Por el Dr. Elio M Rivera
Entre las ramas de árboles y arbustos vive un reptil cuya apariencia parece reunir varias características difíciles de encontrar en un mismo animal. Sus ojos pueden orientarse de manera notablemente independiente, su lengua puede proyectarse hacia una presa en una fracción de segundo, sus patas están preparadas para sujetarse a las ramas y su piel puede modificar su apariencia mediante mecanismos microscópicos que durante mucho tiempo fueron comprendidos de manera incompleta.
Ese animal es el camaleón.
Existen más de doscientas especies pertenecientes a la familia Chamaeleonidae, distribuidas principalmente en África y Madagascar, aunque también aparecen naturalmente en otras regiones. Algunas son pequeñas, mientras otras alcanzan tamaños considerablemente mayores. A pesar de sus diferencias, comparten una serie de características que las convierten en uno de los grupos de reptiles más fascinantes.
El camaleón demuestra que no es necesario poseer gran tamaño o enorme fuerza para sorprendernos. En él, precisión, percepción visual, locomoción y comunicación se encuentran reunidas en un organismo preparado para desenvolverse entre la vegetación.

El camaleón, una sorprendente combinación de visión, precisión y comunicación
El libro de Job contiene una invitación particularmente apropiada cuando contemplamos criaturas como esta:
“Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán.”
(Job 12:7)
Durante siglos, muchas características de los animales fueron conocidas solamente por observación. Actualmente, la anatomía, la fisiología y nuevas tecnologías permiten descubrir los mecanismos que se encuentran detrás de aquello que nuestros ojos contemplan.
El camaleón constituye un magnífico ejemplo.
Dos ojos que pueden mirar en direcciones diferentes
Quizá una de sus características más llamativas sea la forma en que utiliza los ojos.
Cada globo ocular se encuentra cubierto en gran parte por párpados fusionados que dejan solamente una pequeña abertura para la pupila. Además, pueden realizar amplios movimientos.
Mientras el animal permanece inmóvil sobre una rama, un ojo puede explorar una región del entorno mientras el otro observa otra dirección.
Esto proporciona un campo visual muy amplio sin necesidad de mover constantemente la cabeza y revelar su posición.
Sin embargo, cuando aparece una posible presa, ocurre algo diferente.
De explorar el ambiente a calcular un ataque
Al detectar un insecto, el sistema visual modifica su funcionamiento. Ambos ojos pueden orientarse hacia el objetivo para obtener la información necesaria sobre su posición y distancia.
En ese momento, la percepción visual se convierte en preparación para una acción extraordinariamente rápida.
El camaleón necesita calcular dónde se encuentra la presa antes de lanzar su lengua. Un error relativamente pequeño podría hacer que el ataque fracase.
La visión, por tanto, no funciona aislada. Proporciona información que deberá ser utilizada inmediatamente por el sistema nervioso y muscular.

Una lengua convertida en proyectil
La lengua del camaleón es una de las estructuras de captura más impresionantes entre los reptiles.
En numerosas especies puede proyectarse una distancia comparable o incluso superior a la longitud del cuerpo, dependiendo de cómo se realice la medición y de la especie estudiada.
El movimiento ocurre con enorme rapidez.
Si dependiera únicamente de la contracción muscular directa, producir semejante aceleración sería difícil. La solución se encuentra en un mecanismo que permite almacenar energía elástica antes del disparo.
Tejidos especializados asociados con el aparato de la lengua acumulan energía y posteriormente la liberan con rapidez, impulsando la estructura hacia la presa.
El principio recuerda a un resorte que se carga lentamente y libera su energía de manera repentina.
Atrapar sin utilizar las manos
Llegar hasta el insecto representa solamente la mitad del problema. Después hay que sujetarlo.
La punta de la lengua posee características que favorecen la captura. Su forma y las propiedades adhesivas de la superficie ayudan a mantener la presa unida durante el rápido movimiento de regreso hacia la boca.
