Por el Dr. Elio M Rivera
Pocas ciudades han ocupado un lugar tan importante en la historia de la humanidad como Jerusalén.
Durante más de tres mil años ha sido escenario de conquistas, destrucciones, reconstrucciones y conflictos que continúan hasta nuestros días. Ha sido considerada sagrada por judíos, cristianos y musulmanes, y millones de personas la identifican como una ciudad única en el mundo.
Sin embargo, para comprender la profecía sobre su caída, primero debemos entender por qué Jerusalén era diferente de cualquier otra ciudad de la antigüedad.
Su importancia no comenzó por su riqueza ni por su poder militar.
Comenzó porque Dios la escogió para cumplir un propósito especial dentro de la historia de la redención.

Jerusalén, la ciudad del gran rey
Aunque la ciudad existía mucho antes del pueblo de Israel y era conocida como Jebús, fue el rey David quien la conquistó alrededor del año 1000 a.C. y la convirtió en la capital de su reino (2 Samuel 5:6–10). Su ubicación era estratégica. Se encontraba entre las tribus del norte y del sur, lo que ayudó a unificar a la nación bajo un solo gobierno.
Pero la verdadera importancia de Jerusalén no radicaba en su posición geográfica.
David trasladó allí el Arca del Pacto, símbolo de la presencia de Dios entre su pueblo. Desde ese momento, Jerusalén dejó de ser simplemente una capital política para convertirse también en el centro espiritual de Israel.

Años más tarde, su hijo Salomón edificó el magnífico Templo de Jehová sobre el monte Moriah.
Aquel edificio se convirtió en el lugar donde se ofrecían los sacrificios prescritos por la Ley de Moisés, donde ministraban los sacerdotes y donde el pueblo acudía para celebrar las grandes fiestas religiosas. Tres veces al año, miles de israelitas viajaban desde todos los rincones del país para adorar al Señor durante la Pascua, Pentecostés y la Fiesta de los Tabernáculos.
Jerusalén era mucho más que una ciudad.
Era el corazón de la vida nacional.
Allí residía el rey.
Allí se encontraba el Templo.
Allí se administraba la justicia.
Allí hablaban los profetas.
Y allí el pueblo recordaba el pacto que Dios había establecido con Israel.
Los salmos reflejan el profundo amor que los israelitas sentían por esta ciudad. El salmista la describe como “la ciudad del gran Rey” (Salmo 48:2), mientras que el Salmo 122 expresa el gozo de quienes peregrinaban hasta sus puertas para adorar a Dios.
Con el paso de los siglos, Jerusalén llegó a simbolizar la identidad misma de la nación.
Por esa razón, muchos pensaban que jamás podría caer.
Después de todo, ¿cómo permitiría Dios la destrucción de la ciudad donde había puesto su nombre? ¿Cómo podría ser destruido el Templo que Él mismo había ordenado construir? Para muchos habitantes de Judá, la sola presencia del santuario era garantía de seguridad.
Sin embargo, esa confianza se había convertido en una falsa seguridad.
Mientras el pueblo seguía ofreciendo sacrificios, también se alejaba cada vez más de Dios. La idolatría, la injusticia, la corrupción, la violencia y el abandono del pacto se extendieron durante generaciones. Los profetas, especialmente Isaías, Jeremías, Sofonías y Ezequiel, llamaron repetidamente al arrepentimiento, advirtiendo que el juicio era inminente si la nación no volvía al Señor.
Pero sus advertencias fueron ignoradas.
Lo que parecía imposible comenzó entonces a convertirse en una realidad.
La ciudad que David había conquistado.
La ciudad donde Salomón edificó el Templo.
La ciudad donde Dios había puesto su nombre.
Sería destruida.
Y lo más sorprendente es que ese acontecimiento no tomó por sorpresa a Dios.
Había sido anunciado con años de anticipación por medio de sus profetas.
En los siguientes apartados veremos que la caída de Jerusalén no fue un accidente de la historia, sino un acontecimiento anunciado con notable precisión mucho antes de que el ejército de Babilonia apareciera frente a sus murallas.
Referencias
Fuentes bíblicas
- 2 Samuel 5:6–10.
- 1 Reyes 8:1–30.
- Salmo 48.
- Salmo 122.
- Deuteronomio 12:5–14.
- 2 Crónicas 7:11–22.
Fuentes históricas
- Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos, Libros VII–X.
- Flavio Josefo, La guerra de los judíos (contexto histórico de Jerusalén).
Bibliografía moderna
- Kenneth A. Kitchen, On the Reliability of the Old Testament.
- John Bright, A History of Israel.
- Amihai Mazar, Archaeology of the Land of the Bible.
- Hershel Shanks, Jerusalem: An Archaeological Biography.
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