10. El sistema digestivo — una extraordinaria fábrica que transforma alimento en vida

Por el Dr. Elio M Rivera

  Cada vez que comemos, comienza dentro de nuestro cuerpo un proceso sorprendente. Un trozo de pan, una fruta, carne o cualquier otro alimento debe ser triturado, mezclado, descompuesto químicamente y finalmente convertido en moléculas suficientemente pequeñas para atravesar la pared intestinal y llegar a la sangre. Después, esas sustancias podrán ser utilizadas por millones de células para obtener energía, construir tejidos y realizar funciones indispensables.

  El sistema digestivo no es simplemente un tubo por donde pasa la comida. Está formado por órganos especializados, músculos, glándulas, enzimas, nervios, vasos sanguíneos y microorganismos que trabajan de manera coordinada. Boca, esófago, estómago, intestino delgado, intestino grueso, hígado, vesícula biliar y páncreas participan en distintas etapas del proceso.

  Lo extraordinario es que una acción cotidiana como comer requiere una cadena compleja de transformaciones físicas y químicas. El alimento entra como materia externa y termina convertido en energía, estructuras y sustancias capaces de mantener vivo todo el organismo.

La digestión comienza en la boca

  El proceso empieza incluso antes de que el alimento llegue al estómago.

  Los dientes cortan, desgarran y trituran. La lengua mueve el alimento y lo mezcla con saliva. Las glándulas salivales producen líquido que humedece el contenido y contiene enzimas capaces de comenzar la digestión de algunos carbohidratos.

  La boca realiza así dos tipos de digestión al mismo tiempo: una mecánica y otra química.

  Triturar aumenta la superficie disponible para que las enzimas puedan actuar con mayor eficacia.

La saliva hace mucho más que humedecer

  La saliva facilita la formación del bolo alimenticio y ayuda a proteger los tejidos de la boca.

  También contiene sustancias que participan en defensa frente a microorganismos y enzimas como la amilasa salival, que comienza a descomponer ciertos almidones.

  Antes de tragar, parte del alimento ya está siendo transformado.

  Una sustancia que muchas veces consideramos insignificante desempeña varias funciones al mismo tiempo.

Tragar exige coordinación

  La deglución parece automática, pero requiere una secuencia extremadamente precisa.

  La lengua impulsa el bolo hacia la faringe. Después, músculos coordinados ayudan a dirigirlo hacia el esófago mientras la vía respiratoria queda protegida.

  La epiglotis y otros mecanismos participan en evitar que el alimento entre en la tráquea.

  Respirar y tragar utilizan regiones cercanas, por lo que el sistema debe coordinar ambas funciones correctamente.

El esófago — transportar sin depender de la gravedad

  Una vez dentro del esófago, el alimento avanza mediante ondas musculares llamadas peristalsis.

  Los músculos se contraen detrás del bolo y se relajan delante de él.

  De esta manera, el alimento puede desplazarse hacia el estómago incluso si la persona se encuentra acostada.

  El sistema digestivo no depende simplemente de que la comida “caiga”.

  La mueve activamente.

El estómago — una cámara de mezcla y digestión

  El estómago recibe el alimento y comienza a mezclarlo mediante contracciones musculares.

  Su pared produce ácido clorhídrico y enzimas digestivas, además de una capa de moco que ayuda a proteger el tejido frente al contenido ácido.

  El ambiente ácido favorece la actividad de determinadas enzimas y también ayuda a destruir muchos microorganismos ingeridos.

  El alimento termina convertido en una mezcla semilíquida llamada quimo.

¿Cómo evita el estómago digerirse a sí mismo?

  Esta pregunta resulta fascinante.

  El estómago contiene ácido y enzimas capaces de descomponer proteínas, pero su pared posee mecanismos de protección.

  Una barrera de moco y bicarbonato ayuda a separar el contenido ácido del tejido. Las células de la superficie se renuevan con rapidez y existen mecanismos que regulan la secreción.

