06. Las profecías del regreso desde todos los países

Por el Dr. Elio M Rivera

La nación nació, pero el regreso apenas comenzaba

        El 14 de mayo de 1948 nació oficialmente el moderno Estado de Israel. Sin embargo, aquel acontecimiento no significó que el pueblo judío ya estuviera reunido en su antigua tierra. La mayoría continuaba dispersa por Europa, Asia, África y América.

        Israel había recuperado su existencia política, pero ahora enfrentaba otro enorme desafío: recibir a comunidades que habían permanecido separadas durante siglos, hablaban idiomas diferentes y procedían de culturas profundamente distintas.

        En los años siguientes comenzaron a llegar sobrevivientes de Europa, familias procedentes de los países árabes, comunidades de África, judíos de la Unión Soviética y migrantes provenientes de América. El regreso no ocurrió desde una sola nación ni desde una única región. Llegaron literalmente desde numerosos lugares de la tierra.

        Para muchos cristianos, este movimiento histórico resulta especialmente significativo porque los profetas no anunciaron únicamente que Israel recuperaría su tierra. También declararon que Dios reuniría a su pueblo desde diferentes países y desde los extremos del mundo.

“Del oriente te traeré, y del occidente te recogeré”

        El profeta Isaías escribió:

“No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré. Diré al norte: Da acá; y al sur: No detengas; trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de la tierra.”

(Isaías 43:5-6, RVR1960).

        El lenguaje del pasaje es extraordinariamente amplio. Isaías menciona los cuatro puntos cardinales: oriente, occidente, norte y sur. Después añade una expresión todavía mayor: “de los confines de la tierra”.

        Algunos intérpretes consideran que esta profecía se relacionó inicialmente con el regreso del cautiverio babilónico. Otros creen que aquel retorno fue solamente un cumplimiento parcial y que el lenguaje del pasaje contempla una reunión mucho más extensa.

        El regreso desde Babilonia fue importante, pero no reunió a los judíos desde todos los puntos cardinales ni desde numerosos continentes. En cambio, el movimiento migratorio de los siglos XIX, XX y XXI ha traído a Israel personas procedentes de Europa, Asia, África, América y Oceanía.

“Los reuniré de los fines de la tierra”

        Jeremías utilizó un lenguaje semejante:

“He aquí yo los hago volver de la tierra del norte, y los reuniré de los fines de la tierra.”

(Jeremías 31:8, RVR1960).

        El capítulo treinta y uno de Jeremías combina restauración nacional, consuelo espiritual y renovación del pacto. Dios aparece como un Padre que no ha olvidado a su pueblo, aun después de disciplinarlo y permitir su dispersión.

        Más adelante declara:

“El que esparció a Israel lo reunirá y guardará, como el pastor a su rebaño.”

(Jeremías 31:10, RVR1960).

        La misma mano que permitió la dispersión sería la que abriría el camino para el regreso. La restauración no se presenta como resultado de la fortaleza humana de Israel, sino como parte de la fidelidad de Dios a sus propósitos.

“Os recogeré de todas las tierras”

        Ezequiel fue todavía más directo:

“Yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país.”

(Ezequiel 36:24, RVR1960).

        El profeta no habló únicamente de una restauración territorial. Después de anunciar el regreso, declaró que Dios limpiaría a su pueblo, le daría un corazón nuevo y pondría dentro de él un espíritu nuevo.

        Esto resulta muy importante. El regreso físico a la tierra y la restauración espiritual aparecen relacionados, pero no necesariamente como acontecimientos simultáneos.

        Muchos intérpretes consideran que el retorno nacional comenzó antes de que ocurriera una renovación espiritual completa. Otros entienden que la promesa alcanzará su cumplimiento pleno solamente en el futuro. En cualquier caso, el texto muestra que la restauración profética no termina con la posesión de un territorio: apunta también hacia una transformación interior.

El regreso desde Europa

        Una parte considerable de los primeros inmigrantes modernos llegó desde Europa. Antes de 1948 arribaron judíos procedentes de Rusia, Polonia, Rumania, Alemania y otras regiones, muchos de ellos huyendo de persecuciones, pobreza, violencia antisemita o, posteriormente, de las consecuencias del Holocausto.

        Entre 1948 y 1951, Israel recibió aproximadamente seiscientos ochenta y ocho mil inmigrantes, una cifra enorme para un país cuya población judía al momento de su independencia era de alrededor de seiscientos cincuenta mil habitantes. En apenas tres años, la población prácticamente se duplicó.

