3. El Instituto del Templo: la organización que prepara el tercer templo

Por el Dr. Elio M Rivera

La preparación dejó de ser solamente una interpretación profética

        En los artículos anteriores examinamos las profecías que requieren la existencia de un templo futuro en Jerusalén. Daniel anunció la interrupción de los sacrificios; Jesús habló de la abominación desoladora en el lugar santo; Pablo declaró que el hombre de pecado se sentará en el templo de Dios, y Juan contempló un templo, un altar y adoradores durante los acontecimientos finales.

        Sin embargo, todavía podría surgir una pregunta:

¿Existe realmente alguien preparándose para reconstruir el templo y reanudar sus ceremonias?

        La respuesta es sí.

        En Jerusalén existe una organización dedicada específicamente a estudiar, preparar y reconstruir los elementos necesarios para el funcionamiento de un futuro templo judío.

        Se llama Instituto del Templo, conocido en hebreo como Machon HaMikdash.

        No se trata únicamente de un grupo que conversa acerca del templo.

Investiga sus ceremonias.

Reconstruye sus utensilios.

Prepara vestiduras sacerdotales.

Estudia las funciones de los sacerdotes.

Promueve la restauración del culto.

Educa al público acerca de un futuro templo.

        Lo que durante siglos fue considerado una posibilidad remota comenzó a transformarse en un proyecto organizado.

La fundación del Instituto del Templo

        El Instituto del Templo fue fundado en Jerusalén en 1987 por el rabino Israel Ariel.

        Israel Ariel había servido como paracaidista durante la Guerra de los Seis Días de 1967 y estuvo entre los soldados israelíes que llegaron al Monte del Templo cuando Jerusalén oriental quedó bajo control de Israel.

        Años después fundó una organización dedicada a recuperar el conocimiento necesario para la construcción y el funcionamiento del templo.

        El objetivo declarado del Instituto no es solamente conservar el recuerdo de los templos antiguos. Su propósito es preparar los utensilios, las vestiduras, los conocimientos y los elementos necesarios para que el servicio pueda ser restaurado cuando las condiciones lo permitan.

        El Instituto considera el templo una obligación todavía vigente para el pueblo judío. Su trabajo parte de la convicción de que no debe esperarse hasta el día de la reconstrucción para comenzar los preparativos.

        Según su propia perspectiva, todo aquello que pueda prepararse anticipadamente debe estar listo.

Preparar absolutamente todo

        La lógica del Instituto es sencilla, pero profundamente significativa.

        Si el templo llegara a ser autorizado, no sería suficiente levantar paredes.

Se necesitarían utensilios.

Vestiduras.

Sacerdotes instruidos.

Conocimiento de las ceremonias.

Instrumentos musicales.

Altares.

Materiales para los sacrificios.

Métodos para determinar la pureza ritual.

        Por eso, el Instituto no está esperando el comienzo de la construcción para iniciar su trabajo.

        Está preparando ahora aquello que considera necesario para entonces.

Los utensilios sagrados han sido reconstruidos

        Uno de los logros más impresionantes del Instituto del Templo es la reconstrucción de numerosos utensilios relacionados con el servicio del santuario.

        Estos objetos no han sido fabricados solamente como piezas decorativas para un museo.

        El Instituto declara que han sido estudiados y elaborados con la intención de que puedan utilizarse cuando el templo sea reconstruido.

        Su exposición pública funciona como museo, centro educativo y demostración de que la preparación ya ha comenzado.

La menorá de oro

        Entre los objetos más conocidos se encuentra una gran menorá de siete brazos.

        El candelabro fue uno de los utensilios principales del tabernáculo y del templo. Debía ser elaborado conforme al diseño revelado por Dios a Moisés.

“Harás además un candelero de oro puro; labrado a martillo se hará el candelero.”

(Éxodo 25:31, RVR1960).

        La menorá preparada por el Instituto se encuentra expuesta cerca del barrio judío de la Ciudad Vieja de Jerusalén.

        No es una pequeña reproducción colocada dentro de una vitrina. Es una pieza de tamaño ceremonial, construida para representar el candelabro que podría utilizarse en el futuro templo.

Fotografía sugerida:
La menorá de siete brazos preparada por el Instituto del Templo y exhibida en Jerusalén.

El altar del incienso

        El Instituto también reconstruyó el altar del incienso, conocido como el altar de oro.

