06. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”: Jesús se coloca como único acceso al Padre

Por el Dr. Elio M Rivera

  Hay declaraciones de Jesús que, si realmente intentamos escucharlas como las habría escuchado una persona del siglo I, resultan difíciles de imaginar en labios de cualquier ser humano.

  Esta es una de ellas.

  Jesús dijo:

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”
Juan 14:6, RVR1960

  Después de casi dos mil años de cristianismo podemos leer estas palabras sin detenernos demasiado. Aparecen en predicaciones, libros, canciones y conversaciones cristianas. Nos resultan familiares.

  Pero intentemos escucharlas nuevamente como si nunca antes hubiéramos oído hablar de Jesús.

  Delante de nosotros hay un hombre de Nazaret.

  Y aquel hombre no dice:

  “Yo conozco el camino hacia Dios.”

  Tampoco:

  “Yo puedo enseñarles el camino.”

  Ni siquiera:

  “Dios me ha mostrado el camino.”

  Jesús declara algo muchísimo más extraordinario:

  “YO SOY el camino.”

  Después añade:

  “YO SOY la verdad.”

  Y finalmente:

  “YO SOY la vida.”

  Pero todavía falta la parte más radical:

  “Nadie viene al Padre, sino por mí.”

  Si queremos investigar seriamente quién creía Jesús que era, difícilmente podemos pasar por alto estas palabras.

Una conversación pocas horas antes de la cruz

  El contexto hace que la declaración sea todavía más significativa.

  Jesús no pronunció estas palabras durante un discurso multitudinario. Se encontraba con sus discípulos durante las últimas horas antes de su arresto.

  Les había anunciado que se marcharía.

  Los discípulos estaban confundidos.

  Jesús intenta consolarlos:

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.”
Juan 14:1, RVR1960

  Detengámonos aquí antes de continuar.

  Incluso esta frase resulta extraordinaria.

  Jesús coloca paralelamente:

  “Creéis en Dios…”

  y:

  “…creed también en mí.”

  No les está pidiendo simplemente que recuerden sus enseñanzas después de su muerte.

  Está reclamando para sí mismo la confianza de sus discípulos.

  Después les habla de la casa de su Padre y declara:

“Voy, pues, a preparar lugar para vosotros.”
Juan 14:2, RVR1960

  Y añade:

“Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo…”
Juan 14:3, RVR1960

  Entonces Jesús les dice:

“Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.”
Juan 14:4, RVR1960

  Tomás, con esa sinceridad que lo caracteriza, responde:

“Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?”
Juan 14:5, RVR1960

  La pregunta de Tomás prepara una de las respuestas más importantes de Jesús.

  Tomás quiere conocer un camino.

  Jesús le presenta una persona.

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida…”

  En otras palabras, el camino hacia Dios no es presentado simplemente como una serie de instrucciones.

  El camino es Jesús mismo.

“Yo soy el camino”

  Esta afirmación merece ser examinada lentamente.

  A lo largo de la historia, los maestros religiosos normalmente han señalado hacia algo que está fuera de ellos mismos.

  Un profeta señala hacia Dios.

  Un rabino enseña la Ley.

  Un maestro explica cómo debe vivir una persona.

  Pero Jesús hace algo diferente.

  No dice simplemente:

  “Síganme porque conozco el camino.”

  Dice:

  “Yo soy el camino.”

  Esto significa que, según Jesús, la reconciliación entre el ser humano y el Padre está inseparablemente relacionada con su propia persona.

  Y después elimina cualquier posible ambigüedad:

“…nadie viene al Padre, sino por mí.”

  La afirmación es universal.

  Jesús no dice:

  “Algunas personas pueden llegar al Padre por medio de mí”.

  Dice:

  “Nadie.”

  No dice:

  “Soy uno de los caminos”.

  Dice:

  “Yo soy el camino.”

  Para un simple ser humano, semejante afirmación sería extraordinariamente difícil de justificar.

Imagine escuchar aquello hace dos mil años

  Intentemos nuevamente colocarnos dentro de la escena.

  Un hombre de aproximadamente treinta años nos dice:

  Si quieres llegar a Dios, tienes que venir por medio de mí.