  Cuando estas defensas se alteran pueden aparecer lesiones.

  La digestión necesita ser poderosa, pero también controlada.

El intestino delgado — donde ocurre gran parte de la absorción

  Después del estómago, el quimo entra en el intestino delgado, dividido en duodeno, yeyuno e íleon.

  Aquí continúa intensamente la digestión química y ocurre la mayor parte de la absorción de nutrientes.

  El páncreas libera enzimas que ayudan a descomponer proteínas, carbohidratos y grasas.

  El hígado produce bilis, almacenada y concentrada en la vesícula biliar, que participa especialmente en el manejo de las grasas.

  Numerosos órganos diferentes terminan colaborando dentro de un mismo segmento intestinal.

El páncreas — una fábrica de enzimas

  El páncreas produce enzimas digestivas muy importantes.

  Proteasas ayudan a degradar proteínas.

  Lipasa participa en la digestión de grasas.

  Amilasa pancreática continúa la descomposición de carbohidratos.

  Además, secreta bicarbonato, que ayuda a neutralizar la acidez del contenido que llega desde el estómago.

  Un mismo órgano participa tanto en digestión como en regulación del ambiente químico.

La bilis y las grasas

  Las grasas no se mezclan fácilmente con el agua.

  La bilis contiene sales biliares capaces de fragmentar grandes gotas de grasa en partículas más pequeñas mediante un proceso de emulsificación.

  Esto aumenta la superficie disponible para la acción de la lipasa.

  La bilis no “digiera” directamente la grasa como una enzima, pero facilita enormemente el proceso.

  La física y la química trabajan juntas.

El hígado — mucho más que un órgano digestivo

  El hígado es uno de los órganos metabólicos más importantes del cuerpo.

  Procesa nutrientes absorbidos desde el intestino, almacena glucógeno, participa en el metabolismo de grasas y proteínas, produce bilis y modifica o elimina numerosas sustancias.

  Gran parte de la sangre que viene del aparato digestivo pasa primero por el hígado mediante el sistema portal hepático.

  Así, los nutrientes recién absorbidos llegan a una especie de gran centro de procesamiento antes de distribuirse ampliamente.

Una superficie intestinal enorme dentro de un espacio pequeño

  La pared del intestino delgado no es lisa.

  Posee pliegues, vellosidades y microvellosidades que aumentan enormemente el área disponible para absorción.

  Una superficie mayor permite que más nutrientes entren en contacto con células especializadas.

  El principio es sencillo, pero el resultado es extraordinario.

  En lugar de construir un intestino gigantesco, el organismo multiplica la superficie internamente.

Cada vellosidad posee su propia circulación

  Dentro de las vellosidades existen pequeños vasos sanguíneos y vasos linfáticos.

  Los azúcares simples y aminoácidos absorbidos pasan principalmente hacia capilares sanguíneos.

  Muchos productos derivados de la digestión de grasas entran primero en vasos linfáticos especializados llamados vasos quilíferos.

  Así, diferentes nutrientes utilizan rutas distintas.

  Absorber no significa simplemente atravesar una pared; también implica transporte organizado.

Los carbohidratos terminan convertidos en moléculas pequeñas

  Los carbohidratos complejos deben ser descompuestos hasta formas absorbibles, especialmente monosacáridos como la glucosa.

  Después de entrar en la sangre, la glucosa puede utilizarse para producir energía o almacenarse para uso posterior.

  Una porción de alimento termina convertida en combustible celular.

  La transformación comienza en el plato y termina dentro de una mitocondria.

Las proteínas también deben desmontarse

  Las proteínas alimentarias son grandes moléculas formadas por aminoácidos.

  El sistema digestivo las descompone progresivamente mediante enzimas presentes en el estómago, páncreas e intestino.

  Los aminoácidos resultantes pueden ser absorbidos y posteriormente utilizados para construir nuevas proteínas.

  Músculos, enzimas, receptores y numerosas estructuras dependen de estos componentes.

