Por el Dr. Elio M Rivera
No solamente sanaba cuerpos: transformaba personas
A lo largo de esta serie hemos contemplado a Jesucristo ejerciendo autoridad sobre la naturaleza, sobre la materia, sobre los animales, sobre el cuerpo humano y sobre la muerte.
Pero existe otro tipo de poder que también resulta extraordinario:
el poder de transformar una vida.
Porque una cosa es sanar una mano.
Otra es cambiar un corazón.
Una cosa es hacer caminar a un paralítico.
Otra es tomar a un hombre dominado por la codicia, la violencia, el odio, la culpa o una vida desordenada y convertirlo en una persona completamente diferente.
Jesús hizo ambas cosas.
No solamente devolvía salud.

Jesús dando un nuevo comienzo a Mateo
Daba nuevos comienzos.
Y en los Evangelios encontramos transformaciones tan profundas que parecen dividir la vida de las personas en dos partes:
antes de conocer a Jesús
y
después de conocerlo.
Zaqueo: del dinero injusto a la restitución
Zaqueo era jefe de los publicanos.
Lucas dice:
“Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico.”
Lucas 19:2
Los publicanos eran despreciados por muchos judíos porque recaudaban impuestos para Roma y con frecuencia estaban asociados con abusos y enriquecimiento.
Zaqueo había acumulado riqueza.
Pero cuando Jesús llegó a Jericó, algo ocurrió.
Zaqueo quería verlo.
Era pequeño de estatura, así que subió a un árbol.
Jesús llegó al lugar, levantó los ojos y le dijo:
“Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.”
Lucas 19:5
Aquella visita cambió algo profundamente dentro de él.
Zaqueo se levantó y dijo:
“He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.”
Lucas 19:8
Observe el cambio.
El hombre conocido por acumular ahora quería dar.
El hombre relacionado con la explotación ahora quería restituir.
El dinero que antes parecía gobernar su vida dejó de hacerlo.
Jesús respondió:
“Hoy ha venido la salvación a esta casa.”
Lucas 19:9
Zaqueo no recibió solamente una nueva doctrina.
Recibió:
una nueva vida.
Mateo: de la mesa de los impuestos a seguir a Jesucristo
Mateo representa otra transformación extraordinaria.
Jesús lo encontró:
“sentado al banco de los tributos públicos.”
Mateo 9:9
Aquella mesa representaba su profesión.
Su posición.
Su ingreso.
Su antigua vida.
Entonces Jesús pronunció solamente dos palabras:
“Sígueme.”
Mateo 9:9
Y Mateo:
“Se levantó y le siguió.”
Lucas, hablando de Leví, añade:
“Y dejándolo todo, se levantó y le siguió.”
Lucas 5:28
Qué frase tan extraordinaria:
“dejándolo todo.”
Mateo dejó la mesa.
Dejó la recaudación.
Dejó atrás una identidad que lo había definido.
Y siguió a Jesucristo.
El publicano terminó convertido en discípulo.
Y aquel hombre cuya vida había estado ligada a recaudar impuestos sería posteriormente identificado por la tradición cristiana con el Evangelio que lleva su nombre.
Jesús vio en Mateo algo que otros probablemente no veían.
No solamente vio lo que era.
Vio:
lo que podía llegar a ser.
Simón el Zelote: un hombre que pudo sentarse junto a Mateo
Aquí encontramos una transformación que suele pasar inadvertida.
Entre los doce discípulos estaba:
“Simón llamado Zelote.”
Lucas 6:15
Y entre ellos también estaba Mateo:
el publicano.
Pensemos en el contraste.
Los zelotes estaban asociados con un profundo rechazo al dominio romano.
Los publicanos, en cambio, trabajaban dentro del sistema tributario relacionado con Roma.
Humanamente, aquellos dos hombres podían representar mundos opuestos.
Uno podía mirar al otro como colaborador.
El otro podía mirar al primero como peligroso enemigo del orden establecido.
Pero Jesús llamó a ambos.
Mateo.
Simón.
Y los convirtió en compañeros.
Los sentó alrededor de la misma mesa.
Los hizo caminar por los mismos caminos.
