Llegamos ahora a una pregunta que considero fascinante y que puede cambiar considerablemente la manera en que imaginamos toda esta historia:
¿Cuánto tiempo vivieron realmente Adán y Eva en el Edén?
Muchas veces leemos Génesis 2 y 3 de manera continua y, sin darnos cuenta, nuestra mente comprime todos los acontecimientos.
Dios crea a Adán.
Prepara el huerto.
Adán trabaja.
Nombra a los animales.
Dios crea a Eva.
Los bendice.
Les ordena fructificar y multiplicarse.
Y poco después aparece la serpiente.
Como podemos leerlo en pocos minutos, fácilmente imaginamos que también ocurrió en pocos días.
Pero la Biblia nunca dice eso.
No encontramos un versículo que afirme que Adán y Eva permanecieron una semana, un mes, un año o determinada cantidad de años en el huerto.
Por tanto, si queremos investigar cuánto tiempo pudieron haber vivido allí, tendremos que hacerlo reuniendo las pistas que aparecen en el relato.
Y algunas de ellas son muy interesantes.
Génesis no nos dice cuándo ocurrió la tentación
Éste debe ser nuestro punto de partida.
Después de describir la creación de Eva, Génesis dice:
«Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban» (Génesis 2:25, RVR1960).
El siguiente versículo comienza:
«Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho» (Génesis 3:1, RVR1960).
Pero el hecho de que un acontecimiento aparezca inmediatamente después de otro en la narración no significa necesariamente que haya sucedido inmediatamente después en el tiempo.
Moisés está relatando acontecimientos.
No está escribiendo un diario donde diga:
primer día,
segundo día,
tercer día.
Entre Génesis 2:25 y Génesis 3:1 no encontramos ninguna indicación cronológica.
Simplemente no sabemos cuánto tiempo transcurrió.
Y precisamente por eso debemos observar lo que Adán y Eva habían alcanzado a hacer antes de aquel momento.

No sabemos cuánto tiempo vivió Adán y Eva en el huerto.
Pero abía muchhas cosas que requerían tiempo para aprenderse
Adán no apareció simplemente para permanecer sentado dentro del huerto.
Dios le dio responsabilidades.
«Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase» (Génesis 2:15, RVR1960).
Eso describe una actividad continua.
Labrar.
Guardar.
Administrar.
Aprender.
Adán tuvo también contacto con una enorme cantidad de animales:
«Y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre» (Génesis 2:19, RVR1960).
Como hemos estudiado, aquello implicaba observación, inteligencia, memoria y clasificación.
Después apareció Eva.
Comenzó una relación matrimonial.
Recibieron juntos responsabilidades.
Dios los bendijo.
Les ordenó multiplicarse.
Les entregó gobierno sobre la Tierra.
«Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla» (Génesis 1:28, RVR1960).
También tenían un mundo para explorar.
Una creación que aprender.
Un huerto que administrar.
Una relación con Dios que desarrollar.
Todo esto nos permite por lo menos considerar que la vida anterior a Génesis 3 pudo haber sido mucho más extensa de lo que normalmente imaginamos.
Existe otra pista extraordinaria: la edad de Adán
La Biblia nos proporciona un dato cronológico después de la salida del Edén.
Génesis dice:
«Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set» (Génesis 5:3, RVR1960).
Cuando nació Set, Adán tenía ciento treinta años.
Pero antes de Set ya habían ocurrido muchas cosas.
Adán había vivido en el Edén.
Había salido del huerto.
Caín había nacido.
Abel había nacido.
Ambos habían crecido.
Uno se convirtió en agricultor.
El otro en pastor.
La Escritura dice:
«Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra» (Génesis 4:2, RVR1960).
Eso significa que ya no estamos hablando de niños pequeños.
Habían llegado a una edad suficiente para desarrollar actividades productivas.
Después ambos llevaron ofrendas delante de Dios.
Ocurrió el conflicto entre ellos.
Caín mató a Abel.
Dios confrontó a Caín.
Caín salió de aquella región.
Y solamente después, dentro de la narración, encontramos el nacimiento de Set:
«Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set» (Génesis 4:25, RVR1960).
Génesis 5 nos proporciona entonces el dato:
Adán tenía ciento treinta años.
Por tanto, dentro de esos ciento treinta años tenemos que acomodar todos aquellos acontecimientos.
La gran pregunta es:
¿Cuántos de esos años transcurrieron antes de la salida del Edén?
La Biblia no lo dice.
Pero tampoco nos obliga a pensar que fueron solamente unos cuantos días.
La orden de multiplicarse también debe tomarse en serio
Aquí aparece otra consideración que hemos venido desarrollando.
Antes de cualquier desobediencia, Dios dijo:
«Fructificad y multiplicaos» (Génesis 1:28, RVR1960).
No dijo:
algún día multiplíquense.
No presentó la reproducción como una actividad que comenzaría después de abandonar el huerto.
Era parte de la bendición y del propósito que recibieron desde el principio.
Por eso hemos considerado anteriormente la posibilidad de que hubiera descendencia durante aquel período.
Si fue así, eso también tendría consecuencias para nuestra comprensión del tiempo transcurrido.
No estaríamos imaginando simplemente a Adán y Eva viviendo solos durante unos cuantos días antes de la aparición de la serpiente.
Podríamos estar contemplando el comienzo de una sociedad.
¿Cuánto alcanzó a desarrollarse?
La Escritura no proporciona una cifra.
Por eso no debemos inventarla.
Pero la orden de multiplicarse estaba allí desde el principio y debe formar parte de nuestra investigación.
Tal vez nuestra imagen ha sido demasiado pequeña
Creo que éste es el punto más importante de este capítulo.
Durante siglos hemos visto pinturas de Adán y Eva.
Dos personas.
Un árbol.
Una serpiente.
Una fruta.
Y nuestra imaginación termina reduciendo toda la historia a aquella escena.
Pero antes de llegar allí hemos encontrado muchísimo más.
Había gobierno.
Había trabajo.
Había aprendizaje.
Había exploración.
Había relación con Dios.
Había matrimonio.
Había un mandato de reproducción.
Había responsabilidades.
Había una creación por conocer.
Había un proyecto para llenar la Tierra.
Y todas estas cosas podían desarrollarse dentro del mundo que Dios había preparado.
Entonces quizá deberíamos dejar abierta una posibilidad que normalmente ni siquiera consideramos:
Adán y Eva pudieron haber vivido en aquella condición durante un período considerable.
¿Meses?
¿Años?
¿Décadas?
No podemos establecerlo con certeza.
Y no necesitamos hacerlo.
Lo importante es reconocer que la Biblia no dice que la tentación ocurrió inmediatamente después de la creación de Eva.
El silencio cronológico de Génesis permite investigar la posibilidad de un período mucho mayor.
Hay algo más que hace importante esta pregunta
Mientras más tiempo hubieran vivido allí, mayor habría sido su experiencia personal con Dios.
Cada día habría añadido conocimiento.
Cada conversación.
Cada provisión.
Cada trabajo realizado.
Cada descubrimiento.
Cada experiencia familiar.
Cada manifestación de la bondad de Dios.
Esto conecta directamente con el capítulo anterior.
Cuando finalmente apareció la serpiente, Adán y Eva no necesariamente estaban tomando una decisión acerca de un Dios que acababan de conocer.
Podían tener detrás de ellos una historia considerable de relación con Él.
Y entonces la gravedad de lo que sucederá después aumenta.
Porque cuanto mayor era su experiencia con Dios, mayor era la evidencia que poseían acerca de su carácter.
Habían vivido dentro de su provisión.
Habían recibido su enseñanza.
Habían experimentado su presencia.
Habían trabajado dentro de aquello que Él había preparado.
Habían disfrutado sus regalos.
Y habían aprendido que podían confiar en Él.
¿Qué aprendimos?
No puedo decirle cuánto tiempo vivieron Adán y Eva en el Edén.
Nadie puede demostrar bíblicamente una cifra exacta.
Pero tampoco encuentro razones bíblicas para comprimir necesariamente todo lo sucedido antes de Génesis 3 en unos cuantos días.
Había demasiadas cosas ocurriendo.
Demasiado que aprender.
Demasiado que administrar.
Demasiado que explorar.
Y posiblemente una familia que comenzaba a desarrollarse conforme al mandato:
«Fructificad y multiplicaos».
Quizá algún día sepamos cuánto duró realmente aquella etapa.
Por ahora podemos afirmar algo mucho más importante:
Hubo un tiempo, corto o largo, en que los seres humanos vivieron dentro de un mundo que todavía funcionaba bajo la bendición original de Dios.
Trabajaron.
Aprendieron.
Exploraron.
Disfrutaron.
Gobernaron.
Conocieron a su Padre.
Y tuvieron delante de ellos un futuro extraordinario.
No sabemos cuántos años duró.
Pero fue suficientemente real como para dejarnos una pregunta que ahora se vuelve inevitable:
¿Qué ocurrió para que un mundo semejante pudiera perderse?
Ésa será otra parte de nuestra historia.
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