10. “Al tercer día resucitaré”: Jesús anunció su propia muerte y resurrección

 Por El Dr. Elio M Rivera

  Hay afirmaciones de Jesús que sorprenden por su autoridad. Otras impresionan por la manera en que habla acerca de Dios, del perdón, de la vida eterna o de su propia identidad.

  Pero existe otra clase de declaración que produce una sensación distinta.

  Jesús anunció anticipadamente que moriría… y que después resucitaría.

  No una vez.

  Varias veces.

  Y esto cambia completamente la naturaleza de nuestra investigación.

  Porque una cosa es que alguien diga:

  “Algún día voy a morir.”

  Todos los seres humanos podemos decirlo.

  Pero otra cosa muy diferente es anunciar con anticipación:

  que será rechazado, que será entregado, que será condenado, que morirá violentamente y que después volverá a vivir.

  Eso ya no es una afirmación común.

  Y si realmente fue pronunciada antes de los acontecimientos que describe, entonces estamos frente a algo que merece ser examinado con enorme atención.

Jesús no habló de su muerte como una posibilidad

  En determinado momento de su ministerio, Jesús comenzó a hablar de manera cada vez más directa acerca de lo que le esperaba.

  Marcos registra:

“Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.”
Marcos 8:31, RVR1960

  Observe los elementos.

  Jesús afirma que:

  padecerá,

  será rechazado,

  será muerto,

  y:

  resucitará después de tres días.

  No habla de una posibilidad remota.

  No dice:

  “Quizá algún día me maten”.

  Presenta los acontecimientos como algo que ocurrirá.

La reacción de Pedro demuestra que no era algo que los discípulos esperaban

  El siguiente versículo es muy importante.

  Marcos dice:

“Esto les decía claramente.”
Marcos 8:32, RVR1960

  No era una parábola difícil de comprender.

  Jesús estaba hablando claramente.

  ¿Y cómo reaccionó Pedro?

“Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reconvenirle.”
Marcos 8:32, RVR1960

  Mateo conserva incluso las palabras de Pedro:

“Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.”
Mateo 16:22, RVR1960

  Esto resulta muy significativo.

  Los discípulos no parecen haber inventado posteriormente estas predicciones porque esperaran naturalmente un Mesías crucificado.

  Todo lo contrario.

  La idea los desconcertaba.

  Pedro incluso intenta convencer a Jesús de que aquello no ocurrirá.

  Pero Jesús continúa anunciándolo.

Lo volvió a decir

  Después, mientras atravesaban Galilea, Jesús repitió la predicción:

“El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día.”
Marcos 9:31, RVR1960

  La reacción de los discípulos vuelve a ser reveladora:

“Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.”
Marcos 9:32, RVR1960

  Intentemos imaginar esa conversación.

  El hombre al que están siguiendo les dice:

  Van a matarme.

  Y después añade:

  Voy a resucitar.

  Los discípulos no saben qué hacer con aquello.

  Marcos dice que:

  no lo entendían

  y:

  tenían miedo de preguntarle.

  Es difícil imaginar una reacción más humana.

Y lo anunció todavía una tercera vez con más detalles

  Mientras se dirigían hacia Jerusalén, Jesús volvió a reunir a sus discípulos.

  Esta vez la predicción se vuelve todavía más específica:

“He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.”
Marcos 10:33-34, RVR1960

  Detengámonos.

  Ahora Jesús anuncia:

  el lugar: Jerusalén,

  quiénes intervendrán: principales sacerdotes y escribas,

  que será condenado,

  que será entregado a los gentiles,

  que será burlado,

  que será azotado,

  que será escupido,

  que será muerto,

  y nuevamente:

  “al tercer día resucitará.”

  La predicción ya no es genérica.

  Tiene una secuencia.

  Y resulta difícil leerla sabiendo lo que posteriormente ocurrió sin sentir cierta inquietud.

  Era para que a cualquiera se le erizara la piel.

“Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”

  El Evangelio de Juan conserva otra declaración temprana.

  Después de la purificación del templo, algunos le piden una señal a Jesús.

  Él responde:

“Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.”
Juan 2:19, RVR1960

  Sus interlocutores piensan que está hablando del edificio.

  Por eso responden:

“En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?”
Juan 2:20, RVR1960

  Pero Juan explica:

“Mas él hablaba del templo de su cuerpo.”
Juan 2:21, RVR1960

  Y añade algo importantísimo:

“Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto…”
Juan 2:22, RVR1960

  Nuevamente aparece la misma idea.

  Jesús habla anticipadamente de su muerte y de volver a levantarse.

La señal de Jonás

  En otra ocasión algunos escribas y fariseos pidieron una señal.

  Jesús respondió:

“Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.”
Mateo 12:40, RVR1960

  Aquí Jesús utiliza la historia de Jonás como una figura relacionada con su propia muerte y posterior vindicación.

  La idea vuelve a aparecer:

  descenso, muerte, retorno.

