3. Cuando el mundo diga: «Paz y seguridad»

Por el Dr. Elio M Rivera

¿Podría la última gran sorpresa ocurrir cuando la humanidad crea que finalmente tiene el futuro bajo control?

  Cuando pensamos en los acontecimientos que precederán al regreso de Jesucristo, casi siempre imaginamos un mundo completamente fuera de control.

  Guerras.

  Conflictos.

  Desorden político.

  Crisis económicas.

  Violencia.

  Incertidumbre.

  Una humanidad aterrorizada preguntándose qué sucederá mañana.

  Sin embargo, existe una declaración del apóstol Pablo que presenta una posibilidad sorprendentemente diferente.

  Pablo escribió:

“Que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.”

1 Tesalonicenses 5:3, RVR1960

  Observe cuidadosamente las palabras:

“cuando digan: Paz y seguridad…”

  Eso plantea una posibilidad fascinante.

  ¿Y si uno de los momentos más peligrosos de la historia no ocurre cuando la humanidad piensa que todo está perdido, sino precisamente cuando cree que finalmente ha encontrado la solución?

La sorprendente paradoja de la profecía

  Durante generaciones, muchos cristianos han asociado los últimos tiempos casi exclusivamente con guerras y catástrofes.

  Y existen razones bíblicas para hablar de conflictos.

  Jesús mismo habló de guerras y rumores de guerras.

  Pero Pablo introduce otra imagen.

  En algún momento aparece una proclamación de:

Paz.

Seguridad.

  No sabemos exactamente quién pronunciará estas palabras.

  No sabemos si se tratará de una declaración política, una situación internacional, una sensación colectiva de estabilidad o alguna circunstancia que todavía no podemos anticipar.

  La Biblia no proporciona esos detalles.

  Por eso debemos tener cuidado de no añadir a la profecía aquello que la profecía no dice.

  Pero sí podemos afirmar algo:

  Pablo describe un momento en el que se hablará de paz y seguridad inmediatamente antes de una destrucción inesperada.

  Eso cambia considerablemente la imagen.

  La humanidad no necesariamente estará diciendo:

“Todo está perdido.”

  Podría estar diciendo:

“Finalmente estamos seguros.”

El antiguo sueño de la humanidad

  La búsqueda de la paz no es nueva.

  Desde que existen registros históricos, las sociedades humanas han buscado maneras de evitar la guerra, proteger sus territorios y garantizar su supervivencia.

  Los imperios establecieron alianzas.

  Los reyes firmaron tratados.

  Las naciones levantaron fronteras.

  Los gobiernos desarrollaron sistemas diplomáticos.

  Después de guerras devastadoras surgieron nuevas instituciones internacionales con la esperanza de impedir que tragedias semejantes volvieran a repetirse.

  La humanidad continúa buscando lo mismo.

  Queremos seguridad.

  Queremos estabilidad.

  Queremos prosperidad.

  Queremos saber que nuestros hijos podrán crecer en paz.

  Queremos sistemas económicos estables.

  Queremos gobiernos capaces de mantener el orden.

  Queremos mecanismos internacionales capaces de resolver conflictos antes de que se conviertan en guerras.

  Nada de eso es malo en sí mismo.

  Buscar la paz es bueno.

  Proteger la vida es bueno.

  Resolver conflictos mediante el diálogo es mejor que resolverlos mediante la violencia.

  El problema de 1 Tesalonicenses 5 no parece ser la paz misma.

  El problema es la seguridad equivocada.

Cuando la seguridad se convierte en confianza absoluta

  Existe una diferencia enorme entre vivir en seguridad y creer que finalmente tenemos el futuro bajo nuestro control.

  La humanidad ha realizado avances extraordinarios.

  Podemos anticipar huracanes.

  Podemos observar tormentas desde satélites.

  Podemos detectar enfermedades.

  Podemos vigilar mercados financieros.

  Podemos comunicarnos instantáneamente entre gobiernos.

  Podemos observar movimientos militares desde el espacio.

  Podemos analizar cantidades enormes de información mediante inteligencia artificial.

  Podemos construir sistemas capaces de identificar riesgos antes de que sean visibles para una persona.

  Cada avance puede contribuir legítimamente a proteger vidas.

  Pero también puede producir una ilusión:

“Ahora tenemos todo bajo control.”

  Y precisamente allí la profecía de Pablo resulta inquietante.

  Porque la historia no terminará cuando la humanidad determine que está preparada.

  Terminará de acuerdo con el calendario de Dios.

¿Podría surgir una nueva sensación de estabilidad?

