Por el Dr. Elio M Rivera
¿De dónde salió aquello que antes no estaba allí?
En esta serie hemos contemplado a Jesucristo haciendo cosas que se encuentran completamente fuera de las capacidades humanas. El viento y el mar obedecieron su palabra. Caminó sobre las aguas. Transformó agua en vino. Restauró cuerpos gravemente dañados.
Ahora llegamos a uno de los acontecimientos más conocidos de su ministerio.
Precisamente por ser tan conocido, existe el peligro de leerlo rápidamente y perder de vista lo extraordinario de lo que realmente ocurrió.
Un muchacho tenía:
cinco panes y dos peces.
Jesús tomó aquella pequeña cantidad de alimento.

Miles de personas comieron.
Comieron hasta quedar satisfechas.
Y cuando todo terminó:
había más alimento sobrante que el que había al principio.
Esto plantea una pregunta inevitable:
¿De dónde salió toda aquella materia?
La alimentación de los cinco mil posee una característica especial: es uno de los acontecimientos milagrosos del ministerio de Jesús registrado por Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Los cuatro evangelistas consideraron importante conservarlo.
La escena comienza en un lugar apartado.
Mateo dice:
“Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.”
Mateo 14:14
Pasaron las horas.
Comenzó a hacerse tarde.
Entonces los discípulos propusieron una solución lógica:
“El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer.”
Mateo 14:15
Desde el punto de vista humano, tenían razón.
No estaban en una ciudad.
No había suficiente comida.
Había miles de personas.
Pero Jesús respondió:
“No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.”
Mateo 14:16
Juan conserva una conversación particularmente interesante.
Jesús preguntó a Felipe:
“¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?”
Juan 6:5
Pero Juan aclara:
“Esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.”
Juan 6:6
Felipe comenzó a calcular.
Respondió:
“Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco.”
Juan 6:7
El problema era enorme.
Entonces Andrés encontró a un muchacho.
Dijo:
“Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos.”
Juan 6:9
Y luego hizo la pregunta inevitable:
“Mas ¿qué es esto para tantos?”
Exactamente.
Cinco panes.
Dos peces.
Miles de personas.
Humanamente:
no alcanzaba.
Cinco panes, dos peces y miles de personas
Jesús ordenó que la multitud se sentara.
Marcos dice:
“Entonces les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde.”
Marcos 6:39
Y añade:
“Y se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.”
Marcos 6:40
Miles de personas quedaron preparadas para comer.
Pero todavía solamente había:
cinco panes y dos peces.
Mateo relata:
“Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud.”
Mateo 14:19
Jesús tomó los alimentos.
Bendijo.
Partió.
Y comenzó a entregar.
Los discípulos recibían.
Después repartían.
Y el alimento seguía alcanzando.
Aquí está el punto.
Una simple división nunca aumenta la materia.
Si tenemos cinco panes y comenzamos a repartirlos, las porciones se hacen cada vez más pequeñas.
Cinco panes divididos entre diez personas continúan siendo cinco panes.
Divididos entre cien continúan siendo cinco panes.
Divididos entre cinco mil continúan siendo cinco panes.
Pero aquí ocurrió algo completamente diferente.
El alimento fue distribuido una y otra vez y no se agotó.
Juan dice:
“Asimismo de los peces, cuanto querían.”
Juan 6:11
Mateo añade:
“Y comieron todos, y se saciaron.”
Mateo 14:20
No recibieron una migaja simbólica.
Comieron.
Y quedaron satisfechos.
Mateo además aclara:
“Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.”
Mateo 14:21
Por tanto, la multitud total era todavía mayor.
Cinco panes.
Dos peces.
Miles de personas.
Todos comieron.
Y todos se saciaron.
Pero todavía faltaba algo más.
Jesús ordenó recoger lo que había sobrado:
“Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada.”
Juan 6:12
Y Juan dice:
“Llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.”
