Por el Dr. Elio M Rivera

  En 2020, mientras gran parte del mundo atravesaba meses difíciles, apareció inesperadamente en el cielo un espectáculo que millones de personas podían contemplar desde sus propias ciudades y hogares.

  Era el cometa NEOWISE, uno de los cometas más impresionantes observados a simple vista en el hemisferio norte en las últimas décadas.

El cometa Neowise

  Y a diferencia de los grandes cometas de siglos anteriores, esta vez millones de cámaras y teléfonos estaban preparados para fotografiarlo.

Primero lo descubrió un telescopio espacial

  El cometa fue descubierto el 27 de marzo de 2020 por la misión espacial NEOWISE de NASA.

  Su nombre científico es C/2020 F3 (NEOWISE).

  Cuando fue descubierto todavía no era el gran espectáculo que posteriormente contemplaríamos. Pero conforme se acercaba al Sol aumentó su actividad.

  El 3 de julio de 2020 pasó por su punto más cercano al Sol, a unos 43 millones de kilómetros de nuestra estrella.

  Sobrevivió al encuentro.

  Y entonces comenzó el espectáculo.

Una imagen que parecía sacada de una pintura

  Durante julio de 2020, NEOWISE se hizo visible a simple vista desde muchos lugares del hemisferio norte.

  Presentaba un núcleo aparentemente brillante, una extensa coma y una hermosa cola de polvo que en numerosas fotografías parecía abrirse como un abanico. También desarrolló una cola de iones más tenue.

  La escena podía ser extraordinaria. NEOWISE sobre montañas. Sobre lagos. Sobre desiertos. Sobre ciudades.

La estación espacial internacional observando el cometa Neowise

  Incluso fue fotografiado desde la Estación Espacial Internacional, con la curvatura de la Tierra debajo.

  Por eso NEOWISE posee algo especialmente útil para nuestra generación: tenemos una enorme cantidad de fotografías modernas de alta calidad que permiten estudiar y recrear con gran fidelidad su verdadera apariencia.

Pasó relativamente cerca de nosotros

  El 23 de julio de 2020, NEOWISE realizó su máxima aproximación a la Tierra.

  Pasó a unos 103 millones de kilómetros de nuestro planeta.

  No representaba un peligro.

  Pero su posición, su actividad y la geometría de su encuentro con el Sol permitieron que millones de personas disfrutaran de un espectáculo poco común.

  En algunos lugares podía localizarse incluso cerca del famoso grupo de estrellas de la Osa Mayor, proporcionando una referencia relativamente sencilla para quienes intentaban encontrarlo.

Un visitante que no veremos nuevamente

  Aquí aparece una de las características más impresionantes de NEOWISE.

  No es como el cometa Halley, que regresa aproximadamente cada 75 o 76 años.

  Su órbita es muchísimo más larga.

  Los cálculos indican que podría tardar aproximadamente 6,800 años en regresar a las regiones interiores del sistema solar.

  Pensemos en lo que eso significa.

  Quienes levantaron los ojos durante aquellas noches de julio de 2020 contemplaron un objeto que ningún ser humano vivo volverá a observar en su próximo regreso.

  Muchas generaciones pasarán antes de que NEOWISE vuelva a acercarse al Sol.

El cometa de la generación de las cámaras digitales

  Los seres humanos han observado grandes cometas durante miles de años.

  Pero NEOWISE apareció en un momento completamente diferente de nuestra historia.

  Millones de personas tenían una cámara en el bolsillo.

  Astrónomos profesionales podían estudiarlo con instrumentos modernos.

  Astronautas podían fotografiarlo desde el espacio.

  Y las imágenes podían recorrer el planeta en segundos.

  Por eso conservamos un extraordinario registro visual de su paso.

  Personas que nunca habían utilizado un telescopio salieron simplemente para mirar hacia arriba.

  Durante unas semanas, un pequeño viajero del sistema solar consiguió nuevamente algo que los cometas han hecho durante generaciones:

  hacer que la humanidad levantara los ojos al cielo.

  David escribió:

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú formaste,
Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?”

Salmo 8:3-4, RVR1960

  NEOWISE apareció, brilló durante un breve período y continuó su viaje.

  Nosotros conservamos las fotografías.

  Pero el cometa sigue alejándose.

  Quizá eso sea parte de lo que hace tan especiales a ciertos fenómenos de la creación: podemos estudiarlos, fotografiarlos y comprenderlos, pero algunas veces también debemos detenernos a contemplarlos, porque sabemos que no volveremos a verlos.

Referencias científicas

Referencia bíblica

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Por el Dr. Elio M Rivera

  En julio de 1994, los astrónomos presenciaron algo que jamás habían observado directamente: los fragmentos de un cometa chocando contra un planeta.

  El planeta era Júpiter.

  Y el protagonista fue el cometa Shoemaker-Levy 9.

  Durante varios días, enormes fragmentos entraron uno después de otro en la atmósfera de Júpiter y produjeron explosiones tan violentas que dejaron gigantescas cicatrices oscuras visibles desde la Tierra.

  Esta vez no estábamos contemplando simplemente un hermoso cometa.