        En el templo se encontraba delante del velo que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo. Sobre él se quemaba incienso cada mañana y cada tarde.

“Harás asimismo un altar para quemar el incienso; de madera de acacia lo harás.”

(Éxodo 30:1, RVR1960).

        La reconstrucción del altar demuestra que el Instituto no se limita a preparar los objetos más conocidos. Está estudiando cada elemento necesario para restablecer el orden del culto.

Fotografía sugerida:
Reconstrucción del altar del incienso preparada conforme a los estudios del Instituto del Templo.

La mesa de los panes de la proposición

        Otro de los objetos reconstruidos es la mesa donde debían colocarse los panes de la proposición.

        Doce panes eran colocados continuamente delante de Dios, representando a las doce tribus de Israel.

“Y pondrás sobre la mesa el pan de la proposición delante de mí continuamente.”

(Éxodo 25:30, RVR1960).

        La existencia de esta mesa muestra que los preparativos se extienden hasta los detalles ordinarios del servicio semanal.

Fotografía sugerida:
La mesa preparada para los doce panes de la proposición.

Las trompetas de plata

        El Instituto también ha preparado trompetas de plata basadas en las instrucciones bíblicas.

“Hazte dos trompetas de plata; de obra de martillo las harás.”

(Números 10:2, RVR1960).

        Estas trompetas se utilizaban para convocar al pueblo, anunciar movimientos y acompañar ceremonias religiosas.

        Su reconstrucción demuestra que el proyecto incluye no solamente el edificio y los sacrificios, sino también los sonidos, señales y ceremonias que formaban parte del servicio.

Fotografía sugerida:
Las trompetas de plata elaboradas para un futuro servicio del templo.

Las vestiduras sacerdotales

        El servicio del templo requería sacerdotes vestidos conforme a instrucciones específicas.

        Dios dijo a Moisés:

“Y harás vestiduras sagradas a Aarón tu hermano, para honra y hermosura.”

(Éxodo 28:2, RVR1960).

        El Instituto ha investigado los materiales, los colores, el tejido y el diseño de estas vestiduras.

        Ha producido prendas destinadas a representar las vestiduras de los sacerdotes y del sumo sacerdote.

        Entre ellas se encuentran:

La túnica.

El cinturón sacerdotal.

El turbante.

El efod.

El manto.

La lámina de oro.

El pectoral del juicio.

El pectoral del sumo sacerdote

        El pectoral era una de las piezas más impresionantes de la vestidura del sumo sacerdote.

        Contenía doce piedras preciosas, cada una relacionada con una tribu de Israel.

“Y las piedras serán según los nombres de los hijos de Israel, doce según sus nombres.”

(Éxodo 28:21, RVR1960).

        El Instituto produjo una reconstrucción del pectoral basada en sus investigaciones sobre la descripción bíblica, las piedras y los métodos de fabricación.

        Contemplar este objeto produce una impresión profunda. Ya no se está observando solamente un dibujo en un libro de arqueología, sino un objeto preparado por personas que esperan verlo utilizado nuevamente.

Fotografía sugerida:
El pectoral preparado para la vestidura de un futuro sumo sacerdote.

La preparación de sacerdotes

        Los objetos no pueden realizar el culto por sí mismos.

        Se necesitan sacerdotes.

        Por esta razón, uno de los aspectos más significativos de la preparación consiste en identificar e instruir a hombres pertenecientes a familias sacerdotales.

        Dentro del judaísmo todavía existen familias que conservan el apellido o la tradición de descender de Aarón. Se les conoce como kohanim, plural de kohen, sacerdote.

        El Instituto ha promovido el estudio de las leyes del templo y de las funciones sacerdotales.

        Esto incluye aprender:

El orden de los sacrificios.

El cuidado de los utensilios.

La colocación del pan.

La quema del incienso.

Las normas de pureza.

Las vestiduras correspondientes.

Las funciones asignadas a sacerdotes y levitas.

        El objetivo es que el conocimiento no tenga que ser recuperado desde cero cuando llegue el momento.

La vaquilla roja: una condición indispensable

        Uno de los mayores obstáculos para la restauración completa del servicio es la necesidad de una vaquilla roja.

        Números 19 establece que debía ser una vaca alazana sin defecto, sobre la cual nunca hubiera sido puesto yugo.

