09. Hircano II — Cuando ni un anciano deja de parecer peligroso

Dr. Elio M Rivera

 Aristóbulo III era joven, atractivo, sumo sacerdote y popular.

 Podemos comprender, aunque no justificar, por qué un hombre inseguro como Herodes podía considerarlo una amenaza.

 Pero el siguiente hombre era completamente diferente.

 Era anciano.

 Había perdido el poder.

 Había perdido el sumo sacerdocio.

 Había sufrido mutilación.

 Había vivido años lejos de Jerusalén.

 Y, además, había sido benefactor de la propia familia de Herodes.

 Su nombre era Hircano II.

 Si Aristóbulo nos mostró los celos de Herodes, Hircano nos permitirá contemplar algo todavía más peligroso:

 la sospecha.

Juan Hircano, un hombre que había gobernado antes que Herodes

 Hircano II pertenecía a la dinastía asmonea.

 Era hijo de Alejandro Janneo y de la reina Salomé Alejandra, y hermano de Aristóbulo II.

 Mucho antes de que Herodes ocupara el trono, Hircano ya había estado en el centro de la vida política y religiosa de Judea.

 Había sido sumo sacerdote.

 También había ejercido autoridad política.

 Cuando murió su madre, comenzó una lucha entre Hircano y su hermano Aristóbulo II por el control de Judea.

 Aquella disputa familiar terminó abriendo una puerta que cambiaría para siempre la historia del país.

 Roma entró en Judea.

 En el año 63 a. C., Pompeyo intervino en el conflicto, tomó Jerusalén y reorganizó el territorio.

 Hircano permaneció como sumo sacerdote y figura política bajo la nueva realidad romana.

 Pero junto a él comenzó a destacar otro hombre:

 Antípatro, el padre de Herodes.

Hircano y la familia de Herodes

 Antípatro se convirtió en uno de los principales consejeros y apoyos políticos de Hircano.

 La relación entre ambas familias sería decisiva para el futuro de Judea.

 Cuando Julio César reorganizó la región, Hircano recibió reconocimiento y Antípatro aumentó considerablemente su influencia.

 Fue precisamente dentro de aquella estructura política donde comenzó a ascender el joven Herodes.

 Antípatro colocó a su hijo Fasael al frente de Jerusalén y a Herodes en Galilea.

 Esto significa algo importante para nuestra historia:

 Hircano había estado presente mientras la familia de Herodes ascendía.

 Herodes no apareció de la nada.

 Su propio crecimiento político ocurrió, en parte, dentro del gobierno asociado a Hircano.

Entonces llegaron los partos

 Años después, la situación cambió violentamente.

 En el año 40 a. C., los partos invadieron la región y apoyaron a Antígono, sobrino de Hircano, para tomar el poder en Judea.

 Hircano cayó en sus manos.

 Y entonces ocurrió algo terrible.

 Según Josefo, Antígono hizo que le mutilaran las orejas.

 ¿Por qué?

 Porque un sumo sacerdote debía estar físicamente íntegro para ejercer el oficio.

 La mutilación tenía, por tanto, un propósito político y religioso.

 Aunque Hircano sobreviviera, ya no podría volver legítimamente al sumo sacerdocio.

 Era una manera brutal de quitarle algo que había definido gran parte de su vida.

 Después fue llevado fuera de Judea, hacia territorio parto.

 El antiguo gobernante de Jerusalén se convirtió en un anciano mutilado viviendo lejos de su tierra.

El anciano que todavía era respetado

 Pero Hircano no fue tratado como un hombre cualquiera.

 Entre las comunidades judías de aquella región continuó recibiendo respeto debido a su antigua dignidad y a su linaje.

 Mientras tanto, Herodes había viajado a Roma, había recibido del Senado el título de rey y finalmente había conquistado Jerusalén.

 Ahora las posiciones se habían invertido.

 Herodes era rey.

 Hircano era un anciano exiliado.

 Parecería que ya no había razón para temerle.

 Y entonces Herodes hizo algo sorprendente.

