11. Las profecías de Ezequiel requieren un Israel restaurado

Por el Dr. Elio M Rivera

Un escenario que durante siglos parecía imposible

        Los capítulos 36 al 39 de Ezequiel presentan una secuencia profética extraordinaria. Primero, el pueblo regresa a su tierra. Después, las ciudades son reconstruidas, la agricultura vuelve a desarrollarse y la tierra queda nuevamente habitada. Luego, Israel aparece restaurado como nación. Finalmente, una coalición de pueblos se levanta contra él cuando ya se encuentra establecido en su territorio.

        Durante muchos siglos, este escenario parecía imposible.

Israel no existía como Estado.

El pueblo judío estaba disperso entre las naciones.

Muchas de las antiguas ciudades permanecían bajo gobiernos extranjeros.

No existía una autoridad nacional judía sobre la tierra.

        Sin embargo, en el siglo XX, Israel volvió a existir como nación. El pueblo regresó desde numerosos países, las ciudades fueron reconstruidas, la agricultura se desarrolló y la tierra volvió a llenarse de habitantes.

        La restauración moderna de Israel no es un detalle secundario dentro de estas profecías. Es el escenario necesario para que los acontecimientos descritos por Ezequiel puedan desarrollarse.

Ezequiel 36: el pueblo vuelve a su tierra

        Ezequiel 36 comienza dirigiéndose a los montes de Israel. La tierra había sufrido invasión, destrucción y abandono, pero Dios anunció que llegaría el momento de su restauración.

“Mas vosotros, oh montes de Israel, daréis vuestras ramas, y llevaréis vuestro fruto para mi pueblo Israel; porque cerca están para venir.”

(Ezequiel 36:8, RVR1960).

        La frase es clara: “cerca están para venir.”

        La tierra produciría nuevamente porque el pueblo regresaría a ella.

        Más adelante, Dios declara:

“Y haré multiplicar sobre vosotros hombres, a toda la casa de Israel, toda ella; y las ciudades serán habitadas, y edificadas las ruinas.”

(Ezequiel 36:10, RVR1960).

        La profecía no habla solamente de una restauración espiritual invisible. Describe un pueblo concreto regresando a una tierra concreta, ciudades que vuelven a ser habitadas y ruinas que son reconstruidas.

El regreso desde las naciones

        El anuncio alcanza su expresión más directa en estas palabras:

“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país.”

(Ezequiel 36:24, RVR1960).

        Aquí aparecen tres movimientos proféticos:

Dios tomaría al pueblo de entre las naciones.

Lo recogería desde diferentes tierras.

Lo llevaría nuevamente a su propio país.

        Eso es precisamente lo que ocurrió en la historia moderna.

        Judíos procedentes de Europa, Rusia, Irak, Yemen, Marruecos, Etiopía, Estados Unidos, América Latina y muchas otras regiones regresaron a la tierra de Israel.

        No fue un regreso desde un solo lugar. Fue una reunión mundial.

        El pueblo que había permanecido disperso durante siglos comenzó a volver a la misma tierra mencionada por los profetas.

Las ciudades serían reconstruidas

        Ezequiel anunció:

“Las ciudades serán habitadas, y edificadas las ruinas.”

(Ezequiel 36:10, RVR1960).

        También declaró:

“Así ha dicho Jehová el Señor: El día que os limpie de todas vuestras iniquidades, haré también que sean habitadas las ciudades, y las ruinas serán reedificadas.”

(Ezequiel 36:33, RVR1960).

        La restauración de Israel no consistiría únicamente en el regreso de personas. Habría reconstrucción.

        Se levantarían viviendas.

Se fundarían poblaciones.

Las antiguas ciudades volverían a crecer.

La infraestructura sería desarrollada.

La tierra dejaría de ser solamente un recuerdo histórico y volvería a convertirse en el hogar de una nación.

        Eso ocurrió de manera visible durante el siglo XX.

        Jerusalén se expandió.

Tel Aviv creció desde un pequeño asentamiento hasta convertirse en una gran ciudad.

Haifa se desarrolló como puerto y centro industrial.

Se fundaron comunidades, aldeas agrícolas y nuevas ciudades en diferentes regiones.

        Las ruinas fueron rodeadas por construcciones modernas y antiguas zonas deshabitadas comenzaron a llenarse nuevamente de población.

La agricultura sería restaurada

        Ezequiel también anunció que la tierra volvería a producir:

“Y haré que seáis labrados y sembrados.”

(Ezequiel 36:9, RVR1960).

Más adelante declaró:

“Y la tierra asolada será labrada, en lugar de haber permanecido asolada a ojos de todos los que pasaron.”

(Ezequiel 36:34, RVR1960).

        La profecía describe un cambio evidente.

La tierra improductiva sería cultivada.