“Di a los hijos de Israel que te traigan una vaca alazana, perfecta, en la cual no haya falta, sobre la cual no se haya puesto yugo.”

(Números 19:2, RVR1960).

        Sus cenizas debían utilizarse en un rito de purificación.

        El Instituto enseña que sin esas cenizas no podría restaurarse completamente la pureza ritual necesaria para el servicio del templo. También explica que incluso dos pelos de otro color pueden descalificar al animal.

        Por eso, durante años se han buscado y examinado posibles vaquillas.

        Algunas parecían cumplir inicialmente los requisitos, pero fueron descalificadas posteriormente al descubrirse pelos de otro color u otras condiciones que las hacían inadecuadas.

Mi primera visita al Instituto del Templo

        Este tema no es para mí solamente una investigación realizada desde la distancia.

        En el año 2004 tuve la oportunidad de viajar a Israel y visitar personalmente el Instituto del Templo en Jerusalén.

        Todavía recuerdo la profunda impresión que aquella visita produjo en mí.

        Hasta entonces había estudiado los pasajes proféticos que hablan de un futuro templo. Había leído que los sacrificios serían restablecidos, que posteriormente serían interrumpidos y que el lugar santo sería profanado.

        Pero una cosa era leerlo en la Biblia y otra muy distinta encontrarme en Jerusalén, delante de una organización dedicada a preparar los objetos necesarios para hacerlo posible.

        Durante aquella visita, representantes o guías del Instituto nos explicaron que, según sus estimaciones, ya contaban con aproximadamente el setenta por ciento del mobiliario y de los utensilios necesarios.

        Nos dijeron que todavía les faltaban algunos elementos importantes, entre ellos el velo y la vaquilla roja necesaria para la purificación ritual.

        También nos hablaron de los esfuerzos realizados para obtener una vaquilla que cumpliera los requisitos establecidos en Números 19. Nos explicaron que habían logrado producir ejemplares que parecían apropiados, pero que la aparición de pelos blancos los había descalificado.

        La explicación coincidía con la extrema rigurosidad de las normas que ellos mismos enseñan: una posible vaquilla puede quedar descalificada por la presencia de apenas unos cuantos pelos de otro color.

        Aquello me impresionó profundamente.

        Comprendí que no estaba contemplando solamente una exposición acerca del pasado.

        Estaba delante de personas que se preparaban para el futuro.

De la profecía escrita a la preparación visible

        Mientras observaba los objetos reconstruidos, pensé en las palabras de Daniel:

“A la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda.”

(Daniel 9:27, RVR1960).

        Durante siglos, no existían sacrificios que pudieran ser suspendidos.

        Pero allí estaban los utensilios.

Allí estaban las vestiduras.

Allí estaban los estudios.

Allí estaba el interés por preparar sacerdotes.

Allí estaba la búsqueda de una vaquilla roja.

        La profecía todavía no se había cumplido, pero la preparación para el escenario descrito por ella estaba ocurriendo delante de mis ojos.

Mi segunda visita: la preparación había avanzado

        En otro de mis viajes a Israel regresé al Instituto del Templo.

        En esa ocasión nos informaron que, según su propia evaluación, los preparativos habían alcanzado aproximadamente el noventa por ciento.

        La diferencia con mi primera visita era notable.

        El proyecto no había quedado detenido.

        Continuaba avanzando.

        También nos explicaron que sacerdotes y levitas estudiaban y practicaban procedimientos relacionados con el servicio, para que estuvieran preparados si llegaba el momento de restaurar los sacrificios.

        Aquello añadió una nueva dimensión a lo que yo ya había contemplado.

        No se estaban preparando solamente objetos.

        También se estaba recuperando conocimiento humano.

        Un altar puede construirse en poco tiempo.

        Una vestidura puede confeccionarse.

        Pero aprender procedimientos ceremoniales que no se han practicado plenamente durante casi dos mil años requiere investigación, enseñanza y entrenamiento.

Mi tercera visita: “Ya tenemos todo”

        En una visita posterior, la información que recibimos fue todavía más sorprendente.

        Nos dijeron que ya tenían preparados todos o prácticamente todos los elementos necesarios.

        También se nos informó que habían conseguido posibles vaquillas alazanas puras para continuar el proceso de evaluación.

