06. Los conflictos y las injusticias laborales

Dr. Elio M Rivera

El compañero conflictivo. Un trabajador discutiendo airadamente.

El compañero conflictivo

Imaginemos por un momento a Jesús trabajando en una construcción de Galilea.

Entre sus compañeros pudo haber encontrado hombres de diferentes temperamentos: algunos amables y trabajadores; otros impacientes, envidiosos o difíciles de tratar.

Quizá alguna vez tuvo que escuchar palabras ofensivas, enfrentar una discusión injusta o soportar el mal carácter de un compañero.

No sabemos si esta escena ocurrió. Los Evangelios no nos cuentan estos detalles de su vida laboral. Sin embargo, sabemos que Jesús ejerció el oficio de tekton y vivió en medio de una humanidad imperfecta.

Lo extraordinario no sería que Jesús hubiera encontrado personas conflictivas, sino recordar quién era aquel trabajador que tenía delante de sí a un hombre enojado.

Era el Hijo de Dios, quien había venido a vivir entre nosotros, compartiendo nuestras responsabilidades y enfrentando las dificultades de la convivencia humana, pero sin pecado.

«Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros» (Juan 1:14, RVR1960).

Y el Verbo se hizo carne y conoció lo que significa trabajar junto a personas difíciles, sin dejar de ser santo en medio de un mundo imperfecto.

Imagen: recreación artística imaginativa, históricamente plausible, no un acontecimiento documentado de la vida de Jesús.

La envidia entre los trabajadores. Un compañero mostrando disgusto por el trabajo bien realizado de Jesús.

La envidia entre los trabajadores

Imaginemos a Jesús trabajando cuidadosamente una pieza de madera. Sus manos conocen el oficio y realiza su labor con dedicación.

A pocos pasos, uno de sus compañeros lo observa con disgusto. No le agrada que aquel artesano de Nazaret haga bien su trabajo. Quizá teme que reciba el reconocimiento del encargado o que sus propias deficiencias queden en evidencia.

La envidia también podía estar presente entre los trabajadores de Galilea, como sucede en nuestros días.

¿Pudo Jesús enfrentar situaciones semejantes durante sus años como tekton?

No lo sabemos. Los Evangelios no describen sus relaciones laborales, pero sí nos enseñan que vivió una auténtica vida humana, rodeado de personas con virtudes y defectos.

Y hay algo extraordinario en esta posibilidad: aquel trabajador que despertaba el disgusto de otro hombre era el mismo por quien fueron creadas todas las cosas.

Sin embargo, había aceptado vivir humildemente, aprender un oficio y trabajar con sus propias manos.

Esta imagen es una recreación imaginativa, históricamente plausible, no un acontecimiento documentado de la vida de Jesús.

«Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros» (Juan 1:14, RVR1960).

Y el Verbo se hizo carne y pudo conocer la envidia de quienes trabajaban a su lado, mientras Él cumplía fielmente sus responsabilidades.

El jefe abusivo. Un encargado tratando con dureza a los trabajadores.

Imaginemos a Jesús trabajando bajo las órdenes de un encargado injusto, que gritaba y exigía más esfuerzo a hombres agotados por largas jornadas.

¿Pudo Jesús experimentar algo semejante? No lo sabemos. Pero conoció el trabajo manual y las exigencias de ganarse el sustento.

Lo extraordinario es pensar que Aquel que tenía toda autoridad aceptó vivir humildemente como un trabajador.

Esta imagen es una recreación imaginativa, no un acontecimiento documentado.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, compartiendo las responsabilidades y dificultades de la vida humana.

Frente a los hombres que pagaban. Jesús conversando con un administrador sobre el trabajo.

Frente a los hombres que pagaban

Imaginemos a Jesús conversando serenamente con un administrador sobre las condiciones de un trabajo, el pago acordado y las responsabilidades que debía cumplir.

Como cualquier artesano de Galilea, pudo haber tenido que negociar sus servicios, esperar su jornal y tratar con personas que tenían autoridad sobre su contratación.

¡Qué extraordinario pensar que el Creador del universo aceptó depender del trabajo de sus manos para ganarse el sustento!

Los Evangelios no describen estas conversaciones. La imagen es una recreación imaginativa de una situación históricamente plausible.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, conociendo también las responsabilidades económicas de la vida humana.

Cuando el patrón no pagaba lo prometido. Trabajadores reclamando por una remuneración injusta.

Cuando el patrón no pagaba lo prometido

Imaginemos a Jesús entre un grupo de trabajadores que, después de una larga jornada, descubren que el patrón pretende pagarles menos de lo acordado.

Para aquellos hombres, el jornal significaba llevar alimento a sus hogares. Una remuneración injusta podía afectar a toda la familia.

¿Pudo Jesús enfrentar alguna situación semejante? No lo sabemos. Pero conoció personalmente las responsabilidades de ganarse el sustento mediante el trabajo.

Esta imagen es una recreación imaginativa, no un acontecimiento documentado.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, compartiendo la vida de quienes trabajaban cada día para sostener a sus familias.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.