Por el Dr. Elio M Rivera
Una enorme familia viajando por el espacio
Mire hacia el cielo durante el día.
Allí está el Sol.
Ahora mire el cielo durante la noche.
Quizá vea la Luna, algunas estrellas y, en ciertas épocas, incluso alguno de los planetas.
Aunque parecen objetos separados, muchos de los cuerpos que vemos en nuestro cielo forman parte de un mismo gran sistema.
Lo llamamos Sistema Solar.

Nuestro Sistema Solar es como un enorme vecindario en el espacio. En el centro se encuentra el Sol y alrededor de él viajan los planetas, sus lunas, asteroides y muchos otros cuerpos más pequeños.
Y nosotros vivimos allí.
La Tierra es solamente uno de los mundos que forman parte de esta extraordinaria familia.
Todo comienza con el Sol
En el centro del Sistema Solar se encuentra una estrella enorme:
el Sol.
El Sol es muchísimo más grande que la Tierra. Su diámetro es de aproximadamente 1.39 millones de kilómetros.
La Tierra, en comparación, mide aproximadamente 12,742 kilómetros de diámetro.
Imagine una pelota gigantesca y, cerca de ella, una bolita mucho más pequeña.
Algo semejante ocurre cuando comparamos el Sol con nuestro planeta.
Pero el Sol no solamente es grande.
También contiene la mayor parte de la masa de todo el Sistema Solar.
Por eso su gravedad ejerce una enorme influencia sobre los objetos que se encuentran alrededor.
Los planetas no están flotando sin rumbo
Algunas veces, cuando vemos dibujos del Sistema Solar, parece que los planetas simplemente están colocados alrededor del Sol.
Pero están haciendo algo extraordinario.
Están viajando.
Cada planeta se mueve alrededor del Sol siguiendo un recorrido llamado órbita.
Mercurio viaja alrededor del Sol.
Venus también.
La Tierra también.
Y mientras usted está leyendo estas palabras, nuestro planeta continúa avanzando silenciosamente por su propia órbita.
No escuchamos motores.
No sentimos vibraciones.
Pero estamos viajando.

