6. La conciencia puede ser educada… o endurecida

Por el Dr. Elio M. Rivera

  Hasta este momento hemos visto que la conciencia constituye una de las evidencias más notables de la existencia de Dios. Todos los seres humanos poseen una capacidad interior para distinguir, aunque sea de manera imperfecta, entre el bien y el mal. Esa voz interior da testimonio de la ley moral que el Creador escribió en el corazón humano.

  Sin embargo, surge una pregunta importante.

  Si todos poseemos una conciencia, ¿por qué algunas personas parecen no experimentar culpa? ¿Cómo explicar que existan individuos capaces de cometer actos terribles sin mostrar el menor remordimiento? ¿Acaso eso demuestra que la conciencia no existe?

  La Biblia responde con una extraordinaria claridad. Enseña que la conciencia existe en todos los seres humanos, pero también afirma que no siempre funciona de la misma manera. Así como un músculo puede fortalecerse o atrofiarse con el tiempo, la conciencia puede desarrollarse, debilitarse, contaminarse o endurecerse dependiendo de las decisiones que una persona tome.

  En otras palabras, la conciencia no es estática. Puede ser formada para amar la verdad o acostumbrarse a rechazarla.

Una buena conciencia

  El ideal bíblico es poseer una conciencia limpia, sensible y bien orientada por la verdad de Dios. No significa que la persona sea perfecta, sino que procura vivir con integridad, reconoce sus faltas y busca hacer lo correcto.

  El apóstol Pablo escribió:

“Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida.”
(1 Timoteo 1:5).

  Observe que Pablo relaciona el amor verdadero con una buena conciencia. Una persona cuya conciencia permanece sensible experimenta dolor cuando hace el mal y alegría cuando actúa conforme a la voluntad de Dios. Esa sensibilidad moral constituye una bendición, no una carga.

Una conciencia débil

  La Biblia también habla de creyentes cuya conciencia todavía era inmadura o poco desarrollada. En la iglesia de Corinto existían cristianos que se preocupaban por asuntos relacionados con alimentos ofrecidos a los ídolos. Algunos comprendían que aquellos ídolos no eran dioses verdaderos; otros, sin embargo, todavía sentían conflicto al respecto.

  Pablo llamó a esta situación una conciencia débil.

  No se trataba de personas rebeldes ni perversas. Simplemente necesitaban crecer en conocimiento y madurez espiritual. Su conciencia requería ser educada por la verdad.

  Este principio sigue siendo válido en nuestros días. Muchas personas poseen una conciencia sincera, pero aún necesitan aprender mejor la voluntad de Dios para distinguir correctamente entre aquello que realmente es pecado y aquello que no lo es.

Una conciencia contaminada

  Existe un estado más preocupante.

  Cuando una persona persiste en el error, justifica continuamente sus malas acciones o rechaza deliberadamente la verdad, su conciencia comienza a contaminarse.

  El apóstol Pablo escribió:

“Todas las cosas son puras para los puros; mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas.”
(Tito 1:15).

  Una conciencia contaminada ya no evalúa correctamente las acciones. Lo que antes producía vergüenza comienza a parecer aceptable. El pecado pierde su gravedad y la sensibilidad moral disminuye poco a poco.

  Este proceso rara vez ocurre de un día para otro. Generalmente comienza con pequeñas concesiones. Cada vez que una persona ignora la voz de su conciencia, esa voz se debilita un poco más.

La conciencia puede ser educada

Una conciencia cauterizada

  La condición más grave descrita por la Biblia es la conciencia cauterizada.

  Pablo la describe con estas palabras:

“…por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia…”
(1 Timoteo 4:2).

  La palabra “cauterizada” evoca la imagen de un tejido que, después de ser quemado repetidamente, pierde sensibilidad.

  Algo semejante puede ocurrir en la vida moral. Cuando una persona rechaza una y otra vez la verdad, justifica constantemente el pecado y persiste deliberadamente en el mal, llega un momento en que la conciencia deja prácticamente de reaccionar. No porque haya desaparecido, sino porque ha perdido gran parte de su sensibilidad.

  Esto ayuda a explicar por qué algunos criminales parecen actuar sin remordimiento. No nacieron así. Su conciencia fue siendo endurecida por decisiones repetidas de desobediencia, hasta que dejó de responder con la intensidad que alguna vez tuvo.

Una advertencia para todos

  La enseñanza bíblica acerca de la conciencia constituye una seria advertencia.

  Cada decisión que tomamos influye en nuestra sensibilidad moral. Cuando obedecemos la verdad, nuestra conciencia se fortalece. Cuando justificamos el pecado, la debilitamos. Nadie endurece su conciencia de un momento a otro; normalmente es el resultado de muchas decisiones pequeñas tomadas a lo largo del tiempo.

  Al mismo tiempo, esta enseñanza nos recuerda la misericordia de Dios. El Señor no solo revela el pecado por medio de la conciencia, sino que también ofrece perdón, restauración y una nueva vida por medio de Jesucristo. Él puede limpiar el corazón, renovar la mente y devolver al creyente una conciencia sensible a su voluntad.

  La existencia de distintos estados de la conciencia no contradice que esta sea un testimonio de Dios; por el contrario, confirma lo que la Biblia siempre ha enseñado. La conciencia existe, pero puede ser formada, fortalecida, debilitada o endurecida según la respuesta del ser humano a la verdad.

  Así como una brújula puede dañarse sin dejar de haber sido diseñada para señalar el norte, la conciencia puede deformarse sin perder su origen. Su misma existencia continúa recordándonos que fuimos creados por un Dios santo, quien escribió en nuestro interior una ley moral y nos llama a vivir conforme a ella.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.