Incluso sus enemigos recordaron que lo había anunciado

  Existe un detalle que suele pasar inadvertido.

  Después de la muerte de Jesús, los principales sacerdotes y fariseos acudieron a Pilato.

  Le dijeron:

“Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré.”
Mateo 27:63, RVR1960

  Observe cuidadosamente.

  Según Mateo, sus propios adversarios recordaban que Jesús había anunciado su resurrección.

  Por eso pidieron que la tumba fuera asegurada:

“Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día…”
Mateo 27:64, RVR1960

  Esto añade una dimensión particularmente interesante.

  La predicción de la resurrección no aparece solamente en boca de los discípulos después del acontecimiento.

  Dentro del propio relato evangélico, incluso los enemigos de Jesús recuerdan que Él había dicho:

  “Después de tres días resucitaré.”

Jesús habló de entregar voluntariamente su vida

  Pero la afirmación se vuelve todavía más impresionante.

  Jesús no presenta su muerte simplemente como algo que otros harán contra su voluntad.

  En Juan declara:

“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.”
Juan 10:17, RVR1960

  Y continúa:

“Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo.”
Juan 10:18, RVR1960

  Después añade:

“Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar.”
Juan 10:18, RVR1960

  Esta declaración es extraordinaria.

  Un hombre puede decidir arriesgar su vida.

  Puede incluso entregar voluntariamente su vida por otra persona.

  Pero Jesús añade algo que ningún hombre común puede garantizar:

  “Tengo poder para volverla a tomar.”

  En otras palabras:

  Voy a morir voluntariamente y después volveré a vivir.

  Eso cambia completamente el carácter de sus palabras.

¿Quién puede anunciar su propia resurrección?

  Aquí debemos detenernos y pensar.

  Muchos personajes de la historia han anticipado su muerte.

  Algunos sabían que estaban siendo perseguidos.

  Otros comprendieron que sus decisiones podían conducirlos a la ejecución.

  Pero anunciar anticipadamente:

  cómo ocurrirá la muerte,

  quiénes participarán,

  que será violenta,

  y que después se volverá a vivir

  es otra cosa.

  Porque hay algo que ningún hombre puede controlar una vez muerto:

  lo que sucede después de su muerte.

  Un hombre puede organizar su funeral.

  Puede escribir instrucciones.

  Puede dejar un testamento.

  Pero no puede simplemente decidir:

  “Tres días después volveré a vivir.”

  Y hacerlo.

  Por eso estas predicciones forman parte central de nuestra investigación.

Pero debemos hacer una pregunta histórica legítima

  Alguien podría objetar:

  “¿Y si los discípulos pusieron estas predicciones en labios de Jesús después de la resurrección?”

  Es una pregunta válida y debe ser considerada.

  No debemos evitarla.

  Los Evangelios fueron escritos después de la muerte de Jesús, por lo que un investigador histórico tiene derecho a preguntar si algunas formulaciones pudieron haber sido recordadas y expresadas a la luz de acontecimientos posteriores.

  Sin embargo, existen razones para tomar seriamente la tradición de que Jesús anticipó su muerte.

  Primero, los Evangelios sinópticos presentan repetidamente estas predicciones en diferentes contextos.

  Segundo, las reacciones negativas de los discípulos —Pedro reprendiendo a Jesús, los demás sin comprender y sintiendo temor— no parecen diseñadas para hacerlos quedar bien.

  Tercero, la expectativa de un Mesías sufriente y ejecutado no era precisamente la idea que los discípulos estaban ansiosos por escuchar.

  Y cuarto, la muerte de Jesús en Jerusalén por decisión de las autoridades era suficientemente previsible como para que Él pudiera reconocer el peligro creciente.

  La parte verdaderamente extraordinaria de las predicciones es, por supuesto:

  “y resucitará.”

  Por eso la cuestión histórica no termina preguntando si Jesús habló de su muerte.

  La gran pregunta será:

  ¿Qué ocurrió realmente después de que murió?

Sus discípulos no parecieron esperarlo

  Hay un detalle casi paradójico.

  Aunque Jesús había anunciado repetidamente su resurrección, cuando finalmente murió, los Evangelios no presentan a los discípulos esperando alegremente junto a la tumba el tercer día.

  Ocurre exactamente lo contrario.

  Están derrotados.

  Atemorizados.

  Confundidos.

  Las mujeres van al sepulcro llevando especias.

  No parecen ir para recibir a un resucitado.

  Van hacia una tumba.

  Lucas describe incluso la reacción inicial de los apóstoles cuando las mujeres les anuncian que Jesús vive:

“Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían.”
Lucas 24:11, RVR1960

  Esto es sorprendente.

  Jesús les había dicho que resucitaría.

  Pero cuando escucharon que había ocurrido:

  no lo creyeron.

  Esto muestra hasta qué punto la idea seguía siendo difícil de asimilar.

