2. José: El padre terrenal de Jesucristo

Por el Dr. Elio M Rivera

      José es uno de los personajes más admirables y, al mismo tiempo, más silenciosos de todo el Nuevo Testamento. Aunque los Evangelios no registran una sola palabra pronunciada por él, su vida constituye un poderoso testimonio de obediencia, fe y responsabilidad. Dios lo escogió para desempeñar una misión única en la historia: ser el padre terrenal de Jesucristo, protegerlo durante su infancia y ayudar a formarlo en sus primeros años de vida. Su historia demuestra que la verdadera grandeza muchas veces se encuentra en aquellos que sirven a Dios con humildad y sin buscar reconocimiento.

    José era descendiente de la casa real de David, una característica de enorme importancia dentro de las profecías mesiánicas. Aunque para el tiempo de Jesús la familia de David ya no ocupaba el trono de Israel, conservaba un profundo significado histórico y religioso entre el pueblo judío. Mateo registra la genealogía legal de Jesús a través de José, mostrando que el Mesías cumplía las promesas hechas siglos antes acerca de un descendiente de David que gobernaría para siempre. De esta manera, aunque Jesús fue concebido milagrosamente por obra del Espíritu Santo, José le transmitió legalmente los derechos dinásticos de la casa de David.

    El nombre José proviene del hebreo Yosef, que significa “Que Dios añada” o “Que Jehová aumente”. Era un nombre muy común entre los judíos del siglo primero y recordaba al patriarca José, hijo de Jacob, una de las figuras más respetadas del Antiguo Testamento. Curiosamente, ambos José compartieron ciertas experiencias similares: ambos fueron hombres justos, obedientes a Dios y utilizados para preservar vidas en momentos cruciales de la historia de la redención.

    Los Evangelios presentan a José como un artesano. Tradicionalmente se le ha llamado carpintero, aunque la palabra griega utilizada por Mateo es tekton, término que puede referirse a un constructor o artesano que trabajaba tanto la madera como la piedra. En la región de Galilea era común que los constructores participaran en diversos proyectos de edificación. Es posible que José trabajara en la cercana ciudad de Séforis, una importante población que estaba siendo ampliada durante los años de su juventud. Su oficio le permitió sostener a su familia mediante un trabajo honrado y enseñar posteriormente ese mismo oficio a Jesús.

    La primera vez que José aparece en el relato bíblico es durante su compromiso matrimonial con María. En la cultura judía del siglo primero, el compromiso era mucho más serio que un simple noviazgo. Legalmente la pareja ya era considerada unida, aunque todavía no vivían juntos. Fue durante este período cuando María quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. Para José aquello debió representar una situación sumamente difícil y dolorosa. Sin comprender aún el origen sobrenatural del embarazo, se enfrentó a una decisión que podía cambiar completamente el rumbo de su vida.

    Mateo describe a José con una palabra que resume gran parte de su carácter: era un hombre justo. La Escritura declara: “José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente” (Mateo 1:19). En lugar de reaccionar con ira o buscar castigar públicamente a María, procuró actuar con misericordia. Su justicia no era fría ni legalista; estaba acompañada por compasión. Esta breve descripción revela la nobleza espiritual de un hombre que deseaba agradar a Dios incluso en medio de circunstancias que no comprendía completamente.

    Mientras meditaba sobre lo ocurrido, Dios intervino mediante un sueño. Un ángel se le apareció y le explicó que el niño concebido por María provenía del Espíritu Santo. También le ordenó que recibiera a María como esposa y que pusiera al niño el nombre de Jesús. La respuesta de José fue inmediata. No cuestionó el mensaje ni exigió pruebas adicionales. Simplemente obedeció. Esta actitud de obediencia rápida se repetirá una y otra vez a lo largo de su vida y constituye una de las características más sobresalientes de su personalidad.

    Tiempo después, un decreto del emperador Augusto obligó a José y María a viajar desde Nazaret hasta Belén para registrarse en el censo romano. El viaje, de aproximadamente ciento cincuenta kilómetros, debió ser especialmente difícil debido al avanzado estado de embarazo de María. Sin embargo, aquel desplazamiento permitió el cumplimiento exacto de la profecía que anunciaba que el Mesías nacería en Belén. Allí, en circunstancias humildes, José presenció el nacimiento de Jesús, el acontecimiento más importante de toda la historia humana.

