Por el Dr. Elio M Rivera
Un acontecimiento que sorprendió al mundo
A lo largo de los capítulos anteriores hemos recorrido una historia extraordinaria. Vimos que Dios prometió la restauración de Israel siglos antes del nacimiento de Jesucristo. Observamos cómo el pueblo judío fue dispersado entre las naciones, permaneció casi dos mil años sin un Estado propio y, de manera sorprendente, conservó su identidad nacional mientras muchos otros pueblos desaparecieron de la historia.
Ahora llegamos al acontecimiento que cambió el rumbo de esa historia.
El 14 de mayo de 1948.
Aquel día, el mundo presenció el nacimiento del moderno Estado de Israel.
Para muchos fue simplemente una decisión política.
Para otros, el resultado del movimiento sionista y de complejos acontecimientos internacionales.
Pero para millones de cristianos representó mucho más que eso.
Fue un hecho que los llevó a volver su mirada hacia las antiguas profecías de la Biblia.
El día que Israel volvió a existir
Una pregunta que millones de cristianos comenzaron a hacerse
Después de 1948, algo cambió profundamente dentro del mundo cristiano.
Durante siglos, muchos creyentes habían leído las profecías acerca del regreso de Israel como acontecimientos muy lejanos o difíciles de imaginar.
Pero cuando Israel volvió a existir como nación, comenzaron a preguntarse:
¿Estamos entrando en el período que la Biblia llama “los últimos tiempos”?
Aquella pregunta continúa vigente hasta nuestros días.
¿Nacerá una nación de una sola vez?
El profeta Isaías escribió:
“¿Quién oyó cosa semejante? ¿Quién vio tal cosa? ¿Concebirá la tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una sola vez?”
(Isaías 66:8, RVR1960).
Muchos intérpretes consideran que este pasaje encuentra un cumplimiento notable en el nacimiento del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948.
Otros entienden que Isaías está describiendo una restauración futura o un acontecimiento de mayor alcance.
Como hemos procurado hacer a lo largo de este libro, respetamos ambas posiciones.
Sin embargo, independientemente de la interpretación que cada lector adopte, existe un hecho histórico imposible de ignorar:
Israel volvió a existir como nación.
¿Por qué este acontecimiento es tan importante?
La razón es sencilla.
Muchas de las profecías relacionadas con el Mesías, con Jerusalén y con los acontecimientos finales de la historia suponen la existencia del pueblo de Israel en su propia tierra.
Durante casi dos mil años eso parecía imposible.
No existía un Estado judío.
No existía un gobierno israelí.
No existía un ejército israelí.
No existía una nación llamada Israel.
Pero desde 1948 ese escenario cambió completamente.
Por primera vez en muchos siglos, el contexto histórico descrito por numerosos pasajes proféticos volvió a existir.
Y eso llevó a millones de creyentes de distintas denominaciones a preguntarse si el reloj profético de Dios estaba avanzando hacia una nueva etapa.
No se trata de poner fechas
Es importante recordar que Jesús fue muy claro al afirmar:
“Pero del día y la hora nadie sabe.”
(Mateo 24:36, RVR1960).
Por esa razón, este libro no pretende establecer fechas para el regreso de Cristo.
La historia demuestra que quienes han intentado hacerlo siempre han terminado equivocándose.
La profecía bíblica nunca fue dada para satisfacer nuestra curiosidad acerca del futuro.
Fue dada para fortalecer nuestra fe y preparar nuestro corazón.
Entonces… ¿qué debemos hacer?
Tal vez esa sea la pregunta más importante de todo este libro.
No basta con estudiar profecías.
No basta con conocer la historia de Israel.
No basta con admirar el cumplimiento de antiguos anuncios bíblicos.
La verdadera pregunta es:
¿Cómo estamos viviendo nosotros?
Jesús nunca dijo:
“Cuando vean estas cosas, hagan cálculos.”
Dijo algo muy diferente.
Nos llamó a velar.
A permanecer despiertos espiritualmente.
A vivir en santidad.
A ser fieles.
A anunciar el evangelio.
A servir al prójimo.
A perseverar hasta el fin.
Una generación privilegiada
No sabemos cuánto tiempo falta para el regreso del Señor.
La Biblia no lo revela.
Pero sí sabemos algo.
Vivimos en una generación que contempla acontecimientos que innumerables creyentes del pasado anhelaron ver.
Ellos leyeron estas profecías.
Nosotros podemos observar muchos de esos acontecimientos desarrollándose delante de nuestros propios ojos.
Ese privilegio también implica una gran responsabilidad.
Reflexión final
Tal vez el nacimiento del Estado de Israel no sea simplemente un capítulo más de la historia contemporánea.
Tal vez sea uno de esos acontecimientos mediante los cuales Dios está recordándole al mundo que su Palabra permanece firme y que la historia avanza exactamente hacia el propósito que Él ha establecido.
No escribo estas páginas para convencer al lector de una fecha ni de un sistema escatológico determinado.
Las escribo porque, como creyente, no puedo evitar hacerme una pregunta cada vez que observo el escenario del mundo actual:
Si tantas promesas bíblicas se han cumplido con tanta precisión… ¿qué tan cerca estaremos del cumplimiento de las que aún faltan?
Y si realmente estamos viviendo en una generación que contempla el desarrollo de acontecimientos tan extraordinarios, quizá la pregunta más importante no sea:
“¿Cuándo volverá Cristo?”
Sino esta:
“Cuando Él venga, ¿me encontrará viviendo para Él?”
“También vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.” (Lucas 12:40, RVR1960).
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