3. Los caminos que recorrió Jesús: Las rutas entre Galilea y Jerusalén

Por: el Dr. Elio M. Rivera

  Cuando leemos los Evangelios, encontramos repetidamente expresiones como «subió a Jerusalén», «iba camino a Jerusalén» o «salió de Galilea». Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar en los caminos reales que Jesús recorrió durante su ministerio. Los viajes entre Galilea y Jerusalén no eran simples desplazamientos. Implicaban varios días de caminata a través de montañas, valles, desiertos y aldeas que formaban parte de la geografía de la Tierra Santa.

  Durante su vida pública, Jesús viajó numerosas veces entre Galilea y Jerusalén. Para hacerlo, podía utilizar diferentes rutas, cada una con sus propias características, ventajas y desafíos. Conocer estos caminos ayuda a comprender mejor muchos episodios narrados en los Evangelios.

El camino por Samaria: La ruta más corta

  La ruta más directa entre Galilea y Jerusalén atravesaba la región de Samaria.

 Caminos romanos que fueron construidos en los tiempos de Jesucristo

Partiendo de Nazaret o de la región del Mar de Galilea, el viajero avanzaba hacia el sur cruzando las colinas samaritanas hasta llegar a Jerusalén.

  Era el trayecto más corto y podía completarse en aproximadamente tres días de viaje.

  Sin embargo, muchos judíos evitaban esta ruta debido a las tensiones religiosas existentes entre judíos y samaritanos. Ambas comunidades mantenían profundas diferencias que se remontaban a siglos atrás.

  A pesar de ello, Jesús utilizó este camino en varias ocasiones.

  Uno de los episodios más conocidos ocurrió cuando atravesó Samaria y llegó al Pozo de Jacob, cerca de la ciudad de Sicar. Allí sostuvo la famosa conversación con la mujer samaritana registrada en Juan capítulo cuatro.

  Este acontecimiento demuestra que Jesús estaba dispuesto a cruzar barreras culturales y religiosas que muchos de sus contemporáneos evitaban.

  La ruta por Samaria atravesaba hermosos paisajes montañosos, fértiles valles y antiguas ciudades relacionadas con la historia de Israel. Era el camino más directo entre Galilea y Jerusalén.

El camino del Valle del Jordán: La ruta de los peregrinos

  La segunda ruta seguía el Valle del Jordán.

  Desde Galilea, los viajeros descendían hacia las cercanías del Río Jordán y continuaban hacia el sur siguiendo el valle hasta llegar a Jericó. Desde allí comenzaba el difícil ascenso hacia Jerusalén.

  Aunque esta ruta era más larga que la de Samaria, muchos peregrinos la preferían porque evitaba los conflictos con los samaritanos.

  Además, el valle ofrecía acceso constante al agua y un terreno relativamente sencillo para caminar.

  Esta fue probablemente la ruta más utilizada por los peregrinos galileos que acudían a Jerusalén durante las grandes fiestas religiosas.

  Los Evangelios muestran a Jesús recorriendo frecuentemente esta región. Cerca de Jericó sanó al ciego Bartimeo, visitó la casa de Zaqueo y realizó algunos de sus últimos milagros antes de entrar en Jerusalén.

  Muchos estudiosos consideran que este fue el camino utilizado por Jesús durante su último viaje hacia la Pascua, el viaje que finalmente lo conduciría a la cruz.

El camino por Perea: La ruta oriental

  Una tercera opción consistía en cruzar al lado oriental del Jordán y atravesar la región conocida como Perea.

  Esta ruta seguía territorios gobernados por Herodes Antipas y evitaba completamente Samaria.

  Después de avanzar por Perea, los viajeros regresaban al lado occidental del Jordán cerca de Jericó para iniciar la subida final hacia Jerusalén.

  Los Evangelios mencionan varias actividades de Jesús en esta región. De hecho, parte de los últimos meses de su ministerio transcurrieron en los territorios situados al este del Jordán.

  La ruta de Perea era especialmente popular entre algunos grupos de peregrinos que deseaban evitar conflictos y viajar por territorios considerados más seguros.

La subida a Jerusalén

  

La subida de Jericó a Jerusalén se hacía por este camino

Independientemente de la ruta utilizada, todos los caminos terminaban enfrentando el mismo desafío: la subida a Jerusalén.

  Este detalle geográfico explica por qué los Evangelios hablan constantemente de «subir» a la Ciudad Santa.

  No se trataba únicamente de una expresión espiritual. Era una realidad física.

  Jericó se encuentra aproximadamente doscientos cincuenta metros por debajo del nivel del mar, mientras que Jerusalén está situada a unos setecientos cincuenta metros sobre el nivel del mar.

  Esto significa que los peregrinos debían ascender más de mil metros de desnivel en menos de treinta kilómetros.

  La carretera serpenteaba entre colinas áridas, barrancos y paisajes desérticos hasta alcanzar las alturas de Judea.

  Era precisamente este camino el que servía de escenario para la parábola del Buen Samaritano, cuando Jesús habló de un hombre que descendía de Jerusalén a Jericó.

El primer vistazo de Jerusalén

  Uno de los momentos más emocionantes para los peregrinos ocurría al llegar a las cercanías del Monte de los Olivos.

  Después de días de viaje, la Ciudad Santa aparecía repentinamente ante sus ojos.

  Desde allí podían contemplar el Templo, las murallas y las colinas de Jerusalén extendiéndose frente a ellos.

  Miles de peregrinos experimentaron esta emoción durante siglos. Jesús mismo contempló esa vista en numerosas ocasiones.

  Fue desde el Monte de los Olivos donde lloró por Jerusalén y desde donde realizó su entrada triunfal pocos días antes de la crucifixión.

Los caminos que prepararon el Evangelio

  Los caminos que Jesús recorrió no eran simples senderos de tierra. Eran rutas que conectaban ciudades, regiones y pueblos. Por ellas viajaban comerciantes, soldados, peregrinos y familias enteras que acudían a las fiestas religiosas.

  A lo largo de estos caminos Jesús enseñó, realizó milagros, llamó discípulos y proclamó el Reino de Dios.

  Cuando estudiamos la geografía bíblica, comprendemos que los Evangelios ocurrieron en lugares reales, unidos por rutas reales que todavía pueden seguirse sobre el terreno. Cada camino cuenta una parte de la historia de Cristo.

  Por esta razón, conocer las rutas que recorrió Jesús nos ayuda a visualizar mejor su ministerio y a entender que el mensaje del Evangelio avanzó paso a paso por los senderos de Galilea, Samaria, Perea y Judea hasta llegar finalmente a Jerusalén, la ciudad donde se consumó la obra de la redención.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.