05. ¿Cómo se clavaba a una persona en una cruz?

Por el Dr. Elio M Rivera

La investigación médica de la crucifixión

  Después de estudiar la flagelación y comprender el choque hipovolémico, llegamos al momento en que Jesucristo fue colocado sobre la cruz.

  Los Evangelios describen este acontecimiento con sorprendente brevedad:

“Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí…”
Lucas 23:33

  Juan dice:

“Y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.”
Juan 19:18

  Solamente unas palabras:

“Le crucificaron.”

  Pero ¿qué significaba físicamente ser clavado en una cruz?

Jesús fue clavado

  Aunque los relatos de la crucifixión no se detienen a describir el procedimiento de introducir cada clavo, después de la resurrección encontramos una declaración que confirma que Jesús había sufrido heridas producidas por ellos.

  Tomás dijo:

“Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.”
Juan 20:25

  Observe que habla de:

“La señal de los clavos.”

  Por lo tanto, no estamos suponiendo que Jesucristo fue clavado. El propio relato bíblico conserva evidencia de esas heridas.

Primero había que fijar el cuerpo a la cruz

  La finalidad de los clavos era mantener al condenado sujeto al instrumento de ejecución.

  El cuerpo tenía que permanecer suspendido durante el tiempo necesario para que la crucifixión produjera la muerte.

  Por eso no debemos imaginar pequeños clavos semejantes a los utilizados en carpintería doméstica.

  Tenían que soportar las fuerzas producidas por el peso y los movimientos de una persona suspendida.

  Desde una perspectiva médica, introducir un objeto metálico de semejantes características a través de una extremidad produce inevitablemente un traumatismo considerable.

¿Dónde fueron colocados los clavos?

  Aquí debemos ser cuidadosos.

  La Biblia habla de las heridas en las manos de Jesucristo, pero no proporciona una descripción anatómica milimétrica del punto por donde penetraron los clavos.

  Por eso no quiero afirmar más de lo que el propio relato permite establecer.

  Lo que sí podemos afirmar es que Jesucristo fue clavado a la cruz y que, después de la resurrección, las marcas producidas por aquellos clavos continuaban siendo identificables.

  Jesús mismo dijo a Tomás:

“Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.”
Juan 20:27

Los clavos producían heridas profundas

  Pensemos ahora desde el punto de vista médico.

  Cuando un clavo penetra una extremidad, tiene que atravesar diferentes estructuras anatómicas.

  Piel.

  Tejido subcutáneo.

  Vasos sanguíneos.

  Y, dependiendo de la trayectoria exacta, puede afectar músculos, tendones, ligamentos, huesos o estructuras nerviosas.

  Por eso no estamos hablando simplemente de un pequeño orificio.

  Estamos hablando de una herida penetrante traumática.

El dolor podía ser extraordinario

  Las manos y las regiones cercanas a las muñecas poseen una importante inervación.

  Una lesión producida por un clavo en esta zona podía generar un dolor extremadamente intenso, especialmente si afectaba estructuras nerviosas.

  Y debemos recordar algo:

  Jesús ya había sido flagelado.

  Ya había perdido sangre.

  Ya estaba debilitado.

  Ahora se añadían nuevas heridas.

  El trauma seguía acumulándose.

Los pies también fueron fijados

  El cuerpo no quedaba suspendido únicamente por los miembros superiores.

  Los pies también eran fijados a la cruz.

  Esto tenía una importancia enorme porque las piernas participarían posteriormente en los movimientos que el condenado necesitaba realizar mientras permanecía suspendido.

  Cada intento por modificar la posición corporal significaba ejercer presión sobre las heridas.

  Por lo tanto, el sufrimiento no terminaba cuando se introducía el clavo.

  Las heridas continuarían soportando fuerzas y movimiento durante toda la crucifixión.

Después levantaban la cruz

  Una cosa es imaginar a una persona acostada mientras es fijada.

  Otra muy diferente es comprender lo que ocurre cuando posteriormente el cuerpo queda suspendido.

  En ese momento cambia completamente la distribución del peso.

  Los puntos de fijación comienzan a soportar las fuerzas generadas por el cuerpo.

