Imagine observar una luz extraordinaria atravesando el cielo y saber que otras personas contemplaron el mismo cometa hace cientos e incluso miles de años.
Eso ocurre con el cometa Halley, probablemente el cometa periódico más famoso de la historia.
No aparece una sola vez para perderse definitivamente. Viaja alrededor del Sol siguiendo una enorme órbita y, aproximadamente cada 75 o 76 años, regresa a las regiones interiores del sistema solar.
Por eso Halley puede considerarse un auténtico visitante entre generaciones.

El cometa Halley, un cometa observado desde la antigüedad
Los seres humanos registraron apariciones de Halley mucho antes de comprender que se trataba del mismo objeto regresando periódicamente.
Existen registros antiguos relacionados con sus apariciones realizados por observadores chinos y de otras culturas.
Una de las apariciones históricas más famosas ocurrió en 1066.
Ese año apareció un gran cometa poco antes de la conquista normanda de Inglaterra. Su presencia quedó representada en el famoso Tapiz de Bayeux, donde aparecen personas mirando hacia el cielo mientras una figura semejante a una estrella con una larga cola pasa sobre ellas.
Aquellas personas podían observar el cometa.
Pero todavía no sabían algo fundamental:
regresaría.
Edmond Halley descubre el patrón
El gran avance ocurrió gracias al astrónomo inglés Edmond Halley.
Halley estudió observaciones de cometas que habían aparecido en 1531, 1607 y 1682.
Al comparar sus trayectorias, llegó a una conclusión extraordinaria: probablemente no eran tres cometas diferentes.
Eran el mismo cometa regresando.
Utilizando las leyes del movimiento y de la gravedad desarrolladas por Isaac Newton, Halley calculó su órbita y predijo que volvería aproximadamente en 1758.
Halley murió en 1742.
Nunca pudo contemplar el cumplimiento de su predicción.
Pero el cometa regresó.
Fue observado nuevamente en 1758 y alcanzó su punto más cercano al Sol en 1759.
Aquella predicción se convirtió en una impresionante demostración de que las leyes de la gravedad permitían calcular el movimiento de objetos que recorrían enormes distancias alrededor del Sol.
El cometa recibió posteriormente el nombre de Halley en honor al hombre que comprendió su regreso.
Una órbita gigantesca
La órbita de Halley es muy diferente de la órbita casi circular que podríamos imaginar al pensar en algunos planetas.
Es extremadamente alargada.
Cuando se acerca al Sol, pasa por las regiones interiores del sistema solar. Después vuelve a alejarse durante décadas hasta alcanzar distancias enormes, más allá de la órbita de Neptuno.
Después comienza lentamente el viaje de regreso.
Además, Halley se mueve alrededor del Sol en dirección contraria a la de los planetas principales. A este movimiento se le llama órbita retrógrada.
Su período tampoco es exactamente idéntico en cada vuelta. La gravedad de los planetas, especialmente la de los gigantes del sistema solar, puede modificar ligeramente su trayectoria y el tiempo de su regreso.
La visita de 1910
Halley regresó espectacularmente en 1910.
Para entonces los astrónomos podían estudiarlo con instrumentos mucho mejores que los disponibles durante sus apariciones antiguas.
Pero aquella visita también produjo temor.
Los científicos habían detectado mediante espectroscopia ciertos gases en la cola del cometa, entre ellos cianógeno. Cuando se anunció que la Tierra atravesaría parte de la cola de Halley, algunas personas imaginaron que aquellos gases podrían representar un peligro.
No ocurrió ninguna catástrofe.
La cola de un cometa es extremadamente tenue.
El episodio mostró algo interesante: incluso a comienzos del siglo XX, los cometas todavía podían despertar una mezcla de ciencia, fascinación y temor.

