Por el Dr. Elio M Rivera
La extraordinaria promesa pronunciada mientras Jesús ascendía al cielo
Jesús había muerto.
Había sido sepultado.
Sus discípulos afirmaban haberlo visto resucitado.
Durante los días siguientes, según el relato de Lucas, Jesús se presentó vivo ante ellos y continuó enseñándoles acerca del reino de Dios.
Pero llegó el momento de partir.
Hechos de los Apóstoles describe una de las escenas más extraordinarias del Nuevo Testamento.
Los discípulos estaban reunidos con Jesús.
Escucharon sus últimas instrucciones.
Y entonces sucedió algo que ninguno de ellos olvidaría.
“Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.”
Hechos 1:9, RVR1960
Jesús comenzó a ascender.
Los discípulos lo estaban viendo.
Poco a poco dejó de estar delante de ellos.
Una nube finalmente lo ocultó de sus ojos.
Y ellos permanecieron allí.
Mirando hacia arriba.
Los discípulos se quedaron mirando al cielo
Es fácil imaginar la escena.
Durante años habían caminado con Jesús.
Habían escuchado sus enseñanzas.
Habían presenciado sus milagros.
Lo habían visto arrestado.
Habían contemplado la tragedia de la crucifixión.
Después afirmaban haberlo encontrado vivo.
Y ahora lo veían partir.
Hechos dice:
“Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba…”
Hechos 1:10, RVR1960
No sabemos cuánto tiempo permanecieron así.
El texto simplemente nos permite contemplarlos:
con los ojos puestos en el cielo.
Quizá intentaban comprender lo que acababa de suceder.
Quizá esperaban que Jesús apareciera nuevamente.
Quizá no sabían qué hacer a continuación.
Entonces aparecieron dos personajes.
Dos varones con vestiduras blancas
Lucas continúa:
“…he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas.”
Hechos 1:10, RVR1960
El relato los presenta como mensajeros celestiales. La aparición de estos dos varones inmediatamente después de la ascensión introduce una declaración que marcaría profundamente la esperanza de los primeros cristianos.
Ellos dijeron:
“Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo?”
Hechos 1:11, RVR1960
Pero no terminaron allí.
Lo siguiente que dijeron constituye una de las afirmaciones más claras acerca del regreso de Jesucristo en todo el Nuevo Testamento:
“Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.”
Hechos 1:11, RVR1960
Detengámonos en esas palabras.
“Este mismo Jesús…”
“Este mismo Jesús”
La expresión resulta extraordinariamente personal.
Los ángeles no dijeron simplemente:
“Algún día ocurrirá algo.”
No hablaron de una idea.
No hablaron de un movimiento.
No hablaron de una filosofía que continuaría después de Jesús.
Hablaron de una persona:
“Este mismo Jesús.”
El Jesús que habían conocido.
El Jesús que había caminado con ellos.
El Jesús que había enseñado en Galilea.
El Jesús que había entrado en Jerusalén.
El Jesús que había sido crucificado.
El Jesús que ellos afirmaban haber visto resucitado.
El Jesús que unos momentos antes había estado hablando con ellos.
Ese mismo Jesús regresaría.
La esperanza cristiana del regreso de Cristo no está centrada solamente en que la historia tendrá un desenlace.
Está centrada en una persona.
Jesucristo volverá.
Jesús lo había dicho; ahora los ángeles lo confirmaban
Esto conecta directamente con el capítulo anterior.
Antes de morir, Jesús había dicho a sus discípulos:
“Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez…”
Juan 14:3, RVR1960
Ahora había llegado el momento de su partida.
Los discípulos acababan de verlo ascender.
Y precisamente cuando desapareció de su vista, recibieron una confirmación:
Él regresará.
Primero lo había dicho Jesús.
Ahora lo declaraban los mensajeros celestiales.
La partida no era el final de la historia.
Había una promesa pendiente.
“Así vendrá”
Los ángeles añadieron:
“…así vendrá como le habéis visto ir al cielo.”
Hechos 1:11, RVR1960
A lo largo de los siglos, esta expresión ha producido numerosos estudios y discusiones acerca de los detalles de la segunda venida.
Pero ese no será nuestro propósito aquí.
No necesitamos entrar en controversias acerca de cada detalle de cómo sucederá.
Tampoco necesitamos construir sobre esta frase un calendario profético.
Nuestro objetivo es mucho más sencillo.
El texto afirma que el Jesús que se fue regresará.
Eso es suficiente para el punto que estamos estableciendo.
Podemos tener diferentes interpretaciones acerca del orden de algunos acontecimientos futuros.
Podemos estudiar con respeto las distintas posiciones escatológicas.
