02. El ajolote — la extraordinaria capacidad de reconstruir lo que ha perdido

Por el Dr. Elio M Rivera

  En los antiguos lagos del Valle de México vive una criatura que parece conservar para siempre la apariencia de una larva. A ambos lados de su cabeza sobresalen delicadas estructuras semejantes a pequeñas ramas, su rostro parece dibujar una expresión tranquila y su cuerpo alargado se desplaza lentamente bajo el agua. Su aspecto ha convertido al ajolote en uno de los anfibios más reconocibles del mundo, pero aquello que verdaderamente ha fascinado a los científicos se encuentra oculto dentro de su organismo.

  El ajolote mexicano (Ambystoma mexicanum) posee una extraordinaria capacidad de regeneración. Si pierde una extremidad, puede formar nuevamente huesos, músculos, vasos sanguíneos, nervios y piel hasta reconstruir una estructura funcional. Además, los investigadores han descubierto que su capacidad regenerativa se extiende a otros tejidos y partes de órganos, entre ellos estructuras de la médula espinal, el corazón y el sistema nervioso.

  No se trata simplemente de cerrar una herida. El organismo puede iniciar un proceso coordinado mediante el cual células, señales químicas, nervios y tejidos participan en la reconstrucción de aquello que ha sido dañado. Por esta razón, el ajolote se ha convertido en uno de los animales más estudiados del mundo dentro de la investigación sobre regeneración.

El ajolote, Cuando perder una extremidad no significa perderla para siempre

  El salmista escribió: “Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras” (Salmo 139:14). Aunque estas palabras se refieren directamente al ser humano, el estudio de otras criaturas permite contemplar también la extraordinaria complejidad presente en los organismos vivos. Pocos ejemplos resultan tan sorprendentes como observar a un ajolote reconstruir una parte de su cuerpo.

  Cuando un ser humano sufre una lesión importante, nuestro organismo intenta cerrar rápidamente la herida. Se activa la coagulación, aparece una respuesta inflamatoria y posteriormente puede formarse tejido cicatricial. Estos mecanismos son esenciales para protegernos, pero normalmente no reconstruyen una extremidad perdida.

  En el ajolote ocurre algo diferente. Después de una amputación, la herida se cubre rápidamente con células de la epidermis y comienza a formarse una estructura especializada relacionada con el proceso regenerativo. Debajo de esa cubierta se organiza una población de células conocida colectivamente como blastema, fundamental para reconstruir la parte perdida.

  El blastema no es simplemente una masa de tejido creciendo sin dirección. Sus células responden a señales moleculares que contribuyen a determinar qué estructuras deben reconstruirse y dónde deben aparecer. Si se perdió parte de una extremidad, el organismo necesita recuperar la organización correcta de huesos, músculos, nervios, vasos y piel.

  El resultado requiere algo mucho más complejo que producir nuevas células. Las células tienen que saber qué formar y dónde colocarlo.

El ajolote, reconstruir sin perder el plano

  Imaginemos que un edificio sufre daños graves. Conseguir ladrillos nuevos no sería suficiente para restaurarlo. Sería necesario saber dónde estaban las paredes, por dónde pasaban las tuberías, dónde se encontraban las puertas y cómo se conectaba cada elemento con el resto de la construcción.

  Algo semejante ocurre durante la regeneración. Producir millones de células nuevas no bastaría si estas crecieran desordenadamente. El organismo debe conservar información acerca de la posición de los tejidos y utilizar señales que permitan reconstruir la anatomía apropiada.

  Las investigaciones han demostrado que diferentes poblaciones celulares conservan información relacionada con su identidad y ubicación. Durante la regeneración, estas células participan en la formación de los tejidos correspondientes y responden a señales que coordinan el crecimiento.

  Una pata no puede convertirse simplemente en una masa de células. Deben aparecer nuevamente estructuras organizadas en posiciones específicas. El esqueleto necesita una forma determinada, los músculos deben relacionarse correctamente con él, los vasos sanguíneos tienen que proporcionar circulación y los nervios deben alcanzar los nuevos tejidos.

  La regeneración es, por tanto, un problema de información y organización, además de crecimiento.