        La búsqueda de estos animales no es una invención moderna. El propio Instituto afirma que la preparación de la vaquilla roja constituye una condición para restaurar completamente el servicio del templo.

        En septiembre de 2022 fueron llevadas a Israel cinco vaquillas rojas procedentes de Estados Unidos para ser examinadas y cuidadas mientras se determinaba si continuarían cumpliendo los requisitos. Sin embargo, la mera llegada de estos animales no demuestra que el rito ya pueda efectuarse: deben seguir siendo examinados y cumplir todas las normas exigidas.

Lo que nos dijeron acerca del Arca del Pacto

        Durante una de aquellas visitas también recibimos una afirmación extraordinaria: se nos dijo que ya tenían el Arca del Pacto o que conocían su situación.

        Debo expresar esta información exactamente como ocurrió.

        Eso fue lo que se nos dijo durante la visita.

        Yo no pude examinar el Arca ni verificar personalmente aquella afirmación.

        Además, la información pública del propio Instituto reconoce que existen diversas teorías acerca del destino y la ubicación del Arca, sin presentar públicamente una prueba concluyente de que se encuentre en su posesión.

        Por tanto, no puedo afirmar que vi el Arca del Pacto.

        Sí puedo afirmar con certeza que durante mi visita recibimos aquella explicación y que produjo una impresión profunda en quienes la escuchamos.

La ubicación del Lugar Santísimo

        También se nos explicó que, según los estudios que nos presentaron, ya conocían la ubicación del antiguo Lugar Santísimo.

        Nos dijeron que estaría situado a un lado de la Cúpula de la Roca —conocida popularmente por algunos visitantes como la mezquita de Omar— y que, de acuerdo con esa interpretación, un futuro templo podría levantarse sin destruir necesariamente aquel santuario islámico.

        Esta afirmación es de enorme importancia porque uno de los principales obstáculos políticos y religiosos para la reconstrucción es precisamente la presencia de la Cúpula de la Roca y de la mezquita de Al-Aqsa dentro del recinto.

        Sin embargo, existen diferentes teorías acerca de la ubicación exacta de los templos antiguos y del Lugar Santísimo. No hay un consenso arqueológico, religioso y político universal que haya resuelto definitivamente la cuestión.

        Por ello, debe entenderse que estoy relatando la explicación que recibimos durante la visita.

        Lo verdaderamente significativo es que quienes trabajan en la preparación del templo consideran que la cuestión de su ubicación puede resolverse.

La grúa junto al Muro Occidental

        Otra explicación que recibimos fue que cerca del Muro Occidental ya existía una grúa preparada para actuar cuando se diera la orden correspondiente.

        No recibí documentación técnica que me permitiera verificar la finalidad exacta de aquella grúa.

        Por tanto, no afirmo que toda grúa visible en el área haya sido instalada oficialmente para construir el templo.

        Afirmo lo que nos comunicaron: que existían preparativos materiales destinados a facilitar una acción rápida si las circunstancias cambiaban.

        La explicación concordaba con el mensaje general de la visita:

No estaban pensando comenzar a prepararse después de recibir autorización. Deseaban estar preparados antes de recibirla.

Las piedras que supuestamente serían utilizadas

        En otro momento, un guía turístico nos condujo a observar grandes piedras que, según nos explicó, habían sido preparadas para la futura construcción.

        En este punto debo ser todavía más cuidadoso.

        No pude confirmar que aquellas piedras pertenecieran oficialmente al Instituto del Templo ni que hubieran sido certificadas para ese propósito.

        Por eso, las presento como lo que fueron: una afirmación recibida de un guía durante el viaje, no una conclusión arqueológica comprobada por mí.

        Este detalle no es necesario para demostrar la existencia de los preparativos.

        Los utensilios, las vestiduras, la menorá, los estudios y el museo pueden documentarse públicamente. El testimonio acerca de las piedras queda como parte de mi experiencia personal, pero no como evidencia principal.

¿Por qué cooperé con el Instituto?

        En las tres ocasiones en que visité el Instituto del Templo decidí contribuir económicamente.

        Lo hice porque deseaba participar, aunque fuera de una manera pequeña, en algo que comprendía como parte de la preparación del escenario profético.

        Mi cooperación no significaba aceptar la teología judía sobre los sacrificios ni pensar que la sangre de animales pudiera sustituir el sacrificio perfecto de Jesucristo.

        Como cristiano, creo que Jesús ofreció de una vez y para siempre el sacrificio definitivo por nuestros pecados.

“Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”

(Hebreos 10:14, RVR1960).

        Mi motivación era distinta.

        Comprendía que la Biblia había anunciado la reanudación de sacrificios y que esa reanudación requería utensilios, sacerdotes, conocimiento ceremonial y condiciones de pureza ritual.

        Al contribuir, sentía que estaba siendo testigo y participante indirecto de una preparación relacionada con la profecía.

No significa que el templo será construido mañana

        La existencia del Instituto no significa que el tercer templo vaya a levantarse inmediatamente.

        Todavía existen obstáculos enormes.

La situación política de Jerusalén.

La administración del Monte del Templo.

La oposición del mundo islámico.

Las diferentes posiciones dentro del propio judaísmo.

Las consecuencias diplomáticas y militares.

Las discusiones acerca de la ubicación exacta.

Las normas de pureza ritual.

        Pero los obstáculos no eliminan la importancia de la preparación.

        Israel tampoco parecía capaz de volver a existir como nación.

Jerusalén tampoco parecía capaz de regresar al centro de la historia judía.

El hebreo tampoco parecía destinado a volver a ser una lengua cotidiana.

Los judíos tampoco parecían capaces de regresar desde tantas naciones.

        Y, sin embargo, ocurrió.

Lo verdaderamente sorprendente

        Lo más sorprendente del Instituto del Templo no es solamente la belleza de sus objetos.

        Tampoco es únicamente el valor del oro, las piedras o las telas.

        Lo verdaderamente sorprendente es la intención con la cual fueron preparados.

        La menorá no fue hecha solamente para recordar el pasado.

        El altar no fue construido solamente para decorar un museo.

        Las vestiduras no fueron confeccionadas solamente para ilustrar una clase.

        El pectoral no fue elaborado únicamente como una obra de arte.

        Han sido preparados por personas que desean restaurar el templo y su servicio cuando las circunstancias lo permitan. El propio Instituto presenta abiertamente su trabajo sobre los utensilios y sobre la vaquilla roja como preparación para un futuro templo.

Una preparación que encaja con la profecía

        Daniel anunció sacrificios que serían interrumpidos.

        El Instituto prepara utensilios para el culto.

        Jesús anunció una abominación en el lugar santo.

        El Instituto estudia la ubicación y la estructura del templo.

        Pablo anunció que el hombre de pecado se sentará en el templo de Dios.

        El Instituto trabaja para que vuelva a existir un templo físico.

        Apocalipsis presenta un altar y adoradores.

        El Instituto prepara altares, vestiduras y personas instruidas para el servicio.

        El Instituto no está cumpliendo por sí solo todas las profecías del tercer templo.

        Pero está preparando elementos indispensables para que el escenario descrito por ellas pueda existir.

El fin está más cerca de lo que queremos reconocer

        Después de visitar el Instituto del Templo en varias ocasiones, llegué a una conclusión que nunca he podido olvidar:

El fin está más cerca de lo que muchos desean reconocer.

        No lo digo porque alguien haya establecido una fecha.

        No lo digo porque todos los rumores relacionados con el templo sean necesariamente ciertos.

        No lo digo porque cada objeto preparado constituya por sí solo el cumplimiento final.

        Lo digo porque el escenario que durante casi dos mil años no podía existir ha comenzado a prepararse.

Israel existe.

Jerusalén está nuevamente bajo control israelí.

El Monte del Templo ocupa el centro de la atención religiosa y política.

Los utensilios han sido reconstruidos.

Las vestiduras sacerdotales han sido preparadas.

Se estudian las ceremonias.

Se buscan vaquillas rojas.

Se instruye a personas relacionadas con el sacerdocio.

Existe una organización dedicada específicamente al futuro templo.

        Ya no estamos preguntando solamente:

¿Podría algún día prepararse lo necesario?

        Una parte considerable ya ha sido preparada.

Una advertencia contra la incredulidad

        Existe una forma de incredulidad que no niega abiertamente la Biblia, pero siempre pospone su cumplimiento.

        Dice:

“Todavía falta mucho.”

“Eso nunca podrá suceder.”

“Es solamente simbólico.”

“No existen las condiciones.”

“La situación política jamás lo permitirá.”