Escuchar las mismas enseñanzas.
Servir en la misma misión.
Esto también es transformación.
Jesús no solamente cambiaba individuos.
Rompía barreras entre personas que humanamente podían considerarse enemigos.
Pedro: de hombre impulsivo a pastor de la iglesia
Pedro constituye otro caso extraordinario.
Era apasionado.
Impulsivo.
A veces hablaba antes de pensar.
Prometió a Jesús:
“Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré.”
Mateo 26:35
Pero pocas horas después lo negó tres veces.
Lucas dice:
“Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.”
Lucas 22:62
Para muchos hombres, aquella caída podría haber significado el final.
Había fallado en el momento más importante.
Pero después de la resurrección, Jesús fue a buscarlo.
Tres veces le preguntó:
“¿Me amas?”
Y después le encomendó nuevamente una misión:
“Apacienta mis ovejas.”
Juan 21:17
Jesús no definió a Pedro por su peor momento.
Lo restauró.
El hombre que había negado conocerlo posteriormente se levantó públicamente en Jerusalén y proclamó:
“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.”
Hechos 2:32
El Pedro aterrorizado de la noche del arresto se convirtió en un hombre dispuesto a anunciar públicamente a Jesucristo.
Eso es:
una vida transformada.
María Magdalena: de profunda opresión a fiel discípula
Lucas menciona a María Magdalena diciendo:
“María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios.”
Lucas 8:2
No sabemos todos los detalles de su condición anterior.
Pero sí sabemos que su vida había estado marcada por una profunda opresión.
Después la encontramos siguiendo a Jesús.
Sirviendo.
Permaneciendo cerca de la cruz.
Acudiendo al sepulcro.
Y siendo una de las primeras personas en anunciar que había visto al Señor resucitado.
Juan relata que Jesús le dijo:
“¡María!”
Juan 20:16
Y posteriormente:
“Ve a mis hermanos, y diles…”
Juan 20:17
La mujer cuya vida había estado bajo opresión terminó convertida en:
testigo de la resurrección.
Jesús no arreglaba solamente comportamientos
Aquí está el punto central.
Jesús no se limitaba a decir a las personas:
“Compórtate mejor.”
Su obra iba mucho más profundo.
Transformaba prioridades.
Transformaba lealtades.
Transformaba relaciones.
Transformaba el uso del dinero.
Transformaba la identidad.
Transformaba el propósito de la vida.
El codicioso aprendía a dar.
El publicano abandonaba su mesa.
El zelote podía convivir con quien había trabajado dentro del sistema romano.
El cobarde recuperaba valor.
La persona oprimida encontraba libertad.
El derrotado recibía una nueva oportunidad.
Eso es mucho más que modificación externa.
Es:
renovación interior.
La Biblia presenta a Dios como quien da un corazón nuevo
Esta idea también tiene una profunda conexión con el Antiguo Testamento.
Dios había prometido por medio de Ezequiel:
“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros.”
Ezequiel 36:26
Y añadió:
“Y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.”
Dios no prometía solamente nuevas reglas.
Prometía:
un corazón nuevo.
David había orado:
“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
Y renueva un espíritu recto dentro de mí.”
Salmo 51:10
Observe el verbo:
“Crea.”
La transformación interior es presentada casi como una nueva obra creadora.
Y eso es exactamente lo que vemos alrededor de Jesús.
Una nueva creación
Más adelante, el apóstol Pablo expresaría esta realidad con palabras extraordinarias:
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”
2 Corintios 5:17
La expresión:
“nueva criatura”
también puede entenderse como:
nueva creación.
Y aquí encontramos una conexión hermosa con toda esta serie.
Jesús transformó agua en vino.
Multiplicó materia.
Restauró cuerpos.
Pero también hizo algo todavía más profundo:
transformó personas.
El Creador no solamente podía actuar sobre la materia exterior.
Podía actuar sobre:
el corazón humano.
El poder de dar un nuevo comienzo
Quizá esta sea una de las manifestaciones más cercanas de la autoridad de Jesucristo.
No todos necesitamos que una tormenta se detenga.
No todos estaremos frente a una multiplicación de panes.