Podemos reconocer que existen aspectos difíciles de interpretar.
Pero Hechos 1:11 permanece delante de todos nosotros con una afirmación extraordinariamente clara:
“Este mismo Jesús… vendrá.”
La ascensión no terminó con una despedida
Pensemos en lo que esta promesa debió significar para aquellos discípulos.
Acababan de perder nuevamente de vista a Jesús.
Después de la crucifixión habían experimentado dolor y desconcierto.
Después vino la alegría de verlo vivo.
Y ahora Jesús se marchaba.
Podría haber parecido otra despedida.
Pero los ángeles transformaron aquella despedida en una promesa.
No les dijeron:
“Nunca volverán a verlo.”
Les dijeron, en esencia:
El que acaba de irse regresará.
La ascensión, por tanto, no solamente señala una partida.
También dirige nuestra mirada hacia un regreso.
No les dijeron que se quedaran mirando al cielo
Existe otro detalle precioso en la escena.
Los discípulos estaban:
“con los ojos puestos en el cielo”.
Pero los ángeles les preguntaron:
“Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo?”
Hechos 1:11, RVR1960
La promesa del regreso de Cristo no significaba que debían permanecer inmóviles contemplando las nubes.
Jesús acababa de darles una responsabilidad:
“…y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”
Hechos 1:8, RVR1960
Debían esperar su regreso.
Pero tenían trabajo que hacer mientras esperaban.
Debían predicar.
Debían enseñar.
Debían llevar el evangelio.
Debían ser testigos.
Debían continuar aquello que Jesús les había encomendado.
Esta misma idea aparecerá una y otra vez en el Nuevo Testamento:
esperar no significa permanecer inmóviles.
La esperanza del regreso de Cristo debía impulsar la misión, no detenerla.
Entre una partida y un regreso
La iglesia comenzó su misión entre dos grandes declaraciones.
Jesús les había dicho:
“Me seréis testigos.”
Y los ángeles les dijeron:
“Este mismo Jesús… vendrá.”
Entre esas dos declaraciones se encuentra la misión de los seguidores de Cristo.
Mientras él no regrese:
Predicamos.
Servimos.
Amamos.
Enseñamos.
Ayudamos.
Hacemos discípulos.
Vivimos el evangelio.
Esperamos.
No sabemos cuánto durará la espera.
Los primeros discípulos tampoco lo sabían.
Pero sabían dos cosas:
tenían una misión que cumplir y un Señor que regresaría.
No una fecha, sino una certeza
Observe también lo que los ángeles no dijeron.
No dieron una fecha.
No dijeron un año.
No entregaron un calendario.
No explicaron cuánto tiempo transcurriría.
No proporcionaron una fórmula para calcular el momento.
Simplemente afirmaron:
Quizá nosotros también deberíamos aprender algo de la sencillez de aquella declaración.
Durante siglos se han propuesto fechas para el regreso de Cristo.
Todas las que ya pasaron demostraron estar equivocadas.
La Biblia no nos pide saber aquello que Dios decidió no revelarnos.
Nos pide confiar en aquello que sí reveló.
Y en aquel día, mientras los discípulos contemplaban el cielo, lo que recibieron no fue una fecha.
Fue una promesa.
Los discípulos regresaron a Jerusalén
¿Y qué hicieron después?
Hechos continúa diciendo:
“Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar…”
Hechos 1:12, RVR1960
Eso es significativo.
No permanecieron allí intentando descubrir cuándo volvería.
Regresaron.
Obedecieron las instrucciones que habían recibido.
Esperaron la promesa del Espíritu Santo.
Y poco después comenzaron a proclamar públicamente a Jesucristo.
La esperanza de su regreso no los apartó de la vida.
Los lanzó hacia su misión.
Una promesa pronunciada desde el principio de la iglesia
Antes de que Pablo escribiera sus cartas.
Antes de que Juan recibiera las visiones de Apocalipsis.
Antes de que el evangelio llegara a numerosas naciones.
Antes de que surgieran siglos de debates acerca de la profecía.
Allí estaban aquellos discípulos en el Monte de los Olivos contemplando cómo Jesús desaparecía de su vista.
Y allí escucharon:
“Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.”
Hechos 1:11, RVR1960
Jesús había dicho que regresaría.
Ahora los ángeles afirmaban que regresaría.
Pero todavía falta un tercer grupo de testigos.
Aquellos hombres que estaban mirando al cielo ese día dedicarían el resto de sus vidas a proclamar a Jesucristo.
Y cuando comenzaron a escribir y enseñar a las primeras comunidades cristianas, encontramos la misma esperanza repetida una y otra vez.
Los discípulos también dijeron que Jesús regresaría.
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