Por el Dr. Elio M Rivera
Perder una pata sería una lesión permanente para la mayoría de los vertebrados. Huesos, músculos, nervios, vasos sanguíneos y piel desaparecerían juntos, y aunque la herida pudiera cicatrizar, la extremidad no volvería a formarse. Sin embargo, entre las salamandras encontramos una capacidad que ha fascinado durante generaciones a médicos y biólogos: muchas especies pueden regenerar extremidades perdidas y reparar diversos tejidos complejos.
Lo extraordinario no consiste simplemente en que vuelva a crecer algo donde antes existía una pata. Para reconstruir una extremidad funcional deben reaparecer diferentes tejidos en posiciones precisas. El hueso necesita recuperar su estructura, los músculos deben organizarse alrededor de él, los vasos sanguíneos tienen que irrigar los nuevos tejidos, los nervios deben establecer conexiones y la piel finalmente debe cubrir la región reconstruida.
Una salamandra no posee solamente la capacidad de producir células nuevas. Su organismo conserva y utiliza información que permite organizar esas células hasta reconstruir una estructura compleja. Esa diferencia convierte la regeneración en uno de los fenómenos más impresionantes de la biología.

La salamandra, cerrar una herida no es lo mismo que reconstruir lo perdido
Cuando una persona sufre una herida, el cuerpo pone inmediatamente en marcha mecanismos para detener el sangrado, combatir microorganismos y cerrar la región dañada. La inflamación, la formación de nuevos vasos y la producción de tejido cicatricial forman parte de un extraordinario sistema de reparación.
Pero reparar una herida y regenerar una extremidad completa son procesos muy diferentes. Nuestro organismo puede cerrar el lugar donde ocurrió una amputación, pero no reconstruye normalmente una nueva mano o una nueva pierna.
Muchas salamandras responden de otra manera. Después de perder una extremidad, la superficie de la lesión comienza a cubrirse rápidamente con células epidérmicas. Se forma entonces una estructura especializada denominada epidermis de la herida, que posteriormente participa en las señales necesarias para la regeneración.
Debajo de ella comienza a organizarse una población de células que formará una estructura conocida como blastema.
Allí comienza una de las partes más extraordinarias del proceso.

La salamandra, un anfibio que se regenera asi mismo
El blastema — donde comienza la reconstrucción
El blastema puede parecer inicialmente una pequeña masa de células en el extremo de la extremidad lesionada. Sin embargo, dentro de esa región se está preparando la reconstrucción de una estructura completa.
Células procedentes de diferentes tejidos participan en el proceso. Algunas modifican su estado, otras proliferan y diversas poblaciones celulares contribuyen posteriormente a reconstruir los tejidos correspondientes.
Pero multiplicar células no sería suficiente.
Si únicamente existiera crecimiento, podría producirse una masa desorganizada. Para formar una nueva extremidad es necesario establecer posiciones, proporciones y relaciones entre diferentes estructuras. La salamandra necesita reconstruir únicamente aquello que falta.
Si la lesión ocurre en una región determinada de la extremidad, el organismo no comienza necesariamente todo desde el principio. Existe información posicional que contribuye a determinar qué estructuras deben volver a formarse a partir del lugar donde ocurrió la lesión.
¿Cómo sabe el cuerpo qué parte falta?
Esta pregunta constituye uno de los aspectos más fascinantes de la regeneración.
Imaginemos que un edificio pierde únicamente sus pisos superiores. Para repararlo correctamente no sería suficiente disponer de cemento, acero y trabajadores. Sería necesario conocer qué parte desapareció y cómo debe conectarse con aquello que permanece.
La salamandra enfrenta un desafío semejante.
Las células situadas alrededor de la lesión poseen información molecular relacionada con su posición dentro de la extremidad. Durante la regeneración, diferentes señales permiten coordinar qué estructuras necesitan reconstruirse.
No basta con producir hueso. Debe producirse el hueso apropiado, en el lugar apropiado y con la orientación apropiada. Lo mismo ocurre con músculos, nervios, tendones, vasos sanguíneos y piel.
Por eso la regeneración es también un problema de información biológica.
