La tundra — vida en los límites del frío
Existen regiones de la Tierra donde los árboles prácticamente desaparecen, el invierno domina gran parte del año y el suelo puede permanecer congelado durante períodos extraordinariamente largos. A primera vista, estos paisajes parecen demasiado hostiles para sostener una comunidad abundante de seres vivos. Sin embargo, cuando llega el breve verano, la tundra puede transformarse en un mosaico de musgos, líquenes, pequeñas flores, insectos y animales.
La tundra se encuentra principalmente en regiones cercanas al Ártico, aunque también existe tundra alpina en grandes montañas. Sus características más conocidas son las bajas temperaturas, una temporada de crecimiento corta, vegetación de poca altura y, en gran parte de la tundra ártica, la presencia de permafrost, suelo que permanece congelado durante al menos dos años consecutivos.
Aquí la vida enfrenta un desafío extraordinario: aprovechar rápidamente los pocos meses favorables y resistir el resto del año bajo condiciones extremas.

La tundra, un ecosistema maravilloso
¿Por qué casi no existen árboles?
La palabra tundra está relacionada precisamente con una región abierta y sin grandes árboles.
Las temperaturas bajas, los fuertes vientos, la corta temporada de crecimiento y las características del suelo dificultan que los árboles desarrollen los grandes sistemas de raíces y troncos que encontramos en los bosques.
Por eso predominan plantas pequeñas.
En la tundra, crecer cerca del suelo puede ser una ventaja.
El permafrost — tierra permanentemente congelada
Una de las características más fascinantes de muchas regiones de tundra es el permafrost.
Debajo de la superficie existe suelo que permanece congelado durante años.
Durante el verano solamente una capa superior puede descongelarse.
A esta región se le llama capa activa.
Las plantas deben desarrollar gran parte de sus raíces dentro de esa pequeña profundidad disponible.

El agua puede quedar atrapada sobre suelo congelado
Aquí aparece una aparente contradicción.
La tundra recibe relativamente poca precipitación, pero durante el verano puede presentar charcos, pequeños lagos y terrenos pantanosos.
La razón es que el permafrost dificulta que el agua se infiltre profundamente.
La nieve se derrite.
La capa superficial se descongela.
Pero debajo continúa existiendo suelo congelado.
El agua queda atrapada cerca de la superficie.
Un desierto frío
Aunque pueda parecer extraño, algunas regiones de tundra reciben cantidades de precipitación comparables con las de ciertos desiertos.
La diferencia es la temperatura.
El agua permanece congelada durante gran parte del año y la evaporación puede ser limitada.
Por eso un paisaje frío puede contener relativamente poca precipitación y, aun así, presentar áreas húmedas durante el verano.
Las plantas permanecen cerca del suelo
Musgos, líquenes, hierbas, juncos y pequeños arbustos dominan gran parte del paisaje.
Muchas plantas crecen formando almohadillas o grupos compactos.
Permanecer cerca del suelo ayuda a reducir la exposición al viento.
También puede permitir aprovechar una pequeña capa de aire ligeramente menos fría que la situada más arriba.
En la tundra, ser pequeño puede ser una extraordinaria ventaja.
Algunas plantas parecen pequeñas almohadas
Las llamadas plantas en cojín forman estructuras densas y redondeadas.
Dentro de ellas el aire puede quedar parcialmente protegido.
La temperatura puede ser algo diferente de la del ambiente exterior.
Una forma compacta también reduce la superficie expuesta al viento.
La geometría de una planta puede contribuir a su supervivencia.
Las hojas también están preparadas para conservar recursos
Muchas plantas de tundra poseen hojas pequeñas.
Algunas presentan pelos o cubiertas que ayudan a reducir la pérdida de agua y proteger los tejidos.
Los colores oscuros de determinadas estructuras también pueden favorecer la absorción de radiación solar.
Cuando el verano dura poco, aprovechar el calor disponible es importante.

La tundra en el verano
Las flores aparecen rápidamente
Después de meses de nieve y frío, llega el verano.
La temperatura aumenta.
La capa superficial del suelo se descongela.
Y en poco tiempo comienzan a aparecer flores.
No pueden desperdiciar una temporada favorable que quizá dure solamente unas semanas.
El crecimiento y la reproducción deben ocurrir con rapidez.
El Sol puede permanecer visible durante casi todo el día
Durante el verano ártico, las regiones situadas suficientemente al norte experimentan días extraordinariamente largos.
En algunos lugares el Sol puede permanecer sobre el horizonte durante las veinticuatro horas.
