Por el Dr. Elio M. Rivera
De todas las capacidades que posee el ser humano, quizá ninguna sea tan extraordinaria como la de amar. El amor inspira a unos padres a cuidar de sus hijos, motiva a una persona a sacrificar su comodidad por otra, sostiene matrimonios durante décadas y mueve a innumerables hombres y mujeres a servir a quienes jamás conocerán.
El amor ha inspirado las más grandes obras de la literatura, la música y el arte. Ha impulsado actos de heroísmo, de perdón y de entrega que desafían toda explicación basada únicamente en el interés personal.
¿Por qué los seres humanos poseemos esta extraordinaria capacidad? ¿Por qué admiramos el sacrificio, la compasión y la generosidad? La Biblia ofrece una respuesta profunda: fuimos creados a la imagen de un Dios cuyo carácter está definido por el amor.
“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”
— Génesis 1:27

La capacidad de amar, un lenguaje universal
No existe una cultura donde el amor sea completamente desconocido.
En todos los pueblos encontramos el amor entre padres e hijos.
La amistad.
La solidaridad.
El cuidado de los enfermos.
El compromiso entre los esposos.
La compasión hacia quienes sufren.
Las formas de expresar el amor pueden variar, pero el amor mismo constituye una experiencia universal.
Mucho más que una emoción
Aunque el amor suele ir acompañado de emociones profundas, la Biblia enseña que es mucho más que un sentimiento pasajero.
El verdadero amor implica decisión.
Compromiso.
Fidelidad.
Servicio.
Perdón.
Paciencia.
Es la capacidad de buscar el bien de otra persona incluso cuando ello requiere sacrificio.
El amor sostiene la civilización
La familia existe porque alguien ama.
Los hospitales nacieron porque alguien decidió cuidar al enfermo.
Las escuelas existen porque alguien quiso transmitir conocimiento.
Los actos de ayuda humanitaria, la adopción de niños, el cuidado de los ancianos y el servicio a los más vulnerables encuentran su origen en la capacidad humana de amar.
Sin amor, la sociedad sería simplemente una colección de individuos buscando únicamente su propio beneficio.
Dios es amor
La Biblia realiza una afirmación única entre los grandes textos religiosos del mundo.
“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.”
— 1 Juan 4:8
No dice solamente que Dios ama.
Afirma que el amor forma parte de Su propia naturaleza.
Por eso, cuando los seres humanos aman de manera genuina, reflejan, aunque imperfectamente, el carácter del Creador.
El mayor ejemplo de amor
Toda la Biblia conduce hacia la máxima expresión del amor de Dios: Jesucristo.
El Hijo de Dios vino al mundo para dar Su vida por nosotros.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito…”
— Juan 3:16
La cruz demuestra que el verdadero amor no consiste únicamente en palabras, sino en entrega.
Cristo amó cuando era rechazado.
Perdonó cuando era ofendido.
Dio Su vida por quienes no podían salvarse a sí mismos.
Un amor que trasciende el interés personal
Muchas acciones humanas desafían una explicación basada únicamente en la conveniencia.
Bomberos que arriesgan su vida para salvar desconocidos.
Médicos que sirven en zonas de desastre.
Padres que renuncian a sus propios sueños por el bienestar de sus hijos.
Misioneros que dedican su vida al servicio de otros.
Estos actos encuentran una explicación coherente cuando comprendemos que el ser humano fue creado para amar.
El pecado deformó el amor
Aunque fuimos diseñados para amar, el pecado afectó profundamente esta capacidad.
El egoísmo reemplazó al servicio.
El odio sustituyó al perdón.
La violencia ocupó el lugar de la compasión.
Sin embargo, el anhelo de amar y ser amados nunca desapareció.
Continúa presente en el corazón de toda persona.
Cristo restaura nuestra capacidad de amar
El propósito del evangelio no consiste únicamente en perdonar nuestros pecados.
Dios transforma nuestro corazón.
Por medio del Espíritu Santo aprendemos a amar como Cristo amó.
“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.”
— Romanos 5:5
El amor cristiano no nace simplemente del esfuerzo humano.
Es el fruto de una vida transformada por Dios.
El mandamiento más grande
Cuando preguntaron a Jesús cuál era el mayor mandamiento, Su respuesta giró alrededor del amor.
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… y a tu prójimo como a ti mismo.”
— Mateo 22:37–39
Toda la vida cristiana encuentra su fundamento en estas dos relaciones.
Amar a Dios.
Amar al prójimo.
La creación anuncia la gloria de Dios
Cada abrazo sincero, cada acto de perdón, cada sacrificio por un hijo, cada muestra de compasión y cada expresión de verdadera amistad recuerdan que el ser humano fue creado para amar.
Esta extraordinaria capacidad no constituye un accidente de la naturaleza.
Refleja el carácter del Dios que nos hizo a Su imagen y semejanza.
El amor apunta hacia un Creador cuyo corazón está lleno de misericordia, gracia y bondad.
Cuando contemplamos el amor en su expresión más pura, descubrimos uno de los reflejos más hermosos del Dios que creó todas las cosas.
“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.”
— 1 Corintios 13:13
Referencias
- La Santa Biblia, Reina-Valera 1960. Génesis 1:26–27; Deuteronomio 6:5; Juan 3:16; Juan 15:12–13; Romanos 5:5; 1 Corintios 13; Gálatas 5:22–23; 1 Juan 4:7–21.
- American Psychological Association. Publicaciones sobre el apego, las relaciones humanas, la empatía y el bienestar psicológico.
- Harvard University. Investigaciones sobre el impacto de las relaciones humanas y el amor en la salud y el bienestar.
- The Bible Project. Recursos sobre el amor de Dios, el Gran Mandamiento y la obra redentora de Cristo.
- Reasons to Believe. Publicaciones sobre el amor, la moral y la singularidad del ser humano desde una perspectiva bíblica.
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