  Estábamos viendo una colisión cósmica en tiempo real.

El Shoemaker-Levy 9, un cometa que parecía un collar de perlas

  El cometa fue descubierto en marzo de 1993 por los astrónomos Carolyn y Eugene Shoemaker y David Levy.

  Pero cuando lo observaron encontraron algo extraño.

  No parecía un cometa normal.

  Estaba dividido en numerosos fragmentos alineados, como si alguien hubiera colocado una serie de luces una detrás de otra.

  Las fotografías hicieron famosa aquella apariencia como un “collar de perlas”.

  ¿Qué le había sucedido?

  La respuesta estaba en Júpiter.

Júpiter lo había despedazado

  Antes de ser descubierto, el cometa había pasado extraordinariamente cerca del gigantesco planeta. Júpiter posee una gravedad formidable.

  Durante aquel encuentro, las diferencias de atracción gravitatoria ejercidas sobre distintas partes del cometa fueron tan intensas que lo rompieron en numerosos fragmentos.

  El cometa ya no era un solo cuerpo. Era una fila de pedazos viajando juntos.

  Pero cuando los astrónomos calcularon sus trayectorias descubrieron algo todavía más sorprendente.

  Los fragmentos iban a regresar. Y esta vez chocarían contra Júpiter.

El cometa Shoemaker-Levy- 9, estrellándose en el planeta júpiter.

El mundo sabía cuándo ocurriría

  Los astrónomos pudieron calcular el acontecimiento con anticipación.

  Entre el 16 y el 22 de julio de 1994, los fragmentos de Shoemaker-Levy 9 comenzaron a precipitarse sobre Júpiter uno después de otro.

  Telescopios alrededor del mundo apuntaron hacia el planeta.

  El telescopio espacial Hubble también estaba observando.

  Cada fragmento viajaba a una velocidad de aproximadamente 60 kilómetros por segundo al entrar en la atmósfera joviana.

  Eso equivale a más de 200,000 kilómetros por hora.

  No necesitaban ser cuerpos del tamaño de un planeta para producir efectos gigantescos.

  Su enorme velocidad convertía cada impacto en una liberación extraordinaria de energía.

El impacto del fragmento G

  Uno de los acontecimientos más impresionantes ocurrió cuando chocó el llamado fragmento G.

  La explosión produjo una enorme pluma de material caliente que se elevó sobre la atmósfera de Júpiter.

  Después apareció una gigantesca mancha oscura.

  Algunas de las cicatrices producidas por los impactos alcanzaron dimensiones comparables o incluso mayores que el diámetro de la Tierra.

  Pensemos en ello.

  Júpiter se encuentra a cientos de millones de kilómetros.

  Sin embargo, el resultado de aquellos impactos fue tan grande que los telescopios terrestres pudieron observar las marcas dejadas en su atmósfera.

  Nuestro planeta entero habría parecido pequeño junto a algunas de aquellas cicatrices.

Un laboratorio que ningún científico podía construir

  Shoemaker-Levy 9 proporcionó a los astrónomos una oportunidad extraordinaria.

  Nadie podía realizar deliberadamente un experimento semejante.

  Pero la naturaleza acababa de hacerlo.

  Los científicos pudieron estudiar cómo respondía la atmósfera de Júpiter a impactos enormes, qué materiales aparecían después de las explosiones y cómo evolucionaban las cicatrices.

  También quedó demostrado de una manera espectacular que las colisiones entre cuerpos del sistema solar no pertenecen solamente al pasado.

  Pueden ocurrir.

  Y nosotros acabábamos de contemplar una.

Júpiter continúa recibiendo impactos

  Desde 1994 se han observado otros posibles impactos sobre Júpiter.

  No resulta extraño.

  Júpiter es el planeta más grande del sistema solar y posee una enorme influencia gravitatoria sobre los objetos que pasan por su región.

  Pero debemos tener cuidado con una idea que suele repetirse: que Júpiter funciona simplemente como un “escudo” que protege siempre a la Tierra.

  La realidad es más compleja.

  Su gravedad puede capturar o desviar algunos objetos, pero también puede modificar las órbitas de otros de maneras diferentes.

  Shoemaker-Levy 9 nos mostró, sobre todo, la enorme influencia gravitatoria de Júpiter y la violencia que puede alcanzar una colisión cósmica.

Una imagen difícil de olvidar

  Este acontecimiento es especialmente extraordinario porque tenemos fotografías reales.

  Podemos observar al cometa fragmentado como un collar.

  Podemos contemplar las imágenes de Júpiter durante los impactos.

  Podemos ver las enormes manchas oscuras que quedaron después.

  No necesitamos imaginar cómo sería el choque de un cometa contra un planeta.

  Lo vimos suceder.

  Y aquello que parecía una pequeña fila de puntos luminosos terminó produciendo cicatrices de dimensiones planetarias.

  El libro de Job contiene una pregunta que expresa muy bien la pequeñez humana frente a las enormes fuerzas que encontramos en los cielos:

“¿Conoces tú las ordenanzas de los cielos?”
Job 38:33, RVR1960

  Hoy conocemos muchísimo más acerca de esas “ordenanzas”. Podemos calcular órbitas, medir velocidades y predecir impactos.

