Por el Dr. Elio M Rivera
En los arrecifes tropicales ocurre diariamente una escena que parece desafiar el sentido común. Entre los tentáculos de una anémona marina, estructuras capaces de inmovilizar pequeños animales mediante células urticantes, nada tranquilamente un pez de colores brillantes. Entra entre los tentáculos, roza su cuerpo contra ellos, desaparece durante unos instantes y vuelve a salir sin sufrir el destino que tendría gran parte de los pequeños peces que intentaran hacer lo mismo.
Se trata del pez payaso, perteneciente a los géneros Amphiprion y Premnas. Su relación con determinadas anémonas constituye uno de los ejemplos más conocidos de cooperación entre organismos marinos. El pez encuentra allí un refugio extraordinariamente eficaz frente a muchos depredadores, mientras que la anémona también puede obtener beneficios de la presencia de su pequeño compañero.
Lo fascinante no es solamente que ambos animales vivan juntos. La anémona continúa siendo peligrosa. Sus tentáculos conservan miles de células especializadas capaces de disparar diminutas estructuras urticantes. Sin embargo, el pez payaso posee características en la superficie de su cuerpo y comportamientos que le permiten vivir precisamente donde otros peces encontrarían peligro.

El pez payaso, una casa construida con tentáculos
El libro de Job invita al ser humano a observar las criaturas:
“Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán.”
(Job 12:7)
Una anémona ocupada por peces payaso proporciona una magnífica oportunidad para hacerlo.
A simple vista podría confundirse una anémona con una planta. Sin embargo, es un animal perteneciente al grupo de los cnidarios, relacionado con corales y medusas.
Alrededor de su boca posee numerosos tentáculos utilizados para capturar alimento y defenderse.
Cada tentáculo contiene células conocidas como cnidocitos.
Una de las armas microscópicas del océano
Dentro de muchos cnidocitos existen estructuras llamadas nematocistos.
Podemos imaginarlas, de manera simplificada, como diminutas cápsulas que contienen un filamento enrollado.
Cuando determinados estímulos activan el sistema, el filamento puede dispararse con enorme rapidez.
La estructura penetra o se adhiere al organismo que ha entrado en contacto con el tentáculo y puede liberar sustancias tóxicas.
Todo ocurre en una escala microscópica y en un tiempo extraordinariamente breve.
Para un pequeño pez, atravesar repetidamente un bosque de estos tentáculos parecería una decisión peligrosa.
Sin embargo, el pez payaso lo hace todos los días.

El pez payaso, ¿Por qué no lo ataca la anémona?
Esta pregunta ha fascinado durante décadas a los investigadores.
Una parte importante de la respuesta parece encontrarse en la capa de mucosidad que cubre la piel del pez y en las características químicas de esa superficie.
Todos los peces poseen mucosidad protectora, pero en los peces payaso su composición y la manera en que interactúa con la anémona parecen ayudar a evitar la activación masiva de los nematocistos.
El mecanismo completo puede variar entre especies y continúa siendo investigado. No parece correcto reducirlo simplemente a que “el pez es inmune al veneno”.
La relación es más sofisticada.
En gran medida, el pez evita provocar el disparo que sufrirían otros animales.
La mucosidad se convierte en protección
Una película extremadamente fina puede marcar la diferencia entre seguridad y peligro.
La mucosidad recubre las escamas y forma una interfaz entre el cuerpo del pez y los tentáculos.
Su composición química puede disminuir las señales que provocarían una respuesta urticante de la anémona.
Algunas investigaciones indican además que el contacto progresivo con la anémona puede contribuir a modificar las características químicas de esa capa superficial.
Una estructura que normalmente relacionamos simplemente con la protección de la piel participa así en una relación extraordinaria entre dos animales.
El primer encuentro requiere precaución
Un pez payaso no necesariamente se introduce de manera brusca en cualquier anémona.
Cuando establece contacto con un hospedador apropiado puede realizar movimientos cuidadosos, tocando progresivamente los tentáculos con diferentes partes del cuerpo.
