03. La conciencia: La voz interior que apunta hacia Dios

Por el Dr. Elio M. Rivera

  Existe una realidad que acompaña a todos los seres humanos desde los primeros años de la vida. No podemos verla ni tocarla, pero todos la experimentamos. Es esa voz interior que nos felicita cuando hacemos el bien y nos incomoda cuando hacemos lo malo. La Biblia la llama sencillamente: la conciencia.

  Ninguna universidad nos enseña a sentir culpa por mentir. Ningún gobierno necesita explicarle a un niño pequeño que una injusticia duele. Antes incluso de comprender todas las normas de una sociedad, el ser humano ya comienza a distinguir entre lo correcto y lo incorrecto.

  Esta realidad constituye una de las evidencias más profundas del extraordinario diseño con el que fuimos creados.

“Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley… mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia.”

Romanos 2:14–15

La conciencia, una voz presente en toda la humanidad

  A lo largo de la historia han existido miles de culturas diferentes.

  Han cambiado los idiomas, las costumbres, la forma de vestir y los sistemas políticos.

  Sin embargo, todas las sociedades poseen alguna idea acerca de la justicia, la honestidad, la responsabilidad y la culpa.

  Incluso cuando una cultura aprueba determinadas conductas, las personas continúan apelando constantemente a conceptos como el bien, el mal, la verdad y la justicia.

  La conciencia parece formar parte de la naturaleza humana.

La conciencia aparece desde la infancia

  Diversos estudios sobre el desarrollo infantil muestran que los niños comienzan muy temprano a reconocer situaciones de justicia e injusticia.

  Mucho antes de aprender filosofía o derecho, reaccionan cuando otro niño recibe un trato preferencial, cuando alguien rompe una promesa o cuando experimentan una ofensa.

  También comienzan a sentir culpa después de desobedecer o mentir.

  Aunque la conciencia madura con el tiempo, sus primeros indicios aparecen desde los primeros años de vida.

¿Cómo funciona la conciencia?

  La conciencia actúa como un testigo interior.

  Cuando nuestras acciones coinciden con aquello que reconocemos como bueno, experimentamos paz y satisfacción.

  Cuando actuamos contra ese conocimiento, aparecen el remordimiento, la culpa o la vergüenza.

  No se trata simplemente de una emoción pasajera.

  La conciencia evalúa nuestras decisiones y continuamente compara nuestra conducta con un estándar moral.

Una brújula que necesita ser educada

  La Biblia enseña que la conciencia no es infalible.

  Puede fortalecerse cuando obedecemos la verdad.

  También puede debilitarse cuando repetidamente justificamos el pecado.

  Las Escrituras incluso hablan de una conciencia “cauterizada”, es decir, insensible después de resistir continuamente la voz de Dios.

“Teniendo cauterizada la conciencia.”

1 Timoteo 4:2

  Por esta razón, la conciencia necesita ser iluminada por la Palabra de Dios.

¿Por qué sentimos culpa?

  La culpa constituye una de las experiencias humanas más universales.

  Personas de todas las culturas experimentan el peso del remordimiento después de hacer aquello que reconocen como incorrecto.

  Desde las primeras páginas de la Biblia encontramos este fenómeno.

  Después de pecar, Adán y Eva intentaron esconderse de Dios.

“Y oyeron la voz de Jehová Dios… y el hombre y su mujer se escondieron.”

Génesis 3:8

  La culpa no apareció porque alguien los acusara.

  Nació dentro de ellos.

La conciencia no creó la ley moral

  Es importante comprender que la conciencia no decide qué es bueno y qué es malo.

  Más bien, responde a una ley moral que reconoce como superior.

  Así como un termómetro no produce la temperatura sino que la mide, la conciencia no inventa el bien y el mal; simplemente da testimonio de ellos.

  Por esa razón experimentamos conflicto cuando actuamos contra aquello que sabemos que es correcto.

Una evidencia de nuestro diseño

  Resulta difícil explicar por qué los seres humanos poseen una conciencia moral tan desarrollada si el universo fuera únicamente el resultado de procesos impersonales.

  Las leyes físicas describen cómo funciona la materia.

  La conciencia, en cambio, nos habla de responsabilidad, deber, justicia y culpa.

  No nos pregunta qué podemos hacer.

  Nos pregunta qué debemos hacer.

  Ese lenguaje moral apunta hacia un origen distinto del simple funcionamiento de la naturaleza.

La explicación que ofrece la Biblia

  La Biblia enseña que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza.

  Como resultado, llevamos impresa una capacidad moral que refleja, aunque imperfectamente, el carácter del Creador.

  La conciencia constituye uno de esos reflejos.

  No es perfecta.

  No salva.

  No reemplaza la Palabra de Dios.

  Pero señala constantemente hacia la existencia de una Ley moral y, por lo tanto, hacia un Legislador.

Cristo y la conciencia

  El evangelio no elimina la conciencia.

  La limpia.

  Mediante el perdón de Dios, la culpa puede ser reemplazada por la paz que solamente Cristo ofrece.

“¿Cuánto más la sangre de Cristo… limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”

Hebreos 9:14

  La obra de Jesucristo restaura aquello que el pecado dañó y permite que la conciencia vuelva a orientarse conforme a la voluntad de Dios.

La creación anuncia la gloria de Dios

  Cada vez que una persona se indigna ante una injusticia, celebra un acto de bondad o experimenta remordimiento después de hacer lo malo, está manifestando una realidad extraordinaria.

  Existe una ley moral escrita en el corazón humano.

  La conciencia no es una prueba matemática de la existencia de Dios, pero constituye una poderosa evidencia de que fuimos creados para distinguir entre el bien y el mal y vivir en comunión con nuestro Creador.

  Esa voz interior continúa hablándonos todos los días.

  Nos recuerda que fuimos hechos para algo más que sobrevivir.

  Fuimos creados para conocer, amar y obedecer a Dios.

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos.”

Salmo 139:23

Referencias

  • La Santa Biblia, Reina-Valera 1960. Génesis 3; Salmo 139:23–24; Romanos 2:14–15; Hebreos 9:14; 1 Timoteo 1:5; 1 Timoteo 4:2; Tito 1:15; Santiago 4:17.
  • The Abolition of Man. Obra clásica sobre la ley moral objetiva y la conciencia humana.
  • American Psychological Association. Publicaciones sobre desarrollo moral, culpa y formación de la conciencia.
  • The Bible Project. Recursos sobre la conciencia, el pecado y la restauración en Cristo.
  • Reasons to Believe. Artículos sobre la conciencia moral como evidencia del diseño del ser humano.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.