11. Las estrellas proclaman la grandeza del Creador

Por el Dr. Elio M Rivera

  Llegamos al final de nuestro recorrido por las estrellas.

  Comenzamos contemplándolas como probablemente lo hemos hecho desde niños: pequeños puntos de luz sobre un cielo oscuro.

  Pero después nos acercamos a ellas mediante la ciencia.

  Y cuanto más aprendimos, más extraordinarias se volvieron.

  Descubrimos sus enormes tamaños, las temperaturas de sus superficies, la energía que producen, las distancias que las separan, los diferentes colores que presentan y la información que transporta su luz.

  Ahora podemos regresar al mismo cielo con el que comenzamos.

  Pero ya no lo vemos de la misma manera.

Cuando sabemos lo que estamos mirando

  Una estrella puede parecer apenas un punto.

  Pero detrás de ese punto puede existir una esfera gigantesca de plasma produciendo cantidades extraordinarias de energía.

  Algunas estrellas son menores que nuestro Sol.

  Otras son gigantes.

  Y algunas supergigantes alcanzan dimensiones tan enormes que, si pudiéramos colocarlas en el centro de nuestro sistema solar, ocuparían una región que se extendería mucho más allá de donde termina el Sol.

  Lo que nuestros ojos reducen a un pequeño destello puede ser un objeto de dimensiones difíciles de imaginar.

Y no estamos hablando de unas cuantas

  Después intentamos contarlas.

  A simple vista solamente podemos contemplar una pequeña fracción.

  Nuestra galaxia contiene una cantidad inmensa de estrellas.

  Y la Vía Láctea es solamente una galaxia entre muchísimas otras.

  En algún momento los números comienzan a superar nuestra capacidad de imaginarlos.

  Entonces encontramos estas palabras escritas hace siglos:

“Él cuenta el número de las estrellas; A todas ellas llama por sus nombres.” Salmo 147:4, RVR1960

  Nosotros necesitamos telescopios, computadoras, catálogos y enormes proyectos científicos para intentar construir mapas de una pequeña parte del cielo.

  El salmista presenta al Creador desde una perspectiva completamente diferente:

  Él conoce el número.

Después descubrimos las distancias

  La estrella más cercana después del Sol está a más de cuatro años luz.

  Y esa es solamente nuestra vecina.

  Otras estrellas visibles se encuentran a decenas, cientos o miles de años luz.

  Las distancias se vuelven tan enormes que dejamos de utilizar kilómetros porque los números resultan poco prácticos.

  Comenzamos a medir el espacio por la distancia que la propia luz puede recorrer durante años.

  Entonces comprendimos algo todavía más sorprendente.

  Cuando miramos hacia esas estrellas, estamos recibiendo luz que salió de ellas tiempo atrás.

  El cielo se convirtió también en una ventana hacia el pasado.

Descubrimos orden

  Pero quizá una de las cosas más impresionantes no sea solamente el tamaño.

  Es el orden que podemos estudiar.

  Las estrellas no necesitan comportarse de manera diferente cada noche.

  Su luz puede analizarse.

  Sus movimientos pueden medirse.

  Sus posiciones pueden calcularse.

  Podemos estudiar sistemas de dos estrellas orbitando entre sí, medir cambios periódicos en estrellas variables y utilizar la luz para descubrir de qué elementos están formadas.

  El universo puede investigarse porque presenta regularidades comprensibles.

  La creación no solamente produce asombro.

  También permite investigación.

Descubrimos belleza

  Y junto al orden encontramos belleza.

  Estrellas rojas.

  Estrellas azul-blancas.

  Cúmulos que parecen joyas esparcidas sobre la oscuridad.

  Constelaciones que durante generaciones ayudaron a los seres humanos a orientarse.

  Gigantes y supergigantes.

  Cielos tan llenos de estrellas que una fotografía puede mostrar miles de puntos donde nuestros ojos inicialmente apenas distinguían unos cuantos.

  La ciencia puede decirnos la temperatura de una estrella.

  Puede calcular su distancia.

  Puede analizar su espectro.

  Puede estimar su luminosidad.

  Pero conocer esos datos no elimina la belleza.

  Muchas veces la aumenta.

