Por el Dr. Elio M Rivera

  Cuando contemplamos el cielo nocturno, todas las estrellas parecen estar colocadas sobre una enorme superficie. Pero no es así. Algunas se encuentran relativamente cerca de nosotros, mientras otras están muchísimo más lejos.

  Nuestro Sol forma parte de un verdadero vecindario estelar.

  Y si comenzáramos un viaje desde el sistema solar hacia las estrellas más próximas, nuestra primera gran parada sería Próxima Centauri.

Próxima Centauri: nuestra vecina más cercana

  Después del Sol, Próxima Centauri es la estrella conocida más cercana a nosotros.

  Se encuentra aproximadamente a 4.24 años luz de la Tierra.

  Eso significa que la luz que vemos hoy procedente de Próxima Centauri comenzó su viaje hace más de cuatro años.

  La distancia es difícil de imaginar.

  Un año luz equivale aproximadamente a 9.46 billones de kilómetros. Por tanto, Próxima Centauri está a unos 40 billones de kilómetros de nosotros.

  Y esa es nuestra vecina.

¿Cuánto tardaríamos en llegar?

  Aquí podemos comprender mejor la enorme escala del espacio.

  Si pudiéramos viajar a 100 kilómetros por hora, aproximadamente la velocidad de un automóvil en carretera, necesitaríamos más de 45 millones de años para llegar a Próxima Centauri.

  Incluso nuestras sondas espaciales actuales necesitarían miles o decenas de miles de años, dependiendo de su velocidad y trayectoria.

  La luz, en cambio, realiza el viaje en apenas 4.24 años.

  Por eso, cuando los astrónomos llaman a una estrella “cercana”, están utilizando la palabra cerca en términos astronómicos.

Próxima es muy diferente del Sol

  Próxima Centauri es una enana roja.

  Es considerablemente más pequeña, menos masiva y menos luminosa que nuestro Sol. Aunque sea nuestra vecina estelar más próxima, es demasiado tenue para verla a simple vista.

  Además, es una estrella activa capaz de producir poderosas erupciones estelares que pueden aumentar temporalmente su brillo y lanzar enormes cantidades de energía.

  Esto nos enseña algo importante:

  la estrella más cercana no es necesariamente la más brillante que vemos en el cielo.

  El brillo aparente depende tanto de la distancia como de la cantidad de energía que realmente produce una estrella.

Las estrellas más cercanas a nuestro sistema solar Alfa centarui, Barnard y Wolf

Alfa Centauri: en realidad son varias estrellas

  Muy cerca de Próxima encontramos el famoso sistema Alfa Centauri.

  Desde la Tierra, Alfa Centauri es uno de los puntos más brillantes del cielo del hemisferio sur. Pero al estudiarlo descubrimos algo extraordinario.

  No es una sola estrella.

  Alfa Centauri A y Alfa Centauri B forman un sistema binario: dos estrellas que orbitan alrededor de un centro de masa común.

  Próxima Centauri está asociada gravitacionalmente con ellas y se considera parte de este sistema estelar.

  Así, nuestro vecino más próximo es realmente un sistema de tres estrellas.

Una de ellas se parece bastante al Sol

  Alfa Centauri A resulta especialmente interesante porque posee características relativamente parecidas a nuestro Sol.

  Alfa Centauri B es algo más pequeña y menos luminosa.

  Las dos se encuentran aproximadamente a 4.37 años luz de nosotros.

  Próxima está un poco más cerca, razón por la cual lleva precisamente ese nombre: Próxima significa “la más cercana”.

Y después continúan apareciendo vecinos

  Si ampliáramos nuestro mapa, encontraríamos otras estrellas cercanas como la estrella de Barnard, a casi 6 años luz; Wolf 359, a unos 7.9 años luz; y Sirio, a aproximadamente 8.6 años luz.

  Sirio es especialmente interesante.

  Es la estrella más brillante del cielo nocturno vista desde la Tierra, pero no es la más cercana.

