18. La tumba de Lázaro en Betania: Arqueología, historia y tradición de uno de los sepulcros más famosos del cristianismo

Por el Dr. Elio M. Rivera – Cristopedia

    La tumba de Lázaro en Betania constituye uno de los lugares arqueológicos y de peregrinación más importantes de Tierra Santa. Según el Evangelio de Juan, fue allí donde Jesucristo realizó uno de los milagros más extraordinarios de su ministerio: resucitar a su amigo Lázaro después de haber permanecido cuatro días en el sepulcro (Juan 11:1-44). Este milagro no solamente manifestó el poder de Cristo sobre la muerte, sino que también marcó un punto decisivo en su ministerio, pues provocó que muchos judíos creyeran en Él y aceleró la decisión de las autoridades religiosas de darle muerte. Hoy, casi dos mil años después, este sitio continúa siendo uno de los lugares más visitados por peregrinos de todo el mundo.

    La antigua Betania se encontraba en la ladera oriental del Monte de los Olivos, aproximadamente a tres kilómetros de Jerusalén. En la actualidad, la población conserva el nombre árabe de Al-Eizariya, que significa “el lugar de Lázaro”. Este nombre ha permanecido durante siglos y constituye un notable testimonio de la antigua tradición que identifica este pueblo como el hogar de Marta, María y Lázaro, los entrañables amigos de Jesús.

    El Evangelio de Juan relata que Lázaro enfermó gravemente mientras Jesús se encontraba al otro lado del río Jordán. Aunque sus hermanas enviaron un mensaje urgente para avisarle, el Señor permaneció dos días más en el lugar donde estaba. Cuando finalmente llegó a Betania, Lázaro ya llevaba cuatro días sepultado. Después de conversar con Marta y María, Jesús se dirigió hasta el sepulcro y pronunció una de las declaraciones más poderosas de toda la Biblia: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25). Luego ordenó retirar la piedra que cerraba la tumba y exclamó con fuerte voz: “¡Lázaro, ven fuera!” (Juan 11:43). Ante el asombro de todos los presentes, el hombre que había estado muerto salió caminando del sepulcro todavía envuelto en las vendas funerarias.

    La tumba de Lázaro

La tumba tradicional que hoy visitan los peregrinos consiste en una cámara funeraria excavada directamente en la roca caliza, siguiendo el estilo característico de las tumbas judías del siglo primero. Para acceder a ella es necesario descender por una escalera de aproximadamente veinticuatro escalones que conduce primero a una pequeña antesala y luego a la cámara sepulcral. Aunque el acceso ha sido modificado en diferentes épocas para facilitar la visita de los peregrinos, la estructura básica corresponde al tipo de sepulcro utilizado en Judea durante los días de Jesús.

    Una pregunta frecuente entre los visitantes es quién descubrió la tumba de Lázaro. La respuesta resulta muy interesante desde el punto de vista histórico. La tumba nunca tuvo que ser redescubierta, porque su ubicación jamás desapareció completamente de la memoria cristiana. A diferencia de otros lugares bíblicos cuya localización se perdió durante siglos, la tradición acerca de la tumba de Lázaro fue transmitida de generación en generación desde los primeros siglos del cristianismo.

    Ya hacia el año 330 d.C., el historiador cristiano Eusebio de Cesarea mencionaba la existencia de la tumba en Betania. Apenas unos años más tarde, en el año 333 d.C., el llamado Peregrino de Burdeos, considerado el primer peregrino cristiano del que se conserva un diario de viaje a Tierra Santa, describió el lugar durante su recorrido por Jerusalén. A finales del siglo IV, Jerónimo también hizo referencia al santuario, y alrededor del año 410 d.C., la célebre peregrina Egeria narró detalladamente las ceremonias religiosas que se celebraban allí durante la Cuaresma. Estos testimonios demuestran que la ubicación del sepulcro era perfectamente conocida por los cristianos varios siglos antes del surgimiento de las grandes excavaciones arqueológicas modernas.

    Precisamente debido a esa veneración tan antigua, durante el siglo IV se construyó junto al sepulcro una gran iglesia conocida como el Lazarium. Aquella basílica se convirtió rápidamente en uno de los principales centros de peregrinación de Jerusalén. Con el paso del tiempo sufrió daños ocasionados por terremotos, invasiones y conflictos militares, por lo que fue reconstruida en diversas ocasiones durante los períodos bizantino y cruzado. Más tarde, durante el dominio musulmán, parte del antiguo complejo fue transformado en la actual mezquita de Al-Uzair, mientras que los cristianos conservaron un acceso independiente a la tumba, que continúa utilizándose hasta nuestros días.