        Llegaron sobrevivientes de los campos de concentración, personas desplazadas que habían perdido sus hogares y familias enteras que ya no encontraban seguridad en las naciones donde habían vivido durante generaciones.

        No llegaban a una nación rica y preparada para recibirlos. Israel acababa de concluir una guerra, enfrentaba escasez de viviendas, alimentos, empleos e infraestructura. Aun así, abrió sus puertas y levantó campamentos temporales para albergar a quienes continuaban llegando.

El enorme regreso desde Rusia y la antigua Unión Soviética

        Uno de los movimientos migratorios más grandes ocurrió desde la antigua Unión Soviética.

        Durante gran parte del siglo XX, las autoridades soviéticas restringieron severamente la emigración. Muchos judíos que deseaban trasladarse a Israel no podían salir del país.

        Pero a finales de la década de 1980, con el debilitamiento del sistema soviético, las puertas comenzaron a abrirse. Desde entonces entraron en Israel más de un millón doscientos mil inmigrantes, aproximadamente el ochenta y cinco por ciento de ellos procedentes de la antigua Unión Soviética.

        Aquella inmigración transformó profundamente a Israel. Entre los recién llegados había médicos, ingenieros, músicos, científicos, maestros y especialistas en numerosas disciplinas.

        Durante décadas parecía imposible que una comunidad atrapada detrás de la Cortina de Hierro pudiera salir en cantidades tan grandes. Sin embargo, las circunstancias políticas cambiaron y el camino se abrió.

El regreso desde Yemen

        La comunidad judía de Yemen era una de las más antiguas del mundo. Había conservado sus tradiciones durante muchos siglos, en ocasiones bajo condiciones de pobreza, aislamiento y persecución.

        Entre 1949 y 1950 se organizó una operación aérea conocida como Operación Alfombra Mágica —también llamada Sobre alas de águilas— mediante la cual alrededor de cuarenta y nueve mil judíos yemenitas fueron trasladados a Israel.

        Muchas familias abandonaron aldeas remotas, caminaron largas distancias y llegaron por primera vez a un aeropuerto. Algunos jamás habían visto un avión.

        Para numerosos creyentes, aquellas imágenes recordaban las palabras de Isaías:

“¿Quiénes son éstos que vuelan como nubes, y como palomas a sus ventanas?”

(Isaías 60:8, RVR1960).

        El pasaje debe interpretarse dentro de su propio contexto profético y no como una descripción técnica de aviones. Sin embargo, resulta comprensible que muchos cristianos hayan encontrado profundamente conmovedora la imagen de una antigua comunidad judía regresando por el aire a la tierra de sus antepasados.

El regreso desde Irak

        La comunidad judía de Irak tenía raíces que se remontaban al cautiverio babilónico. Durante más de dos mil quinientos años hubo presencia judía en Mesopotamia.

        Entre 1950 y 1951, mediante la Operación Esdras y Nehemías, más de ciento veinte mil judíos iraquíes fueron trasladados a Israel. Esa cifra representaba casi la totalidad de la antigua comunidad judía de Irak.

        El nombre de la operación resultaba especialmente significativo. Esdras y Nehemías habían dirigido, muchos siglos antes, el regreso desde Babilonia hacia Jerusalén. Ahora, descendientes de aquella comunidad emprendían nuevamente el camino hacia la tierra de Israel.

El regreso desde Marruecos y el norte de África

        Antes de la creación del Estado de Israel, Marruecos albergaba una de las comunidades judías más grandes del mundo islámico. En las décadas posteriores a 1948, cientos de miles de judíos procedentes de Marruecos, Argelia y Túnez emigraron a Israel.

        Los registros históricos recopilados a partir de datos de la Oficina Central de Estadísticas de Israel sitúan la inmigración conjunta desde Marruecos, Argelia y Túnez en más de trescientas sesenta mil personas; solamente la inmigración procedente de Marruecos alcanzó varios cientos de miles.

        Estos inmigrantes llevaron consigo antiguas costumbres sefardíes y norteafricanas, música, gastronomía, tradiciones religiosas y una profunda memoria comunitaria. Su integración no estuvo libre de dificultades, desigualdades ni tensiones culturales. La restauración de una nación formada por personas procedentes de tantos países fue un proceso humano complejo, no una historia sin sufrimiento.