Los campos volverían a sembrarse.

La producción agrícola se multiplicaría.

        Cuando comenzaron las grandes oleadas de inmigración judía, muchos de los recién llegados trabajaron intensamente en la agricultura. Se establecieron comunidades agrícolas, se desarrollaron sistemas de irrigación, se cultivaron zonas áridas y se introdujeron métodos modernos para aprovechar el agua.

        Israel llegó a destacar por sus avances en riego por goteo, agricultura en zonas desérticas, aprovechamiento del agua y cultivo intensivo.

        La restauración agrícola no fue simbólica.

Los campos fueron cultivados.

Los árboles fueron plantados.

Las zonas secas comenzaron a producir.

La tierra volvió a alimentar a una población creciente.

“Ha venido a ser como huerto del Edén”

        Ezequiel describió el asombro de quienes contemplarían la transformación:

“Y dirán: Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas.”

(Ezequiel 36:35, RVR1960).

        El lenguaje es poderoso.

Una tierra asolada sería transformada.

Las ciudades desiertas volverían a llenarse.

Las ruinas serían reconstruidas.

Los campos volverían a producir.

        La nación moderna de Israel presenta precisamente ese escenario: una tierra que fue transformada mediante trabajo agrícola, desarrollo urbano, tecnología e infraestructura.

        La profecía se cumplió de manera visible.

La tierra sería nuevamente habitada

        Ezequiel declaró:

“Y multiplicaré sobre vosotros hombres y ganado, y serán multiplicados y crecerán; y os haré morar como solíais antiguamente.”

(Ezequiel 36:11, RVR1960).

        La tierra volvería a recibir habitantes.

        La población aumentaría.

        Las ciudades crecerían.

        La vida nacional sería restaurada.

        El regreso de millones de judíos produjo exactamente esta transformación. Comunidades procedentes de decenas de países se establecieron en Israel y reconstruyeron su vida en la tierra de sus antepasados.

        El hebreo volvió a escucharse en las calles.

Las familias levantaron hogares.

Las escuelas formaron nuevas generaciones.

Las ciudades crecieron.

La nación volvió a estar habitada por el pueblo cuya historia estaba ligada a esa tierra.

La restauración física prepara una restauración espiritual

        Ezequiel 36 no termina con la reconstrucción material. Después de anunciar el regreso, Dios declara:

“Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados.”

(Ezequiel 36:25, RVR1960).

Y añade:

“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros.”

(Ezequiel 36:26, RVR1960).

        La secuencia es significativa.

Primero, el pueblo es recogido de las naciones.

Después, vuelve a su país.

Luego, Dios anuncia una obra espiritual en su interior.

        La restauración nacional ya ocurrió. La restauración espiritual completa todavía forma parte del propósito profético de Dios para Israel.

        Esto demuestra que el regreso moderno no es el final del proceso. Es una etapa indispensable dentro de una obra profética mayor.

Ezequiel 37: el valle de los huesos secos

        El capítulo 37 presenta una de las visiones más impresionantes de toda la Biblia.

        Ezequiel fue llevado a un valle lleno de huesos secos. Los huesos estaban esparcidos, sin vida y sin esperanza.

Dios le preguntó:

“Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?”

(Ezequiel 37:3, RVR1960).

        Desde una perspectiva humana, la respuesta era evidente.

Los huesos estaban muertos.

Estaban secos.

Estaban separados.

No existía ninguna posibilidad de restauración.

        Pero Dios ordenó al profeta que hablara sobre ellos.

Entonces los huesos comenzaron a unirse.

Aparecieron tendones.

Creció carne.

Fueron cubiertos de piel.

Finalmente entró espíritu en ellos y se levantaron como un gran ejército.

La Biblia identifica los huesos

        No necesitamos adivinar qué representan los huesos, porque el propio texto lo explica:

“Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel.”

(Ezequiel 37:11, RVR1960).

        Los huesos secos representan a Israel en una condición de muerte nacional.

El pueblo se sentía sin esperanza.

Había perdido su tierra.

Había perdido su soberanía.

Había quedado disperso.

Desde el punto de vista humano, parecía imposible que volviera a levantarse como nación.

        Pero Dios declaró:

“Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra.”

(Ezequiel 37:14, RVR1960).

        La visión culmina con Israel vivo y nuevamente establecido en su tierra.

La restauración nacional de Israel

        El valle de los huesos secos se cumplió en la restauración nacional de Israel.

        Durante siglos, el pueblo permaneció disperso.

Las comunidades estaban separadas por continentes.

Hablaban idiomas diferentes.

Vivían bajo gobiernos distintos.

No poseían una estructura política común.

        Pero los huesos comenzaron a unirse.

El pueblo regresó.

Se formaron instituciones.

El hebreo volvió a ser hablado.