    El estudio arqueológico moderno comenzó a mediados del siglo XX. Entre 1949 y 1953, el arqueólogo franciscano Padre Sylvester J. Saller, miembro de la Custodia Franciscana de Tierra Santa, dirigió importantes excavaciones alrededor del santuario. Sus trabajos descubrieron los restos de varias iglesias construidas una sobre otra desde la época bizantina, además de viviendas, cisternas, lagares, silos y abundante cerámica perteneciente a los períodos persa, helenístico y romano. Estos hallazgos confirmaron que Betania fue una población habitada durante el siglo primero, exactamente en la época en que vivieron Jesús, Marta, María y Lázaro.

    Uno de los descubrimientos más importantes fue la identificación de un antiguo cementerio judío muy cercano al santuario. Varias tumbas excavadas en la roca presentan las mismas características arquitectónicas que las utilizadas por las familias judías durante el período del Segundo Templo. La forma de estas sepulturas coincide notablemente con la descripción ofrecida por el Evangelio de Juan, donde se menciona una cueva cerrada con una gran piedra.

    Sin embargo, desde el punto de vista científico, los arqueólogos mantienen una postura prudente. No existe una inscripción que identifique el sepulcro como perteneciente a Lázaro ni una prueba material que permita demostrarlo de manera absoluta. Después de dos mil años de terremotos, reconstrucciones y modificaciones arquitectónicas, resulta imposible establecer con total certeza que la cámara funeraria actual sea exactamente la misma donde fue colocado Lázaro. No obstante, la continuidad ininterrumpida de la tradición cristiana, la correcta ubicación de la antigua Betania y las características propias del sepulcro hacen que la inmensa mayoría de los especialistas considere este lugar como el candidato más probable para conservar la memoria del milagro descrito en el Evangelio.

    Las investigaciones arqueológicas continúan hasta nuestros días. Gracias a modernas técnicas de documentación, escaneo tridimensional y análisis estratigráfico, los especialistas han podido reconstruir las diferentes etapas históricas del santuario y comprender mejor la evolución arquitectónica del lugar desde el período bizantino hasta la actualidad. Estas investigaciones siguen aportando información valiosa acerca de la antigua aldea de Betania y de uno de los escenarios más importantes del ministerio de Jesús.

    Más allá del extraordinario interés arqueológico, la tumba de Lázaro posee un profundo significado espiritual. Allí Jesús no solamente devolvió la vida a un hombre que había muerto, sino que ofreció una anticipación de su propia resurrección pocos días después. El milagro de Betania constituye la señal más grande realizada por Cristo antes de entrar en Jerusalén y demuestra que Él posee autoridad incluso sobre la muerte. Por esa razón, este episodio ocupa un lugar central dentro del Evangelio de Juan y prepara al lector para comprender la victoria definitiva del Señor sobre el sepulcro.

    Cada año, miles de peregrinos descienden por los antiguos escalones de piedra que conducen hasta la cámara funeraria para recordar aquel momento inolvidable en que Jesús pronunció las palabras: “¡Lázaro, ven fuera!”. Más allá de los debates arqueológicos, este sencillo sepulcro excavado en la roca continúa proclamando el mismo mensaje de esperanza que escucharon Marta y María hace casi dos mil años: que Jesucristo es la resurrección y la vida, y que para Dios ninguna tumba tiene la última palabra.

Fuentes de información

  • La Santa Biblia, especialmente el Evangelio de Juan, capítulos 11 y 12.
  • Eusebio de Cesarea, Onomasticon.
  • Itinerarium Burdigalense (El Peregrino de Burdeos), año 333 d.C.
  • Egeria, Itinerarium (Diario de viaje a Tierra Santa).
  • Jerónimo, referencias a Betania y al santuario de Lázaro.
  • Sylvester J. Saller, Excavations at Bethany (1949–1953).
  • Studium Biblicum Franciscanum, publicaciones arqueológicas sobre Betania y el santuario de San Lázaro.
  • Custodia Franciscana de Tierra Santa, investigaciones y restauraciones del santuario de Betania.
  • Avraham Negev y Shimon Gibson (editores), Archaeological Encyclopedia of the Holy Land.
  • Jerome Murphy-O’Connor, The Holy Land: An Oxford Archaeological Guide.
  • Estudios modernos sobre la arqueología de Betania, el período del Segundo Templo y las costumbres funerarias judías del siglo I.
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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.