buscando un cadáver.
Los discípulos permanecieron escondidos.
Y entonces…
llegó la mañana del primer día de la semana.
El último testigo tendrá que responder la última pregunta
Juan vio el sepulcro vacío.
Vio al Cristo resucitado.
Vivió décadas después de aquellos acontecimientos.
Observó el nacimiento de la Iglesia.
Vio persecución.
Vio morir a compañeros que habían compartido el camino con él.
Y tuvo toda una vida para preguntarse si había interpretado correctamente lo que había visto.
Ahora, frente al mundo moderno, ya no puede responder como un historiador.
Responde como un testigo.
Como el hombre que comió con Jesús.
Que caminó a Su lado.
Que contempló Su gloria.
Que vio aquellas mismas manos clavadas en una cruz.
Y que terminó convencido de que Jesús no era solamente un maestro, un profeta o un hacedor de milagros.
Era:
el Mesías prometido.
El Hijo eterno de Dios.
El gran “YO SOY”.
Entrevista con los Apóstoles – Juan: El discípulo amado combina novela histórica, drama, misterio, mundo bíblico, apologética y una profunda historia humana para llevar al lector hasta las horas más íntimas de la vida de Jesucristo.
Mateo presentó al Mesías.
Marcos preservó el testimonio de Pedro.
Lucas investigó las evidencias.
Juan estuvo allí.
Las cámaras vuelven a encenderse.
El último testigo ha tomado asiento.
Y ahora queda una sola pregunta:




