10. Jesús sabía que sus manos y sus pies serían traspasados

Dr. Elio M. Rivera

  Hay un punto en esta historia donde resulta imposible pensar que Jesucristo vino sin saber lo que le esperaba.

  Siglos antes de Belén, el Salmo 22 había dejado escrita una frase estremecedora:

«Horadaron mis manos y mis pies» (Salmo 22:16).

  Ya no estamos hablando solamente de rechazo, golpes o humillaciones.

  Estamos hablando de sus manos y de sus pies.

  Cristo sabía que el camino para rescatarnos terminaría con su cuerpo atravesado y expuesto al sufrimiento.

  Y lo sabía antes de venir.

Tratemos de imaginarlo de una manera sencilla

  Supongamos que alguien le dice:

  «Necesitamos que usted haga un viaje para rescatar a una persona que ama».

  Usted responde inmediatamente:

«Voy».

  Pero entonces le explican:

  «Antes de decidir, necesita conocer el final del viaje. Cuando llegue, lo sujetarán. Extenderán sus brazos. Atravesarán sus manos y sus pies. Después tendrá que permanecer allí soportando el dolor».

  Ahora la decisión adquiere otra dimensión.

  Ya no está aceptando un peligro desconocido.

Está aceptando un sufrimiento conocido.

  Podría decir:

  «No puedo hacerlo».

  Podría detener el viaje antes de comenzarlo.

  Cristo conocía el final del camino.

Y comenzó el viaje.

Jesús sabía que mientras sufriera se burlarían de Él y aun así vino

  Pero el Salmo 22 revela algo todavía más difícil.

  Mientras aquel justo estuviera sufriendo, habría personas observándolo y burlándose:

«Todos los que me ven me escarnecen; estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; sálvele, puesto que en él se complacía» (Salmo 22:7-8).

  Pensemos en lo que esto significa.

  Una cosa es experimentar un dolor terrible rodeado de personas que intentan consolarnos.

  Otra muy diferente es sufrir mientras quienes están alrededor se ríen de nuestro sufrimiento.

  Imagine encontrarse gravemente herido al borde de una carretera.

  Pasan personas junto a usted.

  Podrían ayudarlo.

  Pero en lugar de hacerlo, se detienen para burlarse.

  El dolor físico continuaría siendo el mismo.

  Pero ahora se añadiría algo más:

la crueldad de sentirse despreciado precisamente cuando más vulnerable se encuentra.

  Cristo sabía que eso también ocurriría.

Sabía incluso que tendría sed

  Y entre aquellas grandes profecías aparece un detalle que podría parecernos pequeño.

  El Salmo 69 dice:

«Me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre» (Salmo 69:21).

  ¿Por qué resulta tan impresionante un detalle aparentemente tan sencillo?

  Precisamente porque es demasiado específico.

  No solamente estaba anunciado que sufriría.

  No solamente que sería traspasado.

  No solamente que se burlarían de Él.

También estaba escrita su sed.

  Piense en una persona que conoce con anticipación una operación dolorosa. El médico puede explicarle las grandes cosas: cuánto durará, dónde será la incisión, cuánto tiempo permanecerá hospitalizada.

  Pero imagine que pudiera decirle también:

  «En determinado momento tendrá una sed terrible. Pedirá algo de beber, y esto es lo que le darán».

  Entonces comprenderíamos hasta qué grado conocía los detalles de lo que iba a suceder.

El Salmo 22 estaba escrito antes de que Él viniera

  Aquí es donde esta serie adquiere toda su fuerza.

  Nosotros estamos leyendo estas palabras después del Calvario.

  Pero Cristo las conocía antes de Belén.

  Antes de que sus pequeñas manos fueran envueltas por María, estaba escrito:

«Horadaron mis manos y mis pies».

  Antes de que sus pies comenzaran a caminar por Galilea, estaba escrito que serían traspasados.

  Antes de escuchar las burlas alrededor de la cruz, aquellas burlas habían sido descritas.

  Antes de decir que tenía sed, el vinagre ya aparecía en las antiguas Escrituras.

Entonces pensemos en sus manos

  Las manos que tocarían al enfermo.

  Las manos que bendecirían a los niños.

  Las manos que partirían el pan.

  Las manos que se extenderían hacia el rechazado.

  Cristo sabía cuál sería finalmente el trato que recibirían esas manos:

serían traspasadas.

  Y aquí aparece nuevamente la pregunta que recorre toda nuestra serie:

¿Qué clase de amor conoce semejante final y decide comenzar el viaje de todos modos?

  Él conocía los grandes sufrimientos.

  Pero también conocía los pequeños detalles.

  Los agujeros.

  Las burlas.

  La sed.

  El vinagre.

Nada de aquello lo tomó por sorpresa.

  Mucho antes del Calvario estaba escrito.

  Mucho antes de Belén, Él lo sabía.

Y aun así vino.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.