Todo el proceso puede ocurrir en una fracción de segundo.
Primero interviene la detección visual. Después se calcula la posición, se prepara el aparato lingual, se libera la energía almacenada y finalmente la presa es recuperada.
Aquello que parece simplemente “sacar la lengua” es en realidad una secuencia biomecánica de notable precisión.

¿Por qué cambia de color un camaleón?
Durante mucho tiempo se popularizó la idea de que los camaleones cambian de color exclusivamente para copiar cualquier superficie sobre la que se encuentren.
La realidad es más interesante.
El cambio de apariencia puede participar en el camuflaje, pero también se relaciona con la comunicación social, la regulación térmica y diferentes estados fisiológicos.
Un individuo puede modificar su coloración durante encuentros con otros camaleones, situaciones reproductivas o respuestas ante determinadas condiciones ambientales.
La piel funciona así como una superficie capaz de transmitir información.
El secreto se encuentra debajo de la piel
Las investigaciones modernas han revelado que algunos de los cambios de color dependen de células especializadas llamadas iridóforos, que contienen estructuras microscópicas formadas por nanocristales.
La organización y separación de estos cristales puede modificarse, alterando las longitudes de onda de la luz que son reflejadas.
Esto significa que determinados colores no dependen solamente de pigmentos químicos, sino también de la manera en que estructuras diminutas interactúan físicamente con la luz.
La coloración es, en parte, un fenómeno de óptica.
Una característica visible desde varios metros de distancia depende de una organización que solamente puede apreciarse adecuadamente a escala microscópica.
Colores que también comunican
Los cambios de coloración pueden transmitir información a otros miembros de la misma especie.
Durante encuentros entre machos, determinadas tonalidades pueden relacionarse con exhibiciones sociales. En contextos reproductivos, los patrones corporales también pueden proporcionar señales importantes.
El cuerpo se convierte de esta manera en parte del sistema de comunicación.
No necesita emitir una voz para enviar un mensaje. Una modificación visual puede hacerlo.
El Sol también influye
Como otros reptiles, los camaleones son ectotermos. Esto significa que dependen considerablemente de fuentes externas de calor para regular su temperatura corporal.
El comportamiento desempeña un papel fundamental.
Pueden desplazarse entre áreas soleadas y sombreadas, modificar la orientación del cuerpo y, en algunas especies, realizar cambios de coloración que pueden influir en la absorción de radiación.
Mantener una temperatura adecuada resulta indispensable para que los músculos, la digestión y otros procesos fisiológicos funcionen correctamente.
Una vez más, comportamiento y fisiología se encuentran estrechamente relacionados.
Patas hechas para sujetarse
Vivir entre ramas presenta desafíos muy diferentes a caminar sobre una superficie plana.
Los camaleones poseen patas especializadas en las que los dedos se encuentran agrupados de manera que pueden sujetar las ramas desde lados opuestos.
Esta disposición funciona como una pinza.
Mientras avanza lentamente, cada extremidad busca un punto seguro antes de transferir el peso del cuerpo.
Las garras proporcionan agarre adicional sobre superficies irregulares.
Su locomoción puede parecernos lenta, pero resulta adecuada para un animal que necesita conservar estabilidad mientras se mueve entre estructuras estrechas y a diferentes alturas.
Una cola que funciona como una quinta ayuda
Muchas especies poseen una cola prensil capaz de enrollarse alrededor de las ramas.
Esta estructura proporciona un punto adicional de apoyo mientras el animal se desplaza o permanece inmóvil.
Cuando necesita alcanzar una nueva rama, la cola puede ayudar a estabilizar el cuerpo mientras las extremidades cambian de posición.
La misma anatomía que parece curiosa cuando observamos al animal fuera de su ambiente adquiere pleno sentido cuando lo vemos desplazarse entre la vegetación.
Moverse sin llamar demasiado la atención
El camaleón suele desplazarse lentamente y puede realizar movimientos corporales oscilantes.