La humanidad sale a recibir al cometa Halley
En 1986 fuimos nosotros quienes salimos a recibirlo
La siguiente visita ocurrió en 1986.
Pero esta vez sucedió algo que ninguna generación anterior había podido hacer.
En lugar de limitarnos a esperar que Halley apareciera en el cielo, enviamos naves espaciales para estudiarlo de cerca.
Varias sondas investigaron el cometa. La misión europea Giotto consiguió aproximarse a su núcleo y obtener imágenes que revelaron un objeto oscuro e irregular.
Por primera vez la humanidad contemplaba de cerca el núcleo del famoso visitante que había sido observado durante siglos.
Habíamos pasado de preguntarnos qué era aquella luz en el cielo a enviar una máquina para encontrarla en el espacio.
Ahora Halley está regresando
Después de su visita de 1986, Halley continuó alejándose del Sol.
En diciembre de 2023 alcanzó aproximadamente el punto más distante de su órbita y comenzó nuevamente su largo viaje hacia las regiones interiores del sistema solar.
Eso significa que, en este momento, Halley ya viene de regreso.
No lo veremos pronto.
Su próxima aproximación al Sol está prevista para 2061.
Para muchas personas que hoy son niños, aquella fecha podría convertirse en una experiencia extraordinaria: contemplar con sus propios ojos el cometa sobre el que están leyendo ahora.
El mismo viajero, diferentes generaciones
Quizá esto sea lo más fascinante de Halley.
Pensemos en algunas de las personas que lo han contemplado.
Alguien lo observó durante la Edad Media.
Otros lo vieron en 1066.
Edmond Halley lo estudió en 1682.
Millones de personas lo contemplaron en 1910.
Otra generación lo recibió en 1986.
Y una generación futura levantará nuevamente los ojos en 2061.
Las personas cambian.
Los reinos desaparecen.
Las ciudades crecen.
La tecnología avanza.
Pero el cometa continúa recorriendo su enorme órbita.
Viaja.
Se aleja.
Regresa.
Y nosotros podemos calcular aproximadamente cuándo volveremos a verlo porque su movimiento sigue leyes físicas que podemos estudiar.
La Biblia expresa una idea que encaja hermosamente con esa regularidad:
“Tuya es la noche, y tuyo es el día;
Tú estableciste la luna y el sol.”
Salmo 74:16, RVR1960
Halley nos recuerda que el cielo no es solamente hermoso. También presenta orden y regularidad que podemos investigar matemáticamente.
Edmond Halley observó ese orden, hizo cálculos y se atrevió a anunciar que aquel visitante regresaría cuando él ya no estuviera vivo.
Y regresó.
Ahora nosotros conocemos la siguiente cita:
2061.
Cuando Halley vuelva a iluminar nuestros cielos, una nueva generación contemplará al mismo viajero que maravilló a seres humanos muchos siglos antes.
Pocas cosas muestran de una manera tan hermosa la brevedad de una generación humana y, al mismo tiempo, la extraordinaria regularidad que podemos descubrir estudiando los cielos.
Referencias científicas
Referencia bíblica Salmo 74:16.
Libro recomendado

Disfrute música con propósito:
Durante meses, millones de personas alrededor del mundo pudieron salir de sus casas, levantar los ojos y contemplar uno de los espectáculos astronómicos más impresionantes de tiempos modernos.
Era el cometa Hale-Bopp.
A diferencia del cometa Halley, conocido desde la antigüedad por sus regresos periódicos, Hale-Bopp era un visitante que nadie esperaba. Fue descubierto en 1995 y, conforme se aproximaba al Sol, se hizo cada vez más brillante hasta convertirse en el llamado Gran Cometa de 1997.

El Hale-Bopp, dos personas lo descubrieron la misma noche
El 23 de julio de 1995 ocurrió algo extraordinario.
Dos observadores estadounidenses, Alan Hale y Thomas Bopp, descubrieron independientemente el mismo cometa durante la misma noche.
Hale lo observó desde Nuevo México y Bopp desde Arizona.
El objeto recibió los apellidos de ambos: Hale-Bopp.
Lo sorprendente era la distancia.
Cuando fue descubierto se encontraba todavía más allá de la órbita de Júpiter, mucho más lejos del Sol que la mayoría de los cometas cuando son descubiertos.
Y ya era suficientemente brillante para ser detectado.
Eso hizo pensar a los astrónomos que algo extraordinario podía aproximarse.

