Por el Dr. Elio M Rivera
La guardia, la piedra y el sello romano
Para comprender el verdadero peso de la guardia colocada frente al sepulcro de Jesucristo, no basta con saber que allí había soldados.
Tenemos que comprender qué clase de disciplina gobernaba al ejército romano.
Roma no construyó uno de los imperios más poderosos de la antigüedad mediante un ejército improvisado. Sus soldados eran hombres sometidos a entrenamiento, obediencia y castigos extremadamente severos.
Y precisamente por eso la presencia de una guardia frente a la tumba cambia completamente nuestra investigación.
No eran hombres libres de abandonar su puesto
Una orden militar romana debía cumplirse.
Los soldados colocados frente al sepulcro tenían una misión muy sencilla:
Que nadie sacara el cuerpo.
No podían decidir abandonar el lugar.
No podían permitir que alguien entrara.
No podían ignorar una orden oficial.
En mis estudios describo a estos hombres como soldados profesionales, acostumbrados a marchas extenuantes, al manejo de la espada, la lanza y el escudo, y entrenados para obedecer órdenes sin vacilar.
La disciplina era extremadamente severa
En mi libro dedico una parte importante a este asunto.
Los castigos podían variar dependiendo de la gravedad de la falta.
Para infracciones menores podían existir castigos físicos.
Pero determinadas faltas graves podían terminar incluso en la muerte del soldado.
Esto es fundamental.
Cuando hablamos de la guardia de la tumba, no estamos hablando de vigilantes que podían quedarse dormidos y simplemente recibir una llamada de atención al día siguiente.
El fracaso podía costarles muy caro.
Algunas infracciones podían recibir pena de muerte
En mi libro enumero varias faltas consideradas graves dentro de la disciplina militar romana.
Entre ellas menciono:
- el robo de provisiones;
- reincidir repetidamente en ciertas faltas;
- mentir o exagerar acciones militares con el propósito de conseguir una promoción o aumento;
- huir o abandonar las armas durante una batalla;
- y, especialmente importante para nuestro caso, quedarse dormido durante una guardia.
Este último punto adquiere una enorme importancia cuando llegamos a la explicación posterior de la tumba vacía.
Dormirse durante una guardia no era una falta pequeña
Después de la resurrección, los principales sacerdotes dieron dinero a los soldados y les dijeron:
“Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.”
Mateo 28:13
Pero piense lo que estaban pidiendo a esos hombres que confesaran públicamente:
Que se habían quedado dormidos durante una misión oficial.
Dentro de la disciplina que describo en mi libro, eso podía considerarse una falta extremadamente grave, incluso susceptible de pena capital.
Por eso el relato continúa inmediatamente:
“Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo.”
Mateo 28:14
¿Por qué había que ponerlos a salvo?
Porque reconocer el fracaso de la guardia podía tener consecuencias.
La promesa de protegerlos tiene sentido
Este detalle del Evangelio resulta especialmente interesante cuando conocemos la disciplina militar.
Los sacerdotes no solamente les dijeron qué debían contar.
También prometieron intervenir si Pilato se enteraba.
Es decir:
Ustedes digan que estaban dormidos.
Y si esto llega hasta el gobernador:
Nosotros nos encargaremos del problema.
Esto muestra que la historia propuesta exponía a los soldados a un riesgo real.
Existían castigos colectivos
La disciplina romana podía ser todavía más severa cuando la falta correspondía a una unidad completa.
En mi libro explico que, en algunos casos, cuando un pelotón o unidad había cometido una falta grave, podía recurrirse a un sorteo para escoger a uno de sus integrantes y ejecutarlo a manos de sus propios compañeros. La muerte podía producirse mediante flagelación o espada.
El propósito de una disciplina semejante era evidente:
Que todos vigilaran a todos.
El fracaso de uno podía afectar al grupo.
Esto vuelve todavía más difícil imaginar a toda la guardia dormida
Pensemos lógicamente.
Para que los discípulos robaran el cuerpo mientras la guardia dormía, no bastaba con que uno de los soldados se quedara dormido.
Todos los hombres capaces de impedir el robo tendrían que estar incapacitados al mismo tiempo.
Y si todos estaban durmiendo, entonces todos estaban poniendo en riesgo la misión.
¿Por qué un grupo de soldados sometidos a semejante disciplina se arriesgaría colectivamente de esa manera?