Primero crecer, después organizar
Las células del blastema comienzan a proliferar y la nueva estructura aumenta progresivamente de tamaño. Después aparecen regiones que darán origen a diferentes componentes de la extremidad.
Se desarrollan nuevamente elementos esqueléticos. Los músculos recuperan su distribución. Los vasos sanguíneos penetran en los tejidos que están creciendo y los nervios comienzan a establecer conexiones.
Si se está reconstruyendo una pata, finalmente aparecen también los dedos correspondientes.
Todo esto debe ocurrir conservando proporciones adecuadas.
Una extremidad funcional requiere que sus componentes encajen entre sí. Una articulación necesita superficies compatibles. Un músculo debe insertarse en lugares apropiados para producir movimiento. Los nervios tienen que alcanzar tejidos específicos y los vasos necesitan distribuir sangre a toda la región.
El organismo no está fabricando piezas independientes.
Está reconstruyendo un sistema.
Los nervios son indispensables
Uno de los descubrimientos más importantes sobre la regeneración de las salamandras es que los nervios desempeñan un papel fundamental.
Podríamos imaginar que primero aparece una nueva extremidad y posteriormente los nervios simplemente crecen dentro de ella. Sin embargo, la realidad es más interesante. Las señales procedentes de los nervios participan activamente en el mantenimiento y crecimiento del blastema.
Cuando experimentalmente se elimina una cantidad suficiente de inervación de una extremidad lesionada, la regeneración puede detenerse o resultar gravemente afectada.
Esto demuestra nuevamente que ningún componente trabaja de manera aislada.
Las células regenerativas necesitan señales. Los nervios participan en esas señales. La epidermis especializada también interviene. Diferentes moléculas reguladoras coordinan proliferación y organización.
La regeneración emerge de la comunicación entre múltiples sistemas.
Los vasos sanguíneos también deben regresar
Cada nuevo tejido necesita oxígeno y nutrientes. Por ello, conforme la extremidad crece también debe reconstruirse su red vascular.
Los vasos sanguíneos penetran progresivamente en las regiones regeneradas y permiten mantener vivas las nuevas células. Finalmente deben conectarse con la circulación existente.
El desafío es enorme. Una pata no puede reconstruirse únicamente desde el exterior hacia adentro. Huesos, músculos, vasos y nervios necesitan desarrollarse de manera coordinada mientras cambia continuamente el tamaño de la estructura.
El resultado final debe integrarse con el resto del cuerpo como una parte funcional.
El crecimiento también necesita saber cuándo detenerse
Existe otro problema que muchas veces pasa inadvertido.
Comenzar a crecer es solamente la mitad del desafío.

La salmandra, un organismo que también sabe cuando detener su proceso regenerativo.
Si las células continuaran multiplicándose indefinidamente, la regeneración no produciría una extremidad normal. El crecimiento necesita reducirse cuando se alcanza la forma y el tamaño apropiados.
Esto significa que el sistema debe regular tanto la producción de nuevos tejidos como el momento en que esa producción deja de ser necesaria.
Inicio, crecimiento, diferenciación, organización y terminación forman parte de un mismo proceso.
No solamente pueden regenerar patas
Las capacidades regenerativas de las salamandras no se limitan a sus extremidades. Dependiendo de la especie, pueden reparar o regenerar diferentes tejidos y estructuras en grados sorprendentes.
Entre ellas se encuentran partes de la cola, médula espinal, mandíbula y determinados tejidos del ojo. Algunas especies han sido especialmente estudiadas por su capacidad para reparar tejido cardíaco.
No todas las salamandras poseen exactamente las mismas capacidades ni todos los tejidos responden de manera idéntica. Por ello, los científicos comparan especies y órganos para comprender qué mecanismos comparten y cuáles son particulares.
Esta diversidad proporciona numerosos modelos para investigar cómo un vertebrado puede responder a lesiones que en otros animales dejarían daños permanentes.
Una médula espinal capaz de repararse
Las lesiones de la médula espinal representan uno de los grandes desafíos de la medicina humana. Cuando determinadas conexiones nerviosas son destruidas, nuestro sistema nervioso central posee una capacidad limitada para reconstruirlas.