Ocho mundos alrededor de una estrella
Nuestro Sistema Solar posee ocho planetas.
Si comenzamos desde el más cercano al Sol encontramos:
Mercurio.
Venus.
Tierra.
Marte.
Júpiter.
Saturno.
Urano.
Neptuno.
Cada uno es diferente.
Mercurio es pequeño y está muy cerca del Sol.
Venus está cubierto por una atmósfera extremadamente densa.
La Tierra posee enormes océanos de agua líquida y es nuestro hogar.
Marte tiene un característico color rojizo.
Júpiter es gigantesco.
Saturno posee un espectacular sistema de anillos.
Urano gira de una manera muy peculiar, prácticamente inclinado de lado.
Y Neptuno se encuentra muchísimo más lejos del Sol y posee vientos extraordinariamente intensos.
Ocho planetas.
Ocho mundos muy distintos.
Pero todos forman parte del mismo sistema.
Algunos planetas tienen compañeros
La Tierra tiene una Luna.
Pero no somos los únicos.
Otros planetas poseen también lunas que viajan alrededor de ellos.
Júpiter y Saturno poseen numerosas lunas.
Algunas son pequeñas.
Otras son enormes.
Incluso existen lunas con características extraordinarias que estudiaremos más adelante.
Así que mientras los planetas viajan alrededor del Sol, muchas lunas están viajando alrededor de los planetas.
Imagine todo ese movimiento ocurriendo simultáneamente.
Y todavía hay mucho más
Entre Marte y Júpiter encontramos una región donde existen numerosos asteroides.
Más allá de Neptuno existen también muchos cuerpos helados.
Tenemos planetas enanos como Plutón.
También existen cometas que pueden recorrer órbitas enormes y que, cuando se acercan al Sol, pueden desarrollar espectaculares colas visibles desde la Tierra.
Nuestro Sistema Solar no está compuesto solamente por ocho planetas.
Es un sistema lleno de diferentes clases de cuerpos.
¿Qué tan grande es nuestro vecindario?
Aquí las distancias comienzan a ser difíciles de imaginar.
La Tierra se encuentra, en promedio, aproximadamente a:
150 millones de kilómetros del Sol.
Eso ya parece enorme.
Pero Neptuno se encuentra muchísimo más lejos: su distancia media al Sol es de unos 4,500 millones de kilómetros.
Y aun así, existen cuerpos que viajan mucho más lejos.
El Sistema Solar es tan grande que las distancias normales que utilizamos en nuestra vida cotidiana dejan de parecernos útiles.
Una carretera de cien kilómetros nos parece larga.
Pero en el Sistema Solar hablamos de millones y miles de millones de kilómetros.
Sin embargo, todo está relacionado
Aquí aparece algo especialmente interesante.
El Sol ejerce gravedad.
Los planetas se mueven.
Las lunas acompañan a muchos planetas.
Los asteroides siguen sus propios recorridos.
Los cometas viajan por enormes órbitas.
No estamos observando objetos colocados al azar como piedras sobre una mesa.
Estamos contemplando un sistema en movimiento.
Cada cuerpo posee una posición.
Cada uno sigue un recorrido.
Y la gravedad participa constantemente en ese extraordinario movimiento.
Nuestro pequeño hogar dentro de algo enorme
Ahora piense en algo.
Dentro de este inmenso Sistema Solar existe una pequeña esfera azul.
Es la Tierra.
Sobre esa esfera existen océanos.
Ríos.
Animales.
Personas.
Y usted.
Estamos viviendo sobre un planeta que viaja alrededor de una estrella acompañado por otros siete planetas y una enorme cantidad de cuerpos menores.
Cuando pensamos solamente en nuestra casa o nuestra ciudad, el mundo puede parecernos muy grande.
Pero cuando contemplamos el Sistema Solar descubrimos que nuestra casa forma parte de algo muchísimo mayor.
La Biblia dirige nuestra mirada hacia el cielo
Hace miles de años, David contempló el cielo y escribió:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
Salmo 19:1
David no tenía telescopios espaciales.
No podía enviar naves hacia otros planetas.
No conocía las distancias que hoy podemos calcular.
Simplemente levantaba los ojos y contemplaba.
Nosotros podemos hacer algo más.
Podemos contemplar…
y también medir.
Podemos conocer el tamaño del Sol.
Podemos calcular las órbitas.
Podemos enviar naves a otros planetas.
Podemos fotografiar Júpiter.
Podemos observar los anillos de Saturno.
Podemos estudiar Marte.
Y mientras más conocemos nuestro vecindario espacial, más extraordinario parece.
Dios conoce incluso aquello que para nosotros resulta inmenso
El profeta Isaías escribió:
“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas…”
Isaías 40:26
Esa invitación sigue siendo extraordinaria.
Levante los ojos.
Mire.
Pregunte.
Estudie.
Descubra.
Desde la perspectiva bíblica, estudiar el universo no significa alejarnos del Creador.
Puede convertirse precisamente en una manera de admirar con mayor profundidad la obra de sus manos.
Y nuestro viaje apenas comienza
Hasta ahora solamente hemos abierto la puerta.
Sabemos que existe una estrella en el centro.
Ocho planetas viajan alrededor de ella.
Numerosas lunas acompañan a esos mundos.
También existen asteroides, planetas enanos, cometas y otros cuerpos.
Pero todavía no hemos visitado ninguno.
En los próximos artículos comenzaremos nuestro viaje.
Nos acercaremos primero a esa enorme estrella que domina nuestro vecindario.
Descubriremos su tamaño.
Su energía.
Su gravedad.
Y comprenderemos por qué prácticamente todo nuestro Sistema Solar depende profundamente de ella.
Nuestro próximo destino será:
El Sol: la estrella que sostiene nuestro Sistema Solar
Y quizá, cuando terminemos este viaje, comprendamos un poco mejor las palabras del salmista:
“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová!
Hiciste todas ellas con sabiduría…”
Salmo 104:24
Porque nuestro Sistema Solar no es solamente nuestro vecindario en el espacio.
Es otra extraordinaria parte de la creación que podemos estudiar para conocer mejor la grandeza de su Creador.
Libro recomendado

Escucha música con propósito
