Por el Dr. Elio M Rivera
Hasta este punto hemos examinado lo que Jesús dijo acerca de sí mismo. Lo escuchamos afirmar su unidad con el Padre, reclamar autoridad para perdonar pecados, presentarse como el camino, la verdad y la vida, aceptar que Tomás lo llamara “Señor mío, y Dios mío”, recibir adoración y anunciar anticipadamente que moriría y resucitaría.
Pero después de la crucifixión ocurrió algo que merece una investigación completamente aparte.
Jesús murió.
Fue sepultado.
Y sus discípulos, que habían quedado desmoralizados y atemorizados, comenzaron poco después a proclamar públicamente una afirmación extraordinaria:
Jesús había resucitado de entre los muertos.
No dijeron simplemente que su recuerdo continuaba vivo.
No afirmaron solamente que sus enseñanzas permanecerían.
Declararon que el mismo Jesús que había sido crucificado estaba nuevamente vivo y que ellos lo habían visto.
Y comenzaron a anunciarlo precisamente en Jerusalén, el lugar donde Jesús había sido ejecutado.
De discípulos aterrorizados a testigos públicos
La transformación resulta difícil de ignorar.
La noche del arresto de Jesús, los discípulos no aparecen como hombres particularmente valientes.
Marcos dice:
“Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.”
Marcos 14:50, RVR1960
Pedro, uno de los más cercanos a Jesús, negó conocerlo.
Después de la crucifixión, Juan describe a los discípulos reunidos:
“…estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos…”
Juan 20:19, RVR1960
Ese detalle es importante.
Tenían miedo.
Su Maestro acababa de morir mediante crucifixión.
Humanamente hablando, el movimiento podía haber terminado allí.
Pero algo ocurrió.
Poco después encontramos a Pedro, el mismo hombre que había negado conocer a Jesús, proclamando públicamente:
“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.”
Hechos 2:32, RVR1960
Y nuevamente:
“Y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.”
Hechos 3:15, RVR1960
Observe la expresión que se repite:
“Somos testigos.”
Los apóstoles no presentan inicialmente la resurrección como una teoría filosófica.
La presentan como algo que afirman haber presenciado.
“No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”
La proclamación comenzó a producir oposición.
Pedro y Juan fueron arrestados y llevados delante de las autoridades.
Se les ordenó:
“…que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús.”
Hechos 4:18, RVR1960
Aquello les ofrecía una salida.
Podían simplemente guardar silencio.
Pero respondieron:
“Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.”
Hechos 4:20, RVR1960
La frase resulta extraordinariamente importante.
No dicen:
“Esto es lo que alguien nos contó”.
Declaran:
“Lo que hemos visto y oído.”
Posteriormente fueron nuevamente arrestados.
El sumo sacerdote les recordó:
“¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre?”
Hechos 5:28, RVR1960
Pedro y los demás respondieron:
“Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.”
Hechos 5:29, RVR1960
Y continuaron proclamando:
“El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero.”
Hechos 5:30, RVR1960
La amenaza no consiguió silenciarlos.
Fueron golpeados… y continuaron predicando
Las autoridades finalmente mandaron azotar a los apóstoles.
Hechos dice:
“…después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad.”
Hechos 5:40, RVR1960
¿Qué hicieron después?
¿Decidieron que aquello había llegado demasiado lejos?
¿Reconocieron que todo había sido un error?
No.
“Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.”
Hechos 5:42, RVR1960
Aquí nuevamente debemos hacer una distinción importante.
Sufrir por una creencia no demuestra automáticamente que esa creencia sea verdadera.
Personas sinceramente equivocadas pueden sufrir e incluso morir por ideas falsas.
Pero en el caso de los primeros discípulos existe una diferencia particularmente interesante.
Ellos no estaban muriendo solamente por algo que alguien más les había enseñado.
Su proclamación central era:
“Nosotros lo vimos vivo después de su muerte.”
Si aquello hubiese sido una conspiración inventada por ellos mismos, entonces ellos sabrían que era falsa.
Ahí está la relevancia del argumento.
Una creencia equivocada no es lo mismo que una mentira inventada
Imagine a alguien que escucha una historia falsa y sinceramente la cree.
Esa persona podría estar dispuesta a sufrir por ella porque piensa que es verdadera.
Pero imagine algo diferente.
Un grupo de personas decide inventar deliberadamente una historia:
“Jesús resucitó y nosotros lo vimos.”
Ellos saben que nunca sucedió.
Ellos saben dónde está el cuerpo.
Ellos saben que las apariciones nunca ocurrieron.
Y entonces comienzan:
las amenazas,
los arrestos,
los golpes,
la persecución
y eventualmente, en algunos casos, la muerte.
En algún momento esperaríamos que alguien dijera:
“Está bien. Lo inventamos.”
Sin embargo, las fuentes cristianas primitivas muestran exactamente lo contrario.
La proclamación continúa.
“Jesús resucitó.”
