Dr. Elio M Rivera
Una aparición que podía verse, escucharse y tocarse
Hasta este punto, nuestra investigación sobre los testigos del Resucitado ha ido creciendo. María Magdalena afirmó haber visto a Jesús vivo. Después se apareció a los discípulos reunidos. Tomás, que inicialmente se negó a creer, terminó confesando:
“¡Señor mío, y Dios mío!”
Juan 20:28
Ahora debemos detenernos en otro detalle que considero extraordinariamente importante.
Los Evangelios no presentan las apariciones de Jesucristo como experiencias vagas, sueños o simples sensaciones espirituales.
Jesús resucitado comió delante de sus discípulos.
Y posteriormente volvió a encontrarse con ellos junto al mar, donde incluso preparó alimento y comió con ellos.
¿Por qué conservar detalles tan cotidianos?
Porque precisamente esos detalles nos ayudan a comprender qué clase de resurrección afirmaban haber presenciado los discípulos.
“¿Tenéis aquí algo de comer?”
Lucas relata que cuando Jesús apareció entre los discípulos, ellos estaban asustados:
“Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu.”
Lucas 24:37
Éste es el punto de partida.
Ellos mismos consideraron inicialmente una explicación espiritual:
“Estamos viendo un espíritu.”
Pero Jesús respondió directamente a esa interpretación:
“Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.”
Lucas 24:39
Y después hizo algo todavía más concreto.
Preguntó:
“¿Tenéis aquí algo de comer?”
Jesús comió delante de ellos
Lucas continúa:
“Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos.”
Lucas 24:42-43, RVR1960
No pasemos rápidamente sobre esas palabras.
“Comió delante de ellos.”
Los discípulos no solamente afirmaron que habían visto una figura.
No dijeron simplemente que habían sentido la presencia de Jesús.
Según Lucas, podían observarlo mientras tomaba alimento y comía frente a ellos.
La escena está construida precisamente en respuesta a su temor de estar viendo un espíritu.
El relato insiste en una resurrección corporal
Esto es fundamental para comprender la afirmación cristiana.
La resurrección no significaba simplemente:
“El espíritu de Jesús continúa viviendo.”
Tampoco:
“Sus enseñanzas siguen vivas entre nosotros.”
Ni siquiera:
“Sentimos que Jesús todavía está con nosotros.”
La afirmación de los discípulos era mucho más extraordinaria:
El Jesús que había muerto estaba corporalmente vivo.
Podían verlo.
Podían escucharlo.
Podían observar sus heridas.
Podían tocarlo.
Y podían verlo comer.
Pero su cuerpo ya no era simplemente como antes
Aquí debemos mantener juntas dos verdades que aparecen en los relatos.
Por una parte, Jesús poseía verdadera corporeidad.
Él mismo dijo:
“Un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.”
Pero, por otra parte, como ya observamos cuando estudiamos los lienzos, el cuerpo resucitado manifestaba propiedades extraordinarias.
Juan relata que Jesús apareció entre los discípulos estando las puertas cerradas.
Por eso no estamos hablando simplemente de un cadáver que recuperó temporalmente sus funciones.
Estamos hablando de un cuerpo resucitado.
Esto vuelve a distinguir a Jesús de Lázaro
Ya mencionamos esta diferencia al estudiar los lienzos, pero aquí adquiere todavía mayor claridad.
Lázaro volvió a la vida.
Pero posteriormente volvería a morir.
Jesús resucitó en una condición diferente.
Pablo escribe:
“Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él.”
Romanos 6:9
El cuerpo era real.
Pero había vencido definitivamente a la muerte.
Y no fue la única ocasión relacionada con alimento
Después encontramos otra escena extraordinaria.
Esta vez no estamos en Jerusalén.
Estamos junto al mar de Tiberias.
Pedro y varios discípulos habían salido a pescar.
Juan menciona a:
Simón Pedro.
Tomás.
Los hijos de Zebedeo.
Y otros dos discípulos.
Habían trabajado durante la noche.
Y no habían pescado nada.
Un hombre estaba en la playa
Juan escribe:
“Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús.”
Juan 21:4
Jesús les preguntó si tenían algo de comer.
Respondieron que no.
Entonces les indicó:
“Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis.”
Juan 21:6
La red se llenó de peces.
Y entonces Juan comprendió:
“¡Es el Señor!”
Pedro se lanzó al agua
Cuando Pedro escuchó que era Jesús, reaccionó inmediatamente.
Juan relata que se echó al mar mientras los demás discípulos llegaron en la barca arrastrando la red llena de peces.
Y cuando alcanzaron la orilla encontraron algo que probablemente ninguno esperaba.
“Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan.”
Juan 21:9
Pensemos en la escena.
Una playa.
El amanecer.
Una barca.
Una red llena de peces.
Un fuego.
Pan.
Y Jesucristo resucitado esperando a sus discípulos.
“Venid, comed”
Entonces Jesús les dijo:
“Venid, comed.”
Juan 21:12
Juan continúa:
“Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado.”
Juan 21:13
No estamos ante una aparición fugaz.
Existe tiempo para reconocerlo.
Existe conversación.
Existe alimento.
Existe interacción entre varias personas.
Y Juan añade:
“Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos.”
Juan 21:14
Una experiencia compartida
Esto es importante para nuestra investigación.
Una experiencia puramente individual puede intentar explicarse como una percepción particular de una persona.
Pero aquí tenemos una escena compartida.
Varios hombres están presentes.
Pescan.
Llegan a la orilla.
Ven a Jesús.
Escuchan sus instrucciones.
