Cuando decidí regresar al principio para investigar lo que realmente había ocurrido con Adán y Eva, cometí un error que probablemente muchas otras personas también han cometido.
Pensé que solamente tenía que estudiar Génesis.
Después de todo, allí comienza la historia.
«En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Génesis 1:1, RVR1960).
Génesis nos habla de la creación del hombre, del huerto del Edén, de Adán, de Eva, de los árboles, de la serpiente, de la tentación y de la caída.
Así que parecía lógico pensar que si quería saber cómo había sido aquel mundo, todas las respuestas tendrían que encontrarse allí.
Pero conforme comencé a investigar las Escrituras descubrí algo que me sorprendió muchísimo:
La historia de la creación no termina cuando termina el relato de Génesis.
Sus piezas aparecen por toda la Biblia.
La Biblia comenzó a parecerme un enorme rompecabezas
Poco a poco comencé a encontrar referencias que me obligaban a regresar una y otra vez al principio.
Estaban en Job.
En los Salmos.
En Proverbios.
En Isaías.
En Ezequiel.
En los Evangelios.
En las cartas de los apóstoles.
Y, sorprendentemente, también en Apocalipsis.
Era como si Génesis nos hubiera entregado la imagen principal, pero el resto de las Escrituras conservara piezas que nos permiten observarla con mayor detalle.
Uno de los ejemplos más impresionantes aparece en el libro de Job.
Cuando Dios responde a Job, lo conduce hacia la creación:
«¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel?» (Job 38:4-5, RVR1960).
Y después continúa hablando.
De la tierra.
Del mar.
De la luz.
De las tinieblas.
De la nieve.
De la lluvia.
De las estrellas.
De los animales.
De su alimentación.
De su reproducción.
De las características particulares con las que fueron creados.
Los capítulos 38 y 39 de Job presentan a un Creador que no aparece distante de su obra, sino profundamente relacionado con ella.
Y aquello me hizo pensar:
Si quiero conocer cómo era la creación, ¿por qué habría de ignorar lo que el Creador mismo dice acerca de ella en otros libros de la Biblia?
Entonces comenzaron a aparecer más piezas
Los Salmos también regresan constantemente a la creación.
«Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca» (Salmos 33:6, RVR1960).
Y nuevamente:
«Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra» (Salmos 104:30, RVR1960).
De pronto ya no estaba leyendo solamente Génesis 1.
Estaba encontrando en otros lugares de las Escrituras información relacionada con la actividad de Dios en su creación.
Después llegué a Proverbios 8.
Allí encontramos a la Sabiduría describiendo poéticamente su presencia durante la obra creadora:
«Con él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él en todo tiempo. Me regocijo en la parte habitable de su tierra; y mis delicias son con los hijos de los hombres» (Proverbios 8:30-31, RVR1960).
Ese pasaje abrió para mí nuevas preguntas.
¿Qué estaba sucediendo en el ámbito celestial mientras la tierra era preparada?
¿Cómo veía Dios aquello que estaba creando?
¿Qué significaba la creación del hombre para Él?
No responderemos todavía.
Por ahora solamente estamos reuniendo las piezas.
Y el rompecabezas se hizo todavía más grande
Cuando llegué a los profetas encontré pasajes todavía más sorprendentes.
Isaías 14 contiene la conocida descripción de aquel que quiso subir, levantar su trono y ser semejante al Altísimo:
«Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono […] sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo» (Isaías 14:13-14, RVR1960).
Ezequiel 28, dentro de su profecía contra el rey de Tiro, utiliza igualmente un lenguaje extraordinario:
«En Edén, en el huerto de Dios estuviste» (Ezequiel 28:13, RVR1960).
Y unas líneas después:
«Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad» (Ezequiel 28:15, RVR1960).
Estos son pasajes que tendremos que estudiar con muchísimo cuidado y dentro de su contexto.
Pero algo comenzó a quedar claro para mí:
Génesis no era el único libro que tenía algo que decir acerca del principio.
Había información distribuida por muchos lugares de las Escrituras.
Jesucristo y los apóstoles también regresaron a Génesis
Cuando llegamos al Nuevo Testamento ocurre lo mismo.
Jesús habló de la creación del hombre:
«¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?» (Mateo 19:4, RVR1960).