Pero todos sabemos lo que significa tener partes de nuestra vida que necesitan cambiar.
Errores.
Culpa.
Hábitos.
Decisiones equivocadas.
Relaciones rotas.
Fracaso.
Jesús encontró personas así durante todo su ministerio.
Y no las dejó necesariamente como las encontró.
Zaqueo bajó del árbol siendo un hombre y terminó aquel día convertido en otro.
Mateo se levantó de una mesa de impuestos y comenzó una nueva vida.
Pedro pasó de la vergüenza a la restauración.
María Magdalena pasó de la opresión al discipulado.
Simón el Zelote encontró una familia espiritual junto a hombres que antes podían representar todo lo que rechazaba.
Jesús daba:
nuevos comienzos.
¿Qué esperaríamos de un Dios?
Regresemos a la pregunta que guía esta serie.
¿Qué esperaríamos de Dios?
Esperaríamos poder sobre la naturaleza.
Poder sobre la materia.
Poder sobre el cuerpo.
Poder sobre la muerte.
Pero también esperaríamos algo más:
poder para transformar al ser humano por dentro.
Porque el problema del hombre no está solamente fuera de él.
También está dentro.
Jesús mismo dijo:
“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos…”
Marcos 7:21
Si el problema llega hasta el corazón, entonces necesitamos algo más profundo que una reforma externa.
Necesitamos:
un corazón nuevo.
Y esa era precisamente la promesa de Dios.
El Creador que hace nuevas todas las cosas
Al final, quizá este sea uno de los milagros más hermosos de Jesucristo.
No siempre deja una señal visible en el cielo.
No siempre produce una multitud asombrada.
A veces comienza dentro de una persona.
Un hombre egoísta comienza a dar.
Un hombre endurecido comienza a amar.
Uno derrotado vuelve a levantarse.
Un enemigo se convierte en hermano.
Una persona sin rumbo encuentra propósito.
Jesús no solamente dijo:
“Sígueme.”
También dio a quienes lo siguieron:
una nueva manera de vivir.
El mismo Dios que había prometido:
“Os daré corazón nuevo”
se manifestó en Jesucristo transformando vidas delante de los ojos de todos.
Zaqueo.
Mateo.
Simón.
Pedro.
María Magdalena.
Y muchos más.
Sus historias eran diferentes.
Pero tenían algo en común:
después de encontrarse con Jesucristo, ya no eran los mismos.
Porque el Creador no solamente tiene poder para crear vida.
También tiene poder para:
hacer nueva una vida que ya existe.
Referencias bíblicas
- Lucas 19:1-10 — Transformación de Zaqueo. Decide dar la mitad de sus bienes a los pobres y restituir cuadruplicado aquello que hubiera defraudado.
- Mateo 9:9-13; Lucas 5:27-32 — Jesús llama a Mateo/Leví desde el banco de los tributos. Lucas dice que “dejándolo todo, se levantó y le siguió”.
- Lucas 6:13-16 — Entre los doce aparecen Mateo y “Simón llamado Zelote”, hombres procedentes de contextos profundamente diferentes unidos por el llamado de Jesús.
- Mateo 26:33-35, 69-75 — Pedro promete fidelidad, pero posteriormente niega tres veces a Jesús.
- Juan 21:15-19 — Después de la resurrección, Jesús restaura a Pedro y le encomienda nuevamente cuidar de sus ovejas.
- Hechos 2:14-36 — Pedro proclama públicamente a Jesucristo después de haber sido restaurado.
- Lucas 8:1-3 — María Magdalena aparece entre las mujeres que seguían y servían a Jesús; Lucas recuerda que de ella habían salido siete demonios.
- Juan 20:11-18 — Jesús resucitado se aparece a María Magdalena y la envía a anunciarlo a los discípulos.
- Ezequiel 36:26-27 — Dios promete: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros.”
- Salmo 51:10 — “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.”
- Marcos 7:20-23 — Jesús enseña que los problemas morales del ser humano proceden del corazón.
- 2 Corintios 5:17 — “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”
- Juan 10:10 — Jesús declara: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”
Libro recomendado

Escucha música con propósito:
