05. El rey Herodes: El gran constructor

Dr. Elio M Rivera

 Si solamente recordáramos a Herodes por su crueldad, tendríamos una imagen incompleta del personaje.

 Herodes fue también uno de los constructores más extraordinarios de la antigüedad.

 Durante su largo reinado transformó ciudades, levantó fortalezas, construyó palacios, desarrolló sistemas hidráulicos y emprendió proyectos cuya magnitud todavía puede contemplarse arqueológicamente más de dos mil años después.

 Herodes quería dejar huella.

 Y lo consiguió.

Cesarea: una ciudad donde antes casi no había nada

 Uno de sus proyectos más impresionantes fue Cesarea Marítima, construida sobre la costa mediterránea en el lugar de una población conocida como Torre de Estratón.

 Herodes prácticamente creó allí una gran ciudad.

 Construyó calles, edificios públicos, un teatro, instalaciones deportivas, templos y un palacio junto al mar. La ciudad recibió el nombre de Cesarea en honor de César Augusto.

 Pero la obra más extraordinaria estaba en el agua.

 La costa no poseía allí un gran puerto natural. Herodes decidió construir uno.

 Josefo describe enormes bloques hundidos en el mar para formar los rompeolas del puerto, llamado Sebastos, equivalente griego de Augustus. La arqueología moderna ha confirmado el empleo de ingeniería romana avanzada, incluido hormigón hidráulico capaz de endurecer bajo el agua.

 Era una obra gigantesca.

 Donde la naturaleza no había proporcionado un gran puerto, Herodes construyó uno.

 Cesarea se convirtió en una puerta de comunicación entre Judea y el Mediterráneo y, posteriormente, en uno de los centros administrativos más importantes de la región.

Masada: un palacio suspendido sobre el desierto

 Luego estaba Masada.

 Sobre una enorme meseta rocosa cercana al mar Muerto, Herodes desarrolló una fortaleza que todavía hoy resulta impresionante.

 Había murallas.

 Torres.

 Almacenes.

 Cisternas.

 Baños.

 Residencias.

 Y palacios.

 El más espectacular descendía en terrazas por la ladera norte de la montaña. Desde allí podía contemplarse el desierto de Judea y el mar Muerto cientos de metros más abajo.

 Pero quizá lo más sorprendente era el agua.

 Masada se encuentra en un ambiente extremadamente seco. Herodes hizo desarrollar un complejo sistema de canales y enormes cisternas capaces de recoger y almacenar el agua de las lluvias torrenciales que descendían ocasionalmente por los wadis cercanos.

 En medio del desierto podía existir una residencia real con depósitos, baños y enormes reservas.

 Era ingeniería puesta al servicio de la supervivencia.

Herodión: una montaña para un rey

 A pocos kilómetros de Belén se levantaba otro de sus grandes proyectos:

 Herodión.

 Su silueta todavía domina el paisaje.

 Herodes transformó el lugar hasta darle la apariencia de una montaña monumental. En su parte superior construyó un palacio-fortaleza con torres, habitaciones, patios y baños. En la zona inferior existían jardines, edificios administrativos y una enorme piscina rodeada de columnas.

 No era solamente una fortaleza.

 Era una declaración.

 Desde grandes distancias podía verse aquella montaña asociada al nombre de su constructor.

 Josefo afirma que Herodes tenía un afecto especial por el lugar y que finalmente sería sepultado allí.

 Resulta difícil encontrar un monumento que represente mejor al hombre.

 Herodes incluso dejó su nombre sobre una montaña.

Palacios en Jericó

 Herodes también construyó grandes complejos palaciegos en Jericó.

 El clima cálido de aquella región permitía utilizarla como residencia de invierno. Allí desarrolló sucesivamente complejos cada vez mayores, con patios, jardines, piscinas, baños y espacios destinados a la vida cortesana.

 Jericó era fértil, rica y estratégica.

 Mientras Jerusalén podía ser fría durante el invierno, los palacios de Jericó ofrecían otro ambiente.

 Herodes no construía solamente para defenderse.

 También sabía construir para vivir con extraordinario lujo.

Fortalezas alrededor del reino

 Herodes comprendía perfectamente la importancia estratégica de las alturas.

 Además de Masada y Herodión, fortaleció o utilizó fortalezas como Maqueronte, Alexandrium e Hircano.

 Aquellos lugares podían proteger rutas, almacenar provisiones, albergar tropas y proporcionar refugios difíciles de conquistar.

 Desde una fortaleza elevada podía observarse el territorio.

 Y desde varias fortalezas distribuidas estratégicamente podía protegerse un reino.