        Pero cada vez que la historia elimina un obstáculo, la incredulidad busca otro.

        Cuando Israel no existía, se decía que nunca regresaría.

        Cuando regresó, se dijo que Jerusalén nunca volvería a estar bajo su control.

        Cuando Jerusalén volvió, se dijo que nadie pensaría seriamente en el templo.

        Ahora existe una organización que prepara utensilios, vestiduras y conocimiento ceremonial.

        La incredulidad siempre exige una señal más.

        La fe observa la dirección de los acontecimientos y reconoce que Dios está preparando el escenario anunciado en su Palabra.

Conclusión

        El Instituto del Templo fue fundado en Jerusalén en 1987 con un propósito declarado: preparar los elementos necesarios para la restauración del templo y de su servicio.

        Desde entonces ha investigado y reconstruido numerosos objetos relacionados con el culto:

La menorá.

El altar del incienso.

La mesa de los panes.

Las trompetas de plata.

Las vestiduras sacerdotales.

El pectoral del sumo sacerdote.

Diversos recipientes y utensilios.

        También ha estudiado las ceremonias, la pureza ritual, la función de los sacerdotes y la búsqueda de una vaquilla roja.

        Yo visité personalmente el Instituto en varias ocasiones.

        En 2004 me dijeron que los preparativos se encontraban aproximadamente en un setenta por ciento.

        En otra visita nos dijeron que habían avanzado aproximadamente al noventa por ciento y que sacerdotes y levitas se preparaban para sus funciones.

        Posteriormente recibimos la explicación de que prácticamente todo estaba preparado y que continuaban avanzando en asuntos como la vaquilla roja y la ubicación del templo.

        Algunas de las afirmaciones que escuché durante aquellas visitas no pueden verificarse públicamente, especialmente las relacionadas con el Arca del Pacto, una grúa preparada y determinadas piedras para la construcción.

        Pero el núcleo de la preparación es visible, documentado y real.

        Los utensilios existen.

Las vestiduras existen.

La menorá existe.

El museo existe.

La investigación existe.

La búsqueda de la vaquilla roja existe.

La preparación para un futuro servicio existe.

        Por eso, la conclusión es firme:

El tercer templo todavía no ha sido construido, pero la preparación para su funcionamiento ya comenzó.

        Daniel anunció que los sacrificios serían suspendidos.

        Hoy existen personas preparándose para reanudarlos.

        Jesús anunció que el lugar santo sería profanado.

        Hoy existen personas estudiando cómo restaurarlo.

        Pablo anunció que el hombre de pecado se sentaría en el templo de Dios.

        Hoy existe una organización preparando aquello que ese escenario requiere.

        No conocemos el día de la reconstrucción.

        Pero ya no podemos afirmar que nadie se está preparando.

        Yo estuve allí.

Lo vi.

Escuché sus explicaciones.

Contemplé los objetos.

Observé el avance entre una visita y otra.

Y comprendí que las profecías que durante siglos parecían lejanas están mucho más cerca de su cumplimiento de lo que muchos quieren admitir.

        La pregunta final no es solamente:

¿Cuándo se levantará el templo?

        La pregunta que cada creyente debe responder es:

¿Estoy preparado para encontrarme con Cristo cuando los acontecimientos anunciados comiencen a desarrollarse?

“Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”

(Lucas 21:28, RVR1960).

Textos bíblicos principales

  • Éxodo 25:23-40.
  • Éxodo 28:1-43.
  • Éxodo 30:1-10.
  • Números 10:1-10.
  • Números 19:1-22.
  • Daniel 9:27.
  • Mateo 24:15.
  • 2 Tesalonicenses 2:3-4.
  • Hebreos 10:10-14.
  • Apocalipsis 11:1-2.

Fotografías recomendadas

  1. Exterior o entrada del Instituto del Templo en Jerusalén.
  2. Menorá de siete brazos exhibida cerca del barrio judío.
  3. Altar del incienso reconstruido.
  4. Mesa de los panes de la proposición.
  5. Vestiduras de los sacerdotes.
  6. Pectoral del sumo sacerdote.
  7. Trompetas de plata.
  8. Maqueta del futuro templo.
  9. Exposición dedicada a la vaquilla roja.
  10. Fotografía personal del autor durante alguna de sus visitas, acompañada por la fecha aproximada.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.