El regreso desde Etiopía

        Durante siglos, la comunidad conocida como Beta Israel vivió en Etiopía, separada de muchas otras comunidades judías y conservando una identidad religiosa particular.

        En la década de 1980, miles emprendieron peligrosos viajes a pie hacia Sudán. Muchos murieron en el camino debido al hambre, las enfermedades y la violencia.

        Entre noviembre de 1984 y enero de 1985, la Operación Moisés trasladó secretamente a Israel a unos ocho mil judíos etíopes.

        En mayo de 1991, la Operación Salomón transportó a más de catorce mil personas en aproximadamente treinta y seis horas. Las inmigraciones continuaron posteriormente, y para 2022 residían en Israel alrededor de ciento sesenta y nueve mil personas de origen etíope, incluyendo tanto inmigrantes como sus hijos nacidos en el país.

        Pocas escenas ilustran de manera tan poderosa la expresión profética “los reuniré de los fines de la tierra” como la llegada de familias que habían permanecido aisladas en las montañas de Etiopía durante generaciones.

El regreso desde Estados Unidos

        La inmigración desde Estados Unidos ha sido diferente de otras grandes oleadas. En muchos casos no ha sido motivada por una expulsión masiva, una operación de rescate o la desaparición de la comunidad de origen.

        Decenas de miles de judíos estadounidenses han emigrado voluntariamente a Israel por motivos religiosos, familiares, profesionales o nacionales. Los registros históricos sitúan en más de ciento veinte mil el número acumulado de inmigrantes procedentes de Estados Unidos desde 1948.

        Esto demuestra que el regreso no ha ocurrido únicamente desde lugares de persecución. También han llegado personas procedentes de naciones prósperas, dejando voluntariamente condiciones de relativa seguridad para establecerse en Israel.

El regreso desde América Latina

        También han emigrado a Israel comunidades procedentes de Argentina, Brasil, México, Uruguay, Chile, Venezuela, Colombia y otros países latinoamericanos.

        Argentina ha aportado la mayor inmigración judía de América Latina. Los registros históricos superan los sesenta mil inmigrantes argentinos, mientras que Brasil ha aportado más de quince mil, además de miles procedentes de otras naciones de la región.

        Algunos salieron durante períodos de crisis política, antisemitismo o inestabilidad económica. Otros llegaron por convicción religiosa, razones familiares o identificación con el Estado de Israel.

        De esta manera, también desde el extremo occidental del mundo, familias judías han emprendido el regreso.

Un panorama estadístico del regreso

        Las cifras deben considerarse aproximadas, porque varían según el período estudiado, la clasificación territorial y si se cuentan solamente los inmigrantes nacidos en cada país o también otros familiares elegibles. Sin embargo, permiten contemplar la magnitud del fenómeno:

Región o país de procedenciaInmigración histórica aproximada
Antigua Unión Soviética, Rusia y UcraniaMás de 1,200,000
Marruecos, Argelia y TúnezMás de 360,000
RumaniaMás de 270,000
PoloniaMás de 170,000
IrakMás de 120,000
Estados UnidosMás de 120,000
EtiopíaMás de 90,000 nacidos allí
FranciaMás de 80,000
ArgentinaMás de 60,000
YemenMás de 50,000
BrasilMás de 15,000

        Desde el establecimiento del Estado hasta 2016 habían llegado aproximadamente tres millones doscientos mil inmigrantes. Alrededor del cuarenta por ciento de ellos había nacido en la antigua Unión Soviética.

        No estamos hablando, por tanto, de un pequeño movimiento regional. Estamos contemplando la reunión de personas provenientes de decenas de países, idiomas y culturas.

¿Se están cumpliendo las antiguas profecías?

        ¿Podemos afirmar que estos acontecimientos son el cumplimiento definitivo de Isaías 43, Jeremías 31 y Ezequiel 36?

        La respuesta debe expresarse con prudencia.

        Algunos estudiosos consideran que estas profecías se cumplieron principalmente cuando los judíos regresaron del cautiverio babilónico. Otros creen que aquel retorno fue un cumplimiento inicial, pero no agotó el significado de pasajes que hablan de una reunión desde numerosas naciones y desde los confines de la tierra.

        También hay intérpretes cristianos que aplican estas promesas espiritualmente a la reunión del pueblo de Dios mediante el Mesías. Otros distinguen entre la Iglesia e Israel y esperan todavía una restauración nacional y espiritual más completa.

