2. Marta: La mujer que confesó que Jesús es el Cristo

Por el Dr. Elio M Rivera

    Marta es una de las mujeres más conocidas del Nuevo Testamento y una de las amigas más cercanas de Jesucristo. Junto con sus hermanos María y Lázaro, formaba parte de una familia que vivía en Betania, una pequeña aldea situada en la ladera oriental del Monte de los Olivos, a pocos kilómetros de Jerusalén. Los Evangelios presentan a Marta como una mujer práctica, trabajadora, hospitalaria y profundamente comprometida con el bienestar de quienes la rodeaban. Aunque a veces se la recuerda únicamente por estar ocupada con los quehaceres del hogar, una lectura cuidadosa de las Escrituras revela a una mujer de gran fe que llegó a realizar una de las confesiones más importantes acerca de la identidad de Jesús.

    El nombre Marta proviene del arameo Martha, que significa “señora”, “ama de casa” o “dueña del hogar”. Este significado encaja perfectamente con la personalidad que los Evangelios describen. Desde su primera aparición, Marta se presenta como una mujer acostumbrada a organizar, servir y atender las necesidades de los demás. Su hogar en Betania parece haber sido un lugar donde Jesús encontraba amistad, descanso y hospitalidad durante sus frecuentes visitas a Jerusalén.

    La primera referencia importante a Marta aparece en el Evangelio de Lucas. Allí se relata que Jesús llegó a una aldea y fue recibido en una casa donde vivían Marta y su hermana María. Lucas escribe: “Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa” (Lucas 10:38). Este detalle sugiere que Marta probablemente desempeñaba un papel importante dentro de la administración del hogar familiar.

    Mientras Jesús enseñaba, María se sentó a escuchar atentamente sus palabras. Marta, por su parte, estaba ocupada con los preparativos necesarios para atender adecuadamente a los invitados. Finalmente, sintiéndose abrumada por el trabajo, acudió al Señor y le dijo: “Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude” (Lucas 10:40).

    La respuesta de Jesús se ha convertido en una de las enseñanzas más conocidas de los Evangelios: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte” (Lucas 10:41-42). Estas palabras no constituyen una reprensión al servicio ni al trabajo diligente. Más bien señalan la importancia de no permitir que las preocupaciones y actividades, por necesarias que sean, nos impidan dedicar tiempo a la comunión con Dios.

    Años después ocurrió el acontecimiento que revelaría la profundidad de la fe de Marta. Su hermano Lázaro enfermó gravemente. Debido a la estrecha amistad que existía entre Jesús y aquella familia, las hermanas enviaron un mensaje urgente diciendo: “Señor, he aquí el que amas está enfermo” (Juan 11:3). Sin embargo, Jesús no acudió inmediatamente y Lázaro murió antes de que Él llegara a Betania.

    Cuando Marta escuchó que Jesús se acercaba a la aldea, salió inmediatamente a su encuentro. Juan relata: “Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle” (Juan 11:20). A pesar de su dolor, sus primeras palabras reflejan una notable confianza en el Señor: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto” (Juan 11:21).

    Sin embargo, Marta no se quedó atrapada en la tristeza. Inmediatamente añadió: “Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará” (Juan 11:22). Esta declaración revela una fe extraordinaria. Aunque no comprendía plenamente lo que Jesús iba a hacer, seguía confiando en su poder y en su relación especial con el Padre.

    Durante la conversación que siguió, Jesús pronunció una de las declaraciones más importantes de todo el Evangelio de Juan: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25). Entonces preguntó a Marta si creía estas palabras. La respuesta de ella constituye una de las confesiones de fe más extraordinarias registradas en el Nuevo Testamento.

    Marta respondió: “Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo” (Juan 11:27). Esta afirmación es comparable a la confesión realizada por Pedro en Cesarea de Filipo. Marta reconoció no solamente que Jesús era un maestro o un profeta, sino que era el Mesías prometido y el Hijo de Dios enviado al mundo.

    Poco después, Jesús se dirigió al sepulcro de Lázaro. Cuando ordenó quitar la piedra, Marta expresó una preocupación práctica muy característica de su personalidad. Dijo: “Señor, hiede ya, porque es de cuatro días” (Juan 11:39). Una vez más vemos en ella una combinación de fe y realismo. Sin embargo, después de que Jesús oró al Padre, Lázaro salió vivo del sepulcro, protagonizando uno de los milagros más impresionantes de todo el ministerio de Cristo.

    La última referencia importante a Marta ocurre pocos días antes de la crucifixión. Juan relata que Jesús asistió a una cena en Betania y nuevamente encontramos a Marta sirviendo a los invitados. El evangelista señala simplemente: “Y Marta servía” (Juan 12:2). Aunque la frase es breve, refleja una característica constante de su vida. Marta continuó utilizando sus dones y habilidades para servir a Jesús y a quienes le rodeaban.

    Después de este episodio, el Nuevo Testamento ya no proporciona más información acerca de Marta. No sabemos cómo transcurrieron sus últimos años ni cuál fue su participación dentro de la Iglesia primitiva. Algunas tradiciones cristianas posteriores intentaron reconstruir su historia, pero estas narraciones carecen de la misma autoridad histórica que los relatos bíblicos.

    Desde una perspectiva histórica y arqueológica, la existencia de Betania está sólidamente respaldada. La aldea, identificada actualmente con la localidad de Al-Eizariya, conserva una larga tradición relacionada con Lázaro, Marta y María. Las excavaciones realizadas en la región han confirmado numerosos detalles acerca de la vida cotidiana en las aldeas judías cercanas a Jerusalén durante el siglo primero.

    La vida de Marta ofrece enseñanzas profundamente prácticas para los creyentes de todas las épocas. Nos recuerda el valor de la hospitalidad, la importancia del servicio y la necesidad de equilibrar nuestras responsabilidades con la comunión espiritual. También nos muestra que una persona activa y ocupada puede poseer una fe profunda y sincera. De hecho, algunas de las declaraciones más importantes acerca de la identidad de Jesús salieron precisamente de los labios de Marta.

    Como amiga de Jesús, hermana de Lázaro, mujer de servicio y autora de una de las grandes confesiones cristológicas de los Evangelios, Marta ocupa un lugar destacado entre las mujeres del Nuevo Testamento. Su ejemplo continúa inspirando a quienes desean servir fielmente al Señor sin perder de vista aquello que realmente tiene valor eterno.

Fuentes de información

    La información histórica y bíblica sobre Marta procede principalmente de:

    • Los Evangelios de Lucas y Juan.

    • Los relatos de la visita de Jesús a la casa de Marta y María (Lucas 10:38-42).

    • La narración de la muerte y resurrección de Lázaro (Juan 11).

    • La cena en Betania registrada en Juan 12.

    • Los escritos de historiadores y comentaristas cristianos antiguos, entre ellos Orígenes, Eusebio de Cesarea y Jerónimo.

    • Estudios modernos sobre Betania, la vida doméstica judía del siglo primero y el contexto histórico de los Evangelios.

    • La evidencia arqueológica procedente de Betania y de las aldeas cercanas a Jerusalén relacionadas con el ministerio de Jesús.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.