Se organizó un gobierno.

Nació un ejército.

Y en 1948 Israel se levantó nuevamente como nación.

        Lo que parecía muerto volvió a vivir.

        La casa de Israel se levantó de su sepultura nacional.

“Abriré vuestros sepulcros”

        Dios declaró:

“He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel.”

(Ezequiel 37:12, RVR1960).

        La imagen no describe únicamente una resurrección individual. El contexto habla de un pueblo entero que vuelve a su tierra.

        Israel había sido considerado muerto como nación.

Pero Dios abrió su sepulcro histórico.

Lo levantó de entre las naciones.

Y lo llevó nuevamente a la tierra de Israel.

        La restauración nacional ocurrida en el siglo XX corresponde directamente con la visión de Ezequiel.

Los dos palos se convierten en una nación

        En la segunda parte de Ezequiel 37, Dios ordenó al profeta tomar dos palos. Uno representaba a Judá y el otro a José y las tribus de Israel.

Después declaró:

“Y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel.”

(Ezequiel 37:22, RVR1960).

        La profecía anuncia unidad nacional.

        El pueblo ya no permanecería dividido en dos reinos. Volvería a existir como una sola nación en la tierra.

        El Estado moderno no se estableció como dos reinos separados. Nació como una sola nación llamada Israel.

        Este detalle confirma nuevamente que Ezequiel estaba contemplando una restauración nacional real.

Ezequiel 38–39: una invasión contra un Israel restaurado

        Después de describir la restauración de la tierra en el capítulo 36 y la resurrección nacional en el capítulo 37, Ezequiel presenta en los capítulos 38 y 39 una invasión futura contra Israel.

        La secuencia no es accidental.

Primero, Israel regresa.

Después, vuelve a existir como nación.

Luego, habita nuevamente su tierra.

Finalmente, una coalición se levanta para atacarlo.

        Ezequiel describe al invasor diciendo:

“De aquí a muchos días serás visitado; al cabo de años vendrás a la tierra salvada de la espada, recogida de muchos pueblos.”

(Ezequiel 38:8, RVR1960).

        La tierra atacada posee varias características:

Ha sido recuperada después de guerras.

Su pueblo fue recogido de muchas naciones.

Había permanecido desolada.

Ahora sus habitantes viven nuevamente en ella.

        La descripción corresponde al Israel restaurado.

“Un pueblo recogido de entre las naciones”

        Más adelante, el invasor piensa:

“Subiré contra una tierra indefensa, iré contra gentes tranquilas que habitan confiadamente… contra el pueblo recogido de entre las naciones.”

(Ezequiel 38:11-12, RVR1960).

        La invasión no ocurre contra un Israel disperso.

No ocurre contra un pueblo sin tierra.

No ocurre contra comunidades separadas por el mundo.

        Ocurre cuando Israel ya está reunido, establecido y habitando su propio territorio.

        Por eso, la existencia del moderno Estado de Israel no es una simple curiosidad histórica. Es una condición necesaria para el cumplimiento de Ezequiel 38 y 39.

La profecía requería que Israel volviera a existir

        Durante casi dos mil años, Ezequiel 38 parecía imposible de cumplir literalmente.

¿Cómo podría una coalición invadir Israel si Israel no existía?

¿Cómo podría atacarse a un pueblo reunido de muchas naciones si ese pueblo seguía disperso?

¿Cómo podrían los invasores entrar en la tierra de Israel si el pueblo judío no la controlaba?

        En 1948, todo cambió.

Israel volvió al mapa.

El pueblo regresó.

La nación fue organizada.

Las ciudades fueron reconstruidas.

La agricultura se desarrolló.

La tierra fue habitada.

        El escenario de Ezequiel comenzó a existir.

La invasión todavía es futura

        La restauración nacional ya ocurrió, pero la invasión descrita en Ezequiel 38 y 39 todavía no ha alcanzado su cumplimiento completo.

        No debemos identificar apresuradamente cada guerra moderna con esta profecía.

        Ezequiel describe una coalición específica, una intervención extraordinaria de Dios y un desenlace de dimensiones que no corresponden plenamente con ninguna guerra ocurrida hasta ahora.

        Pero el escenario previo ya está preparado.

Israel existe.

El pueblo está reunido.

La tierra está habitada.

La nación posee ciudades, agricultura, infraestructura y población.

        La profecía ya no parece imposible.

Dios defenderá su nombre

        El propósito final de Ezequiel 38 y 39 no consiste solamente en describir una guerra.

Dios declara:

“Y seré engrandecido y santificado, y seré conocido ante los ojos de muchas naciones; y sabrán que yo soy Jehová.”

(Ezequiel 38:23, RVR1960).

        El desenlace mostrará que Dios continúa gobernando la historia.