Este proceso de aclimatación ayuda a establecer la relación.
Después puede nadar libremente entre los tentáculos y utilizar la anémona como refugio.
Lo que inicialmente requiere cautela termina convirtiéndose en parte de su vida cotidiana.
No cualquier anémona sirve
Existen numerosas especies de anémonas marinas, pero los peces payaso mantienen asociaciones naturales con un grupo relativamente limitado de ellas.
Además, determinadas especies de pez payaso muestran preferencias por ciertos hospedadores.
Esto significa que la relación posee cierto grado de especificidad.
El pez necesita reconocer un ambiente apropiado y establecer allí su territorio.
Encontrar una anémona puede significar encontrar casa, refugio, lugar de reproducción y protección en una sola estructura.
Un refugio que los depredadores prefieren evitar
Cuando aparece una amenaza, el pez payaso puede refugiarse rápidamente entre los tentáculos.
Un depredador que intente perseguirlo debe acercarse a una estructura equipada con miles de células urticantes.
Esto cambia completamente las condiciones de la persecución.
El pez no necesita ser más fuerte que el depredador.
Tampoco necesita ser siempre más rápido.
Necesita alcanzar su refugio.
La defensa de otra criatura se convierte indirectamente en su propia defensa.
Pero la anémona también recibe beneficios
La relación no funciona únicamente en una dirección.
Los peces payaso pueden beneficiar a la anémona de diferentes maneras.
Sus movimientos entre los tentáculos aumentan la circulación de agua alrededor del animal. Esto puede favorecer el intercambio gaseoso, especialmente durante determinadas condiciones ambientales.
Los peces también producen desechos nitrogenados que pueden aportar nutrientes al pequeño ecosistema asociado con la anémona.
Restos de alimento pueden igualmente quedar disponibles.
Una criatura obtiene refugio.
La otra recibe movimiento de agua, nutrientes y otros posibles beneficios.
Un pequeño pez puede defender a una anémona
Resulta todavía más interesante que los peces payaso pueden enfrentarse a ciertos animales que intentan alimentarse de su hospedador.
Algunos peces mariposa y otros organismos pueden consumir partes de anémonas.
El pez payaso puede perseguirlos, intimidarlos o alejarlos.
El pequeño residente se convierte entonces en defensor de la estructura que lo protege.
La anémona protege al pez mediante sus tentáculos.
El pez puede proteger a la anémona mediante su comportamiento.
La relación adquiere así una notable reciprocidad.
Incluso el movimiento del pez puede ayudar
Los tentáculos forman una estructura densa donde la circulación de agua puede disminuir en determinados momentos.
Cuando el pez nada constantemente entre ellos produce pequeños movimientos y corrientes.
Experimentos han mostrado que esta actividad puede aumentar la oxigenación alrededor de la anémona.
Algo tan sencillo como nadar adquiere entonces una función adicional.
El pez no necesita realizar conscientemente una tarea de mantenimiento.
Su actividad normal produce un beneficio físico para su hospedador.
Una pequeña comunidad dentro del arrecife
Una anémona puede albergar más de un pez payaso.
Dentro del grupo existe una organización social extraordinariamente definida.
Generalmente existe una hembra reproductora dominante, acompañada por un macho reproductor y otros individuos de menor tamaño.
El tamaño corporal ayuda a mantener la jerarquía.
Pero esta organización contiene una característica todavía más sorprendente.
Todos comienzan su vida como machos
Los peces payaso poseen un sistema reproductivo conocido como hermafroditismo secuencial protándrico.
En términos sencillos, los individuos maduros comienzan funcionalmente como machos y, bajo determinadas circunstancias sociales, uno puede transformarse posteriormente en hembra.
La hembra dominante es normalmente el individuo más grande del grupo.
Debajo de ella se encuentra el macho reproductor.
Si la hembra desaparece, ocurre algo extraordinario.
El macho dominante puede comenzar una transformación fisiológica y convertirse en la nueva hembra reproductora.
