02. ¿Quiénes eran los soldados que vigilaban el sepulcro?

Dr. Elio M Rivera

La guardia, la piedra y el sello romano

  Después de que los principales sacerdotes y los fariseos pidieron a Pilato que asegurara la tumba, Mateo registra una frase decisiva:

“Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.”
Mateo 27:66

  A partir de ese momento, la tumba donde había sido colocado el cuerpo de Jesucristo ya no estaba simplemente cerrada.

  Estaba vigilada.

  Y la pregunta que debemos hacernos es:

¿Quiénes eran esos hombres?

  No conocemos con absoluta certeza cuántos soldados componían aquella guardia. En mis propios estudios he señalado que el número podía variar según la misión asignada. Lo importante no es inventar una cifra que el texto no proporciona, sino comprender qué clase de hombres eran los que estaban allí.

No eran vigilantes improvisados

  No debemos imaginar a unos cuantos hombres contratados apresuradamente para sentarse frente a la entrada.

  Eran soldados profesionales.

  Hombres entrenados para obedecer órdenes.

  Acostumbrados al manejo de armas.

  Preparados para enfrentar peligros.

  En mi estudio los describo como militares entrenados desde jóvenes para la guerra, habituados a marchas extenuantes y al manejo de la espada, la lanza y el escudo.

  Esto cambia completamente la manera en que debemos imaginar la escena.

Su misión era sencilla

  No tenían que perseguir a un ejército.

  No tenían que defender una ciudad.

  No tenían que conquistar una fortaleza.

  Su misión era mucho más concreta:

Que nadie entrara en aquella tumba y sacara el cuerpo.

  Ese era el problema que preocupaba a los enemigos de Jesús.

  Ellos temían que los discípulos robaran el cadáver y luego anunciaran que Jesús había resucitado. Por esa razón acudieron a Pilato y pidieron protección oficial para el sepulcro.

Los soldados sabían lo que estaba en juego

  Una orden romana no era una sugerencia.

  Los soldados debían cumplirla.

  En mi estudio explico que la disciplina romana era extremadamente severa y que un soldado que abandonaba su puesto o permitía que una misión importante fracasara podía enfrentar castigos gravísimos, incluso la muerte.

  Esto significa que aquellos hombres tenían poderosos motivos para mantenerse vigilantes.

No estaban custodiando cualquier cosa

  También debemos pensar en el contexto.

  La tumba contenía el cuerpo de un hombre cuya muerte había provocado una enorme tensión política y religiosa.

  Los principales sacerdotes habían ido personalmente ante Pilato.

  Habían explicado el problema.

  Pilato había autorizado que el sepulcro fuera asegurado.

  Y ahora existía una misión oficial.

  No era una tarea rutinaria sin importancia.

¿Podían dormirse todos al mismo tiempo?

  Más adelante estudiaremos la explicación de que los discípulos robaron el cuerpo mientras los soldados dormían.

  Pero ya podemos observar el problema.

  Si aquellos soldados estaban allí precisamente para impedir un robo, entonces dormir todos simultáneamente significaría dejar completamente desprotegida la misión.

  Y si la disciplina romana era tan severa como explico en mi estudio, aquello tendría consecuencias serias.

  Por eso la historia posterior acerca de unos guardias dormidos merece ser examinada con mucho cuidado.

La guardia protegía algo que ya estaba sellado

  Los soldados tampoco estaban frente a una tumba abierta.

  Delante de ellos había una gran piedra.

  La piedra había sido sellada.

  Y ellos vigilaban el lugar.

  Así que una persona que quisiera sacar el cuerpo tendría que superar varias barreras:

La guardia.

El sello.

La piedra.

  No bastaba con acercarse silenciosamente.

Los discípulos no parecían preparados para enfrentarlos

  Ahora miremos al otro lado.

  ¿Quiénes serían, según los enemigos de Jesús, los posibles ladrones?

  Los discípulos.

  Pero en mi libro los describo en ese momento como hombres acobardados, escondidos y desorganizados.

  Los Evangelios mismos muestran ese temor.

  Juan dice que estaban reunidos con las puertas cerradas:

“Por miedo de los judíos.”
Juan 20:19

  Éstos serían los hombres que tendrían que enfrentarse a una guardia profesional.

Pensemos en lo que requeriría un robo

  Para robar el cuerpo tendrían que acercarse al sepulcro.

  Evitar o vencer a los soldados.

  Romper el sello.