En 1997 el espectáculo comenzó. El cometa Hale-Bopp despertando
Las expectativas se cumplieron.
A principios de 1997 Hale-Bopp se convirtió en un objeto espectacular visible a simple vista. Presentaba una brillante cabeza y dos colas claramente diferentes en muchas fotografías: una cola de polvo y otra de gas ionizado.
Pero lo excepcional no fue solamente su brillo.
Fue también cuánto tiempo permaneció visible.
Hale-Bopp pudo observarse a simple vista durante aproximadamente 18 meses, un período extraordinariamente largo para un cometa.
Para millones de personas no fue necesario tener un gran telescopio.
El espectáculo estaba allí.
Solamente había que salir y mirar hacia arriba.
Un núcleo extraordinariamente grande
Una de las razones de la gran actividad de Hale-Bopp era el tamaño de su núcleo.
Las estimaciones indican que tenía alrededor de 60 kilómetros de diámetro, aunque determinar el tamaño exacto de un núcleo cometario desde grandes distancias tiene cierta incertidumbre.
Eso lo convierte en un núcleo considerablemente mayor que el de muchos cometas conocidos.
Su gran superficie podía liberar enormes cantidades de gas y polvo mientras recibía la energía del Sol.
El resultado fue aquella espectacular coma y sus enormes colas.
Un visitante que probablemente no volveremos a ver
Aquí Hale-Bopp es completamente diferente de Halley.
Halley regresa aproximadamente cada 75 o 76 años.
Hale-Bopp posee una órbita muchísimo más larga.
Después de su encuentro con los planetas y las modificaciones gravitatorias de su trayectoria, los cálculos indican que podría tardar más de dos mil años en regresar a las regiones interiores del sistema solar.
Esto significa que quienes contemplaron Hale-Bopp en 1997 probablemente presenciaron algo que ninguna generación humana volverá a observar durante muchos siglos.
Piense en ello.
Durante meses estuvo allí, visible sobre nuestras ciudades.
Después continuó su viaje.
Ahora se aleja hacia las regiones exteriores del sistema solar.
Las personas que lo vimos en 1997 desapareceremos mucho antes de que regrese.
Muchas generaciones nacerán y morirán.
Las ciudades serán diferentes.
La tecnología será diferente.
Y, si su trayectoria continúa como se calcula, algún día una generación lejana podría volver a contemplarlo.
Una oportunidad que duró solamente un momento de su enorme viaje
Hale-Bopp nos ayuda a comprender las enormes escalas de tiempo y distancia involucradas en las órbitas cometarias.
Nosotros observamos solamente una pequeña parte de su recorrido.
Para nosotros fueron unos meses extraordinarios.
Para el cometa era solamente una breve etapa de una órbita que se extiende durante siglos.
El salmista escribió:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
Salmo 19:1, RVR1960
Hale-Bopp hizo precisamente eso para una generación moderna: consiguió que millones de personas levantaran nuevamente los ojos.
No necesitaban comprender todas las ecuaciones de su órbita para maravillarse.
Allí estaba.
Un enorme viajero iluminado por el Sol, atravesando silenciosamente nuestro cielo antes de continuar un viaje que durará muchas generaciones.
Algunos espectáculos de la creación se repiten cada día. Otros quizá solamente tengamos la oportunidad de contemplarlos una vez en toda nuestra vida. Hale-Bopp fue uno de ellos.
Referencias científicas
Referencia bíblica
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Escucha música con propósito
Un año antes de que Hale-Bopp dominara los cielos, otro visitante produjo uno de los espectáculos astronómicos más impresionantes de finales del siglo XX.
Fue el cometa Hyakutake.
Su gran fama no se debió solamente a su brillo. Hyakutake pasó extraordinariamente cerca de la Tierra y desarrolló una cola tan extensa que, bajo cielos oscuros, parecía atravesar una enorme región del firmamento.
Un descubrimiento realizado por un astrónomo aficionado
El cometa fue descubierto el 30 de enero de 1996 por el astrónomo aficionado japonés Yuji Hyakutake.
Lo extraordinario es que Hyakutake estaba utilizando unos grandes binoculares, no uno de los gigantescos telescopios profesionales que podríamos imaginar.
Poco después de su descubrimiento, los cálculos de su trayectoria revelaron algo emocionante:
el cometa se acercaría muchísimo a nuestro planeta.
Y solamente faltaban unas semanas.
A unos 15 millones de kilómetros de la Tierra