Cuando cambia la estructura del grupo
La desaparición de la hembra produce cambios hormonales y fisiológicos en el macho dominante.
Su tejido reproductivo se reorganiza progresivamente hasta funcionar como ovario.
Al mismo tiempo, otro individuo de la jerarquía puede madurar como macho reproductor.
De esta manera, la pareja reproductiva puede restablecerse sin que necesariamente tenga que llegar inmediatamente una nueva hembra desde otro lugar.
Esta característica resulta especialmente útil para animales que dependen estrechamente de un hospedador fijo y no recorren continuamente grandes distancias buscando pareja.
La reproducción ocurre junto al refugio
Cuando llega el momento de reproducirse, la pareja prepara una superficie sólida cerca de la anémona.
Puede limpiar una roca y retirar pequeños materiales.
La hembra deposita allí numerosos huevos, que quedan adheridos al sustrato.
Después el macho los fecunda.
La ubicación no es accidental.
La nueva generación comienza su desarrollo muy cerca del refugio que protege a los adultos.

El pez payaso, el padre que cuida los huevos
Después de la puesta, el macho desempeña un papel importante.
Permanece cerca de los huevos, los inspecciona y utiliza sus aletas para mover agua sobre ellos.
Este movimiento favorece la oxigenación.
También puede retirar huevos dañados o muertos, disminuyendo problemas para los demás.
El cuidado continúa durante varios días hasta que las pequeñas larvas están preparadas para salir.
Una criatura conocida principalmente por sus colores revela también una notable conducta paternal.
Después comienza una etapa completamente diferente
Cuando las larvas salen de los huevos, inicialmente viven alejadas del fondo y forman parte del ambiente planctónico.
Más adelante deberán encontrar condiciones apropiadas para establecerse en el arrecife.
Y entonces aparece otro problema extraordinario.
Necesitan encontrar una anémona hospedadora.
Una estructura que puede parecer pequeña dentro de la inmensidad del océano debe ser localizada por un pez diminuto.
Encontrar una casa utilizando los sentidos
Las investigaciones indican que señales químicas y otras características ambientales pueden participar en la localización del hábitat apropiado.
El pequeño pez no busca simplemente cualquier objeto donde esconderse.
Necesita establecer una relación con un hospedador compatible.
Cuando lo encuentra, comienza nuevamente el proceso de aclimatación.
Una nueva generación entra entre los tentáculos y la asociación continúa.
Dos criaturas completamente diferentes
Lo que hace especialmente hermosa esta relación es que los dos organismos son profundamente distintos.
Uno es un pez vertebrado con cerebro, columna vertebral, branquias, aletas y sistema circulatorio cerrado.
El otro es un cnidario de anatomía radicalmente diferente, sin huesos ni cerebro semejante al de un vertebrado.
Sin embargo, sus vidas pueden quedar estrechamente relacionadas.
No necesitan parecerse para beneficiarse mutuamente.
La cooperación también forma parte de la naturaleza
Cuando pensamos en la vida silvestre solemos imaginar competencia.
Depredadores persiguiendo presas.
Animales luchando por territorio.
Organismos compitiendo por alimento.
Todo eso existe.
Pero la naturaleza también contiene innumerables relaciones de cooperación.
El pez payaso y la anémona constituyen un magnífico ejemplo.
La presencia de uno puede mejorar las condiciones de vida del otro.
Cuando el peligro se convierte en hogar
Tal vez la característica más sorprendente de esta historia continúe siendo la primera.
El pez vive precisamente donde muchos otros peces no podrían permanecer con seguridad.
Los tentáculos que representan peligro para otros se convierten en sus paredes protectoras.
La mucosidad de su piel, su comportamiento y la compatibilidad con determinadas anémonas permiten que ese lugar sea utilizado como refugio.
Lo que para uno es amenaza, para otro puede convertirse en hogar.
Una relación que depende de muchas piezas
Para que esta asociación funcione deben coincidir numerosos elementos.
La anémona necesita conservar su capacidad defensiva.