        Las naciones comprenderán que Israel no sobrevivió únicamente por capacidad militar, diplomacia o estrategia humana.

        Dios demostrará que su Palabra permanece y que sus propósitos no pueden ser anulados.

Una secuencia profética claramente visible

        Los capítulos 36 al 39 presentan una progresión ordenada:

Ezequiel 36

El pueblo regresa desde las naciones.

La tierra vuelve a ser cultivada.

Las ciudades son reconstruidas.

La población aumenta.

Israel vuelve a habitar su tierra.

Ezequiel 37

La nación considerada muerta vuelve a levantarse.

Los huesos se unen.

Israel recupera su existencia nacional.

El pueblo vuelve a ser una sola nación en su tierra.

Ezequiel 38–39

Israel ya restaurado es atacado por una coalición.

Dios interviene.

Las naciones reconocen su poder.

        La secuencia es inconfundible.

Restauración territorial.

Restauración nacional.

Invasión futura.

Intervención divina.

        El moderno Estado de Israel ocupa el lugar central dentro de este escenario.

No estamos forzando el texto

        Afirmar que Ezequiel describe la restauración de Israel no significa acomodar artificialmente la profecía a los acontecimientos modernos.

        El propio texto identifica al pueblo.

Dice: “la casa de Israel.”

Dice: “la tierra de Israel.”

Dice: “los montes de Israel.”

Dice: “os traeré a vuestro país.”

Dice: “los haré una nación en la tierra.”

        La profecía posee nombres, lugares y acciones concretas.

        No habla de una restauración indefinida.

Habla del pueblo de Israel regresando a la tierra de Israel.

        Eso es exactamente lo que la historia moderna ha contemplado.

Una profecía cumplida delante de nuestra generación

        Generaciones anteriores leyeron Ezequiel 36 y 37 cuando Israel no existía como Estado.

        Leían acerca de ciudades reconstruidas, pero las ciudades no estaban bajo gobierno judío.

Leían acerca de un pueblo reunido, pero los judíos continuaban dispersos.

Leían acerca de una nación levantada, pero no existía una nación llamada Israel.

Leían acerca de una invasión futura, pero no había un Estado que pudiera ser invadido.

        Nuestra generación lee los mismos capítulos en un mundo completamente diferente.

Israel existe.

Las ciudades están habitadas.

La agricultura ha sido restaurada.

El pueblo regresó de muchas naciones.

La lengua hebrea volvió a la vida cotidiana.

La nación se encuentra nuevamente en su tierra.

        Lo que durante siglos parecía imposible se convirtió en historia.

Reflexión final

        Ezequiel anunció que el pueblo de Israel regresaría desde las naciones, que las ciudades serían reconstruidas, que la tierra volvería a producir, que la población crecería y que la nación considerada muerta volvería a levantarse.

        Eso ocurrió.

        El pueblo regresó.

Las ciudades fueron reconstruidas.

La agricultura se desarrolló.

La tierra volvió a ser habitada.

Israel volvió a existir como nación.

        Ezequiel 38 y 39 muestran que todavía quedan acontecimientos por cumplirse. Pero esos acontecimientos requieren que Israel esté restaurado en su tierra.

        Esa condición ya existe.

        El escenario profético está preparado.

        Por eso, no debemos leer estos capítulos como historias lejanas o símbolos sin relación con nuestra época.

Estamos viendo la primera parte de la secuencia cumplida delante de nuestros ojos.

        La pregunta ya no es si Israel volvería a existir.

Israel existe.

La pregunta es:

¿Qué tan cerca estamos de los acontecimientos que Ezequiel anunció después de su restauración?

        No conocemos el día ni la hora. Pero sí podemos reconocer que una condición indispensable ya se cumplió.

        La profecía dejó de parecer imposible porque el pueblo volvió, la nación se levantó y la tierra fue restaurada.

        Esto debe despertarnos.

Debe fortalecer nuestra confianza en la Palabra de Dios.

Debe llevarnos a vivir en santidad.

Debe impulsarnos a predicar el evangelio.

Debe recordarnos que la historia avanza hacia el cumplimiento de todo lo que Dios anunció.

“Y sabrán las naciones que yo Jehová santifico a Israel, estando mi santuario en medio de ellos para siempre.”

(Ezequiel 37:28, RVR1960).

        Ezequiel vio un Israel restaurado.

Nuestra generación lo está contemplando.

La pregunta final es:

¿Estamos espiritualmente preparados para lo que todavía falta por suceder?


Referencias bíblicas

  • Ezequiel 36:1-38.
  • Ezequiel 37:1-28.
  • Ezequiel 38:1-23.
  • Ezequiel 39:1-29.
  • Isaías 11:11-12.
  • Jeremías 30:1-11.
  • Jeremías 31:7-14.
  • Amós 9:14-15.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.