Algunas salamandras pueden responder de manera muy diferente.
Después de ciertas lesiones, células asociadas con la médula espinal pueden proliferar y participar en la reconstrucción del tejido. Nuevas conexiones pueden establecerse y determinadas funciones recuperarse.
Comprender cómo ocurre esto resulta de enorme interés para la neurobiología.
Los científicos buscan conocer qué señales permiten a las células nerviosas crecer, qué mecanismos limitan la cicatrización y cómo se reconstruye un ambiente favorable para restablecer conexiones.
Incluso el corazón puede mostrar una extraordinaria capacidad de reparación
El músculo cardíaco humano posee una capacidad regenerativa muy limitada después de lesiones importantes. Cuando una región extensa resulta dañada, parte de ella puede ser sustituida por tejido cicatricial.
En algunas salamandras, la respuesta puede incluir una reparación mucho más regenerativa.
Células cardíacas pueden participar en procesos que ayudan a reconstruir tejido lesionado, mientras la organización del corazón se restablece de una manera que continúa sorprendiendo a los investigadores.
La pregunta médica resulta inevitable: ¿qué mecanismos permiten a estos animales realizar algo que nuestro organismo hace de manera mucho más limitada?
Por qué la medicina estudia a las salamandras
Los científicos no investigan estos animales porque esperen simplemente copiar su capacidad y conseguir inmediatamente que una persona regenere una pierna.
El objetivo es comprender los principios.
¿Qué señales activan la regeneración? ¿Cómo responden las células? ¿Cómo se evita una cicatriz que bloquee el proceso? ¿Cómo saben los tejidos qué deben reconstruir? ¿Qué función cumplen los nervios? ¿Cómo se controla la proliferación celular? ¿Qué señales indican que ha llegado el momento de detener el crecimiento?
Cada respuesta puede proporcionar información valiosa para la medicina regenerativa.
Quizá algunos de estos conocimientos contribuyan en el futuro a mejorar la reparación de nervios, músculos, piel, corazón u otros tejidos humanos. Sin embargo, todavía existe una enorme distancia entre comprender un mecanismo presente en una salamandra y aplicarlo de manera segura en pacientes.
Regeneración no significa inmortalidad
La extraordinaria capacidad regenerativa de las salamandras tampoco significa que sean indestructibles.
Existen límites. La gravedad de una lesión, su ubicación, el estado del animal, infecciones y otros factores pueden afectar el resultado.
Una salamandra puede morir por heridas graves, enfermedades o condiciones ambientales desfavorables.
La regeneración no elimina la fragilidad de la vida. Representa una extraordinaria capacidad de reparación dentro de límites biológicos determinados.
La piel también participa desde el comienzo
Los anfibios poseen una piel particularmente importante para su fisiología. No es simplemente una cubierta externa. Participa en intercambio de sustancias, balance de agua y, en muchas especies, respiración cutánea.
Durante la regeneración, la epidermis que cubre rápidamente la herida desempeña además funciones relacionadas con las señales que mantienen el proceso regenerativo.
Esto demuestra nuevamente que una estructura puede realizar diferentes funciones dependiendo de las circunstancias.
La misma piel que separa al organismo del ambiente participa también en la preparación de una región donde comenzará la reconstrucción.
Una orquesta celular trabajando sin director visible
Observar la regeneración de una salamandra es contemplar coordinación.
Las células necesitan comunicarse mediante señales químicas. Los genes apropiados deben activarse y otros reducir su actividad. Los nervios proporcionan señales. Los vasos sanguíneos vuelven a desarrollarse. Los tejidos recuperan su identidad y finalmente la extremidad adquiere nuevamente su forma.
Ninguna célula individual posee por sí sola una pata completa.
El resultado aparece porque millones de células trabajan siguiendo información y señales dentro de un sistema organizado.
Podríamos comparar el fenómeno con una orquesta. Cada instrumento produce solamente una parte, pero cuando todos siguen una misma estructura musical aparece algo que ninguno podría producir individualmente.
En la salamandra, esa coordinación se desarrolla a nivel celular y molecular.
