Por el Dr. Elio M Rivera
Un gozo que no depende de que todo salga bien
Existe una diferencia entre estar feliz porque las circunstancias son favorables y tener un gozo que permanece incluso cuando las circunstancias no lo son.
Es fácil alegrarse cuando recibimos buenas noticias.
Cuando tenemos salud.
Cuando la familia está bien.
Cuando hay provisión.
Cuando nuestros planes funcionan.
Cuando las cosas suceden como esperábamos.
Lo extraordinario sería conservar algo de ese gozo cuando ocurre exactamente lo contrario.
Y precisamente eso forma parte de lo que Jesucristo prometió.
Poco antes de ser arrestado y crucificado, cuando Él mismo estaba a punto de atravesar horas terribles, dijo a sus discípulos:
“Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.”
Juan 15:11, RVR1960
Observe cuidadosamente sus palabras.
Jesús no dijo solamente:
“Quiero que estén contentos”.
Dijo algo mucho más profundo:
“Para que mi gozo esté en vosotros”.
No cualquier gozo.
Su gozo.
¿Puede Jesucristo realmente producir gozo en una persona?
Jesús nunca prometió a sus seguidores una vida sin problemas.
De hecho, dijo exactamente lo contrario:
“En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”
Juan 16:33, RVR1960
Por tanto, la promesa cristiana no es:
“Venga a Cristo y nunca volverá a sufrir”.
Eso no sería bíblico.
Los cristianos enferman.
Pierden seres queridos.
Enfrentan problemas económicos.
Son decepcionados.
Experimentan conflictos.
Lloran.
Sufren.
La pregunta que estamos investigando es completamente diferente:
¿Puede existir gozo aun en medio de todo eso?
Lo he visto muchas veces
Durante mis años como pastor he conocido personas atravesando circunstancias que, humanamente, parecían capaces de quitarles toda razón para estar gozosas.
Y, sin embargo, algo permanecía.
No estaban fingiendo que no sufrían.
No estaban negando su problema.
No estaban sonriendo porque todo estuviera bien.
Había dolor y había gozo al mismo tiempo.
He visto creyentes atravesar enfermedades y conservar su gozo.
He visto personas enfrentar problemas familiares y continuar adorando a Dios.
He visto personas con necesidades económicas agradecer por aquello que todavía tenían.
He visto personas llorar por una pérdida y, aun entre lágrimas, hablar de la bondad de Dios.
¿Cómo puede ocurrir eso?
Humanamente esperaríamos que el gozo desapareciera cuando desaparecen las circunstancias que lo producen.
Pero Jesús habló de otra fuente:
“Mi gozo… en vosotros”.
Yo también lo he experimentado
Como sucede con muchas de las promesas que estamos investigando, tampoco puedo hablar de esta solamente desde lo que he observado en otras personas.
He tenido momentos extraordinariamente felices.
Pero también he atravesado etapas profundamente dolorosas.
He conocido pérdidas.
He experimentado decepciones.
He tenido problemas que hubiera preferido nunca enfrentar.
Y he descubierto algo que para mí ha sido extraordinario:
el dolor no necesariamente elimina el gozo que Cristo produce.
Puede haber lágrimas y todavía existir gozo.
Puede haber preguntas y todavía existir gozo.
Puede existir una circunstancia que quisiera cambiar y, sin embargo, en alguna parte profunda del corazón continuar existiendo gratitud, esperanza y la certeza de que Dios sigue siendo bueno.
No siempre sé explicar cómo sucede.
Pero conozco el resultado.
Y encuentro en mi propia experiencia algo semejante a aquello que Jesús prometió:
“Mi gozo esté en vosotros”.
Pregúnteles
Nuevamente, no tiene que aceptar solamente mi experiencia.
Investigue.
Pregunte a personas que verdaderamente llevan años caminando con Jesucristo:
“¿Has podido experimentar gozo aun durante una etapa difícil de tu vida?”