  El cuerpo desmonta para volver a construir.

Las grasas cumplen funciones importantes

  Las grasas proporcionan energía y participan en membranas celulares, hormonas y absorción de vitaminas liposolubles.

  Su digestión requiere emulsificación, acción enzimática y procesos especiales de transporte.

  Después de ser absorbidos, muchos lípidos se organizan en partículas que circulan por linfa y sangre.

  Un nutriente aparentemente sencillo exige una ruta altamente especializada.

El intestino grueso — recuperar agua y minerales

  Cuando el contenido llega al intestino grueso, gran parte de los nutrientes ya ha sido absorbida.

  Aquí se recuperan agua y electrolitos, mientras el material restante se transforma progresivamente en heces.

  El intestino grueso también contiene una enorme comunidad de microorganismos.

  Estos participan en la transformación de sustancias que nuestras propias enzimas no procesan completamente.

La microbiota — un ecosistema dentro de nosotros

  El colon alberga numerosas especies microbianas que forman parte de la microbiota intestinal.

  Estas comunidades metabolizan determinados componentes de la dieta, especialmente fibras, y producen moléculas que pueden interactuar con nuestras células.

  También mantienen relaciones complejas con el sistema inmunológico.

  El aparato digestivo no funciona completamente solo.

  Convive con un ecosistema microscópico.

La fibra alimenta parte de esa comunidad

  Muchos tipos de fibra no son digeridos por nuestras enzimas intestinales.

  Sin embargo, determinadas bacterias pueden fermentarlos.

  Durante este proceso producen sustancias como ácidos grasos de cadena corta, que pueden ser utilizadas por células intestinales y participar en distintas funciones.

  Algo que nosotros no podemos digerir directamente puede convertirse en alimento para organismos que viven con nosotros.

El sistema nervioso también controla el intestino

  El aparato digestivo posee una extensa red nerviosa conocida como sistema nervioso entérico.

  Puede coordinar movimientos, secreciones y otras funciones locales.

  Está conectado con el cerebro mediante varias vías, incluyendo el nervio vago.

  Por eso emociones intensas pueden producir sensaciones en el estómago o modificar el movimiento intestinal.

  Digestión y sistema nervioso están profundamente relacionados.

El intestino puede moverse sin que pensemos en ello

  No necesitamos ordenar conscientemente cada contracción.

  El peristaltismo y otros patrones motores son coordinados automáticamente.

  Músculos circulares y longitudinales modifican el diámetro y longitud del tubo digestivo.

  El contenido avanza, se mezcla y permanece el tiempo necesario en distintas regiones.

  La maquinaria continúa incluso mientras dormimos.

El apetito también está regulado

  Comer no depende solamente de que el estómago esté vacío.

  Hormonas producidas en el aparato digestivo, tejido adiposo y otros órganos envían señales hacia el cerebro.

  Estas participan en hambre, saciedad y regulación del metabolismo.

  La digestión comienza antes del primer bocado y continúa influyendo incluso después de terminar de comer.

El olfato y la vista preparan al sistema

  Ver oler comida puede comenzar a activar procesos digestivos.

  Aumenta la salivación y pueden aparecer respuestas en estómago y páncreas.

  El cerebro anticipa lo que está por llegar.

  Esto se conoce como fase cefálica de la digestión.

  El sistema puede prepararse antes de recibir el alimento.

La digestión también defiende al organismo

  El aparato digestivo está expuesto continuamente a sustancias procedentes del exterior.

  Por eso posee múltiples mecanismos defensivos.

  Ácido gástrico, moco, enzimas, movimiento intestinal, microbiota y tejido inmunológico asociado al intestino participan en protección.

  Absorber nutrientes exige mantener una frontera cuidadosamente controlada.

Una pared debe permitir entrar unas cosas y detener otras

  El intestino enfrenta un problema extraordinario.

  Necesita ser suficientemente permeable para permitir el paso de nutrientes.