  No está hablando solamente a personas de una aldea.

  No está limitando la declaración a una generación.

  La expresión es absoluta:

  “Nadie viene al Padre, sino por mí.”

  Si Jesús fuera solamente un maestro religioso, esta sería una afirmación desproporcionada.

  Porque significaría que un hombre está colocando su propia persona entre Dios y toda la humanidad.

  Precisamente por eso Juan 14:6 resulta tan importante para nuestra investigación.

  Jesús no se limita a proporcionar información acerca de Dios.

  Se coloca a sí mismo en el centro de la relación del ser humano con Dios.

“Yo soy la verdad”

  La segunda afirmación resulta igualmente sorprendente.

  Jesús no dice:

  “Yo enseño la verdad.”

  Eso sería perfectamente comprensible en labios de un maestro.

  Tampoco dice:

  “Conozco la verdad.”

  Dice:

  “Yo soy… la verdad.”

  En el Antiguo Testamento, la verdad está profundamente relacionada con el carácter de Dios.

  Moisés declara:

“Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él…”
Deuteronomio 32:4, RVR1960

  El salmista ora:

“Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación…”
Salmo 25:5, RVR1960

  Y ahora Jesús no solamente afirma enseñar esa verdad.

  Se identifica personalmente con ella.

  Esta idea aparece repetidamente en Juan.

  Al comienzo del Evangelio leemos:

“…la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.”
Juan 1:17, RVR1960

  Y frente a Pilato, Jesús declarará:

“Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad.”
Juan 18:37, RVR1960

  La verdad, en las palabras de Jesús, no es simplemente una teoría que debemos comprender.

  Está relacionada con quién es Él.

“Yo soy la vida”

  Pero quizá la tercera expresión sea todavía más sorprendente:

  “Yo soy la vida.”

  Aquí necesitamos recordar nuevamente el mundo bíblico de Jesús.

  ¿Quién es la fuente de la vida en las Escrituras?

  Dios.

  El salmista declara:

“Porque contigo está el manantial de la vida…”
Salmo 36:9, RVR1960

  Nehemías dice acerca de Dios:

“Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos… y tú vivificas todas estas cosas…”
Nehemías 9:6, RVR1960

  La vida procede de Dios.

  Sin embargo, Jesús había realizado ya una declaración extraordinaria:

“Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.”
Juan 5:21, RVR1960

  Observe cuidadosamente.

  El Padre da vida.

  Y:

  “El Hijo a los que quiere da vida.”

  Posteriormente, frente a la tumba de Lázaro, Jesús no dirá solamente que cree en la resurrección.

  Declarará:

“Yo soy la resurrección y la vida…”
Juan 11:25, RVR1960

  Y ahora, en Juan 14, vuelve a decir:

  “Yo soy… la vida.”

  Estamos comenzando a encontrar nuevamente un patrón.

No solamente ofrece vida: afirma poseerla en sí mismo

  Existe otra declaración de Jesús que lleva esta idea todavía más lejos:

“Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo.”
Juan 5:26, RVR1960

  La expresión “vida en sí mismo” merece nuestra atención.

  Nosotros tenemos vida, pero no somos la fuente independiente de nuestra propia existencia.

  Nuestra vida es recibida.

  Dependemos constantemente de condiciones externas para continuar viviendo.

  Jesús, sin embargo, habla de una relación extraordinaria con el Padre y declara que el Hijo tiene “vida en sí mismo”.

  Cuando esto se combina con:

  “Yo soy la vida”

  y:

  “Yo soy la resurrección y la vida”

  la afirmación adquiere dimensiones enormes.

“Nadie viene al Padre, sino por mí”

  Ahora llegamos a la conclusión de la declaración.

  Y quizá sea la parte que más dificultades produce en nuestra cultura contemporánea.

  Jesús presenta una afirmación absolutamente exclusiva:

“Nadie viene al Padre, sino por mí.”

  Debemos permitir que las palabras signifiquen lo que dicen.

  Jesús está afirmando que Él es el acceso al Padre.

  No está diciendo simplemente que su enseñanza es útil para acercarnos a Dios.

  No se presenta como una posibilidad entre muchas.

