Por el Dr. Elio M Rivera
La cola es probablemente la característica más espectacular de un cometa. Puede extenderse millones de kilómetros, aunque procede de un núcleo comparativamente pequeño. Pero ¿qué provoca esa enorme transformación?
La respuesta se encuentra principalmente en la interacción del cometa con el Sol.

El Sol activa al cometa
Cuando un cometa se aproxima al Sol recibe cada vez más energía. Sus materiales congelados comienzan a liberar gas mediante sublimación, es decir, pasan directamente del estado sólido al gaseoso.
El gas que escapa levanta también pequeñas partículas de polvo. Así comienza a formarse una nube alrededor del núcleo y, posteriormente, parte de ese material es empujado hacia el espacio.
Entonces aparecen las colas.

En realidad puede tener dos colas principales
La cola de polvo está formada por diminutas partículas desprendidas del núcleo. La presión ejercida por la radiación solar contribuye a alejarlas del cometa. Esta cola suele verse blanquecina o amarillenta porque el polvo refleja la luz del Sol y generalmente presenta cierta curvatura.
La cola de iones tiene un origen diferente. Parte del gas liberado se ioniza y queda eléctricamente cargado. El viento solar, formado por partículas cargadas procedentes del Sol, interactúa con ese gas y forma una cola generalmente más recta, que puede observarse con tonalidades azuladas.
Un mismo cometa puede mostrar ambas simultáneamente.
Una enorme flecha que señala en dirección contraria al Sol
Existe un detalle especialmente interesante: la cola no aparece simplemente “detrás” del cometa como el humo detrás de un automóvil.
Las colas apuntan generalmente en dirección contraria al Sol.
Por eso, después de que el cometa pasa alrededor del Sol y comienza a alejarse, puede llegar a desplazarse con su cola extendida parcialmente hacia la dirección en la que está avanzando.
La cola nos está mostrando principalmente la interacción entre el cometa y el Sol, no simplemente la dirección de su movimiento.
Algo pequeño puede producir algo gigantesco
Esta es quizá la parte más sorprendente.
Un núcleo de pocos kilómetros puede desarrollar una cola de millones de kilómetros. Y, sin embargo, esa enorme cola es extraordinariamente tenue: sus partículas se encuentran muy separadas.
Por eso tamaño y cantidad de materia no significan necesariamente lo mismo. Una estructura puede ocupar una región inmensa del espacio y estar formada por material extremadamente disperso.
Un cometa nos permite observar de manera espectacular varias fuerzas y procesos actuando al mismo tiempo: calor, radiación, viento solar, gases y polvo.
El salmista escribió:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
Salmo 19:1, RVR1960
La cola de un cometa no es simplemente un adorno luminoso. Es la evidencia visible de procesos físicos que están ocurriendo a enormes distancias.
Y quizá allí se encuentre una de las maravillas de estudiar la creación: cuanto mejor comprendemos lo que estamos viendo, más extraordinario puede parecernos.
Referencias científicas
- NASA Science. Información sobre la formación de las colas de los cometas.
NASA Science: Comets - European Space Agency. Observaciones de la actividad de los cometas y su interacción con el viento solar.
ESA: Rosetta
Referencia bíblica
- Salmo 19:1.
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