  Pero también debe limitar la entrada de microorganismos y moléculas potencialmente dañinas.

  Las células epiteliales están unidas mediante estructuras especializadas y se renuevan continuamente.

  La absorción exige selectividad.

Comer es transformar materia externa en parte de nosotros

  Esta idea merece detenernos.

  Una manzana crece en un árbol.

  La comemos.

  Sus carbohidratos son digeridos.

  Sus moléculas entran en nuestra sangre.

  Algunas terminan produciendo energía.

  Otras pueden incorporarse a nuevas moléculas de nuestro cuerpo.

  Aquello que estaba fuera termina participando en nosotros.

Jesús utilizó el alimento como imagen de provisión

  En el Sermón del Monte, Jesús declaró:

“Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.”
(Mateo 6:32)

  El contexto incluye necesidades básicas como comida y vestido.

  La Biblia presenta repetidamente el alimento como parte de la provisión necesaria para la vida.

  La ciencia permite contemplar qué ocurre después de recibir esa provisión.

El Salmo 104 también relaciona alimento y vida

  El salmista escribió:

“Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo. Les das, recogen; abres tu mano, se sacian de bien.”
(Salmo 104:27-28)

  Comer parece una acción cotidiana.

  Pero el alimento solamente puede sostenernos porque nuestro cuerpo posee los mecanismos necesarios para recibirlo, descomponerlo, absorberlo y distribuirlo.

  La provisión externa necesita una maquinaria interna.

Una fábrica que nunca vemos trabajando

  La Biblia no pretende explicar enzimas pancreáticas, microvellosidades, peristaltismo o microbiota mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la anatomía, fisiología, gastroenterología y bioquímica.

  Sin embargo, estudiar el sistema digestivo transforma nuestra manera de contemplar algo tan sencillo como una comida.

  Dientes trituran. La saliva comienza la digestión. El esófago transporta. El estómago mezcla. El páncreas libera enzimas. El hígado produce bilis. El intestino multiplica su superficie mediante vellosidades. Los nutrientes atraviesan la pared. La sangre y la linfa los distribuyen. El colon recupera agua y alberga comunidades microbianas.

  Todo esto ocurre automáticamente.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estos mecanismos aumenta nuestra admiración. El sistema digestivo nos recuerda que la sabiduría del Creador puede contemplarse en la extraordinaria capacidad del cuerpo para tomar alimento del mundo exterior, descomponerlo con precisión y convertirlo en energía, reparación, crecimiento y vida.

Referencias

Escrituras consultadas

  • Génesis 1:29.
  • Salmo 104:14-15.
  • Salmo 104:27-28.
  • Salmo 136:25.
  • Mateo 6:31-33.
  • Mateo 15:17.
  • 1 Timoteo 4:4-5.

Bibliografía científica

  • Hall, J. E. Guyton and Hall Textbook of Medical Physiology. Elsevier.
  • Boron, W. F. & Boulpaep, E. L. Medical Physiology. Elsevier.
  • Johnson, L. R. Gastrointestinal Physiology. Elsevier.
  • Barrett, K. E. et al. Ganong’s Review of Medical Physiology. McGraw-Hill.
  • Moore, K. L., Dalley, A. F. & Agur, A. M. R. Clinically Oriented Anatomy. Wolters Kluwer.

Temas científicos consultados

  • Digestión mecánica y química.
  • Saliva y deglución.
  • Peristaltismo.
  • Estómago y secreción gástrica.
  • Enzimas pancreáticas.
  • Bilis y digestión de grasas.
  • Absorción intestinal.
  • Vellosidades y microvellosidades.
  • Hígado y metabolismo.
  • Microbiota intestinal.
  • Sistema nervioso entérico.

Organizaciones científicas

  • National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases — fisiología y enfermedades digestivas.
  • American Gastroenterological Association — gastroenterología y sistema digestivo.
  • National Institutes of Health — investigación digestiva y metabólica.
  • American Physiological Society — fisiología gastrointestinal.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.