Por el Dr. Elio M Rivera
La señal que Jesús mandó observar
En su discurso acerca de los acontecimientos finales, Jesús presentó una señal sencilla, pero profundamente significativa. Después de hablar de guerras, engaño religioso, persecución, conmoción entre las naciones y acontecimientos relacionados con Jerusalén, dirigió la atención de sus discípulos hacia una higuera.
“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.”
(Mateo 24:32-33, RVR1960).
Jesús no utilizó esta imagen para llenar el discurso con una simple observación agrícola. La higuera poseía una profunda resonancia bíblica para sus oyentes. A lo largo de las Escrituras, aparece relacionada con Israel, su condición espiritual, su juicio y su restauración.
Por eso, cuando Jesús habló de una higuera cuyas ramas volverían a enternecerse y cuyas hojas comenzarían a brotar, estaba señalando proféticamente el renacimiento de Israel.
La higuera como símbolo de Israel
La relación entre Israel y la higuera no fue inventada por intérpretes modernos. Se encuentra dentro del lenguaje de los profetas.
Oseas escribió:
“Como uvas en el desierto hallé a Israel; como la fruta temprana de la higuera en su principio vi a vuestros padres.”
(Oseas 9:10, RVR1960).
Jeremías también utilizó higos para representar al pueblo de Judá. En Jeremías 24, las dos canastas de higos simbolizaban a diferentes grupos de israelitas y mostraban la manera en que Dios trataría con ellos.
La higuera podía representar bendición, seguridad y prosperidad:
“Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente.”
(Miqueas 4:4, RVR1960).
Pero también podía representar esterilidad espiritual y juicio. Por eso, la imagen de una higuera que pierde su fruto y después vuelve a brotar encaja de manera poderosa con la historia de Israel.
La higuera que tenía hojas, pero no fruto
Poco antes de pronunciar el discurso profético de Mateo 24, Jesús realizó una acción que ayuda a comprender el significado de la higuera.
“Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto.”
(Mateo 21:19, RVR1960).
Aquella higuera tenía apariencia, pero no fruto. Sus hojas prometían algo que no podía entregar.
La acción de Jesús ocurrió en el contexto de su entrada en Jerusalén, la purificación del templo y la confrontación con los dirigentes religiosos. No fue simplemente una reacción contra un árbol. Fue una señal profética.
Israel poseía el templo, las ceremonias, la Ley y una estructura religiosa impresionante, pero sus dirigentes rechazaban al Mesías. Había hojas, pero no fruto.
El juicio se aproximaba.
La nación fue cortada de su soberanía
En el año 70 d. C., Jerusalén fue destruida por los romanos. El templo fue arrasado y una gran cantidad de habitantes murió o fue llevada cautiva.
Después de la rebelión de Bar Kojba, en el siglo II, la dispersión se intensificó. El pueblo judío perdió su soberanía, quedó esparcido entre las naciones y permaneció durante siglos sin un Estado propio.
La higuera parecía seca.
No había gobierno judío.
No había ejército nacional.
No había soberanía territorial.
No existía un Estado llamado Israel.
Jerusalén estaba bajo dominio extranjero.
Desde una perspectiva puramente humana, el regreso de Israel parecía imposible.
Aunque Israel perdió su tierra y su soberanía, el pueblo no desapareció.
Los judíos conservaron su identidad, sus Escrituras, sus costumbres, su memoria histórica y su vínculo con Jerusalén. En cada generación continuaron recordando la tierra de sus antepasados.
Durante casi dos mil años estuvieron dispersos en Europa, Asia, África y América, pero no fueron absorbidos completamente por las naciones.
La higuera había perdido sus ramas visibles de soberanía nacional, pero la raíz permanecía viva.
La rama comenzó a enternecerse
A finales del siglo XIX comenzó un proceso extraordinario.
Miles de judíos regresaron a la tierra de sus antepasados. Se compraron terrenos, se fundaron comunidades agrícolas, se levantaron ciudades y el idioma hebreo volvió a utilizarse como lengua cotidiana.