Pablo regresó a Adán para explicar realidades fundamentales de la condición humana:
«Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte…» (Romanos 5:12, RVR1960).
Y nuevamente estableció una relación entre Adán y Cristo:
«Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante» (1 Corintios 15:45, RVR1960).
Esto significa que si solamente leemos Génesis para intentar comprender a Adán y Eva, corremos el riesgo de dejar fuera explicaciones que aparecen posteriormente en las Escrituras.
Pero todavía faltaba una sorpresa.
Para comprender el principio, también tendremos que mirar el final
Cuando comencé a estudiar Apocalipsis descubrí algo fascinante.
El último libro de la Biblia utiliza imágenes que inevitablemente nos hacen recordar el primero.
En Génesis aparece el árbol de la vida.
Y en Apocalipsis vuelve a aparecer:
«En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida» (Apocalipsis 22:2, RVR1960).
Génesis nos presenta un mundo en el que posteriormente aparecen muerte, dolor y separación.
Apocalipsis termina hablándonos de una realidad en la que:
«Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (Apocalipsis 21:4, RVR1960).
Y finalmente encontramos una declaración extraordinaria:
«Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas» (Apocalipsis 21:5, RVR1960).
Aquello comenzó a darme una manera diferente de investigar.
Si la Biblia termina hablando de restauración, entonces vale la pena preguntarnos qué es aquello que se está restaurando.
Si algo será recuperado, debemos investigar qué se perdió.
Si algo volverá a existir, debemos preguntarnos cómo era originalmente.
Y de repente comprendí que para estudiar el Edén tendría que mantener abierta prácticamente toda la Biblia.
Pero aquí necesitamos muchísimo cuidado
Existe un peligro evidente.
Si tomamos un versículo de Job, otro de Isaías, otro de Ezequiel, otro de los Salmos y otro de Apocalipsis, y los acomodamos como queramos, podemos terminar construyendo una historia que la Biblia nunca contó.
No quiero hacer eso.
Por eso, a partir de este momento tendremos que respetar cuidadosamente las reglas de interpretación bíblica.
Cada pasaje debe estudiarse dentro de su contexto.
Debemos distinguir entre narrativa, poesía, profecía, lenguaje simbólico, enseñanza doctrinal y visión apocalíptica.
No podemos obligar a un texto a decir algo solamente porque encaja con nuestra idea.
La Escritura misma nos exhorta:
«Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado […] que usa bien la palabra de verdad» (2 Timoteo 2:15, RVR1960).
Ese será nuestro compromiso.
No intentaremos hacer que la Biblia confirme lo que previamente hemos decidido creer.
Intentaremos descubrir lo que realmente dice.
Vamos a reconstruir un mundo perdido
Esto fue lo que cambió mi investigación.
Dejé de pensar que solamente estaba estudiando tres capítulos de Génesis.
Comencé a buscar las piezas.
Génesis nos dará unas.
Job nos dará otras.
Los Salmos añadirán otras.
Proverbios nos obligará a hacer nuevas preguntas.
Isaías y Ezequiel nos llevarán a acontecimientos que tendremos que examinar cuidadosamente.
Jesucristo nos hará regresar al principio.
Los apóstoles interpretarán algunas de sus consecuencias.
Y Apocalipsis nos permitirá mirar hacia aquello que la Biblia dice que finalmente será restaurado.
Pieza por pieza.
Pasaje por pasaje.
Sin apresurarnos.
Y quizá, cuando logremos colocar suficientes piezas sobre la mesa, comencemos a contemplar algo que yo nunca había imaginado:
el mundo en el que Adán y Eva vivieron antes del pecado.
¿Cómo era?
¿Cómo vivían?
¿Cómo era su relación con Dios?
¿Qué clase de seres humanos eran?
¿Qué ocurría alrededor de ellos?
¿Y cuánto de lo que creemos acerca de aquella historia realmente está escrito en la Biblia, y cuánto hemos añadido nosotros?
Eso es lo que quiero investigar.
Porque antes de juzgar lo que Dios hizo en el Edén, necesitamos hacer todo lo posible por reconstruir primero el escenario en el que sucedieron los hechos.
Y ahora sabemos algo que yo tardé muchos años en descubrir:
para hacerlo, necesitaremos toda la Biblia.
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