    Los Evangelios muestran posteriormente a José participando en la presentación del niño en el Templo de Jerusalén y en las ceremonias religiosas establecidas por la Ley de Moisés. Esto revela que era un hombre fiel a las prácticas espirituales de Israel. También demuestra que procuró criar a Jesús dentro de un ambiente de obediencia a Dios y respeto por las Escrituras.

    Poco tiempo después llegaron los magos procedentes del oriente para adorar al niño. Tras su visita, un ángel volvió a aparecerse a José en sueños y le ordenó huir inmediatamente a Egipto porque el rey Herodes intentaba matar al pequeño Jesús. Una vez más, José respondió sin demora. Tomó a María y al niño y emprendió un peligroso viaje hacia una tierra extranjera. Su obediencia permitió preservar la vida del Salvador durante aquellos años críticos de persecución.

    Después de la muerte de Herodes, José recibió una nueva revelación divina indicándole que podía regresar a Israel. Inicialmente pensó establecerse en Judea, pero al enterarse de que Arquelao gobernaba aquella región decidió trasladarse a Nazaret, en Galilea. Allí se desarrollaría la mayor parte de la infancia y juventud de Jesús. Durante esos años, José ejerció el papel de padre, proveedor, protector y maestro. Fue quien enseñó a Jesús el oficio de artesano y quien lo introdujo en muchas de las actividades cotidianas de la vida judía.

    La última aparición de José en los Evangelios ocurre cuando Jesús tenía aproximadamente doce años. Durante una peregrinación a Jerusalén, el joven permaneció en el Templo conversando con los maestros de la Ley, mientras José y María lo buscaban angustiosamente. Después de este episodio, José desaparece completamente del relato bíblico. No vuelve a ser mencionado durante el ministerio público de Jesús, lo que ha llevado a la mayoría de los estudiosos a concluir que murió antes de que el Señor iniciara su obra pública.

    Aunque la Biblia no registra la fecha ni las circunstancias de su muerte, existen indicios que apoyan esta conclusión. Durante la crucifixión, Jesús encomendó el cuidado de María al apóstol Juan. Si José hubiera estado vivo, aquella responsabilidad habría recaído naturalmente sobre él. Por ello, muchos consideran que José falleció en algún momento durante los años de juventud de Jesús, probablemente después de haber cumplido fielmente la misión que Dios le había confiado.

    Las fuentes históricas acerca de José proceden principalmente de los Evangelios de Mateo y Lucas, junto con algunas referencias indirectas en Marcos y Juan. Diversos escritores cristianos antiguos, entre ellos Orígenes y Eusebio de Cesarea, también preservaron tradiciones relacionadas con su vida. Sin embargo, la mayor parte de la información confiable continúa encontrándose en el relato bíblico.

    Desde el punto de vista arqueológico, no se han descubierto objetos que puedan atribuirse directamente a José. Sin embargo, las excavaciones realizadas en Nazaret han revelado viviendas, talleres, tumbas y estructuras del siglo primero que permiten comprender mejor el entorno donde vivió. Asimismo, los hallazgos de Séforis han proporcionado información valiosa sobre la economía, la construcción y la vida cotidiana de Galilea durante la época en que José ejercía su oficio de artesano.

    La figura de José constituye uno de los ejemplos más hermosos de obediencia silenciosa en toda la Biblia. Nunca predicó un sermón, nunca realizó un milagro y nunca ocupó posiciones de liderazgo público. Sin embargo, Dios le confió una de las responsabilidades más extraordinarias de toda la historia: cuidar y proteger al niño que traería salvación al mundo. Su vida nos recuerda que el verdadero servicio a Dios no siempre ocurre en escenarios visibles. Muchas veces se desarrolla en la fidelidad cotidiana, en las decisiones correctas tomadas en privado y en la disposición de obedecer cuando Dios habla.

    José fue un hombre justo, obediente, trabajador y profundamente comprometido con la voluntad divina. Su legado continúa inspirando a millones de creyentes alrededor del mundo y lo convierte en uno de los grandes modelos bíblicos de paternidad, integridad y fe. Aunque aparece brevemente en los Evangelios, su influencia sobre los primeros años de la vida de Jesús lo convierte en una de las figuras más importantes y respetadas de todo el Nuevo Testamento.

Disfruta un reel con propósito:

Descubre el Museo la vida y obra de Jesucristo:


WhatsApp
Facebook
X
LinkedIn
Email

Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.