Ahora imaginemos haber escuchado esas palabras antes de la cruz

  Volvamos nuevamente al siglo I.

  Estamos caminando con Jesús hacia Jerusalén.

  Todavía está vivo.

  Todavía no existe una cruz vacía.

  Todavía no existe el domingo de resurrección.

  Y Él nos dice:

  Voy a ser entregado.

  Me condenarán.

  Me entregarán a los gentiles.

  Me azotarán.

  Me matarán.

  Y después añade:

  “Al tercer día resucitaré.”

  ¿Qué habríamos pensado?

  Probablemente algo parecido a los discípulos:

  No comprendemos.

  Quizá incluso hubiéramos tenido miedo de preguntar.

  Porque ya no estamos frente a un hombre que solamente habla acerca de Dios.

  Estamos frente a alguien que afirma conocer anticipadamente su propia muerte y, todavía más extraordinario, su victoria sobre ella.

La resurrección se convierte en la gran prueba

  Y aquí sucede algo fascinante.

  Jesús prácticamente coloca su propia identidad bajo una prueba histórica.

  Porque si hubiera muerto y permanecido en la tumba, las palabras:

  “Al tercer día resucitaré”

  habrían quedado desmentidas.

  No habría argumento teológico capaz de corregirlo.

  Un cadáver en una tumba habría sido suficiente.

  Pero los primeros cristianos afirmaron exactamente lo contrario.

  Proclamaron que la tumba quedó vacía.

  Declararon que Jesús se les apareció vivo.

  Y colocaron la resurrección en el centro mismo de su mensaje.

  Pablo llegará a escribir:

“Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.”
1 Corintios 15:14, RVR1960

  Eso significa que el cristianismo primitivo no intentó protegerse de una posible refutación.

  Puso prácticamente todo sobre la mesa.

  Si Jesús no resucitó, el mensaje se derrumba.

  Pero si resucitó…

  entonces todo lo que hemos estado escuchando de sus labios adquiere una dimensión completamente diferente.

Ahora las piezas comienzan a encajar

  Recordemos nuevamente nuestro recorrido.

  Jesús declaró:

  “Antes que Abraham fuese, YO SOY.”

  Después:

  “Yo y el Padre uno somos.”

  Se identificó con el Hijo del Hombre celestial de Daniel.

  Perdonó pecados.

  Se declaró:

  “el camino, y la verdad, y la vida”.

  Dijo:

  “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.”

  Aceptó la confesión:

  “Señor mío, y Dios mío.”

  Recibió adoración.

  Y ahora descubrimos que anunció:

  Voy a morir.

  Voy a ser sepultado.

  Y voy a volver a vivir.

  Esto es realmente escalofriante si lo pensamos detenidamente.

  Porque quizá toda nuestra investigación pueda reducirse finalmente a una pregunta histórica muy concreta:

  ¿Resucitó Jesús o no resucitó?

  Si no resucitó, entonces tenemos que explicar por qué sus seguidores llegaron a creer que sí.

  Pero si realmente resucitó, entonces ya no estamos frente a un simple maestro religioso que realizó afirmaciones extraordinarias.

  Estaríamos frente a alguien que predijo su propia victoria sobre la muerte y después hizo exactamente lo que había anunciado.

  Y en ese momento la pregunta:

  “¿Es Jesús Dios?”

  dejaría de ser solamente una discusión teológica.

  Se convertiría en una cuestión histórica de enorme trascendencia.

Referencias

  Biblia Reina-Valera 1960: Mateo 12:38-40; Mateo 16:21-23; Mateo 17:22-23; Mateo 20:17-19; Mateo 27:62-66; Marcos 8:27-33; Marcos 9:30-32; Marcos 10:32-34; Lucas 9:22; Lucas 18:31-34; Lucas 24:1-12; Juan 2:18-22; Juan 10:17-18; Juan 20:1-29; 1 Corintios 15:1-20.

  France, R. T. The Gospel of Mark. The New International Greek Testament Commentary. Eerdmans, 2002.

  Keener, Craig S. The Historical Jesus of the Gospels. Eerdmans, 2009.

  Wright, N. T. The Resurrection of the Son of God. Fortress Press, 2003.

  Licona, Michael R. The Resurrection of Jesus: A New Historiographical Approach. IVP Academic, 2010.

  Craig, William Lane. Assessing the New Testament Evidence for the Historicity of the Resurrection of Jesus. Edwin Mellen Press, 1989.

  Habermas, Gary R. y Michael R. Licona. The Case for the Resurrection of Jesus. Kregel, 2004.

¿Desea profundizar en este tema? Conozca el libro: ¿Son confiables los Evangelios?

Escuche música con propósito

NUEVO EN CRISTOPEDIA

     Descubre las nuevas series, libros y recursos que hemos añadido al Museo y a la Biblioteca de Cristopedia.

WhatsApp
Facebook
X
LinkedIn
Email

Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.