 Lo invitó a regresar.

Herodes lo recibió con honores

 Josefo relata que Herodes deseaba que Hircano volviera a Judea.

 El anciano aceptó.

 Cuando regresó, Herodes lo trató inicialmente con gran consideración.

 Le concedió un lugar de honor.

 Lo trataba como a un padre.

 Le permitió ocupar una posición distinguida en su mesa y en la vida pública.

 Había razones políticas evidentes para hacerlo.

 Hircano era respetado.

 Era miembro de la antigua dinastía.

 Tenerlo cerca podía ayudar a Herodes.

 Pero existía también una historia personal entre ellos.

 Josefo recuerda que Hircano había mostrado benevolencia hacia Herodes en años anteriores.

 El viejo asmoneo no era simplemente un antiguo rival político.

 Era también un hombre a quien Herodes debía parte de su propia historia.

¿Qué podía hacer realmente Hircano?

 Pensemos en la situación.

 Hircano era ya un hombre de edad avanzada.

 Josefo lo presenta con aproximadamente ochenta años al final de su vida.

 Había perdido su antiguo gobierno.

 No tenía ejército.

 Herodes controlaba Jerusalén.

 Herodes tenía soldados.

 Herodes tenía fortalezas.

 Herodes tenía riqueza.

 Herodes tenía el reconocimiento de Roma.

 Y Hircano ni siquiera podía recuperar el sumo sacerdocio debido a la mutilación que había sufrido.

 Objetivamente, la diferencia de poder entre ambos era enorme.

 Pero la sospecha no mide las amenazas solamente por lo que realmente pueden hacer.

 Las mide por lo que tememos que puedan llegar a hacer.

Una carta desde Nabatea

 Aquí la historia se vuelve más oscura.

 Alejandra, hija de Hircano y suegra de Herodes, mantenía vínculos con la corte nabatea.

 Según Josefo, comenzó a considerar la posibilidad de que Hircano escapara hacia territorio árabe.

 Hircano recibió una invitación para refugiarse con Malico, rey de los árabes nabateos.

 El anciano inicialmente no parecía dispuesto a marcharse.

 Pero finalmente se produjo correspondencia relacionada con la posibilidad de abandonar Judea.

 Y Herodes se enteró.

 Según el relato de Josefo, Herodes consiguió que una carta vinculada con aquellos planes llegara a sus manos.

 Ahora tenía aquello que necesitaba para alimentar sus sospechas.

 Hircano podía marcharse.

 Y si se marchaba, podía encontrarse fuera del control directo del rey.

 Un anciano sin ejército podía convertirse nuevamente, al menos en la imaginación política de Herodes, en un símbolo alrededor del cual otros se reunieran.

El miedo ya no necesitaba un ejército

 Eso es lo impresionante.

 Herodes había enfrentado partos.

 Había combatido ejércitos.

 Había conquistado Jerusalén.

 Había sobrevivido a los cambios entre Antonio y Augusto.

 Pero ahora podía sentir peligro ante un anciano mutilado.

 No porque Hircano poseyera más poder militar que él.

 Sino porque poseía algo que Herodes nunca podía borrar:

 su nombre.

 Hircano era asmoneo.

 Había sido sumo sacerdote.

 Había gobernado Judea.

 Era abuelo de Mariamne.

 Era bisabuelo de los hijos que Herodes había tenido con ella.

 Representaba una dinastía anterior a Herodes.

 Y para un hombre dominado por la sospecha, incluso un recuerdo puede convertirse en amenaza.

La muerte de Hircano

 Herodes acusó a Hircano de conspirar con los árabes.

 Josefo presenta diferentes detalles y acusaciones alrededor del episodio, pero el desenlace es claro.

 Herodes ordenó su ejecución.

 Hircano II murió siendo un hombre de edad avanzada.

 El antiguo sumo sacerdote que había gobernado antes de Herodes, que había sobrevivido a guerras familiares, a Pompeyo, a la llegada de Roma, a la invasión de los partos, a la mutilación y al exilio, finalmente murió por orden del hombre cuya familia había ascendido políticamente mientras él gobernaba.

