Dr. Elio M Rivera
Texto clave: Miqueas 5:2
«Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.»
Miqueas 5:2, RVR1960
Las profecías habían comenzado a revelar características cada vez más sorprendentes acerca del que habría de venir. Pero Miqueas añadió un dato completamente nuevo y extraordinariamente preciso.
Dijo dónde nacería.
No señaló solamente una nación.
No señaló solamente una tribu.
Señaló una población.
Belén Efrata.
Mucho antes de que hubiera un pesebre, pastores o ángeles anunciando buenas nuevas, el nombre del lugar ya estaba escrito en la profecía.
Pero Miqueas hizo algo todavía más sorprendente.
En el mismo versículo en el que señaló el lugar de donde saldría el futuro gobernante, declaró que su existencia se remontaba mucho más atrás.
Belén
Belén tenía una historia importante dentro de Israel.
Estaba relacionada con la familia de David. Allí había vivido Isaí. Allí había crecido David cuidando las ovejas de su padre. Desde allí había sido llamado para ser ungido por Samuel.
Por eso resultaba comprensible que una profecía relacionada con un futuro gobernante davídico volviera a dirigir la mirada hacia Belén.
Pero Miqueas destaca precisamente su pequeñez:
«…pequeña para estar entre las familias de Judá…»
No era la grandeza de la población lo que la hacía importante.
Era quién saldría de ella.
Mientras los grandes acontecimientos políticos parecían decidirse en capitales, palacios y campos de batalla, la profecía señalaba hacia una pequeña población de Judá.
Belén quedaba marcada proféticamente.
«De ti me saldrá»
Miqueas anuncia:
«…de ti me saldrá el que será Señor en Israel…»
La profecía no habla solamente de alguien que viviría allí.
Habla de alguien que saldría de Belén.
El lugar quedaba identificado antes del acontecimiento.
Eso es particularmente importante porque, cuando siglos después los principales sacerdotes y escribas fueron interrogados por Herodes acerca del lugar donde habría de nacer el Cristo, respondieron:
«En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta.»
Mateo 2:5, RVR1960
Y entonces citaron precisamente la profecía de Miqueas.
Para ellos, la pregunta acerca del lugar tenía una respuesta bíblica.
El Cristo debía proceder de Belén.

Antes de nacer en Belén Jesús ya era
Pero Miqueas no comenzó su historia en Belén
Aquí aparece lo verdaderamente sorprendente de la profecía.
Después de decir:
«De ti me saldrá…»
Miqueas añade:
«…y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.»
La frase produce inmediatamente una tensión extraordinaria.
Por una parte, habrá un momento histórico en el que aquel gobernante saldrá de Belén.
Pero, por otra, Miqueas declara que sus salidas se remontan «desde el principio» y «desde los días de la eternidad».
Belén, por lo tanto, no podía explicar completamente su procedencia.
Su aparición allí tendría una fecha.
Su existencia no quedaba encerrada dentro de esa fecha.
La profecía parece obligarnos a mirar en dos direcciones:
hacia Belén, para contemplar el lugar donde aparecerá;
y hacia atrás, mucho más allá de Belén, para preguntarnos quién es realmente aquel que aparecerá allí.
Un gobernante diferente
Los reyes normalmente podían rastrear su origen hasta generaciones anteriores.
Podían hablar de sus padres, sus abuelos y su linaje.
Miqueas también se encuentra dentro de ese mundo de genealogías y descendencias. Sin embargo, cuando describe al gobernante futuro utiliza un lenguaje excepcional:
«Desde el principio.»
«Desde los días de la eternidad.»
No es la manera ordinaria de presentar el origen de un rey.
Algo acerca de aquel gobernante excedía la explicación de una simple genealogía humana.
Tendría relación con Belén.
Tendría relación con Israel.
Ejercería señorío.
Pero detrás de su aparición histórica existía una realidad anterior.
Miqueas no explica todavía cómo debemos entenderla.
Simplemente la anuncia.
Y eso es precisamente lo fascinante de la profecía.
Dos procedencias en un mismo versículo
Miqueas 5:2 contiene una especie de doble perspectiva.
Primero:
«De ti me saldrá.»
Después:
«Sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.»
Una declaración apunta hacia una pequeña población de Judá.
La otra apunta hacia un pasado que parece perderse más allá de las generaciones humanas.
Una habla de su aparición dentro de la historia de Israel.
La otra nos obliga a preguntar por una existencia anterior.
El que un día saldría de Belén no comenzaba con Belén.
Ese es el aporte extraordinario de Miqueas a la expectativa profética.
Una profecía esperando su momento
Durante siglos, Miqueas 5:2 permaneció escrito.
Belén continuó siendo Belén.
Generaciones nacieron allí.
Familias vivieron allí.
Niños nacieron allí.
Pero la profecía esperaba a uno en particular.
Aquel que sería:
«Señor en Israel.»
Y cuya procedencia, misteriosamente, era descrita:
«Desde el principio, desde los días de la eternidad.»
Todavía no sabemos cómo llegará a Belén.
Todavía no ha aparecido Gabriel.
Todavía no hemos escuchado el anuncio a María.
Todavía no sabemos qué acontecimientos harán que el nacimiento ocurra precisamente en aquella población.
Miqueas no explica ninguna de esas cosas.
Solamente coloca un punto en el mapa y una extraordinaria declaración junto a él.
Belén.
Allí habrá que mirar.
Porque algún día saldrá de aquella pequeña población el gobernante prometido.
Pero cuando finalmente aparezca, no bastará con preguntar:
¿Dónde nació?
La propia profecía habrá dejado preparada una pregunta mucho más profunda:
¿De dónde venía realmente Aquel que nació en Belén?
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