Levanten los ojos

  Hace aproximadamente 2,700 años, el profeta Isaías escribió una invitación extraordinaria:

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio.”
Isaías 40:26, RVR1960

  Observe las primeras palabras:

  “Levantad en alto vuestros ojos.”

  Eso es precisamente lo que hemos hecho durante esta serie.

  Hemos levantado los ojos.

  Pero también hemos utilizado telescopios, espectroscopios, satélites, matemáticas y física para mirar mucho más profundamente.

  Y después de todo lo aprendido podemos volver a formular la pregunta de Isaías:

  “¿Quién creó estas cosas?”

La ciencia nos permitió acercarnos

  En esta investigación no tuvimos que elegir entre estudiar las estrellas y maravillarnos ante el Creador.

  Ocurrió precisamente lo contrario.

  Cuanto más estudiamos, más razones encontramos para maravillarnos.

  Cuando descubrimos el tamaño, aumentó nuestro asombro.

  Cuando descubrimos las distancias, aumentó nuestro asombro.

  Cuando estudiamos la energía, aumentó nuestro asombro.

  Cuando comprendimos que la luz puede atravesar enormes regiones del espacio llevando información hasta nuestros instrumentos, aumentó nuestro asombro.

  Y cuando descubrimos que mediante leyes físicas y matemáticas podemos comenzar a comprender parte de todo aquello, apareció una pregunta todavía mayor:

  ¿qué nos dice la creación acerca de su Creador?

Los cielos cuentan

  David levantó los ojos muchos siglos antes de que existiera un telescopio moderno.

  No conocía Próxima Centauri.

  No podía medir un año luz.

  No conocía la composición química de las estrellas.

  No sabía que mediante un espectro podríamos descubrir qué elementos existen en una estrella distante.

  Sin embargo, llegó a una conclusión que continúa resonando después de todo lo que nosotros hemos aprendido:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
Salmo 19:1, RVR1960

  Ahora esas palabras adquieren una dimensión extraordinaria.

  Cuando David escribió “los cielos cuentan”, no podía conocer todavía todo lo que algún día descubriríamos acerca de ellos.

  Nosotros sabemos un poco más.

  Y precisamente por eso podemos maravillarnos todavía más.

La próxima vez que contemple una estrella

  Esta noche, si el cielo está despejado, salga por un momento.

  Levante los ojos.

  No necesita un telescopio.

  Busque simplemente una estrella.

  Una sola.

  Y recuerde lo que ahora sabe.

  Ese pequeño punto puede ser un sol gigantesco.

  Su superficie puede encontrarse a miles de grados.

  Puede estar produciendo cantidades extraordinarias de energía.

  Puede encontrarse a decenas, cientos o miles de años luz.

  La luz que está entrando en sus ojos puede haber viajado durante años o generaciones antes de alcanzarlo.

  Y esa estrella es solamente una entre una cantidad que nuestra mente difícilmente puede imaginar.

  Entonces recuerde:

“Él cuenta el número de las estrellas;
A todas ellas llama por sus nombres.”

Salmo 147:4, RVR1960

  Y vuelva a escuchar la invitación:

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas.”
Isaías 40:26, RVR1960

  Ese era precisamente el propósito de nuestro recorrido.

  No estudiar las estrellas solamente para acumular información.

  Sino permitir que cada descubrimiento nos llevara un poco más lejos.

  Del punto luminoso a la estrella.

  De la estrella a sus dimensiones.

  De sus dimensiones a su energía.

  De su luz a las enormes distancias.

  De las distancias a la inmensidad del cielo.

  Y finalmente, de la creación a la pregunta inevitable:

  ¿quién hizo todo esto?

  La ciencia nos ayudó a mirar más profundamente.

  Las estrellas hicieron el resto.

  “Los cielos cuentan la gloria de Dios.”

Referencias científicas

  • NASA Science. Información científica sobre estrellas, tamaños, temperaturas, luminosidad y estructura estelar.
    NASA Science: Stars
  • European Space Agency. Misión Gaia y estudio de las posiciones, movimientos y distancias de las estrellas de nuestra galaxia.
    ESA: Gaia

Referencias bíblicas

  • Salmo 19:1.
    Salmo 147:4.
    Isaías 40:26.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.