La resurrección aparece desde el principio del mensaje cristiano
Esto también es importante históricamente.
La resurrección no aparece como una doctrina añadida siglos después.
La encontramos en las primeras capas de la proclamación cristiana.
Pablo escribió a los corintios:
“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día…”
1 Corintios 15:3-4, RVR1960
Después enumera apariciones:
“…y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez…”
1 Corintios 15:5-6, RVR1960
También menciona a Jacobo, a los apóstoles y finalmente a sí mismo.
Muchos estudiosos consideran que esta fórmula transmitida por Pablo contiene una tradición cristiana anterior a la redacción de 1 Corintios y muy próxima a los acontecimientos originales.
Eso significa que la proclamación de una resurrección corporal de Jesús no necesitó generaciones para desarrollarse.
Aparece muy temprano.
¿Murieron realmente todos los apóstoles como mártires?
Aquí también debemos ser rigurosos.
A veces se afirma que “los doce apóstoles murieron todos como mártires” y se presentan detalles precisos sobre cómo murió cada uno.
Históricamente, no contamos con el mismo nivel de evidencia para cada discípulo.
Algunas tradiciones son antiguas y fuertes.
Otras aparecen mucho después.
Por tanto, sería incorrecto construir nuestro argumento diciendo que podemos demostrar históricamente con igual certeza el martirio de cada uno de los apóstoles.
Pero sí tenemos evidencia temprana de persecución y de algunas muertes.
Hechos registra la ejecución de Jacobo, hermano de Juan:
“Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan.”
Hechos 12:2, RVR1960
Pedro fue encarcelado y estuvo en serio peligro de ejecución (Hechos 12).
Además, fuentes cristianas muy tempranas fuera del Nuevo Testamento relacionan a Pedro y Pablo con sufrimiento y muerte.
Clemente de Roma, escribiendo hacia finales del siglo I, menciona los sufrimientos de Pedro y Pablo como ejemplos conocidos por sus lectores.
Por eso podemos decir con prudencia:
los primeros testigos de la resurrección estuvieron dispuestos a sufrir seriamente por su proclamación, y existen buenas razones históricas para pensar que algunos de sus principales dirigentes murieron manteniendo esa fe.
Eso es suficientemente significativo sin necesidad de exagerar la evidencia.
Jacobo: un caso particularmente extraño
Hay otro personaje que merece nuestra atención.
Jacobo, hermano de Jesús.
Los Evangelios indican que durante el ministerio de Jesús sus hermanos no aparecen inicialmente como creyentes.
Juan declara:
“Porque ni aun sus hermanos creían en él.”
Juan 7:5, RVR1960
Sin embargo, después de la muerte de Jesús encontramos a Jacobo convertido en uno de los dirigentes de la iglesia de Jerusalén.
¿Qué ocurrió?
Pablo incluye una afirmación interesante en su lista de apariciones:
“Después apareció a Jacobo…”
1 Corintios 15:7, RVR1960
Y posteriormente el historiador judío Flavio Josefo, escribiendo en el siglo I, relata la muerte de Jacobo, a quien identifica como “hermano de Jesús, llamado el Cristo”.
El cambio resulta interesante.
Un familiar que inicialmente no cree termina convertido en dirigente del movimiento que proclama a Jesús como Mesías.
La explicación cristiana primitiva es sencilla:
Jacobo afirmó haber visto a Jesús resucitado.
Pablo: de perseguidor a proclamador
Quizá todavía más sorprendente es el caso de Pablo.
Pablo no era uno de los discípulos originales.
Al contrario.
Perseguía a los cristianos.
Él mismo escribe:
“Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles… porque perseguí a la iglesia de Dios.”
1 Corintios 15:9, RVR1960
¿Qué transformó a un perseguidor del movimiento en uno de sus principales defensores?
Pablo afirma que tuvo un encuentro con Jesús resucitado.
Después pasó años sufriendo por esa convicción.
En 2 Corintios describe:
“De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno.”
“Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado…”
2 Corintios 11:24-25, RVR1960
La transformación de Pablo exige una explicación.
No prueba por sí sola que Jesús resucitara.
Pero añade otra pieza a un conjunto de acontecimientos extraordinarios.
Entonces, ¿qué explica el cambio?
Volvamos nuevamente a Pedro.
Antes de la crucifixión:
niega a Jesús.
Después:
proclama la resurrección públicamente.
Antes:
huye.
Después:
acepta ser arrestado y golpeado.
Antes:
teme ser identificado como discípulo.
Después:
dice delante de las autoridades:
“No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.”
¿Qué ocurrió entre ambos momentos?
Los propios discípulos dieron una explicación:
Vimos a Jesús vivo.
Ese es el dato que tenemos que investigar.
¿Y si los discípulos simplemente inventaron la resurrección?
Esta hipótesis merece ser examinada.
Supongamos por un momento que Jesús murió y permaneció muerto.
Los discípulos lo saben.
Entonces deciden inventar la historia de que resucitó.