La rama comenzaba a enternecerse.
Lo que durante siglos había parecido muerto empezó a mostrar señales de vida.
El pueblo regresaba.
La tierra era cultivada.
El idioma revivía.
La identidad nacional se fortalecía.
El escenario estaba siendo preparado.
El 14 de mayo de 1948 brotaron las hojas
El momento decisivo llegó el 14 de mayo de 1948.
Ese día, David Ben-Gurión proclamó el nacimiento del moderno Estado de Israel. Después de casi dos mil años sin soberanía nacional, el pueblo judío volvió a existir como nación en la tierra de sus antepasados.
La higuera había reverdecido.
Israel volvió al mapa.
Aquello no fue solamente un acontecimiento político. Fue el cumplimiento visible de un escenario profético que durante siglos parecía imposible.
Jesús había hablado de una higuera que volvería a brotar. En 1948, Israel renació como nación.
En 1948 Israel recuperó su existencia nacional, pero Jerusalén quedó dividida. La Ciudad Vieja y los principales lugares bíblicos permanecieron bajo control jordano.
En junio de 1967, durante la Guerra de los Seis Días, Israel tomó el control de Jerusalén oriental y de la Ciudad Vieja.
El Muro Occidental volvió a quedar accesible para el pueblo judío y Jerusalén regresó al centro de la atención mundial.
La higuera no solamente había brotado. La ciudad relacionada con las profecías finales volvía a ocupar el lugar que las Escrituras habían anunciado.
“Cuando veáis todas estas cosas”
Jesús no habló de una señal aislada. Dijo:
“Cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.”
(Mateo 24:33, RVR1960).
La restauración de Israel debe observarse dentro de la convergencia de los acontecimientos descritos por la Biblia.
Israel volvió a existir.
Jerusalén regresó al centro del conflicto internacional.
El pueblo judío volvió desde numerosas naciones.
La tierra fue reconstruida.
El evangelio se ha extendido por regiones del mundo que durante siglos permanecieron fuera de su alcance.
Las naciones se encuentran cada vez más conectadas y los acontecimientos mundiales pueden desarrollarse con una velocidad desconocida para generaciones anteriores.
El brote de la higuera no significa que podamos señalar el día exacto, pero sí declara que la estación ha cambiado.
No es tiempo de seguir durmiendo
El error de muchos creyentes consiste en observar estos acontecimientos como si fueran simples noticias internacionales.
Israel renació.
Jerusalén volvió al centro de la historia.
Las antiguas profecías se desarrollan delante de nuestros ojos.
Y, sin embargo, podemos continuar viviendo como si nada estuviera ocurriendo.
Jesús no entregó la parábola de la higuera para provocar debates interminables, sino para despertar a su pueblo.
Cuando las hojas aparecen, el agricultor sabe que el verano se acerca. No necesita que alguien lo convenza. La evidencia está delante de él.
De la misma manera, el renacimiento de Israel nos dice que la historia se encuentra avanzando hacia el cumplimiento de los propósitos de Dios.
Reconocer el cumplimiento de la señal no significa que podamos calcular el día del regreso de Cristo.
Jesús declaró:
“Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.”
(Mateo 24:36, RVR1960).
La higuera permite reconocer la estación, pero no calcular el minuto exacto.
Sabemos que el verano está cerca porque las hojas han brotado. No sabemos el día preciso en que cada acontecimiento final ocurrirá.
Por eso, debemos rechazar los cálculos que han intentado determinar la fecha del regreso de Cristo a partir de 1948, 1967 o de una supuesta duración exacta de una generación.
La certeza de la señal no nos autoriza a inventar una fecha.
¿Qué significa “esta generación”?
Después de presentar la higuera, Jesús declaró:
“De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.”
(Mateo 24:34, RVR1960).
Esta declaración indica que la generación que contemple el desarrollo pleno de las señales verá avanzar rápidamente los acontecimientos anunciados.