  Debemos ser especialmente cuidadosos en este punto.

  No sabemos cómo se cumplirá exactamente esta profecía.

  Sería irresponsable señalar un tratado contemporáneo y afirmar:

“Esto es 1 Tesalonicenses 5:3.”

  También sería imprudente identificar automáticamente a una organización internacional, un gobierno o un dirigente político con el cumplimiento de estas palabras.

  Ese no ha sido el método de este libro.

  Desde el principio hemos procurado distinguir entre lo que la Biblia afirma explícitamente, lo que puede deducirse razonablemente, lo que constituye una posibilidad y lo que sería simple especulación.

  Por tanto, no sabemos qué circunstancias producirán ese anuncio de “paz y seguridad”.

  Pero podemos observar algo interesante.

  Nuestra generación posee capacidades que generaciones anteriores nunca tuvieron para intentar construir sistemas internacionales de estabilidad.

  Las economías están conectadas.

  Las comunicaciones son instantáneas.

  Los gobiernos pueden comunicarse en segundos.

  Las instituciones internacionales reúnen a numerosos países.

  Los mercados dependen unos de otros.

  La información cruza fronteras inmediatamente.

  Los sistemas tecnológicos permiten coordinar actividades a escala mundial.

  Todo ello hace posible imaginar algo que durante buena parte de la historia habría resultado mucho más difícil:

una sensación de seguridad compartida por grandes sectores de la humanidad.

La paz también puede ser una promesa poderosa

  Existe otra realidad que no debemos pasar por alto.

  Pocas promesas poseen tanta fuerza política como la promesa de paz.

  Una humanidad cansada de guerras puede estar dispuesta a realizar enormes cambios para conseguirla.

  Una población cansada de inseguridad puede aceptar nuevas estructuras que prometan estabilidad.

  Una sociedad agotada por crisis económicas puede apoyar soluciones que prometan orden.

  No estamos afirmando que esto constituya necesariamente el mecanismo mediante el cual se cumplirá la profecía.

  Estamos observando simplemente una característica profundamente humana:

cuando las personas tienen miedo, la promesa de seguridad adquiere un enorme poder.

  Y si alguna generación llegara a creer que finalmente encontró la fórmula para garantizar paz, estabilidad y seguridad, las palabras de Pablo resultarían extraordinariamente relevantes.

“Entonces vendrá…”

  Existe una palabra en 1 Tesalonicenses 5:3 que no debemos pasar rápidamente por alto:

“entonces”.

“Que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina…”

  La proclamación de seguridad no impide lo que viene.

  La confianza humana no detiene el calendario profético.

  Los sistemas políticos no cancelan los propósitos de Dios.

  Los avances tecnológicos no modifican aquello que Dios ha determinado.

  Precisamente cuando existe una sensación de seguridad ocurre aquello que no esperaban.

  Pablo utiliza una imagen extraordinariamente gráfica:

los dolores de parto.

  Una mujer embarazada sabe que el nacimiento llegará.

  Puede desconocer el momento exacto.

  Puede encontrarse realizando actividades completamente normales.

  Puede estar conversando.

  Caminando.

  Descansando.

  Y entonces comienza.

  Una vez iniciado el proceso, no puede detenerse simplemente porque el momento resulte inconveniente.

  Así describe Pablo la llegada repentina de aquellos acontecimientos.

Jesús también habló de una sorpresa semejante

  Esto armoniza de manera extraordinaria con la señal que acabamos de estudiar acerca de los días de Noé.

  Jesús dijo que las personas estarían:

  Comiendo.

  Bebiendo.

  Casándose.

  Dando en casamiento.

  La vida continuaba.

  Y entonces llegó aquello que no esperaban.

  Pablo añade otra pieza:

  Las personas pueden estar hablando de paz y seguridad.

  Una humanidad viviendo normalmente.

  Una humanidad haciendo planes.

  Una humanidad buscando estabilidad.

  Quizá incluso una humanidad convencida de haber solucionado algunos de sus grandes problemas.

  Y entonces ocurre lo inesperado.

  Las dos profecías presentan una idea semejante:

el acontecimiento puede sorprender precisamente porque muchos no creen que sea inminente.

El verdadero problema no es la paz

  Debemos insistir en esto.

  La Biblia no está condenando la búsqueda de la paz.

  Jesús declaró:

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.”

Mateo 5:9, RVR1960

  Los cristianos deberían desear la paz.

  Deberíamos orar por nuestros gobernantes.

  Deberíamos procurar resolver conflictos.

  Deberíamos alegrarnos cuando termina una guerra.