Los nervios también son indispensables

  Uno de los descubrimientos más interesantes en el estudio de la regeneración es la importancia del sistema nervioso. Los nervios no solamente permiten posteriormente que la extremidad tenga sensibilidad y movimiento; también proporcionan señales necesarias durante el proceso regenerativo.

  Si la conexión nerviosa se altera experimentalmente de determinadas maneras, la regeneración puede verse gravemente afectada. Esto demuestra que reconstruir una extremidad requiere comunicación entre diferentes sistemas del organismo.

  La piel responde a la lesión, las células forman el blastema, los nervios proporcionan señales, los vasos sanguíneos deben desarrollarse y diferentes tejidos comienzan a reorganizarse. Cada elemento participa en una secuencia coordinada.

  Una extremidad completa emerge poco a poco de una región que inicialmente parecía simplemente una herida.

Huesos, músculos, vasos y nervios vuelven a aparecer

  Conforme avanza el proceso, la nueva extremidad adquiere progresivamente su organización. Se forman estructuras esqueléticas, aparecen músculos y tendones, se desarrolla circulación y los nervios penetran nuevamente en los tejidos.

  La nueva extremidad no constituye solamente una copia visual. Debe integrarse funcionalmente con el resto del animal. Los músculos necesitan recibir señales nerviosas, las articulaciones deben permitir movimiento y la circulación tiene que mantener vivos los tejidos recién formados.

  Esto exige coordinación entre numerosos tipos celulares. Cada uno debe multiplicarse en la cantidad apropiada, diferenciarse correctamente y ocupar el lugar necesario.

  Una de las preguntas centrales de la biología regenerativa consiste precisamente en comprender cómo sabe el organismo cuándo detener el crecimiento. Tan importante como comenzar la regeneración es terminarla cuando la estructura apropiada ha sido reconstruida.

La médula espinal también puede repararse

  La capacidad del ajolote no se limita a sus extremidades. También puede regenerar partes de la médula espinal después de determinadas lesiones experimentales.

  Esta característica ha despertado enorme interés porque las lesiones de la médula espinal humana pueden producir daños permanentes. En nuestro organismo, la formación de tejido cicatricial y las características del sistema nervioso adulto limitan enormemente la regeneración de conexiones perdidas.

  El ajolote responde de una manera diferente. Determinadas células pueden proliferar y contribuir a reconstruir estructuras nerviosas mientras se restablece parte de la organización del tejido.

  Comprender estas diferencias constituye uno de los grandes objetivos de la medicina regenerativa. Los científicos no estudian al ajolote porque esperen simplemente copiarlo, sino porque conocer los mecanismos que permiten su regeneración podría revelar principios útiles para comprender por qué los seres humanos tenemos capacidades mucho más limitadas.

Un corazón con capacidad de reparación

  El corazón proporciona otro ejemplo fascinante. Después de determinadas lesiones experimentales, el ajolote puede regenerar tejido cardíaco de una manera mucho más eficaz que los mamíferos adultos.

  En el ser humano, una lesión importante del músculo cardíaco, como la producida durante un infarto, puede dejar tejido cicatricial que no posee la misma capacidad contráctil que el músculo original. El corazón continúa funcionando, pero la región lesionada no vuelve simplemente a convertirse en músculo cardíaco normal.

  El estudio de animales capaces de regenerar tejido cardíaco permite investigar qué señales celulares y moleculares hacen posible una respuesta diferente.

  Una pequeña salamandra mexicana puede así proporcionar pistas para preguntas que afectan a millones de seres humanos.

Una criatura que parece no querer convertirse en adulta

  La regeneración no es la única característica extraordinaria del ajolote. Su propio desarrollo presenta otra particularidad fascinante.

  La mayoría de las salamandras experimentan una metamorfosis. Durante sus etapas juveniles viven en el agua y poseen branquias externas. Posteriormente cambian su anatomía y fisiología para adoptar una forma adulta generalmente más terrestre.

  El ajolote normalmente conserva características larvarias durante toda su vida, incluso después de alcanzar la madurez sexual. Este fenómeno recibe el nombre de neotenia o, en un sentido más amplio, pedomorfosis.

  Por eso los adultos continúan mostrando las características branquias externas que parecen pequeñas ramas a ambos lados de la cabeza.