  Se coloca personalmente en medio de la relación entre Dios y la humanidad.

  Eso plantea un problema enorme si Jesús era solamente un hombre.

  Imagine a cualquier otro maestro de la historia diciendo:

  “Ningún ser humano puede llegar a Dios excepto por medio de mí.”

  Inmediatamente preguntaríamos:

  ¿Quién cree este hombre que es?

  Y esa es precisamente la pregunta que estamos haciendo acerca de Jesús.

Pero Jesús todavía no había terminado

  Lo verdaderamente sorprendente es que Juan 14:6 no constituye el final de esta conversación.

  Jesús continúa:

“Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.”
Juan 14:7, RVR1960

  Entonces Felipe hace una petición perfectamente comprensible:

“Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.”
Juan 14:8, RVR1960

  Y Jesús responde con otra declaración extraordinaria:

“¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre…”
Juan 14:9, RVR1960

  Observe la progresión.

  Creed en Dios; creed también en mí.

  Yo soy el camino.

  Yo soy la verdad.

  Yo soy la vida.

  Nadie viene al Padre sino por mí.

  Si me conocéis, conoceréis al Padre.

  El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.

  Es difícil reducir todo esto a las palabras de un maestro que simplemente quería enseñar buenos principios morales.

La pregunta se vuelve cada vez más difícil de evitar

  Recordemos nuevamente nuestra investigación.

  No comenzamos afirmando la respuesta.

  Estamos preguntando:

  ¿Quién creía Jesús que era?

  Y estamos permitiendo que sus propias palabras construyan el caso.

  Hasta ahora hemos escuchado:

  “Antes que Abraham fuese, YO SOY.”

  “Yo y el Padre uno somos.”

  Lo hemos visto identificarse con el Hijo del Hombre de Daniel.

  Lo hemos visto reclamar autoridad para perdonar pecados.

  Y ahora escuchamos:

  “Yo soy el camino.”

  “Yo soy la verdad.”

  “Yo soy la vida.”

  “Nadie viene al Padre, sino por mí.”

  Poco a poco resulta cada vez más difícil presentar a Jesús simplemente como un buen maestro religioso.

  Un buen maestro puede mostrar un camino.

  Jesús afirma ser el camino.

  Un profeta puede anunciar la verdad.

  Jesús afirma ser la verdad.

  Un hombre puede hablar acerca de la vida.

  Jesús afirma ser la vida.

  Y un maestro religioso puede intentar acercar a las personas hacia Dios.

  Jesús declara:

  “Nadie viene al Padre, sino por mí.”

  Hace aproximadamente dos mil años, un hombre de Nazaret pronunció estas palabras.

  La cuestión no es si nos parecen hermosas.

  La cuestión es mucho más seria:

  ¿Tenía derecho a decirlas?

  Porque si no era quien afirmaba ser, sus palabras resultan difíciles de explicar.

  Pero si realmente era quien decía ser, entonces Juan 14:6 deja de ser simplemente una frase religiosa.

  Se convierte en una de las declaraciones más trascendentales pronunciadas por un ser humano:

  “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”

  Y todavía Jesús hará una afirmación más sorprendente en aquella misma conversación:

  “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.”

Referencias

  Biblia Reina-Valera 1960: Deuteronomio 32:4; Salmo 25:5; Salmo 36:9; Nehemías 9:6; Juan 1:1-4, 14-18; Juan 5:19-29; Juan 8:12; Juan 10:27-30; Juan 11:25-26; Juan 14:1-11; Juan 17:1-5; Juan 18:37.

  Carson, D. A. The Gospel According to John. The Pillar New Testament Commentary. Eerdmans, 1991.

  Keener, Craig S. The Gospel of John: A Commentary. Baker Academic, 2003.

  Köstenberger, Andreas J. John. Baker Exegetical Commentary on the New Testament. Baker Academic, 2004.

  Bauckham, Richard. Jesus and the God of Israel: God Crucified and Other Studies on the New Testament’s Christology of Divine Identity. Eerdmans, 2008.

  Hurtado, Larry W. Lord Jesus Christ: Devotion to Jesus in Earliest Christianity. Eerdmans, 2003.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.