 La historia tiene una ironía dolorosa.

 Hircano había sobrevivido a sus enemigos.

 Pero no sobrevivió a la sospecha de Herodes.

Cuando el miedo comienza a fabricar enemigos

 Aquí encontramos algo diferente de lo ocurrido con Aristóbulo III.

 Aristóbulo provocó una reacción visible del pueblo.

 La multitud lo admiró.

 Herodes pudo escucharla.

 Hircano era diferente.

 Era un anciano.

 Su poder pertenecía principalmente al pasado.

 Pero Herodes comenzó a mirar posibilidades.

 ¿Qué ocurriría si escapaba?

 ¿Qué ocurriría si los nabateos lo recibían?

 ¿Qué ocurriría si alguien utilizaba su nombre?

 ¿Qué ocurriría si nuevamente se convertía en un símbolo?

 La sospecha vive de esas preguntas.

 ¿Y si…?

 Y cuando el temor gobierna nuestra interpretación de las personas, dejamos de juzgarlas solamente por lo que han hecho.

 Comenzamos a condenarlas por aquello que imaginamos que podrían hacer.

 Entonces cualquier conversación parece conspiración.

 Cualquier amistad parece alianza.

 Cualquier ausencia parece fuga.

 Cualquier persona puede convertirse en enemigo.

 Incluso un anciano.

El miedo nunca queda satisfecho

 Herodes había eliminado a Aristóbulo III.

 Pero no se sintió más seguro.

 Ahora eliminó a Hircano II.

 Y tampoco encontraría seguridad.

 Aquí comenzamos a descubrir el verdadero problema.

 Los enemigos podían morir, pero el miedo permanecía vivo.

 Y mientras el miedo permaneciera vivo dentro de Herodes, siempre podría encontrar un nuevo rostro sobre el cual proyectarse.

 Primero fue un muchacho.

 Ahora fue un anciano.

 Pronto llegaría mucho más cerca.

¿Qué aprendemos?

 La prudencia puede protegernos de un peligro verdadero.

 La sospecha permanente hace algo diferente:

 nos obliga a vivir como si todos pudieran convertirse en enemigos.

 Y esa manera de vivir termina destruyendo precisamente aquello que pretende proteger.

 Herodes poseía soldados, fortalezas, riqueza y el respaldo de Roma.

 Pero ninguna de esas cosas podía darle seguridad interior.

 Porque cuando el enemigo principal vive dentro de nosotros, ninguna muralla exterior es suficientemente alta.

 La Escritura presenta otro camino:

«En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor.» — 1 Juan 4:18.

 Hircano había perdido prácticamente todo aquello que podía convertirlo en una amenaza inmediata.

 Pero Herodes todavía podía imaginar lo que podría suceder.

 Y terminó tomando una decisión irreversible por causa de aquello que temía.

 Aristóbulo nos mostró hasta dónde pueden llevarnos los celos.

 Hircano nos muestra algo diferente:

 cuando permitimos que el miedo gobierne nuestra mente, podemos terminar encontrando enemigos incluso donde quizá ya no existen amenazas reales.

Referencias bíblicas

Proverbios 28:1; Isaías 26:3; 1 Juan 4:18.

Referencias históricas

Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos, libros XIV–XV. Fuente principal para la historia política de Hircano II: su conflicto con Aristóbulo II, la intervención romana, su relación con Antípatro y la familia de Herodes, la invasión de los partos, su mutilación, exilio, regreso a Judea y posterior ejecución.

Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos, libro XV. Relata específicamente los últimos años de Hircano, el trato honorable que inicialmente recibió de Herodes, los contactos relacionados con Nabatea, las sospechas del rey y su ejecución.

Flavio Josefo, La guerra de los judíos, libro I. Presenta una narración paralela y más resumida de Hircano, las luchas dinásticas asmoneas, la intervención de Roma, los partos y su relación posterior con Herodes.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.