Observan el alimento.
Comen con Él.
Y después Jesús mantiene una conversación extraordinariamente personal con Pedro.
La aparición forma parte de una experiencia colectiva.
Pedro nunca olvidó que comieron con Él
Años después encontramos una declaración especialmente importante.
Cuando Pedro predicó en casa de Cornelio, habló de la resurrección y dijo:
“A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.”
Hechos 10:40-41
Éste es uno de los textos más importantes para este artículo.
Pedro no dijo solamente:
“Creemos que resucitó.”
Dijo:
“Comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.”
Ésa es una afirmación extraordinariamente concreta.
El testimonio de Pedro podía ser interrogado
Imaginemos nuevamente nuestro tribunal.
—Pedro, ¿afirmas que Jesús estaba vivo después de la crucifixión?
—Sí.
—¿Cómo lo sabes?
—Lo vi.
—¿Solamente tú?
—No.
—¿Pudiste observarlo de cerca?
—Sí.
—¿Interactuaste con Él?
—Sí.
—¿Fue simplemente una aparición distante?
—No.
“Comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.”
La afirmación apostólica no podía ser mucho más concreta.
¿Podría una alucinación comer pescado?
Más adelante podemos dedicar un artículo completo a la hipótesis de las alucinaciones, porque merece ser examinada con cuidado y sin caricaturizarla.
Pero aquí aparece ya una dificultad evidente.
Los Evangelios no describen simplemente una imagen que apareció durante unos segundos ante una persona emocionalmente alterada.
Describen encuentros en los que Jesús:
Habla.
Responde preguntas.
Muestra heridas.
Invita a ser tocado.
Da instrucciones.
Come delante de ellos.
Prepara alimento.
Entrega pan y pescado.
Y todo esto ocurre ante diferentes personas y en diferentes circunstancias.
Cualquier explicación alternativa tendrá que abarcar todo el conjunto, no solamente una pieza.
Comer tenía un propósito evidente
En Lucas, el contexto resulta especialmente claro.
Los discípulos pensaban que estaban viendo un espíritu.
Jesús les mostró sus manos y sus pies.
Los invitó a comprobar su corporeidad.
Y después comió delante de ellos.
Por tanto, el alimento forma parte de la respuesta a la pregunta:
“¿Era realmente Jesús corporalmente vivo?”
La respuesta que Lucas quiere comunicar es inequívoca:
Sí.
No era otro cuerpo sin relación con el crucificado
Tampoco debemos separar estas escenas de todo lo que estudiamos anteriormente.
El mismo Jesús que ahora come con los discípulos es aquel cuyo cuerpo había sido entregado a José de Arimatea.
El mismo que había sido colocado dentro del sepulcro.
El mismo cuyas manos habían sido heridas.
El mismo cuyo costado había sido atravesado.
Por eso las heridas continúan siendo visibles.
Existe continuidad entre el Crucificado y el Resucitado.
Y, sin embargo, algo había cambiado para siempre
Jesús podía comer.
Podía ser tocado.
Podía conversar.
Pero ya no estaba simplemente regresando a la existencia que había tenido antes de morir.
La muerte había sido vencida.
El sepulcro había quedado atrás.
Los lienzos habían quedado atrás.
Y Jesús estaba vivo en una condición que sus discípulos nunca habían experimentado anteriormente.
El cristianismo hizo una afirmación verificable
Esto es precisamente lo que hace tan interesante la resurrección desde una perspectiva histórica.
Los primeros cristianos no proclamaron solamente una idea religiosa.
Proclamaron un acontecimiento.
Pedro podía decir:
“Comimos con Él.”
Juan podía decir:
“Lo vimos.”
Tomás podía decir:
“Vi sus heridas.”
María Magdalena podía decir:
“He visto al Señor.”
Cada nuevo testimonio añade otra pieza.
La evidencia continúa creciendo
Observe cómo ha avanzado esta subserie.
Comenzamos con mujeres que iban buscando un cadáver.
Encontraron una tumba vacía.
María Magdalena afirmó posteriormente haber visto a Jesús.
Los discípulos reunidos dijeron haberlo visto.
Tomás pasó de:
“No creeré”
a:
“¡Señor mío, y Dios mío!”
Y ahora encontramos a los discípulos afirmando algo todavía más cotidiano y concreto:
Comimos con Él.
Mi conclusión
La importancia de estas comidas no está simplemente en el alimento.
Está en aquello que representan.
Los discípulos no describieron al Resucitado como una idea.
No describieron solamente una experiencia interior.
No dijeron simplemente que el espíritu de Jesús continuaba acompañándolos.
Afirmaron que:
Lo vieron.
Lo escucharon.
Observaron sus heridas.
Pudieron tocarlo.
Y comieron con Él.
Pedro resumiría posteriormente su propio testimonio con una frase que merece quedar grabada en nuestra investigación:
“Nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.”
Hechos 10:41
La tumba vacía nos obligó a preguntar:
¿Dónde estaba el cuerpo?
Las apariciones nos obligan ahora a formular una pregunta todavía mayor:
¿Cómo explicamos a tantas personas afirmando que estuvieron con Jesucristo vivo después de su muerte?
Y todavía no hemos llegado al testimonio más numeroso.
Porque Pablo conservaría una afirmación extraordinaria:
Jesús apareció a más de quinientas personas a la vez.
Referencias bíblicas
Lucas 24:36-43.
Juan 20:19-29.
Juan 21:1-14.
Hechos 10:39-43.
Romanos 6:9.
1 Corintios 15:3-8.
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