Juan 6:13
Doce cestas.
Al principio había cinco panes.
Miles comieron.
Y al final quedaron doce cestas.
La pregunta vuelve a aparecer:
¿De dónde salió aquello que antes no estaba allí?
El poder creador de Jesucristo
La materia no aparece simplemente porque repartamos algo.
Si comenzamos con una cantidad determinada de alimento y miles de personas consumen porciones reales, esa cantidad debería disminuir.
Pero aquí sucede exactamente lo contrario.
La multitud consume.
El alimento continúa.
Todos comen.
Todos quedan satisfechos.
Y todavía sobra.
Por tanto, apareció alimento que anteriormente no estaba disponible en aquella cantidad.
Esto nos conduce directamente a una de las características que desde el comienzo dijimos que esperaríamos encontrar en Dios:
poder creador.
La Biblia declara:
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”
Génesis 1:1
Y el Salmo 33 dice:
“Porque él dijo, y fue hecho;
Él mandó, y existió.”
Salmo 33:9
En Caná vimos a Jesús transformar materia.
Agua se convirtió en vino.
Aquí observamos algo distinto.
Ahora contemplamos multiplicación de materia.
La cantidad inicial no podía alimentar a la multitud.
La cantidad final alimentó a miles y produjo sobrantes.
Juan ya había declarado acerca de Cristo:
“Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”
Juan 1:3
El mismo Evangelio que declara que todas las cosas fueron hechas por medio de Él nos presenta ahora a Jesús sosteniendo cinco panes.
Para un hombre:
cinco panes son cinco panes.
Pero delante de aquella multitud estaba Aquel por quien fueron hechas todas las cosas.
El eco del maná en el desierto
Aquí aparece una conexión bíblica extraordinaria.
Mucho antes de que Jesús alimentara a aquella multitud, Israel había vivido una escena sorprendentemente semejante.
Israel había salido de Egipto.
Una enorme multitud se encontraba en el desierto.
No había suficiente alimento.
El pueblo tenía hambre.
Y humanamente no había manera de alimentarlo.
Observe la semejanza.
Desierto.
Una gran multitud.
Hambre.
Ausencia de suficiente alimento.
Entonces Dios intervino.
Jehová dijo a Moisés:
“He aquí yo os haré llover pan del cielo.”
Éxodo 16:4
Y después:
“A la mañana os saciaréis de pan; y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios.”
Éxodo 16:12
A la mañana siguiente apareció el maná.
Moisés explicó:
“Es el pan que Jehová os da para comer.”
Éxodo 16:15
Ahora avancemos hasta los Evangelios.
Otra vez encontramos:
un lugar desierto.
Otra vez:
una gran multitud.
Otra vez:
hambre.
Otra vez:
insuficiencia humana.
Y otra vez:
pan proporcionado sobrenaturalmente.
Pero ahora, en medio de la multitud, está:
Jesucristo.
La semejanza es impresionante.
En el Éxodo: Dios alimenta a Israel en el desierto.
En Galilea: Jesús alimenta a una multitud en un lugar desierto.
En el Éxodo: el pueblo no tenía suficiente alimento.
En Galilea: cinco panes y dos peces eran totalmente insuficientes.
En el Éxodo: Dios proporcionó pan.
En Galilea: Jesús proporcionó pan.
En el Éxodo: el pueblo fue saciado.
En Galilea: “comieron todos, y se saciaron”.
La propia multitud recordó el maná
Esta conexión no fue inventada siglos después.
El propio Evangelio de Juan muestra que la multitud la reconoció.
Después de la multiplicación dijeron a Jesús:
“Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.”
Juan 6:31
Ellos mismos recordaron el Éxodo.
Ellos mismos hablaron del pan en el desierto.
Entonces Jesús respondió:
“De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.”
Juan 6:32
Y añadió:
“Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.”