Esto proporciona a las plantas muchas horas potenciales de luz para realizar fotosíntesis.
El verano es breve.
Pero los días pueden ser extraordinariamente largos.
Después llega una larga oscuridad
Durante el invierno ocurre lo contrario.
Los días se acortan enormemente.
En regiones situadas dentro del círculo polar puede existir un período en el que el Sol no llega a elevarse sobre el horizonte.
Temperaturas extremadamente bajas, viento, nieve y oscuridad dominan el paisaje.
Las criaturas de la tundra necesitan estrategias para sobrevivir.
El caribú — un gran viajero de la tundra
Los caribúes, conocidos como renos en Eurasia, pueden realizar grandes desplazamientos entre regiones de alimentación y reproducción.
Sus pezuñas anchas ayudan a caminar sobre terrenos blandos, nieve y zonas húmedas.
Durante diferentes estaciones consumen diversos tipos de vegetación.
Enormes manadas pueden desplazarse a través del paisaje.
El zorro ártico — vestido para el frío
El zorro ártico posee un pelaje extraordinariamente aislante.
Su cuerpo compacto, orejas relativamente pequeñas y abundante pelo ayudan a reducir la pérdida de calor.
Incluso las plantas de sus patas están cubiertas de pelo.
En muchas poblaciones, el color del pelaje cambia según la estación.
Blanco durante el invierno.
Más oscuro durante el verano.
El búho nival
El búho nival puede vivir y reproducirse en regiones de tundra.
Su plumaje proporciona aislamiento y camuflaje.
Se alimenta de pequeños mamíferos, especialmente lemmings cuando estos son abundantes.
La población de una especie puede estar estrechamente relacionada con la disponibilidad de otra.
Los pequeños lemmings tienen una gran importancia
Los lemmings son pequeños roedores que viven en ambientes del norte.
Su número puede variar considerablemente entre diferentes años.
Cuando son abundantes proporcionan alimento a zorros, búhos y otros depredadores.
Una criatura pequeña puede sostener gran parte de una red alimentaria.
Los insectos aparecen por millones
Durante el breve verano, charcos y zonas húmedas proporcionan lugares donde se reproducen mosquitos y otros insectos.
Sus poblaciones pueden aumentar rápidamente.
Esto puede resultar incómodo para grandes mamíferos, pero también proporciona enormes cantidades de alimento para aves.
El verano despierta repentinamente un mundo que parecía vacío.
Millones de aves llegan para reproducirse
Numerosas aves migratorias viajan hacia regiones árticas durante el verano.
Allí encuentran extensas áreas para anidar y abundancia temporal de insectos y otros alimentos.
Después, antes de que regrese el invierno, vuelan nuevamente hacia regiones más cálidas.
La tundra puede recibir visitantes que han viajado miles de kilómetros.
Migrar es una solución al invierno
No todos los animales necesitan soportar directamente los meses más duros.
Algunos simplemente se marchan.
Aves y grandes mamíferos pueden desplazarse enormes distancias siguiendo estaciones y recursos.
La supervivencia no siempre consiste en resistir las condiciones.
A veces consiste en saber cuándo moverse.
Otros permanecen todo el año
El zorro ártico, algunos roedores y otras especies permanecen en regiones frías durante el invierno.
Necesitan aislamiento, reservas energéticas, refugios o comportamientos que reduzcan la exposición.
Cada especie enfrenta el mismo ambiente mediante soluciones diferentes.
La nieve también puede proteger
Aunque la nieve es fría, también funciona como aislante.
Debajo de una capa profunda puede existir un espacio llamado ambiente subnival.
Pequeños mamíferos pueden desplazarse allí protegidos parcialmente de temperaturas exteriores extremas y del viento.
Aquello que parece simplemente una cubierta congelada puede convertirse en refugio.
El suelo está lleno de organismos microscópicos
Bacterias, hongos y otros microorganismos participan en la descomposición de materia orgánica.
Pero las bajas temperaturas disminuyen la velocidad de muchos procesos.
Por eso la materia puede acumularse durante largos períodos.
Incluso el reciclaje de nutrientes debe enfrentarse al frío.
El permafrost almacena enormes cantidades de carbono
Durante largos períodos, restos de plantas y otros materiales han quedado conservados en suelos congelados.
Esto significa que el permafrost contiene grandes cantidades de carbono orgánico.
Cuando determinadas regiones se descongelan, los microorganismos pueden comenzar a descomponer parte de esa materia.
Este proceso puede liberar dióxido de carbono y metano.
Por eso el estado del permafrost tiene importancia mucho más allá del Ártico.
