05. Cúmulos estelares: enormes familias de estrellas

Por el Dr. Elio M rivera

  En los artículos anteriores comenzamos con una sola estrella. Descubrimos qué es, de qué está hecha, cómo su luz atraviesa enormes distancias y cómo los astrónomos pueden calcular qué tan lejos se encuentra. Después dimos un paso gigantesco y descubrimos que solamente nuestra galaxia contiene una cantidad enorme de estrellas.

  Ahora vamos a aumentar nuevamente la escala.

  Porque las estrellas no siempre se encuentran solas.

  En diferentes regiones de nuestra galaxia existen grupos formados por decenas, cientos, miles e incluso cientos de miles de estrellas relacionadas entre sí por la gravedad.

  Los astrónomos los llaman cúmulos estelares.

  Imagine por un momento lo que esto significa. Una estrella como nuestro Sol ya es un objeto gigantesco. Ahora imagine cientos o miles de estrellas reunidas en una misma región del espacio.

  Estamos comenzando a descubrir que la creación tiene niveles de grandeza.

  Primero una estrella.

  Después muchas estrellas.

  Ahora, verdaderas familias de estrellas.

Las pleyades, un hermoso cumulo estelar

¿Qué es un cúmulo estelar?

  Un cúmulo estelar es un grupo de estrellas que se encuentran relacionadas entre sí y que, en muchos casos, se originaron a partir de una misma gran nube de gas y polvo.

  No debemos confundir un cúmulo con una constelación.

  Cuando miramos una constelación, sus estrellas pueden parecernos cercanas porque desde la Tierra las vemos aproximadamente en la misma dirección. Sin embargo, algunas pueden encontrarse a distancias muy diferentes y no necesariamente forman un verdadero grupo físico.

  En un cúmulo sucede algo distinto.

  Las estrellas realmente se encuentran agrupadas en una misma región del espacio y tienen una historia relacionada.

  Los astrónomos estudian principalmente dos grandes clases de cúmulos estelares:

  Los cúmulos abiertos y los cúmulos globulares.

  Y son muy diferentes entre sí.

Los cúmulos abiertos: estrellas que viajan juntas

  Imagine varias decenas, cientos o algunos miles de estrellas distribuidas en una región del espacio sin formar una esfera muy apretada.

  Eso se parece a un cúmulo abierto.

  Se llaman abiertos porque sus estrellas se encuentran distribuidas de una manera relativamente suelta. No están amontonadas unas encima de otras y el grupo puede tener una forma irregular.

  Estos cúmulos se encuentran principalmente en el disco de nuestra galaxia, la Vía Láctea.

  Uno de los ejemplos más conocidos puede observarse incluso sin telescopio.

  Son las Pléyades.

  Probablemente alguna vez haya visto este pequeño grupo de estrellas. A simple vista, dependiendo de las condiciones del cielo y de la vista de cada persona, pueden distinguirse varias de ellas muy juntas.

  Por eso también se las conoce popularmente como las Siete Hermanas.

  Pero aquí aparece una sorpresa.

  Cuando utilizamos telescopios descubrimos que no estamos viendo solamente siete estrellas. El cúmulo contiene muchas más.

  Nuestros ojos solamente distinguen fácilmente algunas de las más brillantes.

  Es otro recordatorio de algo que encontraremos continuamente en astronomía:

  lo que podemos ver a simple vista es solamente una pequeña parte de lo que realmente existe allí.

Las Pléyades ya eran conocidas en tiempos bíblicos

  Las Pléyades son especialmente interesantes para nuestra serie porque aparecen mencionadas en la Biblia.

  En el libro de Job encontramos esta pregunta:

“¿Podrás tú atar los lazos de las Pléyades,
O desatarás las ligaduras de Orión?”

Job 38:31, RVR1960

  Aquellas personas no conocían la naturaleza física de un cúmulo estelar como la conocemos hoy.