El pez necesita evitar una descarga perjudicial de nematocistos.
La superficie corporal debe mantener condiciones apropiadas.
El comportamiento de aclimatación debe permitir establecer contacto.
El pez debe reconocer hospedadores adecuados.
Después, su actividad puede beneficiar a la anémona.
Ninguno de estos elementos aislados explica toda la relación.
La maravilla aparece al contemplarlos juntos.
Una pequeña alianza dentro de un enorme océano
El salmista escribió:
“He allí el grande y anchuroso mar, en donde se mueven seres innumerables, seres pequeños y grandes.”
(Salmo 104:25)
Entre esos seres innumerables encontramos dos criaturas que parecen completamente diferentes, pero cuyas vidas pueden quedar profundamente conectadas.
La Biblia no pretende describir los nematocistos de una anémona, analizar la composición química de la mucosidad del pez payaso ni explicar los mecanismos hormonales relacionados con su reproducción. Estas preguntas corresponden a la zoología, la fisiología y la ecología.
Las Escrituras nos invitan, sin embargo, a contemplar la creación y reconocer la sabiduría manifestada en ella:
“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.”
(Salmo 104:24)
El pez payaso y la anémona constituyen una magnífica oportunidad para hacerlo. Una criatura proporciona refugio mediante tentáculos capaces de defenderse. La otra nada entre ellos sin sufrir normalmente sus efectos, mueve el agua alrededor de su hospedador, aporta nutrientes y puede incluso ayudar a defenderlo.
Dos organismos diferentes.
Dos formas de vida completamente distintas.
Y, sin embargo, una relación en la que ambos pueden obtener beneficios.
Desde la perspectiva bíblica, conocer estos mecanismos aumenta nuestra admiración. El pez payaso nos recuerda que la sabiduría del Creador no se manifiesta solamente en cada criatura considerada individualmente, sino también en las sorprendentes relaciones que existen entre ellas. En medio de un inmenso arrecife, un pequeño pez y una anémona nos muestran que la vida también puede sostenerse mediante cooperación, protección y beneficio mutuo.
Referencias
Escrituras consultadas
- Génesis 1:20-23.
- Job 12:7-10.
- Salmo 104:24-25.
- Salmo 111:2.
- Proverbios 3:19.
Bibliografía científica
- Fautin, D. G. & Allen, G. R. Anemonefishes and Their Host Sea Anemones.
- Allen, G. R. The Anemonefishes: Their Classification and Biology.
- Buston, P. M. Investigaciones sobre organización social y reproducción de peces payaso.
- Elliott, J. K. & Mariscal, R. N. Estudios sobre reconocimiento y aclimatación entre peces payaso y anémonas.
- Randall, J. E., Allen, G. R. & Steene, R. C. Fishes of the Great Barrier Reef and Coral Sea.
Investigación científica especializada
- Szczebak, J. T. y colaboradores. Estudios sobre oxigenación de anémonas asociada con la actividad del pez payaso.
- Cleveland, A., Verde, E. A. & Lee, R. W. Investigaciones sobre mucosidad y mecanismos de protección frente a nematocistos.
- Buston, P. M. Estudios experimentales sobre jerarquía social, tamaño corporal y reproducción en Amphiprion.
- Casas, L. y colaboradores. Investigaciones sobre cambios fisiológicos relacionados con la transformación sexual del pez payaso.
- Estudios sobre señales químicas y reconocimiento de anémonas hospedadoras por peces payaso juveniles.
Organizaciones y recursos científicos
- Smithsonian Institution. Recursos sobre peces de arrecife y relaciones entre organismos marinos.
- Australian Institute of Marine Science. Investigación sobre arrecifes de coral y ecología marina.
- Great Barrier Reef Marine Park Authority. Información sobre peces payaso, anémonas y ecosistemas arrecifales.
- FishBase. Información científica sobre especies de Amphiprion y Premnas.
- International Union for Conservation of Nature (IUCN). Información sobre distribución y conservación de peces payaso y sus hábitats.
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