Este comportamiento puede ayudar a disminuir la detección visual y, en algunos contextos, hacer que su movimiento se integre con el de hojas y ramas agitadas por el viento.
Su estrategia de supervivencia no consiste en escapar mediante una velocidad extraordinaria como el guepardo.
El camaleón utiliza otro camino: pasar inadvertido, observar cuidadosamente y esperar el momento apropiado.
Una estrategia de caza basada en paciencia
Muchos depredadores persiguen activamente a sus presas. El camaleón puede permanecer durante largos períodos desplazándose lentamente mientras explora visualmente el entorno.
Cuando detecta un insecto adecuado, comienza una secuencia cuidadosamente coordinada.
La cabeza se orienta, los ojos determinan la posición y el cuerpo mantiene estabilidad sobre la rama. Solamente entonces ocurre el disparo de la lengua.
La paciencia disminuye la necesidad de perseguir.
Una captura eficaz depende más de precisión que de velocidad corporal.
Un mundo observado de otra manera
Los seres humanos movemos ambos ojos normalmente de manera coordinada y dirigimos la cabeza hacia aquello que queremos observar.
El camaleón puede explorar su entorno utilizando una estrategia visual distinta.
Esto nos recuerda algo importante acerca de la naturaleza: nuestros sentidos no representan la única manera posible de percibir el mundo.
Cada especie recibe una parte de la realidad mediante las capacidades de sus propios órganos sensoriales.
Existen sonidos que no escuchamos, longitudes de onda que no vemos, sustancias que apenas podemos detectar y formas de percepción muy diferentes a las nuestras.
La creación es mucho más rica que aquello que nuestros sentidos pueden experimentar directamente.
Una criatura donde varias ciencias se encuentran
Estudiar un camaleón requiere conocimientos de diferentes disciplinas.
La óptica ayuda a comprender parte de su coloración. La biomecánica explica el lanzamiento de la lengua. La neurobiología investiga el control de los ojos. La fisiología estudia la regulación térmica y la zoología analiza su comportamiento.
Aquello que desde lejos parece simplemente un pequeño reptil de colores contiene preguntas capaces de ocupar a investigadores de campos completamente distintos.
El salmista escribió:
“Grandes son las obras de Jehová, buscadas de todos los que las quieren.”
(Salmo 111:2)
Mucho más que cambiar de color
Reducir al camaleón a la capacidad de modificar su color sería perder de vista gran parte de lo que hace especial a este animal.
Sus ojos exploran un amplio campo visual. El cerebro utiliza esa información para localizar objetivos. La lengua transforma energía almacenada en un movimiento explosivo. Las patas sujetan ramas estrechas y la cola proporciona estabilidad adicional. Al mismo tiempo, la piel participa en comunicación y en la relación del organismo con el ambiente.
Cada característica responde a necesidades diferentes, pero todas forman parte de una misma forma de vida.
La Biblia no pretende explicar los nanocristales de los iridóforos ni describir la biomecánica de la lengua. Estas investigaciones corresponden a la física, la zoología y la fisiología.
Las Escrituras nos invitan a contemplar la naturaleza desde otra perspectiva:
“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.”
(Salmo 104:24)
Un camaleón inmóvil sobre una rama puede parecer una criatura sencilla. Sin embargo, detrás de esa quietud existe un sistema visual explorando el entorno, músculos preparados para mantener el equilibrio y un mecanismo de captura capaz de actuar en una fracción de segundo. Incluso los colores de su piel pueden depender de estructuras microscópicas organizadas de tal manera que modifican la interacción con la luz.
Desde la perspectiva bíblica, conocer estos mecanismos no disminuye el asombro; lo aumenta. El camaleón nos recuerda que algunas de las maravillas de la creación se encuentran escondidas en criaturas pequeñas y silenciosas, donde visión, precisión, física y comportamiento se combinan de una manera que continúa sorprendiendo a quienes se detienen a estudiarlas.
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