Jesús no estableció la duración matemática de esa generación. Por tanto, no debemos convertir sus palabras en una fórmula cronológica.
El mensaje es más urgente que un cálculo: cuando la higuera brote y el conjunto de las señales aparezca, la humanidad habrá entrado en una etapa decisiva.
La higuera y todos los árboles
Lucas añade:
“Mirad la higuera y todos los árboles.”
(Lucas 21:29, RVR1960).
La mención de los demás árboles no elimina el significado profético de la higuera. Amplía la ilustración.
Israel ocupa un lugar central, pero los acontecimientos también involucran a las demás naciones.
La higuera brota y, al mismo tiempo, los demás árboles muestran que el mundo entero está entrando en una nueva estación.
Después de la Segunda Guerra Mundial surgieron numerosas naciones nuevas. Los imperios coloniales se fragmentaron y el mapa político del mundo cambió profundamente. Israel renació en medio de una reorganización mundial.
La higuera y los árboles comenzaron a brotar.
Un cumplimiento que exige una respuesta
No estamos contemplando solamente una interpretación interesante.
Estamos viendo el regreso de un pueblo.
La restauración de una nación.
El renacimiento de una lengua.
La recuperación de Jerusalén.
La transformación de una tierra.
El cumplimiento de una señal anunciada por Jesucristo.
La higuera reverdeció.
Por eso, la pregunta ya no es si la señal apareció.
La pregunta es:
¿Qué estamos haciendo al verla?
El peligro de acostumbrarnos al cumplimiento
Una de las mayores tragedias espirituales de nuestra generación es que podemos acostumbrarnos a lo extraordinario.
Vemos a Israel en los mapas y olvidamos que durante casi dos mil años no existió como Estado.
Escuchamos noticias acerca de Jerusalén y olvidamos que durante siglos no estuvo bajo control judío.
Observamos el hebreo como idioma cotidiano y olvidamos que había dejado de hablarse normalmente durante generaciones.
Vemos aviones llevando inmigrantes a Israel y olvidamos que los profetas hablaron del regreso desde los confines de la tierra.
El cumplimiento se ha vuelto tan familiar que corre el peligro de dejar de asombrarnos.
Jesús dijo que aprendiéramos de la higuera.
No dijo que la ignoráramos.
No dijo que dudáramos indefinidamente.
No dijo que esperáramos hasta tener todas las respuestas.
Dijo que cuando su rama estuviera tierna y brotaran sus hojas, sabríamos que el verano estaba cerca.
Israel volvió a existir como nación en 1948.
Jerusalén volvió a quedar bajo control judío en 1967.
El pueblo ha regresado desde Europa, Asia, África y América.
La antigua tierra ha sido reconstruida.
La higuera ha reverdecido.
Esto no significa que conozcamos el día del regreso de Cristo. Pero sí significa que debemos reconocer la estación en la que estamos viviendo.
No vivimos en una época cualquiera.
Vivimos después del renacimiento de Israel.
Vivimos después del regreso judío a Jerusalén.
Vivimos mientras el escenario profético toma forma delante de nuestros ojos.
Por eso, el mensaje de la higuera no es una invitación a la especulación, sino un llamado a despertar.
A ordenar nuestra vida.
A volver a Dios.
A vivir en santidad.
A cumplir la misión.
A anunciar el evangelio.
A esperar a Cristo con fidelidad.
“Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.”
(Mateo 24:33, RVR1960).
La higuera ya brotó.
La pregunta ahora es:
Cuando Cristo venga, ¿nos encontrará despiertos, preparados y haciendo la obra que nos encomendó?
- 1 Reyes 4:25.
- Oseas 9:10.
- Jeremías 24:1-10.
- Miqueas 4:1-4.
- Mateo 21:18-22.
- Mateo 24:1-44.
- Marcos 11:12-21.
- Marcos 13:28-37.
- Lucas 13:6-9.
- Lucas 21:25-36.
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