La teoría comienza a presentar problemas.
Además, una tumba no se vacía silenciosamente con facilidad
Supongamos, sin embargo, que todos estaban dormidos.
Los discípulos tendrían que llegar.
Acercarse al sepulcro.
Romper o violar el sello.
Mover una enorme piedra.
Entrar.
Manipular el cuerpo.
Sacarlo.
Y marcharse.
Todo esto sin despertar a los soldados.
La explicación exige muchas cosas simultáneamente.
Y si estaban dormidos, aparece otro problema
Los soldados supuestamente tenían que decir:
“Sus discípulos vinieron de noche y lo hurtaron mientras dormíamos.”
Pero surge una pregunta inevitable:
Si estaban dormidos, ¿cómo sabían que fueron los discípulos?
Un hombre dormido no puede observar quién llega.
No puede identificar a los ladrones.
No puede describir lo que hicieron.
Y no puede afirmar como testigo algo que ocurrió precisamente mientras estaba inconsciente.
Por eso esta explicación merece ser examinada con mucha cautela.
¿Por qué los sacerdotes querían soldados romanos?
En mi libro planteo otra pregunta.
Los judíos contaban con sus propios guardias.
Entonces, ¿por qué recurrir a soldados romanos?
Mi respuesta es que los sacerdotes conocían la disciplina que caracterizaba al ejército de Roma.
Sabían que aquellos hombres no podían fracasar fácilmente en una misión sin exponerse a castigos gravísimos.
Querían que nadie tocara el cuerpo.
Y escogieron una fuerza cuya disciplina hacía extremadamente peligrosa cualquier tentativa de robo.
Los soldados tenían dos razones para permanecer alerta
La primera era militar.
Tenían una orden.
La segunda era personal.
Su propia seguridad podía depender de cumplirla.
En uno de mis estudios posteriores resumo esta situación diciendo que aquellos hombres tenían razones de sobra para permanecer vigilantes porque no estaban cumpliendo una tarea rutinaria, sino una orden oficial del gobernador romano.
La guardia hacía muy peligroso cualquier intento de robo
Imagine ahora a los discípulos.
Pocas horas antes habían huido.
Estaban escondidos.
Tenían miedo.
Y supuestamente tendrían que acercarse a una tumba custodiada por soldados cuyo fracaso podía costarles la vida.
En mi libro planteo precisamente esta pregunta:
¿Quién de nosotros se atrevería a ir a robar un lugar sabiendo de antemano que está protegido por soldados de esta naturaleza?
Todavía faltaba el sello
Y debemos recordar algo más.
La guardia no estaba sola.
La enorme piedra había sido asegurada con el sello oficial.
En mi libro concluyo que la presencia simultánea de la guardia romana y del sello imperial hacía doblemente peligroso cualquier intento de robar el cuerpo de Jesucristo.
Un posible ladrón no solamente tendría que enfrentarse a soldados.
También tendría que desafiar abiertamente la autoridad representada por el sello.
Ahora la explicación del robo se vuelve mucho más difícil
Reunamos las piezas.
El cuerpo estaba dentro.
La piedra cerraba la entrada.
La tumba estaba sellada.
Soldados profesionales la vigilaban.
Los soldados estaban sometidos a una disciplina severa.
Dormirse durante una guardia podía traer consecuencias extremas.
Y los discípulos estaban atemorizados y desorganizados.
Por eso considero que la disciplina del ejército romano es una pieza fundamental dentro de nuestra investigación.
La conclusión
Los soldados colocados frente al sepulcro no tenían razones para permitir que alguien robara el cuerpo.
Tenían todas las razones para impedirlo.
Su disciplina era rígida.
Su misión era oficial.
Su propia seguridad podía estar en juego.
Por eso, cuando después aparece la explicación:
“Nos quedamos dormidos y los discípulos robaron el cuerpo”
debemos preguntar seriamente si aquella historia puede sostenerse.
La guardia no fue colocada para cumplir una función ceremonial.
Fue colocada para asegurarse de que el cuerpo permaneciera dentro.
Y ahora debemos estudiar la otra gran barrera colocada sobre aquel sepulcro:
¿Qué significaba el sello romano colocado sobre la tumba?
Referencias bíblicas
Mateo 27:62-66.
Mateo 28:11-15.
Juan 20:19.
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