        Este libro no pretende resolver todas esas diferencias. Pero sí desea señalar un hecho extraordinario: en nuestra época, judíos procedentes de los cuatro puntos cardinales han regresado a la tierra de Israel en cantidades que ninguna generación anterior contempló.

Israel y el escenario de los últimos tiempos

        Para muchos cristianos, el regreso desde las naciones posee una relación directa con los acontecimientos de los últimos tiempos.

        No porque permita fijar una fecha para el regreso de Cristo. Jesús declaró que nadie conoce el día ni la hora. Tampoco porque cada movimiento migratorio deba interpretarse automáticamente como una señal independiente.

        Su importancia se encuentra en algo más profundo: numerosas profecías relacionadas con Jerusalén, Israel y el futuro del mundo presuponen la presencia del pueblo judío nuevamente en su tierra.

        Durante casi dos mil años, ese escenario parecía imposible. En nuestra generación ha vuelto a existir.

        No conocemos cuánto falta para el cumplimiento de las profecías que aún permanecen pendientes. Pero la historia moderna de Israel nos recuerda que aquello que parece imposible para una generación puede convertirse en realidad delante de la siguiente.

No basta con observar

        El propósito de estudiar estas profecías no es convertirnos en espectadores de los acontecimientos mundiales.

        Podemos conocer las fechas de cada migración.

Podemos memorizar las cifras.

Podemos identificar los países de procedencia.

Podemos admirarnos ante las operaciones de rescate.

Y, sin embargo, permanecer espiritualmente dormidos.

        La profecía bíblica no fue entregada solamente para aumentar nuestra información. Fue dada para despertar nuestra conciencia, fortalecer nuestra confianza en Dios y llevarnos a vivir preparados.

        Cuando observamos que un pueblo dispersado durante siglos ha regresado desde Rusia, Europa, Yemen, Irak, Marruecos, Etiopía, Estados Unidos y América Latina, la pregunta no debe ser únicamente:

¿Estamos viendo el cumplimiento de la profecía?

        También debemos preguntarnos:

¿Qué está produciendo en nosotros lo que estamos viendo?

Reflexión final

        Los profetas hablaron de un pueblo dispersado que sería reunido desde el oriente y el occidente, desde el norte y el sur, desde las naciones y desde los confines de la tierra.

        Durante muchos siglos, esas palabras parecieron difíciles de imaginar. Pero hoy Israel está formado por familias procedentes de decenas de países. En sus ciudades conviven personas cuyos padres o abuelos nacieron en Rusia, Polonia, Irak, Yemen, Marruecos, Etiopía, Estados Unidos, Argentina y muchos otros lugares.

        ¿Es este el cumplimiento completo y definitivo de aquellas promesas? Tal vez todavía falten aspectos importantes, especialmente la restauración espiritual anunciada por los profetas.

        Pero, como mínimo, estamos contemplando un acontecimiento que encaja de manera sorprendente con el escenario descrito por ellos.

        Y esto debería llevarnos más allá de la curiosidad.

Si Dios ha preservado su Palabra durante siglos y ha dirigido la historia de maneras que generaciones anteriores no podían imaginar, entonces debemos tomar seriamente las promesas que todavía faltan por cumplirse.

        No sabemos si pertenecemos a la última generación. Pero sí sabemos que debemos vivir como si Cristo pudiera llamarnos a rendir cuentas en cualquier momento.

        La pregunta no es solamente dónde se encuentra Israel dentro del calendario profético.

La pregunta también es:

¿Dónde nos encontramos nosotros en nuestra relación con Dios?

¿Estamos despiertos?

¿Estamos cumpliendo la misión que Cristo nos confió?

¿Nos encontrará fieles cuando Él venga?

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.”

(Mateo 24:42, RVR1960).


Referencias bíblicas

  • Deuteronomio 30:1-5.
  • Isaías 11:11-12.
  • Isaías 43:1-7.
  • Isaías 60:4-9.
  • Jeremías 30:3.
  • Jeremías 31:7-14.
  • Ezequiel 36:22-28.
  • Ezequiel 37:21-28.
  • Mateo 24:36-44.

Referencias históricas y estadísticas

  • Oficina Central de Estadísticas de Israel, estadísticas históricas de inmigración.
  • Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, historia de la aliyá.
  • Archivos del Estado de Israel, inmigración y reunión de los exiliados.
  • Agencia Judía para Israel, informes sobre inmigración.
  • Martin Gilbert. Israel: A History.
  • Howard M. Sachar. A History of Israel.
  • Anita Shapira. Israel: A History.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.