  Nuevamente comprobamos que distancia y brillo no significan lo mismo.

Vivimos dentro de un vecindario tridimensional

  Imagine ahora que pudiéramos quitar el cielo nocturno y observar las estrellas desde arriba, desde abajo y desde los lados.

  Descubriríamos que no forman una superficie.

  Están distribuidas en tres dimensiones. Algunas están delante de otras. Algunas están separadas por varios años luz.

  Nuestro Sol es simplemente una estrella más dentro de esta enorme distribución que forma parte de la Vía Láctea.

  Y aquí aparece una perspectiva extraordinaria. Hemos hablado de distancias de 4, 6 u 8 años luz y ya parecen inmensas. Sin embargo, nuestro vecindario estelar inmediato representa solamente una diminuta región de la galaxia. La Vía Láctea tiene aproximadamente 100,000 años luz de diámetro. Próxima Centauri está a 4.24. La diferencia de escala es extraordinaria.

Nuestro sol visto desde alfa Cenatauri

Nuestro Sol también es la estrella vecina de alguien

  Existe otra manera fascinante de imaginarlo.

  Si pudiéramos viajar hasta Alfa Centauri y mirar hacia nuestro sistema solar, el Sol aparecería como otra estrella en aquel cielo.

  Desde allí no veríamos el enorme disco luminoso que domina nuestros días.

  Veríamos un punto de luz entre muchos otros.

  En algún lugar alrededor de aquel pequeño punto estaría la Tierra.

  Nuestros océanos.

  Nuestras ciudades.

  Y nosotros.

  David escribió:

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú formaste,
Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?”

Salmo 8:3-4, RVR1960

  Comenzamos este viaje buscando simplemente las estrellas más cercanas.

  Y descubrimos algo sorprendente:

  incluso nuestro pequeño vecindario estelar es tan grande que las distancias se miden en años viajando a la velocidad de la luz.

  Y apenas hemos salido de casa.

Referencias científicas

Referencia bíblica

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Por el Dr. Elio M Rivera

  En una noche despejada podemos observar miles de estrellas, pero unas pocas llaman inmediatamente nuestra atención.

  Sirio, Canopus, Arturo y Vega se encuentran entre las más brillantes del cielo nocturno.

  Pero aquí aparece una pregunta interesante:

  ¿por qué unas estrellas parecen muchísimo más brillantes que otras?

  La respuesta nos ayudará a descubrir que nuestros ojos no siempre nos revelan el verdadero tamaño o poder de una estrella.

Sirio: la estrella más brillante del cielo nocturno

  Después del Sol, Sirio es la estrella que vemos más brillante desde la Tierra durante la noche.

  Se encuentra en la constelación del Can Mayor, a unos 8.6 años luz de nosotros.

  Sirio parece tan brillante por dos razones importantes: produce bastante luz y, comparada con muchas otras estrellas, se encuentra relativamente cerca.

  En realidad, Sirio es un sistema de dos estrellas: Sirio A y una pequeña compañera llamada Sirio B, una enana blanca.

  Para encontrar Sirio existe una referencia sencilla.

  Busque las tres estrellas del cinturón de Orión. Si prolonga imaginariamente esa línea en la dirección adecuada, llegará aproximadamente hasta Sirio.

  Su intenso brillo hace que sea difícil confundirla.

Canopus: la segunda más brillante

  Después de Sirio aparece Canopus, la segunda estrella más brillante del cielo nocturno.

  Aquí comienza una sorpresa.

  Canopus se encuentra aproximadamente a 310 años luz de nosotros, muchísimo más lejos que Sirio.

  Entonces, ¿cómo puede verse tan brillante?

  Porque Canopus es intrínsecamente enormemente luminosa.

  Aunque está decenas de veces más lejos que Sirio, produce tanta luz que todavía destaca poderosamente en nuestro cielo.

  Este contraste nos enseña una regla fundamental:

  una estrella puede parecernos brillante porque está cerca o porque realmente produce una cantidad extraordinaria de luz.