  Mover la piedra.

  Entrar en la tumba.

  Sacar el cuerpo.

  Y huir sin ser detenidos.

  Todo esto tendría que ocurrir mientras una guardia cuya misión específica era impedir precisamente ese acto estaba allí.

  La teoría se vuelve cada vez más difícil.

La guardia convierte la tumba en una escena controlada

  Éste es uno de los aspectos que más me impresiona de todo el caso.

  Si la tumba hubiera quedado abandonada, alguien podría decir:

“Quizá alguien entró.”

  Si solamente hubiera existido una piedra, alguien podría decir:

“Quizá alguien la movió.”

  Pero los enemigos de Jesús tomaron medidas adicionales.

  Consiguieron una guardia.

  Aseguraron el sepulcro.

  Sellaron la piedra.

  Y vigilaban precisamente el cuerpo que después desapareció.

Los propios enemigos redujeron las explicaciones posibles

  Sin darse cuenta, los sacerdotes hicieron algo extraordinario.

  Intentaron impedir un fraude.

  Pero al hacerlo dejaron la tumba bajo vigilancia.

  Eso significa que después, cuando el sepulcro apareció vacío, ya no podía explicarse tan fácilmente diciendo que alguien había entrado tranquilamente y se había llevado el cadáver.

  Los propios enemigos habían intentado impedir precisamente esa posibilidad.

¿Eran necesariamente soldados romanos?

  En mis estudios he tratado a esta guardia dentro del contexto de la autoridad romana porque la custodia fue autorizada por Pilato y el sepulcro quedó bajo una protección oficial. También la describo como una guardia integrada por soldados profesionales.

  Lo que sí es absolutamente claro para nuestro argumento es esto:

No estamos hablando de hombres sin autoridad ni entrenamiento.

  La tumba quedó bajo vigilancia oficial.

Después ocurrió algo que ningún guardia esperaba

  Mateo continúa el relato diciendo:

“Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.”
Mateo 28:2

  Y después:

“Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos.”
Mateo 28:4

  Esto es importante.

  El relato no dice que los discípulos atacaron a los soldados.

  No dice que los vencieron.

  No dice que los sobornaron.

  No dice que organizaron una operación clandestina.

  Dice que ocurrió algo completamente diferente.

Los soldados después tuvieron que explicar lo ocurrido

  Cuando algunos de ellos regresaron a la ciudad, informaron a los principales sacerdotes de lo que había sucedido.

  Mateo dice:

“Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.”
Mateo 28:11

  Esto significa que los guardias no desaparecieron simplemente de la historia.

  Regresaron.

  Y tuvieron que explicar por qué la tumba que debían proteger estaba abierta.

Entonces apareció una nueva historia

  Los principales sacerdotes dieron dinero a los soldados y les dijeron:

“Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.”
Mateo 28:13

  Más adelante dedicaremos un artículo completo a esta explicación.

  Porque plantea un problema lógico inmediato:

Si estaban dormidos, ¿cómo supieron quién robó el cuerpo?

  Pero por ahora debemos concentrarnos en otra cosa.

  Aquellos soldados estaban allí porque la tumba debía permanecer cerrada.

  Y, sin embargo, terminó abierta.

La guardia era una barrera real

  Cuando reunimos las piezas, encontramos una escena extraordinaria.

  Dentro de la tumba:

El cuerpo de Jesucristo.

  Cerrando la entrada:

Una enorme piedra.

  Asegurando el lugar:

El sello.

  Vigilando:

Una guardia profesional.

  Y detrás de todo ello:

Los enemigos de Jesús, decididos a impedir que el cuerpo desapareciera.

  Por eso, en mi libro concluyo que la guardia romana custodiaba la tumba y que los sacerdotes habían hecho todo lo que estaba en su poder para impedir que alguien tocara el cuerpo.

La pregunta empieza a cambiar

  Ya no estamos preguntándonos simplemente:

¿Por qué estaba vacía la tumba?

  Ahora debemos preguntar:

¿Cómo pudo vaciarse una tumba vigilada por soldados profesionales?

  Pero todavía hay otra barrera que debemos comprender.

  Porque delante de aquellos soldados no había solamente una enorme piedra.

  La piedra había sido oficialmente asegurada.

Nuestro siguiente tema: ¿Qué significaba el sello colocado sobre la tumba?

Referencias bíblicas

Mateo 27:62-66.
Mateo 28:1-15.
Juan 20:19.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.