No pregunte solamente cuando todo está bien.
Pregunte a alguien que haya atravesado una tormenta.
Pregunte a alguien que haya sufrido una pérdida.
Pregunte a alguien que haya enfrentado enfermedad.
Pregunte a alguien que haya pasado por una crisis y que, aun así, continúe amando y sirviendo a Dios.
Después escuche.
Probablemente encontrará personas que le dirán algo difícil de entender desde afuera:
“Estaba sufriendo, pero todavía tenía gozo”.
Los primeros cristianos afirmaron experimentarlo
Esto no es solamente un fenómeno moderno.
El Nuevo Testamento presenta exactamente la misma experiencia.
Pedro escribió a creyentes que atravesaban pruebas y dijo:
“A quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso.”
1 Pedro 1:8, RVR1960
Pablo escribió desde una prisión:
“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”
Filipenses 4:4, RVR1960
Piense en eso.
Desde una prisión.
Las circunstancias no eran las que producían el gozo.
La fuente estaba en otro lugar.
Pero existe una manera todavía más personal de investigarlo
Esta promesa tampoco necesita permanecer solamente en las historias de otras personas.
Quizá usted atraviesa precisamente ahora una etapa difícil.
No tiene que fingir delante de Jesucristo.
No tiene que negar aquello que siente.
Puede decirle:
“Jesucristo, mis circunstancias no me producen alegría. Estoy atravesando algo difícil. Pero tú dijiste que tu gozo podía estar en nosotros. Necesito ese gozo. Haz en mí aquello que yo no puedo producir por mis propias fuerzas”.
Y después permanezca en Él.
Precisamente ese era el contexto de Juan 15.
Jesús había dicho:
“Permaneced en mí, y yo en vosotros.”
Juan 15:4, RVR1960
El gozo cristiano no es simplemente repetir pensamientos positivos.
Surge de una relación con Cristo.
Una promesa hecha hace casi dos mil años
Ahora regresemos a nuestra investigación.
Jesucristo dijo:
“Para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.”
Han pasado casi dos mil años.
Y todavía encontramos creyentes alrededor del mundo afirmando que han experimentado un gozo que no pueden explicar solamente por sus circunstancias.
Esto es importante.
Porque si el gozo dependiera exclusivamente de tener una vida fácil, desaparecería cuando llegara el sufrimiento.
Pero Jesús prometió su gozo.
Un gozo cuya fuente no está simplemente en lo que sucede alrededor de nosotros.
¿Puede cumplirla hoy?
Aquí está nuevamente nuestra prueba.
Un maestro puede dejar pensamientos inspiradores.
Un libro puede ayudarnos a mirar nuestras circunstancias de otra manera.
Pero Jesucristo hizo una afirmación mucho más personal:
“Mi gozo esté en vosotros”.
Si casi dos mil años después personas que permanecen en Cristo continúan experimentando ese gozo aun en circunstancias difíciles, nuevamente debemos preguntarnos de dónde procede.
La Biblia presenta precisamente el gozo como algo que Dios puede producir en el interior del ser humano:
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz…”
Gálatas 5:22, RVR1960
Observe nuevamente.
Fruto del Espíritu.
No simplemente producto de circunstancias favorables.
¿Cómo puede Dios producir gozo en una persona que tiene razones para llorar?
No puedo explicar completamente cómo lo hace.
Pero puedo decir algo:
lo he visto en otros y lo he experimentado en mi propia vida.
Si Jesucristo prometió hace casi dos mil años que su gozo podía estar en nosotros, y todavía hoy encontramos personas que conservan ese gozo incluso mientras atraviesan enfermedad, pérdida, dificultades y sufrimiento, ¿estamos solamente ante una manera positiva de enfrentar la vida… o ante la obra presente de alguien que sigue vivo y continúa colocando su gozo en quienes permanecen en Él?
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