Ahora preguntémonos:
¿Qué ganaban?
No obtuvieron inicialmente riqueza.
No recibieron poder político.
No fueron recibidos con honores por las autoridades.
Obtuvieron:
oposición,
amenazas,
arrestos,
golpes
y persecución.
Y sin embargo siguieron diciendo:
“Lo vimos.”
Una vez más, esto no demuestra matemáticamente que la resurrección ocurrió.
Pero hace que la hipótesis de una conspiración deliberada resulte mucho menos sencilla de sostener.
Los mentirosos pueden morir por muchas razones.
Pero resulta mucho más difícil explicar por qué un grupo de hombres soportaría persecución por una historia que ellos mismos sabrían que habían inventado, especialmente cuando podían abandonarla simplemente admitiendo el engaño.
Una diferencia esencial entre Jesús y sus discípulos
En el artículo anterior vimos que Jesús estuvo dispuesto a morir sin retractarse de quién decía ser.
Eso constituye evidencia relevante acerca de su sinceridad.
Ahora encontramos algo distinto.
Los discípulos estuvieron dispuestos a sufrir por una afirmación relacionada con un acontecimiento que decían haber presenciado:
Jesús estaba vivo después de su crucifixión.
Por eso ambos argumentos deben mantenerse separados.
Jesús murió sosteniendo su misión y su identidad.
Los discípulos sufrieron proclamando:
“Nosotros lo vimos resucitado.”
Juntos, estos hechos hacen que nuestra investigación se vuelva todavía más seria.
¿Qué ocurrió realmente después de la crucifixión?
Ya no podemos detenernos simplemente en:
Jesús murió.
Porque algo ocurrió inmediatamente después que dio origen a un movimiento inesperado.
Un grupo derrotado comenzó a proclamar victoria.
Hombres escondidos comenzaron a predicar públicamente.
Un hermano incrédulo llegó a convertirse en dirigente de la iglesia.
Un perseguidor se transformó en apóstol.
Y el mensaje central que todos compartían era:
Jesús resucitó.
Eso no significa que debamos aceptar automáticamente su conclusión.
Significa que tenemos que investigar la evidencia.
¿Estaba realmente vacía la tumba?
¿Quién afirmó haber visto a Jesús?
¿Pudieron ser alucinaciones?
¿Fue robado el cuerpo?
¿Sobrevivió Jesús a la crucifixión?
¿Existe alguna explicación alternativa capaz de reunir todos los datos?
Esas preguntas son demasiado importantes para resolverlas en unas cuantas páginas.
La investigación continúa en Cristopedia
Precisamente por eso hemos preparado en Cristopedia una investigación completa dedicada a este acontecimiento:
La resurrección de Jesucristo: ¿verdad o mito?
En esa serie examinamos el caso paso a paso.
Estudiamos la muerte de Jesús, la crucifixión, la tumba, la piedra, la guardia, las posibles explicaciones para la desaparición del cuerpo, los testimonios de quienes afirmaron haberlo visto vivo y la transformación posterior de sus seguidores.
No se trata simplemente de decir:
“La Biblia afirma que Jesús resucitó, por lo tanto debemos creerlo.”
La pregunta es mucho más interesante:
¿Qué explicación encaja mejor con la evidencia disponible?
Si desea continuar esta investigación, le invitamos a leer en Cristopedia la serie:
La resurrección de Jesucristo: ¿verdad o mito?
Porque si Jesús murió y permaneció muerto, nuestras conclusiones acerca de Él tendrán que ajustarse a ese hecho.
Pero si realmente ocurrió aquello que sus primeros seguidores proclamaron hasta estar dispuestos a sufrir por ello…
entonces todo cambia.
Porque el hombre que había dicho:
“Yo soy la resurrección y la vida”
también había anunciado:
Y sus discípulos terminaron recorriendo el mundo proclamando:
“Lo vimos vivo.”
La pregunta ya no puede evitarse:
¿Qué ocurrió realmente aquella mañana en Jerusalén?
Referencias
Biblia Reina-Valera 1960: Marcos 14:50; Juan 7:5; Juan 20:19; Hechos 2:22-36; Hechos 3:13-15; Hechos 4:1-22; Hechos 5:17-42; Hechos 12:1-5; 1 Corintios 15:1-11; 2 Corintios 11:23-28.
1 Clemente 5-6. Fuente cristiana de finales del siglo I que menciona los sufrimientos de Pedro y Pablo.
Josefo, Flavio. Antigüedades judías 20.200. Referencia a Jacobo, “hermano de Jesús, llamado el Cristo”, y su muerte.
Wright, N. T. The Resurrection of the Son of God. Fortress Press, 2003.
Licona, Michael R. The Resurrection of Jesus: A New Historiographical Approach. IVP Academic, 2010.
Habermas, Gary R. y Michael R. Licona. The Case for the Resurrection of Jesus. Kregel, 2004.
Keener, Craig S. The Historical Jesus of the Gospels. Eerdmans, 2009.
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