  Pero podían levantar los ojos y reconocer aquel hermoso grupo de estrellas.

  Miles de años después seguimos mirando las mismas Pléyades, pero ahora nuestros telescopios nos permiten descubrir mucho más acerca de ellas.

  Sabemos que no son simplemente varios puntos que casualmente parecen estar juntos.

  Estamos observando una verdadera agrupación de estrellas.

Las Híades: otra familia cercana

  Otro ejemplo importante son las Híades, un cúmulo abierto que se encuentra en dirección de la constelación de Tauro.

  Es uno de los cúmulos abiertos más cercanos a nuestro sistema solar y por eso ha sido muy importante para los astrónomos.

  Sus estrellas forman en el cielo una figura parecida a una letra V.

  Existe aquí un detalle curioso. La brillante estrella Aldebarán parece formar parte de ese grupo cuando lo observamos desde la Tierra.

  Pero no pertenece realmente al cúmulo.

  Aldebarán se encuentra mucho más cerca de nosotros.

  Desde nuestra posición simplemente parece estar junto a las Híades.

  Esto nos recuerda lo aprendido cuando estudiamos las distancias estelares.

  El cielo tiene profundidad.

  Dos estrellas pueden parecer vecinas desde la Tierra y estar separadas por enormes distancias.

Ahora vamos a algo muchísimo más grande

  Los cúmulos abiertos son impresionantes.

  Pero existe otro tipo de agrupación que lleva nuestra imaginación a una escala completamente diferente.

  Se llaman cúmulos globulares.

  La palabra globular nos da una pista acerca de su forma.

  Imagine una enorme esfera formada por estrellas.

  No cientos de estrellas dispersas.

  Imagine decenas de miles o cientos de miles de estrellas reunidas por gravedad en una región relativamente compacta.

  Cuando observamos uno de estos cúmulos con un telescopio, su región central puede parecer casi cubierta de puntos luminosos.

  Hay estrellas hacia arriba.

  Estrellas hacia abajo.

  Estrellas a la derecha.

  Estrellas a la izquierda.

  Y mientras nos acercamos visualmente hacia el centro del cúmulo, la concentración aumenta enormemente.

  Esto es un cúmulo globular.

Omega Centauri: una multitud difícil de imaginar

  Uno de los ejemplos más impresionantes visibles desde la Tierra es Omega Centauri.

  A simple vista, bajo buenas condiciones y desde las regiones apropiadas del planeta, puede parecer solamente una pequeña mancha luminosa.

  Pero un telescopio revela algo completamente diferente.

  Aquella pequeña mancha contiene una enorme población de estrellas.

  NASA describe Omega Centauri como uno de los cúmulos globulares más grandes y brillantes de la Vía Láctea, con alrededor de 10 millones de estrellas.

  Diez millones.

  En el artículo anterior intentamos imaginar cantidades enormes de estrellas. Ahora podemos concentrar nuestra atención en una sola región del cielo.

  Imagine contar una estrella cada segundo.

  Después otra.

  Y otra.

  Sin detenerse.

  Para contar diez millones necesitaría más de 115 días, contando día y noche sin dormir ni descansar.

  Y todas ellas estarían relacionadas con un solo enorme sistema estelar.

  Lo que desde lejos puede parecer una pequeña mancha borrosa es, al observarlo mejor, una gigantesca comunidad de estrellas.

¿Cómo sería el cielo dentro de un cúmulo globular?

  Aquí podemos permitirnos un pequeño ejercicio de imaginación basado en lo que conocemos de estos sistemas.

  Nuestro Sol se encuentra relativamente separado de otras estrellas. La estrella más cercana después del Sol está a más de cuatro años luz.

  Pero en las regiones centrales de algunos cúmulos globulares, las estrellas pueden encontrarse muchísimo más próximas unas de otras que las estrellas de nuestro vecindario solar.