Arturo: una gigante anaranjada

  Arturo, en la constelación de Boyero, es otra de las estrellas más brillantes que podemos contemplar.

  Se encuentra aproximadamente a 37 años luz y posee un característico tono anaranjado.

  Arturo es una estrella gigante, mucho mayor que nuestro Sol.

  Existe un famoso truco para localizarla utilizando la Osa Mayor.

  Observe la curva formada por las estrellas del mango del Gran Carro y continúe imaginariamente ese arco.

  “Siga el arco hasta Arturo.”

  Es una de las maneras más sencillas de comenzar a orientarse en el cielo nocturno.

Vega: una brillante estrella azul-blanca

  Vega, situada aproximadamente a 25 años luz, es una de las estrellas más conocidas del hemisferio norte.

  Su color es blanco con un ligero tono azulado, indicándonos que su superficie es considerablemente más caliente que la del Sol.

Sirio y Deneb

  Durante el verano del hemisferio norte, Vega forma junto con Deneb y Altair una figura muy fácil de reconocer llamada el Triángulo de Verano.

  No es una constelación oficial, sino un asterismo: una figura reconocible formada por estrellas pertenecientes a diferentes constelaciones.

  Encontrar este enorme triángulo es otra excelente manera de comenzar a conocer el cielo.

Una estrella puede engañar a nuestros ojos

  Comparemos ahora algunas de ellas.

  Sirio está a 8.6 años luz.

  Vega, a unos 25.

  Arturo, a unos 37.

  Canopus, a unos 310.

  Sin embargo, todas destacan extraordinariamente desde la Tierra.

  Esto ocurre porque el brillo que percibimos depende principalmente de dos cosas: cuánta luz produce realmente la estrella y qué tan lejos se encuentra de nosotros.

  Los astrónomos distinguen por ello entre magnitud aparente, que describe qué tan brillante vemos una estrella desde la Tierra, y magnitud absoluta, que permite comparar su luminosidad colocando imaginariamente las estrellas a una misma distancia estándar.

  Así podemos separar apariencia y realidad.

Sirio y Deneb

Deneb nos proporciona un ejemplo extraordinario

  Aquí podemos llevar la comparación todavía más lejos.

  Deneb, una de las estrellas del Triángulo de Verano, no parece tan brillante como Sirio.

  Sin embargo, Deneb está enormemente más lejos: las estimaciones la sitúan a más de dos mil años luz.

  Si una estrella situada a semejante distancia todavía puede distinguirse claramente a simple vista, significa que debe producir una cantidad extraordinaria de luz.

  Sirio domina nuestro cielo principalmente porque está relativamente cerca.

  Deneb consigue llamar nuestra atención desde una distancia inmensa porque es una estrella extraordinariamente luminosa.

  Nuestros ojos solamente ven puntos.

  La astronomía nos permite descubrir lo que realmente representan.

Un pequeño mapa para comenzar a reconocerlas

  No necesitamos memorizar todo el cielo.

  Podemos comenzar con tres referencias muy sencillas:

  Orión → Sirio.

  Osa Mayor → Arturo.

  Triángulo de Verano → Vega, Deneb y Altair.

  Una vez que reconocemos algunas estrellas importantes, el cielo deja de parecer una colección desordenada de puntos.

  Comenzamos a orientarnos.

  Y noche tras noche podemos regresar y encontrarlas nuevamente.

  La Biblia dice:

“Él cuenta el número de las estrellas;
A todas ellas llama por sus nombres.”

Salmo 147:4, RVR1960

  Nosotros apenas estamos aprendiendo algunos de esos nombres.

  Sirio.

  Canopus.

  Arturo.

  Vega.

  Deneb.

  Altair.

  Y conforme aprendemos a reconocerlas ocurre algo hermoso: el cielo nocturno deja de ser solamente algo que miramos y comienza a convertirse en algo que conocemos.

Referencias científicas

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