Por el Dr. Elio M. Rivera
Pocas capacidades distinguen tanto al ser humano como el lenguaje. Gracias a él podemos transmitir conocimientos, expresar pensamientos, compartir emociones, enseñar a nuestros hijos, escribir libros, componer canciones, hacer ciencia y hablar acerca de Dios.
Cada día pronunciamos miles de palabras casi sin pensar en el extraordinario milagro que representan. Detrás de una simple conversación trabajan simultáneamente el cerebro, la memoria, la audición, la respiración, los músculos de la lengua y los labios, además de una compleja capacidad para comprender símbolos, gramática y significado.
El lenguaje constituye una de las características más extraordinarias del ser humano y refleja un diseño que trasciende la simple comunicación de información.
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”
— Juan 1:1

El lenguaje, es un don presente en toda la humanidad
Actualmente existen miles de idiomas en el mundo.
Aunque son diferentes entre sí, todos poseen características fundamentales en común.
Todos utilizan reglas gramaticales.
Todos permiten expresar ideas abstractas.
Todos pueden hablar del pasado, del presente y del futuro.
Todos permiten formular preguntas, narrar historias, expresar amor, enseñar y transmitir conocimientos.
No importa el continente, la cultura o la época. Allí donde existe una comunidad humana, existe también un lenguaje plenamente desarrollado.
Mucho más que sonidos
Muchos animales producen sonidos para advertir de un peligro, atraer a una pareja o mantener unido al grupo.
Sin embargo, el lenguaje humano posee características extraordinarias.
Podemos hablar de acontecimientos ocurridos hace miles de años.
Podemos imaginar situaciones que nunca han sucedido.
Podemos explicar teorías científicas, escribir leyes, componer poesía o discutir acerca de la eternidad.
Nuestro lenguaje no se limita a responder a estímulos inmediatos; nos permite construir y transmitir ideas complejas.
La base de la civilización
Toda civilización depende del lenguaje.
Gracias a él se preserva la historia.
Se enseñan las ciencias.
Se redactan las leyes.
Se transmiten los valores.
Se organizan los gobiernos.
Se desarrollan la medicina, la ingeniería y la educación.
Sin lenguaje complejo, ninguna civilización habría alcanzado el nivel de desarrollo que conocemos.
El poder de las palabras
La Biblia reconoce la enorme influencia del lenguaje.
Con una palabra podemos animar o destruir.
Podemos consolar a quien sufre o herir profundamente a otra persona.
Las palabras tienen la capacidad de cambiar vidas.
“La muerte y la vida están en poder de la lengua.”
— Proverbios 18:21
Cada conversación nos recuerda la enorme responsabilidad que acompaña este extraordinario don.
Dios es un Dios que habla
Desde las primeras páginas de la Biblia encontramos a un Dios que se comunica.
La creación misma comienza con Su palabra.
“Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”
— Génesis 1:3
Dios habló a Adán y Eva.
Habló con Noé, Abraham, Moisés y los profetas.
Finalmente, habló al mundo por medio de su Hijo.
La comunicación no es una invención humana; forma parte del carácter del propio Creador.
El lenguaje y la imagen de Dios
La capacidad para hablar, comprender y transmitir ideas refleja, de manera limitada, un atributo de Dios.
Fuimos creados a Su imagen y semejanza.
Por ello podemos comunicarnos mediante conceptos, razonar, enseñar, escribir y comprender la verdad.
El lenguaje constituye uno de los reflejos más visibles de esa imagen divina.
Babel y la diversidad de idiomas
La Biblia también explica el origen de la diversidad lingüística.
Después del diluvio, la humanidad hablaba una sola lengua.
Cuando los hombres intentaron exaltarse contra Dios construyendo la torre de Babel, el Señor confundió sus idiomas y los dispersó por toda la Tierra.
“Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra.”
— Génesis 11:8
Desde entonces surgieron los diversos idiomas que hoy enriquecen la cultura humana.
Un diseño extraordinario
El lenguaje requiere la coordinación de múltiples capacidades.
Necesitamos percibir sonidos, reconocer palabras, comprender significados, organizar ideas, recordar experiencias y controlar con precisión decenas de músculos para producir cada frase.
Todo ello ocurre en fracciones de segundo.
La extraordinaria integración de estos procesos revela un diseño de enorme complejidad.
Jesucristo: la Palabra hecha carne
El Evangelio de Juan presenta una de las afirmaciones más profundas de toda la Biblia.
“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.”
— Juan 1:14
Jesucristo es llamado el Verbo o la Palabra de Dios.
En Él, Dios no solo habló al ser humano; Él mismo vino a revelar perfectamente Su carácter, Su amor y Su plan de salvación.
El mayor mensaje que Dios ha dado a la humanidad no fue simplemente un conjunto de palabras, sino la persona de Jesucristo.
La creación anuncia la gloria de Dios
Cada conversación, cada libro, cada enseñanza y cada oración constituyen un recordatorio del extraordinario regalo que Dios concedió al ser humano.
Nuestra capacidad para comunicarnos mediante un lenguaje complejo no solo hizo posible la civilización; también nos permite conocer la verdad, amar, enseñar, adorar y transmitir la Palabra de Dios de generación en generación.
La existencia del lenguaje apunta hacia un Creador que diseñó al ser humano para vivir en relación con Él y con los demás.
“Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío.”
— Salmo 19:14
Referencias
- La Santa Biblia, Reina-Valera 1960. Génesis 1:3; Génesis 2:19–20; Génesis 11:1–9; Salmo 19:14; Proverbios 18:21; Juan 1:1–14; Santiago 3:1–12; Efesios 4:29.
- Linguistic Society of America. Publicaciones sobre la estructura, diversidad y características del lenguaje humano.
- Max Planck Institute for Psycholinguistics. Investigaciones sobre adquisición del lenguaje, comunicación y cognición humana.
- The Bible Project. Recursos sobre la Torre de Babel, el Evangelio de Juan y el significado bíblico del Verbo.
- Reasons to Believe. Artículos sobre la singularidad del lenguaje humano y su relación con la imagen de Dios.
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