Juan 6:33
La multitud respondió:
“Señor, danos siempre este pan.”
Juan 6:34
Entonces Jesús pronunció una de sus declaraciones más profundas:
“Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre.”
Juan 6:35
El milagro, por tanto, no trataba solamente de alimentar cuerpos.
Revelaba algo acerca de quién era Jesús.
Israel conocía al Dios que daba pan en el desierto.
Ahora una nueva multitud se encontraba en un lugar desierto.
Y Jesús la alimentó.
Después no dijo simplemente:
“Yo puedo darles pan.”
Dijo:
“Yo soy el pan de vida.”
¿Qué esperaríamos de un Dios?
Regresemos finalmente a nuestra pregunta fundamental.
¿Qué esperaríamos del Creador?
Esperaríamos autoridad sobre la materia.
Esperaríamos poder para proporcionar aquello que su creación necesita.
Esperaríamos que la escasez humana no estableciera los límites de su capacidad.
Y eso es exactamente lo que encontramos aquí.
Los discípulos podían repartir pan.
Pero no podían producirlo.
Podían contar peces.
Pero no podían multiplicarlos.
Podían calcular cuánto dinero necesitaban.
Pero no podían resolver el problema.
Jesús sí.
Y existe una imagen que resume todo el acontecimiento:
Cinco panes.
Dos peces.
Miles de personas.
Doce cestas sobrantes.
El desierto vuelve a aparecer.
La multitud vuelve a tener hambre.
El pan vuelve a ser provisto sobrenaturalmente.
Pero esta vez, en medio de ellos, está Jesucristo.
En Caná contemplamos su autoridad para transformar la materia.
Aquí contemplamos su autoridad para multiplicarla.
Y detrás de todo escuchamos el eco de una antigua historia:
el Dios de Israel alimentando a su pueblo en el desierto.
Una vez más encontramos en Jesucristo aquello que esperaríamos encontrar en Dios:
poder creador, provisión sobrenatural y autoridad sobre su creación.
Referencias bíblicas
- Mateo 14:13-21 — Jesús alimenta a la multitud con cinco panes y dos peces. “Comieron todos, y se saciaron”, y posteriormente recogieron doce cestas. Mateo especifica aproximadamente cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
- Marcos 6:30-44 — Jesús organiza a la multitud por grupos, multiplica los panes y los peces y todos comen hasta quedar satisfechos.
- Lucas 9:10-17 — Jesús toma cinco panes y dos peces, los bendice y los entrega para su distribución. Todos comen y sobran doce cestas.
- Juan 6:1-13 — Juan identifica al muchacho que tenía cinco panes de cebada y dos pececillos. Jesús proporciona a la multitud “cuanto querían”.
- Éxodo 16:4 — Dios anuncia: “He aquí yo os haré llover pan del cielo.”
- Éxodo 16:12-15 — Dios promete saciar a Israel con pan y proporciona el maná en el desierto: “Es el pan que Jehová os da para comer.”
- Deuteronomio 8:3 — Moisés recuerda que Dios sustentó a Israel con maná en el desierto.
- Salmo 78:23-25 — Dios hace llover maná, les da “trigo de los cielos” y envía alimento “hasta saciarles”.
- Juan 6:30-35 — Después de la multiplicación, la multitud recuerda el maná del desierto. Jesús explica que el Padre da el verdadero pan del cielo y declara: “Yo soy el pan de vida.”
- Mateo 15:32-38 — Segunda multiplicación de alimentos. Jesús alimenta a cuatro mil hombres, además de mujeres y niños, y sobran siete canastas.
- Marcos 8:1-9 — Relato paralelo de la alimentación de los cuatro mil.
- Génesis 1:1 — “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”
- Salmo 33:9 — “Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió.”
- Juan 1:1-3 — “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”
- Colosenses 1:16-17 — “Porque en él fueron creadas todas las cosas” y “todas las cosas en él subsisten.”
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