  Pero ese conocimiento también nos permite comprender la magnitud de lo que contemplamos.

  Shoemaker-Levy 9 nos enseñó que el sistema solar no es una colección inmóvil de planetas colocados en el cielo. Es un sistema dinámico, gobernado por fuerzas enormes, donde los cuerpos se atraen, cambian sus trayectorias y, algunas veces, chocan de una manera espectacular.

Referencias científicas

Referencia bíblica Job 38:33.

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Por el Dr. Elio M Rivera

  En 1811 no existían cámaras fotográficas capaces de registrar el cielo como las actuales. No había telescopios espaciales ni observatorios digitales.

  Sin embargo, apareció un cometa tan impresionante y permaneció visible durante tanto tiempo que quedó registrado en observaciones astronómicas, periódicos, diarios personales, obras literarias y dibujos de la época.

  Fue el Gran Cometa de 1811.

Recreación artística del comenta 1811

  Durante meses, personas de diferentes lugares podían levantar los ojos y encontrar aquel extraordinario visitante en el cielo.

Descubierto cuando todavía estaba muy lejos

  El cometa fue descubierto el 25 de marzo de 1811 por el astrónomo francés Honoré Flaugergues.

  Conforme avanzaron los meses aumentó su visibilidad hasta convertirse en uno de los grandes acontecimientos astronómicos de su generación.

  Su nombre científico moderno es C/1811 F1.

  Lo extraordinario fue su duración. Permaneció observable durante aproximadamente nueve meses, y durante una parte considerable de ese período pudo verse a simple vista.

  Para las personas de aquella época no fue una aparición de unas cuantas noches.

  El cometa se convirtió prácticamente en un acompañante del cielo de 1811.

El cometa de 1811, una cabellera gigantesca

  El Gran Cometa de 1811 desarrolló una coma extraordinariamente extensa.

  Las estimaciones históricas indican que la envoltura visible alrededor de su núcleo llegó a alcanzar dimensiones comparables e incluso superiores al diámetro del Sol.

  Esto no significa que el núcleo fuera gigantesco. Como aprendimos anteriormente, la coma está formada por gas y polvo extraordinariamente dispersos.

  Pero visualmente el resultado podía ser enorme.

  También desarrolló una impresionante cola que, en su mejor momento, se extendía por decenas de grados en el cielo.

  Sin fotografías modernas, los astrónomos tuvieron que registrar cuidadosamente su posición, brillo, forma y movimiento mediante observaciones y dibujos.

Napoleón también vivía bajo aquel cielo

  El contexto histórico hace todavía más interesante al cometa.

  Mientras aparecía sobre Europa, Napoleón Bonaparte se encontraba en el apogeo de su poder. El cometa fue visible durante el año anterior a su famosa campaña contra Rusia de 1812.

  En una época en la que los grandes acontecimientos celestes todavía despertaban numerosas interpretaciones populares, su aparición fue comentada ampliamente.

  Incluso entró en la literatura.

  León Tolstói incorporó posteriormente al Gran Cometa de 1811 en su novela Guerra y paz, utilizándolo dentro del escenario histórico vivido por sus personajes.

  Así, este cometa terminó formando parte no solamente de la historia de la astronomía, sino también de la memoria cultural de aquella generación.

Un visitante de órbita extraordinariamente larga

  El Gran Cometa de 1811 no se comporta como Halley, que podemos esperar aproximadamente una vez durante una vida humana.

  Su órbita es muchísimo mayor.

  Los cálculos actuales indican que necesitará del orden de miles de años para regresar a las regiones interiores del sistema solar.

  Quienes lo contemplaron en 1811 presenciaron, por tanto, un acontecimiento que no volvería a repetirse para muchísimas generaciones.

  Ellos no podían fotografiarlo.

  Pero lo observaron, lo dibujaron y escribieron acerca de él.

  Gracias a esos registros, más de dos siglos después todavía podemos reconstruir parte de aquel espectáculo.

Cuando la historia humana y el cielo se encuentran

  Eso hace especialmente interesante al Gran Cometa de 1811.

  Mientras en la Tierra había guerras, emperadores, familias trabajando, niños creciendo y sociedades cambiando, sobre todos ellos apareció durante meses el mismo visitante celeste.

  Las generaciones humanas pasaron.

  El cometa continuó su enorme recorrido.

  David escribió:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”

Salmo 19:1, RVR1960

  Hoy tenemos fotografías extraordinarias de NEOWISE, Hale-Bopp y otros cometas modernos. Del Gran Cometa de 1811 tenemos principalmente observaciones, cálculos, documentos y representaciones históricas.

  Pero quizá eso lo hace todavía más fascinante.

  Nos permite mirar hacia un cielo de hace más de doscientos años y recordar que las generaciones humanas cambian rápidamente, mientras algunos viajeros del sistema solar realizan recorridos tan enormes que una civilización entera puede ocupar solamente un pequeño momento de su viaje.

Referencias científicas e históricas

Referencia bíblica

Libro recomendado

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