  Imagine encontrarse en un planeta hipotético dentro de una región semejante, solamente para comprender la escala.

  El cielo podría contener muchas más estrellas brillantes que nuestro cielo nocturno.

  No sabemos cómo sería exactamente la vista desde cada lugar, pero la idea nos ayuda a comprender cuán densamente poblados pueden encontrarse algunos de estos sistemas.

  Un cúmulo globular nos enseña que las estrellas no están distribuidas uniformemente por toda la galaxia. Existen lugares donde están relativamente separadas y otros donde enormes cantidades se concentran en regiones mucho menores.

Dos familias muy diferentes

  Ahora podemos comprender la diferencia principal.

  Un cúmulo abierto suele contener desde decenas hasta miles de estrellas distribuidas de una manera relativamente suelta. Las Pléyades y las Híades son buenos ejemplos.

  Un cúmulo globular, en cambio, puede contener desde decenas de miles hasta millones de estrellas agrupadas en una forma aproximadamente esférica y mucho más compacta.

  Pero existe otra diferencia importante.

  Los cúmulos abiertos suelen encontrarse en el disco de nuestra galaxia y contienen, en general, poblaciones estelares más jóvenes.

  Los cúmulos globulares contienen algunas de las poblaciones de estrellas más antiguas conocidas de nuestra galaxia y se encuentran distribuidos principalmente alrededor del centro galáctico, en una enorme región aproximadamente esférica llamada halo galáctico.

  Así que los cúmulos no solamente son hermosos.

  También funcionan como una especie de laboratorio para los astrónomos.

Una familia de estrellas ayuda a comprender cómo funcionan las estrellas

  Aquí los cúmulos nos proporcionan algo científicamente muy valioso.

  Imagine que quiere comprender cómo cambian los árboles con el paso del tiempo. Podría estudiar árboles aislados, pero sería difícil saber qué diferencias se deben a su edad y cuáles a las condiciones donde crecieron. Ahora imagine encontrar un enorme bosque cuyos árboles comenzaron a crecer aproximadamente durante la misma época. Compararlos sería mucho más útil. Algo semejante sucede con los cúmulos estelares.

  Muchas de las estrellas de un cúmulo se formaron aproximadamente durante el mismo período y a partir de material relacionado. Sin embargo, no todas tienen la misma masa. Los astrónomos pueden observarlas y comparar sus características.

  Por eso los cúmulos han sido extraordinariamente importantes para comprender las estrellas y probar los modelos científicos acerca de cómo cambian a través del tiempo. En lugar de estudiar solamente una estrella, tenemos una enorme familia que podemos comparar.

Omega Centarui, un cumulo de millones de estrellas

Los cúmulos también nos ayudan a comprender nuestra galaxia

  Ahora demos otro paso.

  Los cúmulos no están flotando sin relación con nada más.

  Forman parte de la Vía Láctea.

  Los cúmulos abiertos se encuentran principalmente en el disco galáctico.

  Los cúmulos globulares rodean diferentes regiones de nuestra galaxia y muchos se encuentran en su halo.

  Al estudiar dónde están y cómo se mueven, los astrónomos obtienen información acerca de la estructura de la propia Vía Láctea.

  Así que hemos comenzado con una estrella y poco a poco estamos creciendo.

  Una estrella.

  Una familia de estrellas.

  Una enorme población de cúmulos.

  Y todos ellos formando parte de algo todavía mayor:

  una galaxia.

  Más adelante llegaremos hasta allí.

De siete puntos de luz a millones de estrellas

  Piense nuevamente en las Pléyades.

  Una persona puede salir durante la noche, levantar los ojos y distinguir solamente un pequeño grupo de estrellas.

  Después utiliza unos binoculares y aparecen más.

  Utiliza un telescopio y descubre todavía más.

  Luego dirige su atención hacia un cúmulo globular que a simple vista parecía una mancha y descubre que puede contener cientos de miles o incluso millones de estrellas.

