02. Las leyes de la naturaleza: Un universo gobernado por el orden

Por el Dr. Elio M. Rivera

  Después de haber considerado que la creación constituye una de las grandes evidencias de la existencia de Dios, surge una nueva pregunta igualmente fascinante: ¿por qué el universo funciona de una manera tan ordenada? No basta con explicar por qué existe el cosmos; también debemos preguntarnos por qué se comporta con una regularidad tan extraordinaria. ¿Por qué el Sol sale cada día? ¿Por qué los planetas siguen sus órbitas con precisión? ¿Por qué las estaciones del año se suceden de manera constante? ¿Por qué el agua hierve siempre bajo las mismas condiciones y la gravedad actúa de la misma forma en todo el universo?

  La ciencia describe estas regularidades mediante lo que llamamos leyes de la naturaleza. Estas leyes no son mandamientos escritos ni normas impuestas por los seres humanos; son descripciones de la manera constante en que el universo se comporta. Gracias a esa regularidad podemos estudiar el cosmos, desarrollar tecnología, predecir eclipses, construir puentes, enviar sondas espaciales y comprender innumerables procesos físicos y biológicos.

  La gran pregunta es: ¿por qué existen esas leyes? ¿Por qué el universo no es caótico? ¿Por qué las leyes que observamos hoy son las mismas que gobernaban el universo hace miles de años? ¿Por qué la naturaleza es tan extraordinariamente constante?

  La Biblia responde estas preguntas atribuyendo ese orden al carácter mismo de Dios. Las Escrituras presentan al Creador como un Dios de orden, de sabiduría y de absoluta fidelidad. El universo refleja precisamente esos atributos.

  

El planeta tierra, un lugar ideal para albergar la vida.

El profeta Jeremías escribió:

“Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche… Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente.”
(Jeremías 31:35-36)

  Este pasaje resulta extraordinario. Dios habla de las leyes del sol, de la luna y de las estrellas, mostrando que el universo funciona de acuerdo con un orden establecido por Él. La regularidad de los cuerpos celestes no es presentada como una casualidad, sino como parte del gobierno soberano del Creador.

  De manera semejante, Dios preguntó a Job:

“¿Conoces tú las leyes de los cielos? ¿Dispondrás tú de su potestad en la tierra?”
(Job 38:33)

  La pregunta es profundamente reveladora. Dios recuerda a Job que el universo está sujeto a leyes que el hombre puede descubrir, estudiar y utilizar, pero que jamás podría establecer. El ser humano no inventó esas leyes; simplemente las encontró ya funcionando desde el principio de la creación.

  Esto explica por qué la ciencia es posible. Si el universo fuera completamente impredecible, ningún experimento podría repetirse y ninguna observación tendría valor permanente. La ciencia descansa sobre una realidad fundamental: el universo es ordenado y sus leyes son constantes. Curiosamente, esta idea armoniza perfectamente con la enseñanza bíblica de un Dios que gobierna su creación con sabiduría y fidelidad.

  El libro de Proverbios declara:

“Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia.”
(Proverbios 3:19)

  Observe las palabras utilizadas: sabiduría e inteligencia. La Biblia no presenta la creación como un acto caprichoso o desordenado. Todo lo contrario. Afirma que el universo fue establecido mediante la infinita sabiduría de Dios. El orden que observamos en la naturaleza refleja el orden del Creador mismo.

  Esta verdad aparece repetidamente en los Salmos. David escribió:

“Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió.”
(Salmo 33:9)

  Pero ese mismo Dios que habló para crear continúa sosteniendo el orden de su universo. La creación no quedó abandonada después del Génesis. Dios sigue gobernando todas las cosas conforme a su voluntad.

  El Nuevo Testamento amplía esta enseñanza al hablar del Señor Jesucristo:

“Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.”
(Colosenses 1:17)

  La palabra subsisten significa que todas las cosas permanecen, se mantienen y continúan existiendo en Él. El universo no funciona independientemente de Dios. Su estabilidad, su orden y su permanencia dependen continuamente del poder del Creador.

  El autor de la carta a los Hebreos añade otra declaración igualmente impresionante:

“…el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…”
(Hebreos 1:3)

  Estas palabras nos permiten comprender que las leyes de la naturaleza no son simplemente mecanismos impersonales funcionando por sí solos. Desde la perspectiva bíblica, detrás de la estabilidad del universo se encuentra un Dios que sostiene continuamente su creación.

  Es importante aclarar que la Biblia no pretende sustituir la investigación científica. La ciencia estudia cómo funcionan las leyes de la naturaleza; la Biblia responde por qué esas leyes existen y por qué son tan extraordinariamente constantes. Ambas preguntas son diferentes, pero complementarias.

  Cada vez que un científico descubre una nueva regularidad en el universo, no está creando una ley; está descubriendo una ley que ya existía. Cada fórmula matemática que describe el movimiento de los planetas, cada principio de la física o cada proceso de la química revela un universo extraordinariamente ordenado y coherente.

  Para la Biblia, ese orden no es una casualidad. Es el reflejo de un Dios que no actúa con confusión, sino con perfecta sabiduría. El universo es inteligible porque fue concebido por una Inteligencia infinita. Sus leyes son constantes porque reflejan la fidelidad de un Dios que no cambia.

  Al contemplar la regularidad del cosmos, las Escrituras nos invitan a mirar más allá de las leyes mismas y dirigir nuestra atención hacia el Legislador. Las leyes de la naturaleza no existen por sí solas; son una manifestación del orden que Dios estableció desde el principio.

  Así, cada amanecer que ocurre con puntualidad, cada planeta que permanece en su órbita, cada estación que llega en el momento preciso y cada ley física que continúa funcionando día tras día constituyen un recordatorio silencioso de que el universo no está gobernado por el caos, sino por la sabiduría del Dios que lo creó y que continúa sosteniéndolo con el poder de su palabra.

Referencias:

A Brief History of Time — Stephen Hawking

The Character of Physical Law — Richard Feynman

The Road to Reality — Roger Penrose

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.