  Deberíamos valorar las iniciativas que protegen vidas humanas.

  La advertencia bíblica apunta hacia algo diferente.

  La paz humana nunca debe ocupar el lugar de nuestra confianza en Dios.

  Podemos construir sistemas.

  Podemos firmar tratados.

  Podemos desarrollar tecnologías.

  Podemos crear instituciones.

  Podemos mejorar nuestras sociedades.

  Pero ninguna estructura humana puede garantizar que la historia continuará indefinidamente.

  Dios continúa siendo Señor de la historia.

Una humanidad confiada

  Las tres últimas señales que hemos estudiado forman ahora una imagen extraordinariamente interesante.

  Primero encontramos una humanidad distraída:

Como en los días de Noé.”

  La vida continúa y millones viven como si nada extraordinario estuviera por suceder.

  Después encontramos una humanidad confundida:

“Apartarán de la verdad el oído.”

  Existe una enorme cantidad de información, pero cada vez resulta más difícil distinguir qué creer.

  Y finalmente encontramos una humanidad confiada:

“Paz y seguridad.”

  Una sociedad que podría llegar a pensar que finalmente posee los instrumentos necesarios para controlar su futuro.

  Distraída.

  Confundida.

  Y confiada.

  No necesariamente aterrorizada esperando el fin.

  Quizá exactamente lo contrario.

¿Y si el mundo cree que finalmente encontró la solución?

  Esta posibilidad debería hacernos reconsiderar muchas imágenes populares acerca del tiempo del fin.

  Quizá el último capítulo de la historia no comience con toda la humanidad gritando:

“¡El mundo se termina!”

  Quizá muchas personas estén diciendo:

“Finalmente lo conseguimos.”

  Finalmente hay estabilidad.

  Finalmente encontramos una solución.

  Finalmente podemos sentirnos seguros.

  Finalmente podemos mirar hacia el futuro con confianza.

  Y entonces las antiguas palabras de Pablo resonarán con una fuerza que durante siglos quizá no comprendimos completamente:

“Que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina…”

1 Tesalonicenses 5:3, RVR1960

La última señal no está solamente afuera

  Llegados a este punto, después de recorrer las páginas de este libro, resulta fácil continuar mirando hacia afuera.

  Israel.

  Jerusalén.

  El Templo.

  Las naciones.

  La ciencia.

  La tecnología.

  Las comunicaciones.

  La economía mundial.

  El dinero digital.

  La inteligencia artificial.

  Todos estos elementos nos han permitido examinar un escenario que generaciones anteriores difícilmente habrían podido imaginar.

  Pero ninguna investigación acerca de las señales del fin estaría completa si terminara solamente mirando acontecimientos externos.

  Porque Jesucristo nunca presentó la profecía únicamente para satisfacer nuestra curiosidad acerca del futuro.

  La presentó para transformar nuestra manera de vivir en el presente.

  Por eso Pablo, después de hablar del día que vendría inesperadamente, dirige inmediatamente la mirada hacia los creyentes:

“Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.”

1 Tesalonicenses 5:4, RVR1960

  Allí se encuentra el verdadero propósito de estudiar estas cosas.

  No descubrir una fecha.

  No identificar apresuradamente personajes.

  No vivir aterrorizados.

  No interpretar cada noticia como el cumplimiento definitivo de una profecía.

  Sino estar despiertos.

  Velar.

  Vivir preparados.

Después de todas las señales queda una sola pregunta

  Hemos recorrido acontecimientos ocurridos durante siglos.

  Hemos observado profecías que parecían imposibles cuando fueron escritas.

  Hemos visto cómo Israel regresó al mapa.

  Cómo Jerusalén volvió al centro de acontecimientos internacionales.

  Cómo existen preparativos relacionados con un futuro templo.

  Cómo la humanidad desarrolló tecnologías capaces de conectar al planeta.

  Cómo surgió una economía mundial profundamente interdependiente.

  Cómo el dinero comenzó a abandonar el papel.

  Cómo una persona puede ser identificada mediante su rostro, sus huellas o sus datos.

  Cómo las máquinas comenzaron a procesar cantidades de información inimaginables para generaciones anteriores.

  Hemos mirado hacia afuera durante todo el libro.

  Ahora ha llegado el momento de mirar hacia adentro.

  Porque después de todas las profecías, todos los acontecimientos, todas las tecnologías y todas las señales, queda una pregunta que ningún gobierno puede responder por nosotros.

  Una pregunta que ninguna inteligencia artificial puede contestar en nuestro lugar.

  Una pregunta que finalmente debe responder cada ser humano delante de Dios:

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.