El ajolote, Tres maneras de obtener oxígeno

  Las branquias externas constituyen uno de los rasgos más hermosos del ajolote. Sus numerosas ramificaciones aumentan la superficie disponible para el intercambio de gases con el agua y están ampliamente irrigadas por vasos sanguíneos.

  Sin embargo, el ajolote no depende exclusivamente de ellas. También puede realizar intercambio gaseoso a través de la piel y posee pulmones funcionales que le permiten subir ocasionalmente a la superficie y tomar aire.

  Esto significa que diferentes estructuras pueden participar en la respiración. Branquias, piel y pulmones contribuyen en distinta medida dependiendo de las condiciones.

  Una vez más encontramos varios sistemas colaborando para resolver una misma necesidad fundamental: proporcionar oxígeno a las células.

Un genoma extraordinariamente grande

  Cuando los científicos secuenciaron el genoma del ajolote encontraron otra sorpresa. Su genoma posee aproximadamente treinta y dos mil millones de pares de bases, alrededor de diez veces más ADN que el genoma humano.

  Esto no significa que el ajolote sea diez veces más complejo que una persona. El tamaño de un genoma no determina directamente la complejidad de un organismo. Gran parte de esa diferencia corresponde a enormes regiones de ADN que no equivalen simplemente a nuevos genes productores de proteínas.

  Sin embargo, disponer de la secuencia genética del ajolote ha proporcionado a los investigadores una herramienta extraordinaria para estudiar los genes y mecanismos relacionados con regeneración, desarrollo y reparación de tejidos.

  La genética permite ahora observar procesos que antes solamente podían describirse mediante anatomía y microscopía.

Un animal que ayuda a estudiar el futuro de la medicina

  El ajolote se ha convertido en un organismo modelo para laboratorios de todo el mundo. Los investigadores estudian cómo responde a una lesión, qué genes se activan, cómo se comunican las células y por qué se produce mucha menos cicatrización en determinados tejidos que en los mamíferos.

  El objetivo no es afirmar que pronto podremos hacer crecer nuevamente una extremidad humana. Existen enormes diferencias entre nuestra biología y la del ajolote, y trasladar descubrimientos de una especie a otra constituye un desafío considerable.

  Sin embargo, cada mecanismo descubierto ayuda a responder preguntas fundamentales. ¿Por qué algunos vertebrados regeneran estructuras que otros solamente cicatrizan? ¿Qué señales permiten a una célula participar en la reconstrucción? ¿Cómo se controla el crecimiento? ¿Qué impide que las células continúen multiplicándose cuando la reparación ha terminado?

  Responder estas preguntas podría contribuir algún día al desarrollo de nuevas estrategias para mejorar la reparación de tejidos humanos.

Una maravilla que está desapareciendo de su hogar

  Existe una paradoja dolorosa alrededor del ajolote. Mientras miles de ejemplares viven en laboratorios y acuarios alrededor del mundo, sus poblaciones silvestres se encuentran en una situación crítica.

  Su hábitat natural se encontraba originalmente en los sistemas lacustres del Valle de México. En la actualidad, las poblaciones silvestres sobreviven principalmente en la zona de Xochimilco, donde enfrentan problemas relacionados con pérdida y modificación del hábitat, contaminación, urbanización y presencia de especies introducidas.

  Una criatura capaz de regenerar extraordinariamente partes de su propio cuerpo no puede reconstruir por sí misma un ecosistema destruido.

  Esta realidad nos recuerda que poseer capacidades biológicas extraordinarias no hace invulnerable a una especie. Los organismos continúan dependiendo del ambiente que proporciona alimento, agua, refugio, condiciones químicas adecuadas y oportunidades para reproducirse.

Regenerar no significa ser inmortal

  La extraordinaria capacidad del ajolote también puede producir otra idea equivocada. El animal no es indestructible ni puede recuperarse de cualquier lesión.

  La regeneración posee límites. La gravedad y ubicación del daño, las condiciones del organismo, infecciones y otros factores pueden determinar si la recuperación es posible.

  Tampoco significa que el ajolote viva indefinidamente. Como cualquier otro organismo, experimenta enfermedad, envejecimiento y finalmente muerte.

  Su capacidad resulta maravillosa precisamente porque ocurre dentro de los límites reales de un organismo vivo.

