Por el Dr. Elio M Rivera
En julio de 1994, los astrónomos presenciaron algo que jamás habían observado directamente: los fragmentos de un cometa chocando contra un planeta.
El planeta era Júpiter.
Y el protagonista fue el cometa Shoemaker-Levy 9.
Durante varios días, enormes fragmentos entraron uno después de otro en la atmósfera de Júpiter y produjeron explosiones tan violentas que dejaron gigantescas cicatrices oscuras visibles desde la Tierra.
Esta vez no estábamos contemplando simplemente un hermoso cometa.
Estábamos viendo una colisión cósmica en tiempo real.

El Shoemaker-Levy 9, un cometa que parecía un collar de perlas
El cometa fue descubierto en marzo de 1993 por los astrónomos Carolyn y Eugene Shoemaker y David Levy.
Pero cuando lo observaron encontraron algo extraño.
No parecía un cometa normal.
Estaba dividido en numerosos fragmentos alineados, como si alguien hubiera colocado una serie de luces una detrás de otra.
Las fotografías hicieron famosa aquella apariencia como un “collar de perlas”.
¿Qué le había sucedido?
La respuesta estaba en Júpiter.
Júpiter lo había despedazado
Antes de ser descubierto, el cometa había pasado extraordinariamente cerca del gigantesco planeta. Júpiter posee una gravedad formidable.
Durante aquel encuentro, las diferencias de atracción gravitatoria ejercidas sobre distintas partes del cometa fueron tan intensas que lo rompieron en numerosos fragmentos.
El cometa ya no era un solo cuerpo. Era una fila de pedazos viajando juntos.
Pero cuando los astrónomos calcularon sus trayectorias descubrieron algo todavía más sorprendente.
Los fragmentos iban a regresar. Y esta vez chocarían contra Júpiter.

El cometa Shoemaker-Levy- 9, estrellándose en el planeta júpiter.
El mundo sabía cuándo ocurriría
Los astrónomos pudieron calcular el acontecimiento con anticipación.
Entre el 16 y el 22 de julio de 1994, los fragmentos de Shoemaker-Levy 9 comenzaron a precipitarse sobre Júpiter uno después de otro.
Telescopios alrededor del mundo apuntaron hacia el planeta.
El telescopio espacial Hubble también estaba observando.
Cada fragmento viajaba a una velocidad de aproximadamente 60 kilómetros por segundo al entrar en la atmósfera joviana.
Eso equivale a más de 200,000 kilómetros por hora.
No necesitaban ser cuerpos del tamaño de un planeta para producir efectos gigantescos.
Su enorme velocidad convertía cada impacto en una liberación extraordinaria de energía.
El impacto del fragmento G
Uno de los acontecimientos más impresionantes ocurrió cuando chocó el llamado fragmento G.
La explosión produjo una enorme pluma de material caliente que se elevó sobre la atmósfera de Júpiter.
Después apareció una gigantesca mancha oscura.
Algunas de las cicatrices producidas por los impactos alcanzaron dimensiones comparables o incluso mayores que el diámetro de la Tierra.
Pensemos en ello.
Júpiter se encuentra a cientos de millones de kilómetros.
Sin embargo, el resultado de aquellos impactos fue tan grande que los telescopios terrestres pudieron observar las marcas dejadas en su atmósfera.
Nuestro planeta entero habría parecido pequeño junto a algunas de aquellas cicatrices.
Un laboratorio que ningún científico podía construir
Shoemaker-Levy 9 proporcionó a los astrónomos una oportunidad extraordinaria.
Nadie podía realizar deliberadamente un experimento semejante.
Pero la naturaleza acababa de hacerlo.
Los científicos pudieron estudiar cómo respondía la atmósfera de Júpiter a impactos enormes, qué materiales aparecían después de las explosiones y cómo evolucionaban las cicatrices.
También quedó demostrado de una manera espectacular que las colisiones entre cuerpos del sistema solar no pertenecen solamente al pasado.
Pueden ocurrir.
Y nosotros acabábamos de contemplar una.
Júpiter continúa recibiendo impactos
Desde 1994 se han observado otros posibles impactos sobre Júpiter.
No resulta extraño.
Júpiter es el planeta más grande del sistema solar y posee una enorme influencia gravitatoria sobre los objetos que pasan por su región.
Pero debemos tener cuidado con una idea que suele repetirse: que Júpiter funciona simplemente como un “escudo” que protege siempre a la Tierra.
La realidad es más compleja.
Su gravedad puede capturar o desviar algunos objetos, pero también puede modificar las órbitas de otros de maneras diferentes.
Shoemaker-Levy 9 nos mostró, sobre todo, la enorme influencia gravitatoria de Júpiter y la violencia que puede alcanzar una colisión cósmica.
Una imagen difícil de olvidar
Este acontecimiento es especialmente extraordinario porque tenemos fotografías reales.
Podemos observar al cometa fragmentado como un collar.
Podemos contemplar las imágenes de Júpiter durante los impactos.
Podemos ver las enormes manchas oscuras que quedaron después.
No necesitamos imaginar cómo sería el choque de un cometa contra un planeta.
Lo vimos suceder.
Y aquello que parecía una pequeña fila de puntos luminosos terminó produciendo cicatrices de dimensiones planetarias.
El libro de Job contiene una pregunta que expresa muy bien la pequeñez humana frente a las enormes fuerzas que encontramos en los cielos:
“¿Conoces tú las ordenanzas de los cielos?”
Job 38:33, RVR1960
Hoy conocemos muchísimo más acerca de esas “ordenanzas”. Podemos calcular órbitas, medir velocidades y predecir impactos.
Pero ese conocimiento también nos permite comprender la magnitud de lo que contemplamos.
Shoemaker-Levy 9 nos enseñó que el sistema solar no es una colección inmóvil de planetas colocados en el cielo. Es un sistema dinámico, gobernado por fuerzas enormes, donde los cuerpos se atraen, cambian sus trayectorias y, algunas veces, chocan de una manera espectacular.
Referencias científicas
- NASA Science. Historia, imágenes y resultados científicos del impacto de Shoemaker-Levy 9 contra Júpiter.
NASA Science: Shoemaker-Levy 9 - NASA Hubble. Observaciones del impacto y de las enormes cicatrices dejadas en la atmósfera de Júpiter.
NASA Hubble
Referencia bíblica Job 38:33.
Libro recomendado