Una pequeña criatura que plantea enormes preguntas
El libro de Job declara:
“Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán.”
(Job 12:7)
Las salamandras demuestran cuánto podemos aprender al seguir esa invitación.
Durante siglos, una extremidad regenerada podía contemplarse únicamente como una curiosidad. Actualmente, microscopía, genética, biología celular y técnicas modernas de imagen permiten observar lo que ocurre dentro de los tejidos.
Cada nuevo descubrimiento hace aparecer preguntas todavía más profundas.
¿Cómo conserva una célula información acerca de su posición? ¿Cómo reconoce el organismo qué parte falta? ¿Cómo coordinan sus acciones millones de células? ¿Por qué determinadas especies poseen capacidades regenerativas tan extraordinarias mientras otras las poseen de manera mucho más limitada?
La ciencia continúa investigando estas preguntas.
Cuando sanar significa reconstruir
El salmista escribió:
“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.”
(Salmo 104:24)
La Biblia no pretende describir el blastema, explicar las señales moleculares de los nervios ni identificar los genes que participan en la regeneración. Estas preguntas corresponden a la zoología, la genética, la fisiología y la medicina regenerativa.
Pero las Escrituras sí nos invitan a contemplar la naturaleza y reconocer en ella sabiduría, orden y propósito.
La salamandra proporciona una oportunidad extraordinaria para hacerlo. Después de perder una extremidad, su organismo no se limita a cerrar la herida. Comienza una secuencia cuidadosamente coordinada. La superficie queda protegida, aparece el blastema, las células proliferan, los nervios proporcionan señales, los vasos regresan y diferentes tejidos comienzan a organizarse.
Poco a poco reaparecen huesos, músculos, vasos sanguíneos, nervios y piel.
Y finalmente ocurre algo igualmente importante: el crecimiento se detiene.
Desde la perspectiva bíblica, conocer cada uno de estos mecanismos aumenta nuestra admiración. La salamandra nos recuerda que sanar puede significar mucho más que cerrar una herida. Dentro de una pequeña criatura existe la capacidad de reconocer aquello que se ha perdido, movilizar diferentes sistemas y reconstruir ordenadamente una estructura completa.
Cuanto más profundamente contemplamos ese proceso, más apropiadas parecen las palabras de la Escritura:
“Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia.”
(Proverbios 3:19)
Referencias
Escrituras consultadas
- Génesis 1:20-25.
- Job 12:7-10.
- Salmo 104:24.
- Salmo 111:2.
- Proverbios 3:19.
Bibliografía científica
- Gilbert, S. F. Developmental Biology. Oxford University Press.
- Goss, R. J. Principles of Regeneration. Academic Press.
- Carlson, B. M. Principles of Regenerative Biology. Academic Press.
- Campbell, N. A. et al. Campbell Biology. Pearson.
- Tanaka, E. M. Investigaciones sobre mecanismos celulares y moleculares de regeneración en salamandras.
Investigación científica especializada
- Tanaka, E. M. & Reddien, P. W. Estudios sobre los mecanismos celulares que controlan la regeneración.
- Kragl, M. y colaboradores. Investigaciones sobre identidad y destino de las células durante la regeneración de extremidades.
- Stocum, D. L. Estudios sobre formación del blastema y regeneración de extremidades en salamandras.
- Kumar, A. y colaboradores. Investigaciones sobre la importancia de las señales nerviosas durante la regeneración.
- Estudios experimentales sobre regeneración de médula espinal, tejidos cardíacos y estructuras oculares en diferentes especies de salamandras.
Organizaciones y recursos científicos
- National Institutes of Health (NIH). Investigaciones y recursos sobre medicina regenerativa y reparación de tejidos.
- Smithsonian Institution. Recursos sobre anfibios, anatomía y biodiversidad.
- National Science Foundation. Investigaciones sobre regeneración y biología del desarrollo.
- University of Kentucky — Ambystoma Genetic Stock Center. Recursos científicos para el estudio de salamandras y regeneración.
- International Society for Regenerative Biology. Investigación sobre mecanismos de regeneración y reparación de tejidos.
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