  Los brazos quedan extendidos.

  Las piernas permanecen fijadas.

  Y cualquier intento de modificar la posición provoca dolor en las heridas.

  La cruz se convierte entonces en un instrumento en el que el propio peso corporal forma parte del tormento.

Cada movimiento tenía un precio

  Una persona crucificada no permanecía simplemente inmóvil.

  El organismo todavía intentaba sobrevivir.

  El condenado trataría de modificar su posición buscando aliviar determinadas tensiones y facilitar la respiración.

  Pero para hacerlo tendría que utilizar brazos y piernas que estaban precisamente sujetos a la cruz.

  Esto significa que cada movimiento podía aumentar el dolor producido en los puntos de fijación.

  Empujar con los pies implicaba presión sobre las heridas de los pies.

  Modificar la posición de los brazos afectaba las heridas de los miembros superiores.

  Y todo ocurría mientras el cuerpo estaba ya agotado.

Las heridas también añadían pérdida de sangre

  Los clavos producían nuevas lesiones y, con ellas, nuevos puntos de sangrado.

  Esto debe sumarse a la sangre que Jesús ya había perdido durante la flagelación.

  Éste es un principio que debemos conservar durante toda nuestra investigación:

Las lesiones no ocurrieron aisladamente.

  Se acumularon.

  El hombre clavado en la cruz era el mismo hombre que minutos antes había sido flagelado.

  El mismo que había sufrido múltiples heridas.

  El mismo que había comenzado a perder sangre.

  El mismo que había llegado al Gólgota físicamente debilitado.

Las heridas de los clavos permanecieron después de la resurrección

  Existe algo extraordinario en el relato de Juan.

  Cuando Jesucristo apareció vivo a sus discípulos, las heridas podían ser reconocidas.

  Tomás había dicho que necesitaba ver:

“La señal de los clavos.”

  Y cuando Jesús apareció, no negó que esas señales existieran.

  Al contrario, le dijo:

“Pon aquí tu dedo, y mira mis manos…”

  Las heridas que habían formado parte de su ejecución se convirtieron después en una manera de identificar al mismo Jesús que había sido crucificado.

Los clavos por sí solos no explican la muerte

  También debemos ser precisos médicamente.

  No necesitamos afirmar que Jesús murió simplemente porque unos clavos atravesaron sus extremidades.

  La crucifixión debe analizarse como un proceso completo.

  Flagelación.

  Traumatismo.

  Pérdida de sangre.

  Debilitamiento.

  Clavos.

  Suspensión del cuerpo.

  Dolor.

  Deshidratación.

  Agotamiento.

  Deterioro respiratorio y circulatorio.

  Y finalmente, en el caso de Jesús, una herida de lanza en el costado.

  Cada elemento se suma al anterior.

La cruz estaba diseñada para prolongar el sufrimiento

  Ésta es una de las características más terribles de la crucifixión.

  Los clavos no necesariamente producían una muerte instantánea.

  Precisamente por eso el condenado podía permanecer vivo durante un periodo considerable mientras su organismo se deterioraba progresivamente.

  El objetivo no era una muerte rápida.

  La crucifixión convertía el tiempo mismo en parte del castigo.

Regresemos a nuestra pregunta principal

  Estamos investigando:

¿Jesús realmente murió?

  Por eso cada etapa importa.

  Hasta este momento hemos encontrado a un hombre que había sufrido una flagelación brutal, había perdido sangre y posteriormente fue fijado mediante clavos a una cruz.

  Pero todavía falta comprender qué ocurrió cuando su cuerpo quedó suspendido allí.

  Porque una vez levantada la cruz comenzaron a intervenir otras fuerzas.

  El peso del cuerpo.

  La posición de los brazos.

  El movimiento de las piernas.

  El agotamiento muscular.

  Y, especialmente, la respiración.

  Éste será uno de los aspectos médicos más importantes de toda nuestra investigación.

Nuestro siguiente tema: ¿Qué le ocurría al cuerpo mientras permanecía suspendido en la cruz?

Referencias bíblicas

Lucas 23:33.
Juan 19:16-18.
Juan 20:24-29.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.