 Herodes parecía construir pensando siempre en dos cosas:

 grandeza y seguridad.

El rey Herodes engrandeció el templo de Jerusalén

Jerusalén también cambió

 La capital recibió igualmente enormes inversiones.

 Herodes construyó un magnífico palacio real en la parte occidental de Jerusalén, protegido por enormes torres.

 Josefo describe algunas de ellas con nombres propios: Hípico, Fasael y Mariamne.

 También desarrolló instalaciones públicas y transformó profundamente el aspecto monumental de la ciudad.

 Pero había un proyecto que superaría a todos los demás.

 El Templo.

 Ese merece un capítulo aparte.

¿Por qué construir tanto?

 Las obras de Herodes no tenían una sola explicación.

 Había razones económicas.

 Cesarea podía impulsar el comercio marítimo.

 Había razones militares.

 Las fortalezas protegían el territorio.

 Había razones políticas.

 Las ciudades y templos dedicados al emperador demostraban su amistad con Roma.

 Había razones personales.

 Palacios y monumentos proclamaban riqueza, autoridad y prestigio.

 Y había también una extraordinaria capacidad personal.

 Herodes sabía imaginar proyectos enormes y conseguir que se realizaran.

 Podemos desaprobar muchas de sus acciones sin negar sus capacidades.

 Era un hombre extraordinariamente competente.

 Y eso hace su historia todavía más inquietante.

Un hombre brillante con un corazón atormentado

 Herodes podía mirar una costa sin puerto e imaginar Cesarea.

 Podía mirar una roca en medio del desierto e imaginar Masada.

 Podía mirar una colina cerca de Belén y convertirla en Herodión.

 Podía llevar agua donde parecía imposible.

 Podía levantar ciudades donde antes apenas existían poblaciones.

 Podía construir edificios capaces de sobrevivir milenios.

 Pero había algo que toda aquella capacidad no podía construir:

 paz dentro de sí mismo.

 Ese es uno de los grandes contrastes de su vida.

 No debemos convertir a los hombres malos en caricaturas, como si fueran incapaces de producir algo bueno, bello o extraordinario.

 La realidad humana es mucho más compleja.

 Una persona puede ser brillante y estar profundamente herida.

 Puede ser admirada y vivir atormentada.

 Puede construir algo que beneficie a miles y destruir aquello que tiene más cerca.

 Puede poseer extraordinaria inteligencia y tomar decisiones terribles.

 El talento no transforma automáticamente el carácter.

 Herodes estaba construyendo un reino que maravillaría a quienes lo contemplaran.

 Pero mientras sus edificios crecían hacia el cielo, algo dentro de él comenzaba a descender hacia lugares cada vez más oscuros.

 Pronto veremos hasta dónde.

¿Qué aprendemos?

 La grandeza exterior puede engañarnos.

 Los hombres solemos medir el éxito por aquello que podemos contar, construir, acumular o mostrar.

 Dios mira algo que ninguna excavación arqueológica puede descubrir:

 el corazón.

 Dos mil años después todavía podemos caminar entre las piedras de Masada, contemplar las ruinas de Cesarea y subir a Herodión.

 Son impresionantes.

 Pero también permanecen como un recordatorio silencioso:

 podemos construir monumentos que sobrevivan siglos y descuidar aquello que Dios considera más importante dentro de nosotros.

Referencias bíblicas

1 Samuel 16:7; Proverbios 4:23; Mateo 6:19–21.

Referencias históricas y arqueológicas

Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos, libros XV–XVI. Describe extensamente los proyectos constructivos de Herodes, particularmente Cesarea, Jerusalén, fortalezas, palacios y otras ciudades.

Flavio Josefo, La guerra de los judíos, libro I. Ofrece descripciones de Cesarea, Herodión, Masada, los palacios de Herodes y las grandes torres de Jerusalén.

Israel Nature and Parks Authority — Masada National Park. Los restos arqueológicos conservan los palacios, fortificaciones, almacenes, baños y grandes sistemas de captación y almacenamiento de agua construidos durante el período herodiano.

Israel Nature and Parks Authority — Herodium National Park. Conserva el complejo palaciego-fortificado, estructuras monumentales y restos relacionados con Herodes.

Israel Nature and Parks Authority — Caesarea National Park. Los restos arqueológicos documentan el enorme desarrollo urbano y portuario de Cesarea bajo Herodes.

Investigaciones arqueológicas del puerto de Cesarea (Sebastos). Han documentado el empleo de técnicas romanas de construcción marítima y hormigón hidráulico en uno de los mayores puertos artificiales de su época.

 

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.