Cuando sanar significa reconstruir

  El ajolote nos permite observar una diferencia extraordinaria entre dos maneras de responder al daño. Una consiste principalmente en cerrar rápidamente una herida y formar una cicatriz. La otra puede conservar además la posibilidad de reconstruir estructuras complejas.

  Para lograrlo, el organismo debe reconocer que existe una lesión, proteger la zona, activar células apropiadas, proporcionar señales moleculares, mantener comunicación nerviosa, producir nuevos tejidos y finalmente detener el crecimiento cuando la estructura ha sido restaurada.

  Cada paso plantea preguntas extraordinarias.

  Pero quizá la más fascinante sea esta: ¿cómo conserva el organismo la información necesaria para saber qué parte falta y cómo debe reconstruirla?

  Cuanto más profundamente se estudia la regeneración, menos parece un simple proceso de crecimiento. Es un fenómeno de comunicación, información, reconocimiento espacial y coordinación celular.

Una pequeña criatura que continúa enseñándonos

  El libro de Job contiene una invitación extraordinaria: “Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán” (Job 12:7). El ajolote demuestra hasta qué punto una criatura puede enseñarnos cuando la observamos cuidadosamente.

  La Biblia no pretende explicar la formación del blastema, identificar genes relacionados con la regeneración ni describir las señales moleculares que permiten reconstruir una extremidad. Estas preguntas pertenecen a la genética, la biología celular, la zoología y la medicina regenerativa.

  Las Escrituras nos invitan, sin embargo, a contemplar la vida reconociendo la sabiduría manifestada en ella. El salmista escribió: “¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios” (Salmo 104:24).

  El ajolote constituye una extraordinaria oportunidad para hacerlo. Una extremidad puede perderse y, en lugar de limitarse a cerrar la herida, comienza una compleja secuencia de acontecimientos. Las células responden, los nervios proporcionan señales, los tejidos se reorganizan y poco a poco vuelven a aparecer huesos, músculos, vasos sanguíneos, piel y conexiones nerviosas.

  Desde la perspectiva bíblica, conocer estos mecanismos no disminuye la maravilla, sino que permite contemplarla con mayor profundidad. El ajolote nos recuerda que dentro de una pequeña criatura pueden existir capacidades que apenas comenzamos a comprender: mecanismos capaces no solamente de cerrar una herida, sino de reconstruir con extraordinario orden aquello que se había perdido.

Referencias

Escrituras consultadas

  • Job 12:7-10.
  • Salmo 104:24.
  • Salmo 111:2.
  • Salmo 139:14.
  • Proverbios 3:19.

Bibliografía científica

  • Gilbert, S. F. Developmental Biology. Sinauer/Oxford University Press.
  • Campbell, N. A. et al. Campbell Biology. Pearson.
  • Goss, R. J. Principles of Regeneration. Academic Press.
  • Tanaka, E. M. Investigaciones sobre regeneración de extremidades y tejidos en salamandras.
  • Whited, J. L. & Tabin, C. J. Estudios sobre mecanismos celulares y moleculares de regeneración.

Investigación científica especializada

  • Nowoshilow, S. y colaboradores. Secuenciación y análisis del extraordinariamente grande genoma del ajolote.
  • Gerber, T. y colaboradores. Estudios de células individuales durante la regeneración de extremidades.
  • Kragl, M. y colaboradores. Investigaciones sobre el origen y destino de las células que participan en la regeneración.
  • Tanaka, E. M. & Reddien, P. W. Estudios sobre mecanismos celulares que permiten la regeneración en diferentes organismos.
  • Investigaciones sobre regeneración de médula espinal, tejido cardíaco y sistema nervioso en Ambystoma mexicanum.

Organizaciones y recursos científicos

  • Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Investigación y conservación del ajolote mexicano.
  • National Autonomous University of Mexico — Laboratorios y proyectos dedicados a Ambystoma mexicanum y Xochimilco.
  • National Institutes of Health (NIH). Recursos e investigaciones relacionadas con regeneración y organismos modelo.
  • Smithsonian’s National Zoo and Conservation Biology Institute. Información sobre anfibios y conservación.
  • International Union for Conservation of Nature (IUCN). Información sobre distribución, amenazas y estado de conservación de Ambystoma mexicanum.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.