La tundra está cambiando
Las regiones árticas están experimentando un calentamiento particularmente rápido.
En algunos lugares el permafrost se está descongelando y la vegetación está cambiando.
Arbustos pueden expandirse hacia regiones donde antes eran menos comunes.
También pueden modificarse rutas migratorias, disponibilidad de alimento y condiciones del suelo.
Un ecosistema preparado para el frío puede ser especialmente sensible a cambios relativamente rápidos.
Existen lagos que aparecen y desaparecen
Cuando el hielo del suelo se derrite, la superficie puede hundirse.
Esto puede formar depresiones donde se acumula agua.
En otros casos, cambios en el permafrost pueden abrir vías de drenaje y hacer desaparecer lagos existentes.
El paisaje de la tundra no es completamente inmóvil.
El hielo escondido debajo participa en su forma.
También existe tundra en las montañas
No toda tundra está cerca del Polo Norte.
Por encima de cierta altitud en grandes montañas, las condiciones pueden ser demasiado severas para el crecimiento de árboles.
Allí aparece la tundra alpina.
Puede encontrarse en diferentes continentes.
El frío de la altitud produce un paisaje que comparte algunas características con las regiones árticas.
Tundra ártica y alpina no son exactamente iguales
La tundra alpina generalmente no posee el mismo permafrost continuo característico de muchas regiones árticas.
Además, la duración del día y las condiciones estacionales son diferentes.
Sin embargo, ambas presentan vegetación baja y fuertes limitaciones para el crecimiento de árboles.
Distintos lugares pueden producir desafíos parecidos.
La tundra parece vacía solamente desde lejos
Desde un avión podemos observar una enorme extensión sin árboles.
Parece silenciosa y casi deshabitada.
Pero al acercarnos encontramos líquenes sobre piedras, flores diminutas, insectos, aves, pequeños mamíferos y raíces escondidas bajo el suelo.
La ausencia de árboles no significa ausencia de vida.
Una pequeña flor puede sobrevivir donde un gran árbol no puede
Esta es quizá una de las imágenes más hermosas de la tundra.
Un árbol de treinta metros no puede establecerse fácilmente bajo esas condiciones.
Pero una planta de pocos centímetros puede hacerlo.
Permanece cerca del suelo.
Resiste el viento.
Espera bajo la nieve.
Y cuando llega el breve verano, florece.
La Biblia habla de nieve, hielo y frío
El libro de Job declara:
“¿De qué vientre salió el hielo? Y la escarcha del cielo, ¿quién la engendró?”
(Job 38:29)
Los escritores bíblicos conocían nieve y hielo, aunque no las enormes regiones de tundra ártica que hoy podemos estudiar.
La pregunta de Job dirige nuestra atención hacia fenómenos naturales que parecen sencillos hasta que comenzamos a investigarlos.
El salmista contempló el hielo
El Salmo 147 declara:
“Da la nieve como lana, y derrama la escarcha como ceniza. Echa su hielo como pedazos.”
(Salmo 147:16-17)
En la tundra, hielo y nieve no son acontecimientos ocasionales.
Determinan gran parte de la estructura del ecosistema.
La vida entera debe organizarse alrededor de ellos.
Un calendario marcado por unas pocas semanas
Durante meses domina el invierno.
Después llega el deshielo.
Las plantas crecen.
Las flores se abren.
Los insectos aparecen.
Las aves llegan.
Los animales se reproducen.
Las crías crecen.
Y antes de que pase mucho tiempo, las temperaturas vuelven a descender.
La vida debe aprovechar cada oportunidad.
Vida en los límites del frío
La Biblia no pretende explicar permafrost, fisiología térmica, migración o ciclos del carbono mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la ecología, climatología, geología y fisiología.
Sin embargo, estudiar la tundra nos permite descubrir una extraordinaria comunidad de organismos capaces de funcionar bajo condiciones que parecerían casi imposibles.
Las plantas permanecen cerca del suelo. Algunos animales poseen grueso aislamiento. Otros migran miles de kilómetros. Pequeños mamíferos utilizan la nieve como refugio. Las aves aprovechan los largos días del verano y las raíces ocupan la pequeña capa de tierra que logra descongelarse.
Desde la perspectiva bíblica, comprender estas características aumenta nuestra admiración. La tundra nos recuerda que la sabiduría del Creador puede contemplarse incluso en los lugares más fríos de la Tierra: allí donde un árbol no puede levantarse, una pequeña flor puede esperar durante meses bajo la nieve y, cuando finalmente llega el verano, abrirse bajo un Sol que casi nunca se pone.
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