El cometa Hyakutake
El 25 de marzo de 1996, Hyakutake pasó a aproximadamente 15 millones de kilómetros de la Tierra.
Puede parecer una distancia enorme, y para nosotros lo es. Pero en términos astronómicos representa un encuentro relativamente cercano.
Para comparar, el Sol se encuentra a unos 150 millones de kilómetros de nosotros.
Hyakutake pasó, por tanto, a una distancia equivalente a aproximadamente una décima parte de la distancia entre la Tierra y el Sol.
Esa cercanía contribuyó enormemente al espectáculo que observamos.
Una cola que parecía no terminar
Desde lugares oscuros, lejos de las luces de las ciudades, Hyakutake presentó una extraordinaria cola que se extendía por decenas de grados en el cielo. Algunos observadores informaron extensiones visuales todavía mayores bajo condiciones especialmente favorables.
Aquí tenemos una forma sencilla de imaginarlo.
Si extendemos el brazo, el ancho de nuestro puño cerrado ocupa aproximadamente 10 grados del cielo.
La cola de Hyakutake podía atravesar una región equivalente a varios puños colocados uno junto al otro.
No era solamente un pequeño objeto borroso.
Era una estructura que parecía extenderse por una enorme parte de la bóveda celeste.
Y entonces descubrimos que su cola era todavía mayor
Lo que podían ver nuestros ojos no era toda la historia.

La nave especial Ulises atravesando la cola del cometa Hyakutake
La nave espacial Ulysses, dedicada principalmente al estudio del Sol y del viento solar, detectó años después en sus datos algo inesperado: había atravesado accidentalmente la cola de iones de Hyakutake.
La nave se encontraba a una distancia enorme del núcleo del cometa.
Los científicos concluyeron que la cola de Hyakutake había alcanzado cientos de millones de kilómetros, convirtiéndola en una de las colas cometarias más extensas detectadas.
Esto aporta algo nuevo a lo que ya aprendimos sobre las colas de los cometas.
Lo que vemos desde la Tierra puede representar solamente una parte de una estructura muchísimo mayor que continúa extendiéndose por el espacio.
También produjo un descubrimiento inesperado
Hyakutake proporcionó otra sorpresa científica.
Observaciones realizadas con el satélite ROSAT detectaron emisiones de rayos X procedentes del cometa.
Aquello sorprendió a los astrónomos porque los cometas son objetos fríos y no parecían candidatos evidentes para producir este tipo de emisión.
Posteriormente se comprendió que los rayos X podían originarse por la interacción entre partículas cargadas del viento solar y los gases que rodeaban al cometa.
Así, Hyakutake no solamente proporcionó un espectáculo.
También ayudó a descubrir una nueva manera de estudiar la interacción entre los cometas y el ambiente producido por el Sol.
Un espectáculo breve pero extraordinario
Hale-Bopp permaneció visible durante muchísimo tiempo.
Hyakutake fue diferente.
Su momento espectacular fue relativamente breve, pero su enorme cercanía hizo que quienes tuvieron la oportunidad de observarlo bajo un cielo oscuro contemplaran algo difícil de olvidar.
Un hombre descubrió un pequeño objeto utilizando binoculares.
Pocas semanas después, aquel objeto pasó cerca de nuestro planeta.
Su cola atravesó visualmente una enorme región del cielo.
Y años después descubrimos que se había extendido por el espacio muchísimo más de lo que nuestros ojos habían podido apreciar.
El salmista escribió:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
Salmo 19:1, RVR1960
Hyakutake nos deja una hermosa lección para nuestra investigación de la creación:
a veces creemos haber contemplado todo el espectáculo, hasta que la ciencia nos permite descubrir que aquello que nuestros ojos alcanzaron a ver era solamente una pequeña parte de algo muchísimo mayor.
Referencias científicas
Referencia bíblica
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