  La lección comienza a repetirse:

  la creación suele ser mucho más grande y compleja de lo que parece a simple vista.

  Nuestros ojos tienen límites.

  Pero podemos construir instrumentos.

  Podemos medir.

  Podemos investigar.

  Y cada vez que aumentamos nuestra capacidad de observar, descubrimos algo que antes permanecía escondido.

Las estrellas que Job podía ver y nosotros podemos estudiar

  Volvamos por un momento al libro de Job.

  Además de las Pléyades, encontramos otra declaración:

“Él hizo la Osa, el Orión y las Pléyades,
Y los lugares secretos del sur.”

Job 9:9, RVR1960

  Quien escribió estas palabras podía contemplar el cielo, reconocer agrupaciones de estrellas y maravillarse ante ellas.

  Nosotros podemos mirar algunas de esas mismas regiones.

  Pero tenemos una ventaja extraordinaria.

  Podemos utilizar telescopios capaces de separar pequeños puntos de luz.

  Podemos medir sus distancias.

  Podemos estudiar sus movimientos.

  Podemos analizar su luz.

  Y podemos descubrir que aquello que parecía solamente un pequeño grupo contiene una verdadera población estelar.

  Para el creyente, la ciencia no tiene que quitarnos el asombro que sintieron aquellos antiguos observadores del cielo.

  Puede hacerlo mucho mayor.

De una estrella a una creación cada vez más grande

  Al comenzar esta serie preguntamos qué era una estrella.

  Parecía un tema enorme.

  Después descubrimos de qué están hechas y cómo podemos estudiar la información contenida en su luz.

  Aprendimos a medir sus enormes distancias.

  Después preguntamos cuántas existen y nuestra imaginación comenzó a quedarse pequeña.

  Ahora hemos descubierto algo nuevo.

  Las estrellas pueden formar enormes familias.

  Algunas contienen cientos o miles.

  Otras contienen cientos de miles.

  Algunas pueden alcanzar millones.

  Y todas ellas se encuentran dentro de estructuras todavía mayores.

  David escribió:

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú formaste,
Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?”

Salmo 8:3-4, RVR1960

  Quizá comprendamos un poco mejor su asombro.

  David veía estrellas.

  Nosotros comenzamos a descubrir las enormes estructuras que forman.

  Y todavía apenas estamos comenzando nuestro viaje.

  Porque si un cúmulo con millones de estrellas parece gigantesco, debemos recordar algo:

  un cúmulo estelar es solamente una pequeña parte de una galaxia.

  Y nuestra galaxia es solamente una entre las innumerables galaxias que podemos observar.

  La creación continúa creciendo delante de nuestros ojos.

  Primero vimos una estrella.

  Después vimos millones.

  Ahora descubrimos que pueden reunirse en enormes familias.

  Y mientras la escala aumenta, vuelve a escucharse la invitación de Isaías:

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas.”
Isaías 40:26, RVR1960

  Cuanto más lejos levantamos nuestros ojos, más grande descubrimos que es la creación. Y cuanto más grande descubrimos que es la creación, más razones encontramos para maravillarnos ante su Creador.

Referencias científicas

  • NASA Science. Star Clusters. Información sobre los cúmulos estelares y sus principales características.
    NASA Science: Star Clusters
  • NASA Science. Pleiades. Observaciones e información sobre el cúmulo abierto de las Pléyades.
    NASA Science: Pleiades
  • NASA Science. Omega Centauri. Información e imágenes del gran cúmulo globular Omega Centauri.
    NASA Science: Omega Centauri
  • ESA/Hubble. Star Clusters. Observaciones de cúmulos abiertos y globulares realizadas con el telescopio espacial Hubble.
    ESA Hubble: Star Clusters

Referencias bíblicas

  • Job 9:9; Job 38:31; Salmo 8:3-4; Isaías 40:26.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.